SAMUEL BARBER (1910-1981)

19 Feb

Primera sinfonía Op. 9

Moderna, ma seria…

Palabras del director de orquesta Bernardino Molinari al definir la Primera Sinfonía de Barber

Muchas de las grandes obras musicales de todos los tiempos que usted y yo hemos escuchado al paso de los años tienen, además de los más diversos intereses artísticos de sus autores, trasfondos que -en ocasiones- escapan a la vista de cualquiera. Estos bien pueden ser de tintes políticos, sociales y, en una buena cantidad de los casos, de carácter emocional. En ese sentido, y no en balde, casi la totalidad de la producción de Samuel Barber -cuyo estilo de composición siempre estuvo guiado por un romanticismo exacerbado e intenso- nos deja ver su lado más humano, sensible, originado por el amor.

Si deseamos comprender las hermosas melodías y la intensa fuerza motriz de la Primera sinfonía de Barber, es de capital importancia que nos sumerjamos por un momento en la biografía de este autor: Era el año 1928. Barber había ingresado al Instituto Curtis de Filadelfia cuatro años antes. En el otoño de aquel año llegó a esa institución un joven italiano nacido en 1911, de nombre Gian Carlo Menotti, quien relata cómo cruzó su camino con el “americano”:

Al llegar hablaba muy poco inglés. La primerísima persona que conocí en la escuela fue Sam Barber. Era el único alumno ahí que hablaba fluidamente francés e italiano. Así pues, nos hicimos amigos inmediatamente, y amigos de por vida. Era un joven excepcionalmente instruido, además de haber viajado bastante, y era inmensamente popular, no sólo por ser muy atractivo físicamente, sino por sus muchos talentos. Tenía una hermosa voz de barítono, además de ser extraordinario pianista y, por supuesto, un compositor estrella. Por ello, Barber siempre fue uno de los alumnos más respetados del Conservatorio (…) La noche en que nos volvimos amigos, recuerdo bien que él se burló de que yo viniera de Milán, donde mi educación musical consistía en óperas y los clásicos de siempre. Pero no sabíamos nada de Brahms, o Ravel, o Debussy. Así, mi relación con Sam se desarrolló al abrigo de la música de Brahms.

De aquí, estimado lector, y con ese primer encuentro como lo relata Menotti, surgió (en palabras de la experta biógrafa de Barber, Barbara B. Heyman) “una de las más destacadas y productivas colaboraciones personales y profesionales en la vida musical contemporánea.” Previamente a ese afortunado encuentro, Barber había pasado todo el verano en Europa, donde conoció a otro de los amores de su vida: la cultura y la sociedad del viejo mundo, amor que (similar al cariño que le profesó a Menotti hasta el último día de su vida) permaneció intacto a lo largo de su carrera. En ese lapso se dio tiempo para terminar algunas partituras que había dejado inconclusas, así como tomó lecciones con Rozario Scalero. La aventura juvenil de Barber incluyó Francia, Italia, Alemania y Suiza, donde se dejó llevar por el estilo de vida, el teatro, conciertos, y perfeccionó su francés leyendo las novelas de Flaubert. En mayo de 1929 Barber volvió a viajar a Europa, pero en esa ocasión ya no iba solo. Él y Gian Carlo Menotti zarparon rumbo a Nápoles en el Conte Grande. De muchas formas, ese viaje fue muy importante para la pareja quienes ahí terminaron por estrechar sus lazos amistosos gracias a las experiencias y aventuras del viaje europeo.

Barber tenía 25 años de edad cuando comenzó una aventura más: componer una Sinfonía, cuya partitura estuvo lista el 24 de febrero de 1936, al ponerle punto final durante su estancia de dos semanas en la Fundación Anabel Taylor en el poblado franco alpino de Roquebrune. Según sus propias palabras: “Esta Sinfonía es un tratamiento sintético de los cuatro movimientos del modelo de sinfonía clásica. Está basada en los tres temas del allegro inicial, que se mantienen toda la obra proporcionándole carácter.” Analizándola rápidamente, podemos encontrar en esta Sinfonía de Barber una gran similitud con la Séptima sinfonía de Jean Sibelius, especialmente por su enorme parecido estructural en un solo movimiento, con sus cambios de carácter y ritmo.

