Archive | enero, 2010

BLAS GALINDO (1910-1993)

31 Ene

Sones de mariachi

 

En el año 1994, el CENIDIM editó el interesante libro de Xochiquetzal Ruiz sobre la vida y la obra de Blas Galindo, de donde se extrae el siguiente comentario, delicioso y muy informativo, del propio autor de los Sones de mariachi con respecto a dicha obra, texto que –según se informa aquí- apareció en las notas al disco Mexico. Its cultural life in music and art, editado por Columbia en 1964:

“Se da el nombre de ‘mariachi’ a un conjunto musical que se encuentra en el centro del país, en una región formada por los estados de Nayarit, Jalisco, Colima y Michoacán. A menudo es fácil determinar la región de donde viene un conjunto dado, porque en los versos se hace mención de un lugar determinado… Por mucho tiempo se dijo que el mariachi era de Cocula por ser ese pueblo del estado de Jalisco de donde partieron los primeros grupos que llegaron a la capital del estado y de ese lugar a la Ciudad de México. Pero ahora sabemos que la música mariachi corresponde a toda una región.

“Según la creencia popular, el nombre de mariachi se deriva de mariage, boda. Durante la intervención francesa en México allá por los mil ochocientos sesenta, los mexicanos invitaban a los soldados franceses a las fiestas que hacían al Santo Patrón del pueblo, o para celebrar un bautizo, un cumpleaños, un matrimonio, etcétera. Los soldados franceses decían que iban a un mariage, y la gente del pueblo, sin comprender el significado de la palabra, creían que los soldados llamaban mariage a los músicos que tocaban en esas ocasiones. Desde entonces, los grupos musicales empezaron a ser llamados mariachi.

“Una gran parte de los asuntos a que se refieren las letras de los sones trata de animales, como en el caso del toro, el caballito, la culebra, el tejón, el tecolote, el coyote, el perro, el perico y otros más. Es costumbre que en las fiestas populares todos los concurrentes bailen al son de la música y en su danza sugieran o imiten los movimientos o actitudes de los animales a que la letra se refiere.

“El mariachi original estuvo integrado por violines primeros y segundos en número indeterminado, vihuelas, guitarras de golpe y un arpa. En la sierra michoacana los conjuntos no empleaban arpa y en su lugar tenían un guitarrón. En la actualidad este instrumento ha sido aceptado por la mayor parte de los mariacheros por ser más fácil de tocarse y por la mayor comodidad que presenta para transportarse; además, el conjunto instrumental ha sufrido algunas modificaciones ya que se le han agregado trompetas, en algunos casos cornetines, y algunos clarinetes.

“La música ejecutada por los mariachis se denomina ‘son’. La mayor parte de los sones mariachi se cantan al mismo tiempo que se tocan. El canto es a dos partes a un intervalo de tercera o sexta; la parte inferior se canta en falsete lo que hace sonar una octava arriba. La melodía es generalmente doblada por los violines. Periódicamente, el canto alterna con partes puramente instrumentales, verdaderos tutti en que todos los ejecutantes tocan con gran entusiasmo.

“Los sones son siempre alegres y en tono mayor; nunca tristes o de carácter introspectivo.

“Los sones mariachi (sic) aquí representados están basados en tres sones populares del estado de Jalisco: La negra, El zopilote y Los Cuatro Reales, en tono de sol mayor y compás de 6/8, desarrollados con cierta extensión aprovechando su carácter contrastado para integrar una forma ternaria. Unas variaciones finales sirven de coda. En la instrumentación de esta pieza, se han incluido la vihuela y el guitarrón como elementos de color local.”

 

Por su parte, líneas debajo de este comentario de Galindo, Otto Mayer Serra indicó, por medio de otras notas discográficas:

Los Sones de Mariachi de Blas Galindo fueron escritos para pequeña orquesta para el programa de música mexicana que Carlos Chávez dirigió en Nueva York, en mayo de 1940, con motivo de la exposición ‘20 Siglos de Arte Mexicano’, que se celebró en el Museo de Arte Moderno. El propio compositor rescribió la partitura para gran orquesta y de esta forma se ha dado a conocer con enorme éxito en muchos países de América. (Aquí) el compositor ha plasmado la esencia misma de este atractivo arte folklórico con los recursos sinfónicos modernos.

Como lo señaló Mayer Serra, existe una versión para pequeña orquesta de lo que Galindo denominó en su momento (1941) como Sones mariachi, y que contemplaba la utilización de los instrumentos citados por él mismo en el comentario de líneas arriba. La versión para gran orquesta, como hoy la conocemos y que ha sido enormemente difundida en grabaciones y conciertos, ya conocida como Sones de mariachi, tuvo su primera presentación el 15 de agosto de 1941 con la Orquesta Sinfónica de México y la dirección de Carlos Chávez.

