RICHARD STRAUSS (1864-1949)

19 Feb

Cuatro últimas canciones

Richard Strauss

Al momento de escribir la ópera Die Liebe der Danae (El amor de Danae), Richard Strauss planeó retirarse de su actividad como compositor. Aunque en esa época, ya comenzada la Segunda Guerra Mundial, el autor se sentía un tanto inútil y prefirió ponerse a trabajar en su ópera Capriccio, estrenada el 28 de octubre de 1942 con la Ópera Estatal de Baviera.

Strauss nunca cumplió cabalmente su decisión del retiro -afortunadamente- pues en los años siguientes su creatividad tuvo un fuerte impulso que lo llevó a producir obras geniales como su Concierto para oboe (que le fue sugerido por el entonces joven oboísta estadounidense John De Lancie cuando era soldado al servicio de su patria) y sus Metamorfosis, obra cruda y tremenda que refleja la desolación del compositor al ver a su adorada Alemania prácticamente destruida como consecuencia de la guerra y en especial al encontrar el Teatro de la Ópera de Munich en ruinas (dicen por ahí, que ese fue el momento cuando Strauss se retractó de sus preferencias pro-nazi).

Pero el final todavía no llegaba para este hombre, quien le comentó a su amigo y colega el director de orquesta Clemens Krauss que “la próxima vez que escriba música será para arpas”, como queriendo dejar su última chispa de genialidad para ser interpretada por alguna orquesta de ángeles en el cielo. De hecho, a eso lo denominó como su testamento musical, su último deseo artístico.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Strauss y su esposa Pauline De Ahna, soprano retirada que estuvo casada con Strauss hasta el final de su vida, pasaron una buena temporada en Suiza donde -a finales de 1946- el compositor leyó un poema de Josef von Eichendorff (Al crepúsculo), que apelaba a sus sentimientos en aquel momento, por lo que comenzó a ponerle música pensando nuevamente en la voz de soprano. No nos sorprende que Strauss haya escogido esta tesitura, pues en muchas de sus obras la llevó a un plano genial, como homenaje a la compañera de su vida.

Pauline De Ahna

Al crepúsculo es, curiosamente, la primera de sus Cuatro últimas canciones que compuso Strauss y fue terminada en Montreux el 6 de mayo de 1948, aunque al fallecer el autor  Ernst Roth (editor londinense) aceptó que por su carácter debía ser considerada como la última del ciclo (y qué razón tenía).

Al momento de terminar Al crepúsculo, Strauss tenía como lectura los poemas completos de Hermann Hesse, escogiendo algunos para ponerles música. Comenzó con Primavera, fechada el 18 de julio de 1948 en Pontresina; luego terminó Hora de dormir el 4 de agosto; y la última de todas, Septiembre, la concluyó el 20 de septiembre; después de esa canción Strauss nunca volvió a escribir una nota musical … en este mundo.

Lo que hay que decir es que en estas canciones prevalece un ambiente sombrío, nostálgico, muy cercano a lo que podría ser una despedida musical. Este es el adiós de un hombre que vivió entre triunfos artísticos y tragedias personales, y que estaba seguro que dejaría pronto este mundo sin decepciones ni reproches; al contrario, lo haría con la tranquilidad de que alcanzaría la vida eterna. Así, en la última canción del ciclo, al exponer la frase “ist dies etwa der Tod?” (“¿Acaso es ésta la muerte?”) Strauss contesta musicalmente con una llamada de corno francés, el “tema de la transfiguración” que utilizó en su poema sinfónico Muerte y transfiguración sesenta años antes, como una transformación del alma mortal accediendo a un plano de pensamiento distinto y elevado; pero aquí se convirtió en el último vistazo que el hombre de edad avanzada echa a su juventud y reflexiona en el presente al tiempo que eleva su mirada al cielo nocturno cuajado de estrellas, donde probablemente descansará eternamente.