En mayo de 1936, unos meses después de terminar la Sinfonía, Barber fue honrado con el segundo Premio Pulitzer que se le otorgaba en su aún corta carrera. Ello le permitió pasar un año más en Europa, por lo que preparó el estreno de su flamante partitura en aquel continente. Así, su Primera sinfonía fue estrenada el 13 de diciembre de 1936 con la batuta de Bernardino Molinari al frente de la Orquesta Filarmónica del Augusteo en el Teatro Adriano de Roma, justo un día antes de que se interpretara por vez primera otra obra de Barber en la American Academy: su Cuarteto para cuerdas, cuyo tercer movimiento es –dicho sea de paso- el que se conoce como su mil veces célebre Adagio. La respuesta del público italiano fue diversa ante su Sinfonía. Barber mismo admitió que la mitad de los asistentes al estreno aplaudieron y premiaron calurosamente la nueva obra, y la otra mitad tan sólo murmuraba. Aquella tibia recepción pudo deberse, como también indicó el autor, a que la comparaban con los tonos oscuros y demasiado nórdicos de una sinfonía de Sibelius (lo cual refrenda aquella teoría de una similitud entre la Primera sinfonía del estadounidense y la Séptima del finlandés). Además, una pieza de un americano era vista con reservas en aquel tiempo; de hecho, algunos de los músicos de la orquesta no podían creer que una Sinfonía venida del otro lado del Atlántico pudiera existir. Es más, pensaban que los estadounidenses eran incapaces de escribir música.

La première en los Estados Unidos de la Primera de Barber ocurrió entre el 21 y 23 de enero de 1937 con la Orquesta de Cleveland y la dirección de Rudolf Ringwall. Dos meses más tarde, la Filarmónico-Sinfónica de Nueva York, dirigida por el gran Arthur Rodzinski, presentó la Sinfonía en Carnegie Hall, donde el autor de apenas 26 años de edad fue recibido como todo un artista consumado. Y en diciembre de 1938 la Orquesta de Filadelfia ofreció una majestuosa interpretación de esta partitura con la batuta de Eugene Ormandy. En el verano de ese año, el éxito de la obra continuó cuando Rodzinski la presentó en el concierto inaugural del Festival de Salzburgo, siendo la primera ocasión en que una obra “americana” era escuchada en tan prestigiado festival. Hacia 1942, Barber decidió hacer una revisión acuciosa de la Sinfonía, dándole una mayor cohesión a su estructura, y reemplazando su segunda sección (en forma de un scherzo), por música que Olin Downes definió como “de un humor altamente sardónico y con una orquestación muy imaginativa.” La nueva y definitiva versión de la obra tuvo su primera presentación con Bruno Walter y la Orquesta de Filadelfia el 8 de febrero de 1944, año en el que Barber escribió una Segunda sinfonía, comisionada por la Fuerza Aérea Estadounidense (explicable, sobre todo, en tiempos en que se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial) portando el título de Flight Symphony. Por cierto, Bruno Walter realizó la primera grabación mundial de la Primera de Barber, constituyendo un hecho histórico pues ésta fue una de las pocas obras de autores americanos que este célebre director, alumno de Gustav Mahler, llevó al disco en su vida.

Aunque Barber vivió poco más de tres décadas después de escribir dicha partitura, nunca volvió a abordar el género de la sinfonía, aunque –quizá- éste lo sustituyó con gran vehemencia por el campo de la ópera, produciendo piezas maestras como Vanessa y Antonio y Cleopatra, además de música orquestal y de cámara de impresionante factura, cientos de canciones, y sus Conciertos, básicos en la literatura musical del siglo XX: para piano, para violín y para cello, además del Concierto Capricornio para instrumentos de aliento.