No queda más que señalar que Sones de mariachi de las Galindo constituye una de las piezas clave en el nacionalismo musical mexicano y en la idiosincrasia toda de la música mexicana. Pero, nuevamente, como ocurre en el caso de Moncayo y su hermoso Huapango, tal parece que Sones de mariachi es un manto inmenso y espeso que cubre prácticamente toda la producción de su autor. Si tantas veces se escucha esta obra en discos y conciertos, ¿dónde están La manda, La hija del Yori, El sueño y la presencia, sus Sinfonías y la Cantata a Juárez, entre otras?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Blas Galindo: Sones de Mariachi

Versión: Orquesta Sinfónica Nacional de México. Luis Herrera de la Fuente, director.

MIGUEL BERNAL JIMÉNEZ (1910-1956)

23 Ene

El Chueco (Ballet)

Alguna vez, hace no muchos años, pude conversar con el eminente radiodifusor Eugenio Bernal Macouzet, hijo del compositor michoacano Miguel Bernal Jiménez. De todo el magnífico acercamiento que me dio a la música de su padre, de su pensamiento musical y de su incansable labor de divulgación y educación musical, creo que aún escucho el resonar en mi cabeza de una breve frase que salió de sus labios, casi al terminar nuestra charla: “Él (Bernal Jiménez) escribió la música que quería, vivió la vida como la sentía.”

Y si aún recuerdo dichas palabras es porque en ellas habita una gran razón. Bernal Jiménez era un fervoroso creyente católico, y al mismo tiempo estaba convencido y amaba enormemente nuestra música, nuestras raíces. Por ello, toda la producción musical de este hombre estuvo orientada por esas vertientes: la de la música religiosa y la del nacionalismo. Ambos caminos, que para cualquiera podrían parecer dispares, nutrieron la imaginación de Bernal Jiménez con fuerza, con un estilo inconfundible, plena de una originalidad que muchos hubieran envidiado pero que era existente sólo en unos cuantos. En este sentido, el poeta Manuel Ponce escribió que: “No era simple versatilidad de espíritu el poder fraguar, como él lo hacía, lo mismo sonecillos populares, propios de flautas y chirimías, que majestuosas fugas y cantatas a los acordes de órganos y violas celestiales; lo mismo villancicos navideños y cuartetos virreinales (donde brinca la gracia de una A la víbora, Víbora de la Mar…) que los silbos prolongados en un Himno de los bosques, las añorantes Tres cartas de México, el amor visceral de la ópera Tata Vasco, la fusión del humanismo cristiano y mexicano de Los tres galanes de Juana.”

El Chueco (1950-1951) de Bernal Jiménez surgió gracias al extraordinario auge que protagonizó la escena dancística mexicana, especialmente en la década de 1950, gracias al apoyo evidente y singular empuje que a esta le dio Miguel Covarrubias mientras se desempeñó como Director de Danza del INBA. La convocatoria de este personaje tanto a compositores como escenógrafos, pintores, escritores, dramaturgos, poetas, entre otros, tuvo sus frutos al enriquecer decididamente –en prácticamente una década- el nivel expresivo y de novedad en la danza contemporánea, actividad que puede equipararse al momento en que Carlos Chávez (1899-1978) fundara la Orquesta Sinfónica de México en la década de 1920.

El Chueco constituye una fascinante amalgama de elementos colorísticos muy populares, en donde se pueden escuchar motivos festivos que aderezan una trama que, aunque parezca terrible, tiene un final feliz. En ella, se habla de un niño paralítico (el Chueco) que sueña por su bienestar y es apoyado por su protectora. Todas las añoranzas del niño se hacen realidad paulatinamente y encuentra un momento feliz de su vida al participar de la algarabía de las fiestas de su pueblo con la gente que lo ha visto crecer, reconciliándose con la vida.

Esta es la trama del ballet El Chueco:

“Por la calle que lleva al santuario marchan los Peregrinos y los Penitentes que van a pagar sus mandas. Entre ellos se mezclan los Obreros que llevan a cuestas la imagen de un Cristo, los indígenas con sus enfermos, etcétera. De su casa la Cuidadora saca al Chueco al quicio de la puerta para que se distraiga y lo deja solo: cuatro Rapaces lo acosan burlándose de él y atormentándolo, hasta que aparece la Güila y los dispersa. Se compadece del Chueco; lo consuela y se aleja en medio de su propia tragedia.

“El Chueco se ha dormido cuando aparece el Santón. En sus sueños ve acercarse un monstruo de cuatro cabezas (los Rapaces) que lo persigue hasta hacerlo rodar; se arrastra por el suelo tratando de huir. La escenografía se transforma en siluetas macabras. El monstruo se desintegra en varias partes. Cuando llevan al Chueco a un clímax de angustia y de terror, aparecen dos Ángeles (la Cuidadora y la Güila) que hacen que se desvanezca el monstruo. El Chueco se transfigura cuando los Ángeles lo ayudan a ponerse de pie. Recupera el movimiento y, librado, expresan juntos una danza de alegría.