Sólo pasaron unos meses después de concluir estas canciones para que Richard Strauss cerrara sus ojos para siempre; nunca tuvo la oportunidad de escuchar estas canciones en vida. La soprano Kirsten Flagstad y la Filarmonía de Londres dirigida por Wilhelm Furtwängler ofrecieron la primera presentación de las Cuatro últimas canciones el 22 de mayo de 1950, como homenaje póstumo a tan célebre y controvertido músico.

Para nosotros, escuchar estas canciones debe significar el sorprendernos y nunca dejar de alabar el último aliento musical de Strauss, como también debe ocurrirnos con la audición de obras como El arte de la fuga de Johann Sebastian Bach, la Novena sinfonía de Bruckner, la Novena sinfonía y el Adagio de la Décima sinfonía de Mahler y la Novena sinfonía de Vaughan Williams, por nombrar las más conmovedoras. Y al entrar en contacto tan directo con estas músicas llenas de esa visión ante lo inevitable, aquello para lo que nos preparamos diariamente, también debemos pensar que todos los ciclos en la vida concluyen, que hay que disfrutar el momento en que se desarrollen, pues -buenos o malos- los tiempos pasan y nunca regresan. Así es la vida, así es también la música: como una aurora boreal, como el hermoso cometa que pasa, como el primer aliento de un bebé y la sonrisa de nuestros padres, como la fuerza del mar y los aromas del viento. Como todo eso y más, así es la música y nunca debemos dejarla pasar por nuestra existencia como un evento irrelevante. Así debería ser, también, la vida…

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Richard Strauss: Cuatro últimas canciones

Versión: Gundula Janowitz, soprano. Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von Karajan, director.

 

PRIMAVERA (texto de Hermann Hesse)

En oscuras cavernas

soñé largo tiempo

con tus árboles y tus azules brisas,

con tu fragancia y el canto de las aves.

Y ahora te presentas

espléndida y adornada

inundada de luz,

como un milagro ante mi.

Me reconoces,

delicadamente me atraes.

Tu exquisita presencia hace vibrar todo mi ser.

SEPTIEMBRE (texto de Hermann Hesse)

El jardín está de luto,

la lluvia cae en gotas frías sobre las flores.

Acercándose a su fin,

el verano se estremece en silencio.

De lo alto de la acacia,

escurre oro, hoja a hoja,

el verano sonríe sorprendido y exhausto

en el sueño moribundo de su jardín.

Aún, las rosas buscan el reposo.

Cierra lentamente sus grandes ojos. 

HORA DE DORMIR  (texto de Hermann Hesse)

Ahora que el día me ha rendido,

mi ferviente deseo es

acoger la noche estrellada,

como un niño cansado.

Manos, dejen lo que están haciendo;

frente, olvida tus pensamientos.

Ahora todos mis sentidos

se hundirán en el sueño profundo.

Y el alma,

alzará su vuelo libre,

mientras en el círculo mágico de la noche

vive profundamente.

AL CREPÚSCULO  (texto de Josef  von Eichendorff)

En nuestra pena y alegría

caminamos mano a mano;

ambos descansamos ahora de nuestro peregrinar,

en la campiña silenciosa.

A nuestro alrededor los valles se inclinan;

casi el aire se vuelve oscuro.

Dos alondras se elevan solitarias,

casi soñando en la brisa perfumada.

Acércate, y permite que extiendan sus alas;

pronto será hora de dormir.

Ven, que no nos perderemos en esta soledad.

Oh, paz, inmensa y serena,

tan profunda en el ocaso.

¡Qué cansados estamos de errar!!

¿Acaso es ésta la muerte?

 

Traducción libre: JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

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2 comentarios to “RICHARD STRAUSS (1864-1949)”

  1. Robert Schwendeman marzo 3, 2010 a 10:19 pm #

    Hola José María!

    La grabación de Renee Fleming es muy conmovedora. ¡Felicidades por tu página y por las excelentes notas!

    Nada mejor que los gigantes como Strauss. Estoy esperando a Mahler….

    Saludos de un amigo,
    Bob

    Me gusta

    • redmayor marzo 4, 2010 a 3:04 am #

      Muchas gracias por tus palabras Bob… Verdad que es genial esa versión? Mahler vendrá pronto!!!
      Un gran abrazo
      JM

      Me gusta

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