PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)

30 Jul

Concierto para violín y orquesta en re mayor Op. 35

  • Allegro moderato
  • Canzonetta: Andante
  • Allegro vivacissimo

A Enrique, a quien tanto le gusta esta obra, con toda mi admiración.

 

Tchaikovsky siempre vivió asediado por sombras aterradoras y circunstancias profesionales deprimentes. En los momentos de mayor adversidad emocional él escribió:

“Tengo los nervios deshechos… Moriré pronto, bien lo sé… La humanidad me asquea y quisiera vivir lo más lejos posible del mundo.”

Dicen algunos estudiosos que las razones por las que su personalidad era vulnerable  fue el sofisticado trato que le proporcionó su institutriz, la joven suiza Fanny Dürbach, lo que volvió al músico desde muy pequeño en un ser frágil emocionalmente. Pero en ese sentido también podemos remitirnos al año 1854, época en la que el joven Piotr -de catorce años de edad- enfrentó la trágica muerte de su madre (Alexandra Andreievna) a causa del cólera. Esa figura a la que el adolescente tanto idolatraba se transformó ante los ojos de Piotr drásticamente, en baños de agua hirviendo para calmar las fiebres alucinantes y que no pudieron devolverle la luz a sus ojos.

Algunas voces populares han propagado la teoría de que la idealización de la figura materna derivó en la imposibilidad de Tchaikovsky para acercarse naturalmente al sexo opuesto. Hoy sabemos que las preferencias sexuales no se obtienen como se pesca un resfriado… Pero lo interesante en este caso es que su homosexualidad se hizo manifiesta en un momento histórico y social que repudiaba a quienes vivían con esta sexualidad. Así, el delicado ruso fue blanco fácil para los despiadados ataques de desaprobación social.

Dos de las partituras más célebres de Tchaikovsky, cuyo éxito reside en su innegable perfección y seductor poder de comunicación, fueron las responsables de duras decepciones para su autor: su Primer concierto para piano (1874) y su Concierto para violín (1878). El problema residió en la elección de los intérpretes, supuestos amigos entrañables de Tchaikovsky quienes se sintieron con la autoridad para calumniar sin piedad el contenido de esas partituras. En lo que toca al Concierto para piano No. 1 recordaremos las  blasfemias que salieron de la boca de Nikolai Rubinstein al escuchar a un nervioso Tchaikovsky tocando su obra por primera vez en un salón del Conservatorio de San Petersburgo. Rubinstein aseguró: “la obra es mala, vulgar… debería ser arrojada a la basura…”

Y para el Concierto de violín Tchaikovsky eligió a Leopold Auer (1845-1930) para su estreno. Aunque  la primera página de la partitura llevaba una dedicatoria al virtuoso, Auer revisó la música y se dirigió a Tchaikovsky haciéndole saber que su flamante Concierto era “total y absolutamente intocable”.

Tchaikovsky podría ser lo más delicado del mundo, pero estas palabras reflejan su sólida personalidad artística y su implacable capacidad ante la adversidad.

“En el momento de la creación es absolutamente necesaria para el artista una calma interior completa. En ese sentido la creación artística, incluida la musical, es siempre objetiva. Están equivocados aquellos quienes creen que un creador es capaz de expresar sus sentimientos en un momento de afecto, con ayuda de los elementos técnicos que estén a su disposición. Tanto los sentimientos alegres como los tristes encuentran su expresión en forma retrospectiva. Sin tener motivo especial para la alegría, soy capaz de conseguir que un impulso creador de naturaleza alegre me invada…Y a la inversa: en medio de una atmósfera de dicha podría producir una obra saturada de sentimientos lúgubres y desesperados. En fin, el artista vive una vida doble: humana y artística…Y estas dos vidas no siempre transcurren simultáneamente en común…”

Tchaikovsky con su ¡esposa! Antonina Miliukova

La época en que Tchaikovsky concibió su Concierto para violín fue difícil y angustiosa para él. En mayo de 1877 recibió una carta de una admiradora, una señorita Antonina Milyukova que supuestamente había sido alumna de Tchaikovsky y que aseguraba por su misiva que estaba locamente enamorada de él. Como el acoso social ante su homosexualidad crecía día a día le pareció conveniente agendar una visita a esta señorita para conocerla. El día 1 de junio de ese año ocurrió el encuentro y dos días después Tchaikovsky ya estaba comprometido con ella. El 18 de julio se celebraron las nupcias en la Iglesia de San Jorge de Moscú.

Este matrimonio resultó ser un “pandemónium”: tan sólo seis semanas de enlace que para el compositor parecieron toda una vida bajo el agua. Y hoy podemos afirmar que, aunque la personalidad de la Milyukova era la de una persona inestable emocionalmente, el principal problema residía en que Tchaikovsky no podía aceptar cabalmente su homosexualidad y la carga emocional de ocultarla mediante una enfermiza relación con una dama que ni siquiera conocía bien.