“Al volver la luz a la escena, el Chueco despierta de su sueño. Se ha liberado. El mundo real le parece más feliz que antes y se siente reconciliado con los que le rodean. Poco a poco vuelven a pasar los personajes que han desfilado desde la primera escena: los Peregrinos que han cumplido sus mandas; los rapaces que ya no lo torturan; la mujer que lo cuida; la Güila que, ebria y acompañada de sus hombres, no lo olvida.

“Se escucha la música de los Cómicos que se acercan por una de las calles; la multitud los rodea cuando aparecen. La Cuidadora le pide al Santón que cargue al Chueco para llevarlo a ver de cerca el espectáculo. Hacen su acto el Acróbata, la Equilibrista, la Contorsionista, el Payaso y la Mamboleta. Al terminar empiezan a alejarse con su ritmo lleno de vida y sus colores alegres, seguidos por la multitud. Al mismo tiempo y por la calle opuesta a los Cómicos, pasa otra procesión de Peregrinos. El Chueco trata de ir tras el bullicio de los Cómicos. La Cuidadora lo arrulla en su regazo.”

Con respecto la sabia y brillante orquestación que propone Bernal Jiménez en este ballet, Luís Pérez ha dicho: “…posee un dinamismo instrumental, en el que el musicólogo Dan Mälmstrom ha querido encontrar rasgos de la orquestación y de la música de Stravinsky (Petrushka) y si bien no está lejos de poseer cierta razón, El Chueco pierde sus ataduras con Stravinsky por su mexicanismo natural y su estructura. Todas las ferias del mundo se parecen, pero las ferias y los circos pueblerinos mexicanos son únicos. Y ello está idealmente descrito en esta obra.”

El Chueco se estrenó en la temporada de otoño 1951 del Ballet Mexicano en el Palacio de Bellas Artes. La coreografía estuvo a cargo de Guillermo Keys, con la escenografía y vestuario del célebre Antonio López Mancera. Los papeles principales fueron interpretados por el propio Guillermo Keys (como el Chueco) y Elena Corrales (la Cuidadora).

El éxito definitivo de El Chueco permanece hasta nuestros días, aunque desafortunadamente (como muchas de los ballets surgidos en aquella “época de oro” de la danza mexicana) hoy día son casi ignotas en los escenarios para ballet. Sin embargo, la difusión de la partitura como música puramente orquestal está vigente, y de ello también dan cuenta las innumerables grabaciones que, al paso de los años, se han realizado de El Chueco, y cuya revisión es importante como referencia:

  • Eduardo Mata, director. Orquesta Sinfónica de la Universidad (hoy OFUNAM). Editada en L.P. RCA Victor. MKLA-65
  • Fernando Lozano, director. Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Editada en L.P. RCA Red Seal. MRS-023. Editada con el apoyo de la Secretaría de Educación Pública. Grabación remasterizada e reeditada en disco compacto por RCA. PARA DESCARGAR ESTA VERSIÓN DÉ CLICK AQUÍ: Miguel Bernal Jiménez: El chueco
  • Fernando Lozano, director. Orquesta Sinfónica del Festival Internacional de Música de Morelia. Grabación documental en L.P. del Primer Festival de Morelia, realizada con el apoyo del Fondo INBA-SACM.
  • Fernando Lozano, director. Orquesta Sinfónica Carlos Chávez. Editada en CD por Disques Forlane, Francia. (Núm. 16712)

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Bienvenidos

23 Ene

Estimados radio escuchas de Música en Red Mayor: Finalmente encontré una opción de blog más amigable que la que habíamos activado del Salón de la fama.

Este espacio que empezamos a compartir todos tiene un especial cometido, que es compartir con ustedes algunas de las notas biográficas y para programas de mano que he tenido el placer de redactar durante los últimos veinte años para orquestas como la Filarmónica de la Ciudad de México, Sinfónica Nacional, Sinfónica de la Universidad de Guanajuato y algunas otras.

El motivo es sencillo: algunos de ustedes han pedido que “publique” panfletos informativos para que los conserven con algunas investigaciones musicales. Debido a que, cada día más, me he volcado en contra de la tala de árboles y el uso indiscriminado del papel, me parece que esta herramienta es mucho más útil para todos, que estar gastando tinta, papel y energía electríca.

Ojalá muchos de ustedes se tomen la molestia de ir a algún local de internet gratutito y leer algunas de estas “Notas en Red Mayor”. No es necesario tener computadora en casa.

En un momento les compartiré la primera de estas “Notas” que, por supuesto, están abiertas a sus comentarios, críticas, sugerencias, y todo lo que es importante por parte de USTED para hacer este espacio cibernético (así como el radiofónico) más rico y especial.

Un abrazo a todos!!!

JMA

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