ANTONIO VIVALDI (1678-1741)

5 Mar

Las cuatro estaciones Op. 8

Plaza de San Marcos en Venecia. Foto: José María Álvarez (1998)

Venecia es, sin lugar a dudas, una de las ciudades más improbables, mágicas, curiosas, románticas y exquisitas de todo el universo. Desde que uno pone un pie fuera de la estación de tren (Santa Lucia, por supuesto), entramos en contacto con esa brisa impregnada de la dulzura de la laguna y lo fresco del mar. Al frente de aquella estación ferroviaria se encuentra el Canal Grande (la “calle” principal veneciana), a la izquierda la Piazzale Roma y al lado contrario comienzan todas esas pequeñas callejuelas y rincones maravillosos que han sido, durante varios siglos, los mudos testigos -pero incitantes- del enorme poder que otrora tuviera Venecia en el mapa europeo, así como la construcción artística, humanística, de esa parte del mundo. El símbolo formidable de la ciudad es aquel león alado, cuyas patas traseras descansan en las olas del mar, como un recuerdo de la salvación de San Marcos de las furiosas aguas del océano. Ambos, el león y San Marcos, flanquean la entrada a la muy hermosa Plaza donde se encuentra la Basílica consagrada a ese santo, coronada por sus hermosos caballos de bronce y característica por sus tonos dorados que adornan su fachada y los interiores. Venecia no sólo fue de los grandes maestros de la polifonía como Andrea y Giovanni Gabrieli. Es necesario, en todo momento, pronunciar los nombres de Antonio Vivaldi o Tomaso Albinoni. El barroco italiano y, definitivamente, la música estrictamente veneciana, sólo puede comprenderse en una justa dimensión si asimilamos la arquitectura, la forma de vida y la dulce brisa de la ciudad sabiamente bautizada como “la serenissima”.

Antonio Vivaldi por Pier Leone Ghezzi (1723)

Vivaldi es el más grande de todos los músicos venecianos así como uno de los autores más prolíficos de la historia del arte occidental, a grado tal que Johann Sebastián Bach lo veneraba en grado superlativo. Todas y cada una de sus partituras son un reflejo fiel de su vida en Venecia. En la producción vivaldiana se encuentran cuatro importantes colecciones de Conciertos: L’estro armonico, dedicados a Fernando III, príncipe de Toscana; La stravaganza, escritos para un joven alumno de Vivaldi; La cetra, cuyo manuscrito porta una gentil dedicatoria al emperador Carlos VI; y la que hoy nos atañe, Il cimento dell’armonia e dell’invenzione, que principia con cuatro conciertos para violín, cuerdas y continuo coloquialmente conocidos como Las cuatro estaciones pues retratan las estaciones del año de acuerdo al clima de Venecia. Las cuatro estaciones son conciertos de intención descriptiva, cercanos al espíritu de la novela pastoril y que portan anotaciones de situación en la partitura que coinciden con unos versos que se supone son del propio Vivaldi. Son sugerencias atmosféricas, de ingenuidad dieciochoesca, parecidas en su ánimo a las ilustraciones pictóricas cotidianas de la época en Venecia, donde aparecen rinocerontes sin cuerno y elefantes sin colmillos. En esto hay un fondo de galantería barroca, con máscaras de carnaval y la sombra de Giacomo Casanova, resumida en el mundo de Carlo Goldoni, por sólo citar a dos de los más ilustres venecianos de aquella época de nostalgia, brillo social y esplendor político. A pesar de la metáfora planteada por Vivaldi en sus Cuatro estaciones, él obtuvo una síntesis artística genial, cuya colosal abstracción le ha permitido su incorporación a la comunicación emocional general de toda la humanidad. La originalidad, la sabia y nueva concepción de armonía y forma, la increíble audacia instrumental de Vivaldi, produjeron estos monumentos sonoros vigentes hasta el fin de los tiempos, que después de su revolución estilística se han vuelto una de las partes más queridas de nuestro paisaje musical y estético más cotidiano.

Al paso de los años, no dejará de existir uno que otro taimado que se niegue a reconocer el fascinante universo vivaldiano, por tratarse (dicen varios) de música “demasiado simple” (!!!!!!). Sin embargo, mi querido amigo Javier Platas alguna vez me dijo: “Escuchar diariamente un Concierto de Vivaldi es como deleitarse con el mejor de los chocolates después de una buena comida”. Y estoy de acuerdo con él… aunque la música del autor veneciano está absolutamente exenta de azúcar y colesterol.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Vivaldi: Las cuatro estaciones

Versión: Il Giardino Armonico. Giovanni Antonini, violín y director

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3 comentarios to “ANTONIO VIVALDI (1678-1741)”

  1. Patricia Adorno I. marzo 5, 2010 a 6:06 am #

    Recuerdo en este momento a mi suegra -la insigne actriz de teatro, Doña Beatriz San Martín, esposa del gran escritor y crítico de teatro, mi suegro, Don Armando De Maria y Campos- entrando a mi casa en una Noche-Buena, diciéndome: “Qué bella música”. Era ni más ni menos el invierno de las Cuatro Estaciones de Vivaldi.
    Gracias por tan magnífico relato tanto de Venecia y del ambiente musical en el que vivió Vivaldi.
    Un abrazo JM.
    P.D. Me encantó lo de Javier y el chocolate…je.

  2. Alessandra Illoldi Dávalos marzo 5, 2010 a 7:33 am #

    Jose María, una bellísima descripción de esa polifónica ciudad que es Venecia. Solamente en una ciudad con ese resplandor y sensibilidad, con esa innata coquetería, que como dice esa canción italiana “ma, veramente il Signore sposò Venezia al suo mar'”, Vivaldi pudo componer todas esas obras maravillosas que de su pluma salieron para deleite de nuestro corazón. Basta sólo cerrar los ojos para trasportarse hacia esa ciudad inigualable.
    Te recomiendo un libro con una temática un poco compleja, pero donde también se vislumbra lo que era la sociedad veneciana. El libro es de un escritor ganador del Premio Strega, Tiziano Scarpa, se intutula “Stabat Mater”. ya está traducido al español, pero la cadencia del italiano lo hace aún más bello y poético. Además el autor da una guía de que música podría escucharse al leer este libro. Buena lectura.
    Un abrazo.

    • redmayor marzo 5, 2010 a 3:47 pm #

      Muchísimas gracias Alessandra, buscaré el libro inmediatamente pues aunque no puedo decir que Venecia es una de mis ciudades favoritas en el mundo tiene una extraña magia sonora. Por mucho que se inunde a veces, ese aroma de la laguna jamás se me quitará de mis recuerdos.
      Un abrazo desde México
      JM

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