La Primera sinfonía de Barber constituye, en sus apenas veinte minutos de duración, un despliegue de virtuosismo orquestal así como de transparencia y lirismo en la expresión. Después del primer compás de introducción, las cuerdas exponen con fascinante lirismo el primer tema recurrente en la partitura. Posteriormente, y con varios trazos de profundo dramatismo delineados con varios silencios, esta sección se conecta con el scherzo, de carácter hiperactivo y realzado por los stacatti que aquí se escuchan, y con un constante jugueteo entre alientos y cuerdas bajo la constante métrica de 6/8. Al concluir esta parte escuchamos a los fagotes y clarinetes que, tenuemente, nos conducen al Andante tranquilo; éste inicia con una amorosa melodía en el oboe enmarcada por una atmósfera vaporosa en las cuerdas y el arpa. Aquí podemos decir que encontramos a Barber en su máxima expresión, empleando lirismo, fuerza, tensión y amor hecho sonidos. Esta sección lenta poco a poco va cobrando mayor intensidad al retomar los violines la melodía del oboe, hasta estallar en una potente proclama de los metales que, a su vez, conducen a la parte final de la Sinfonía, en forma de una pasacalle. Así como ocurre en la sección anterior, Barber construye un clímax magnífico de dimensiones impresionantes, en el que las cuerdas tocan con pasión y las trompetas y timbales nos llevan hacia la coda final, aún más excitante y poderosa en su carácter.

Así, con todo lo que se ha dicho en esta nota, podemos comprender varias situaciones en la música y la vida de Barber. Primero que nada, y que seguramente fue obvio para sus ojos, es la enorme fortuna con la que contó este hombre en el seno de la música internacional. Al leer los nombres de quienes en menos de una década dirigieron su Sinfonía (además de Koussevitzki) nos percatamos del gran respeto que los músicos de su tiempo profesaban por las obras de Barber. Por otro lado queda manifiesto en el breve, conciso y bello discurso de la Primera sinfonía que este autor siempre se mantuvo firme a su credo artístico y que las vanguardias imperantes en el siglo XX ni lo conmovían y mucho menos lo convencían, manteniéndose (como en el caso, por decir algo, de Sergei Rajmáninov) quizá anacrónico a su tiempo, pero con una sinceridad artística y humana que ya hubieran agradecido muchos de los compositores de esa época,  incitante en las artes y la sociedad mundial. Y, finalmente, si usted escucha con todo su corazón esta Primera sinfonía, se dará cuenta por qué traje a cuento la relación sentimental que sostuvieron Barber y Menotti (y que, por cierto, a estas alturas ya no debe sorprendernos, por el amor de Dios). La prueba fehaciente de cuánto tuvo que ver el amor que Barber sintió por su compañero de toda la vida no sólo transpira de esta obra en sonidos, sino en la dedicatoria que aparece en la primera página de la partitura: A Gian Carlo Menotti.

¿Acaso esto no está clarísimo con tan sólo escuchar el solo de oboe del Andante tranquilo? Y si acaso esta apreciación personal no lo convence, le sugiero escuche detenidamente las siguientes músicas de Barber, y no le quedará más remedio que darme la razón:

  • El segundo movimiento del Concierto para violín.
  • Knoxville: Summer of 1915, con texto de James Agee.
  • Give me some music, de la ópera Antonio y Cleopatra.
  • Sure on this shining night, canción con texto de Agee.
  • Must the winter come so soon, de la ópera Vanessa

Y, entre un larguísimo etcétera, por qué no:

  • El Adagio para cuerdas.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Samuel Barber: Sinfonía No. 1 Op. 9

Versión: Orquesta Sinfónica de Saint Louis. Leonard Slatkin, director.

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4 comentarios to “SAMUEL BARBER (1910-1981)”

  1. Javier septiembre 10, 2012 a 7:48 am #

    Maravillosa reseña de la música norteamericana del siglo xx. Muchas gracias!

    Por cierto, el último video, el del adagio del concierto para violín de Samuel Barber, no se puede ver porque es “privado”. Sería conveniente sustituirlo por otro ejemplo de la música de este compositor y que sí se pudiera visualizar…y escuchar!.

    • redmayor septiembre 10, 2012 a 9:19 am #

      Gracias Javier: No me había dado cuenta. Lo suistituiré con la grabación completa del Concierto. Un abrazo y mil gracias por tus comentarios.
      JM

    • redmayor septiembre 10, 2012 a 10:12 am #

      Estimado Javier: Ya subí la Primera sinfonía completa. Espero la puedas descargar. El Concierto de violín te lo debo para otra nota…

      • Javier noviembre 12, 2012 a 12:18 pm #

        Muchísimas gracias!!…ya lo estoy bajando ahora mismo.

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