El drama del compositor fue tan grande que en septiembre siguiente decidió quitarse la vida de una forma más aparatosa que sencilla: se lanzó a las aguas del río de Moscú con la idea de congelarse… y lo único que consiguió fue un fuerte resfriado. Su hermano Anatoli entró al rescate muy pronto e invitó a Piotr a un viaje a Europa que paulatinamente le regresó la paz espiritual. Al sentirse más estable empezó a componer con avidez: en enero de 1878 concluyó su Sinfonía No. 4 y un mes después puso punto final a su ópera Eugenio Oneguin. En marzo Tchaikovsky se instaló en Clarens, a orillas del lago Ginebra en Suiza y puso manos a la obra en lo que sería su Concierto para violín. En esos días recibió la visita de un joven violinista que había estudiado con Tchaikovsky: Yosif Kotek (1855-1885). La idea era que Kotek le ayudará al compositor con la técnica y el lenguaje violinístico de su nueva obra. Hoy también sabemos que Kotek fue, probablemente, uno de los amantes de Tchaikovsky.

Adolf Brodski, a quien sí le gustó el Concierto de violín

Para el 11 de abril siguiente el Concierto para violín estaba terminado. Y ahí vino la elección de Leopold Auer como el solista que estrenaría la pieza y el amargo episodio que comentamos líneas atrás. Sin embargo, Tchaikovsky no dobló las manos ante la adversidad y desaprobación hacia su Concierto para violín. Tres años después de haber terminado la obra supo que el joven violinista Adolf Brodsky (1851-1929) se había empeñado en estudiar la partitura, aunque el nocivo Auer le recomendó que desistiera de tal empresa. Así, el 4 de diciembre de 1881 la ciudad de Viena fue testigo de la primera presentación del Concierto de Tchaikovsky bajo la dirección de Hans Richter (1843-1916). Brodsky se dirigió al autor y señaló que era difícil aburrirse tocando la obra por su enorme belleza.

La reacción del público en el estreno fue buena en general. Aunque quien vino a romper la frágil magia del instante fue el temible crítico Eduard Hanslick (1825-1904) quien redactó lo siguiente:

“El violín… no es tocado, sino desgarrado en pedazos, golpeado hasta llegar a los moretones. No sé si es posible sortear esas horribles dificultades técnicas, pero estoy seguro que, al intentarlo, el señor Brodsky nos martirizó y se martirizó… El finale nos lleva a la vulgar diversión de un carnaval ruso. Vemos caras salvajes, escuchamos proclamas soeces y nos llega un olor a alcohol barato.”

El educado violinista Leopold Auer

A pesar de la crueldad de las palabras de Hanslick el Concierto de Tchaikovsky siguió paso firme gracias al empuje de Brodsky, quien obviamente recibió la dedicatoria final de la pieza. Así, el valiente intérprete tocó varias veces el Concierto y en la capital inglesa informó a cuanto reportero se le acercó que la tocaría por el resto de su vida.

Este Concierto es una espléndida pieza musical, súper virtuosa, lírica y emotiva, capaz de poner en ebullición hasta a un alma pasiva. Y, por supuesto, lo más radiante de su contenido es, como suele ocurrir en la música de este ruso, el firme carácter y originalidad en sus melodías.

Vale la pena hacer una saludable aseveración con respecto a quienes criticaron tanto el Concierto para violín como el Primer concierto para piano de Tchaikovsky: Auer (violinista) y Rubinstein (pianista) recibieron una buena lección de vida, pues el primero de ellos tocó el Concierto para violín como homenaje a Tchaikovsky dos semanas después de su desaparición física; mientras que el otro se le hincó al autor, rogándole su perdón, aunque Tchaikovsky lo castigó con su indiferencia, e inmediatamente comenzó a tocar por todas partes el Concierto de piano, alabándolo una y otra vez.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Piotr Ilich Tchaikovsky: Concierto para violín y orquesta en re mayor Op. 35

Versión: Pierre Amoyal, violín. Orquesta Filarmonía de Londres. Charles Dutoit, director. 

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2 comentarios to “PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)”

  1. Rob diciembre 2, 2011 a 5:11 pm #

    Hola, buenas tardes. Donde puedo encontrar esta pieza por que no la encuentro y ya tengo rato buscandola. El enlace no indica donde bajarla.

    Muchas gracias

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    • redmayor diciembre 3, 2011 a 1:31 am #

      En la aplicación del lado derecho BOX. Ahí está…
      Si hay problema lo reviso.
      Un saludo.

      Me gusta

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