LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

12 Ago

Primera sinfonía en do mayor Op. 21

El comentario que abrirá esta nota es absolutamente cierto, pero obvio y necesario para hablar someramente de la creación de la Primera sinfonía que nos ocupa: Ludwig van Beethoven fue el gran sinfonista-orquestador en el vínculo entre clasicismo y romanticismo.

Esa afirmación cobra mayor sentido cuando escuchamos sinfonías beethovenianas como la Heroica, la Quinta o la Novena, en donde encontramos que el lenguaje orquestal se transfigura en términos completamente revolucionarios: desde la omisión de una introducción lenta a la usanza de Haydn en el primer movimiento de la Heroica hasta el gran final de la Novena como la primera sinfonía coral de la historia; así se rompe con la tradición y comienzan a soplar vientos del romanticismo en el arte sonoro occidental del siglo XIX. Pero en este sentido resulta malicioso no considerar “revolucionarias” a partituras como las Sinfonías 4, 6 (la Pastoral) y la No. 8 (ésta última, por cierto, la favorita de Stravinsky), que no por parecer menores ignoran las intenciones de cambio y novedad que se había impuesto Beethoven desde la Primera sinfonía que él escribió en 1797. Sin embargo, algunos han dicho que esta Sinfonía no es mas que la continuación de la concepción sinfónica de Haydn, cosa también falsa ya que si se revisan los bosquejos iniciales de esta obra podemos remontarnos hasta 1791. Eso quiere decir que Beethoven abordaría el género con seriedad y con un meticuloso estudio de lo que la técnica sinfónica le propuso y cómo resolver la elaboración de una partitura que dejara una huella profunda. Cabe decir que no sólo este autor se sintió “intimidado” con la escritura sinfónica pues hay que recordar que más de tres décadas después de la muerte de Beethoven, Johannes Brahms tardó casi veinte años para estar convencido de que su Primera sinfonía lo satisfacía artísticamente.

Primera página de la Sinfonía 1 de Beethoven

Ese error de comprensión estética de la Primera sinfonía de Beethoven con respecto a Haydn es totalmente nulo si notamos como habita en ella la idiomática personalísima del genio de Bonn que relumbra en cada uno de sus rincones con vigor y genialidad. El principal y más evidente cambio es el que Beethoven generó en el tercer movimiento que, aunque porta el nombre de Minuetto, no es otra cosa mas que un scherzo, que deja ver entre telones el ambiente que imperó en la sinfonía romántica del siglo XIX. Y ese movimiento es, en esencia, un Minuetto, pero al acelerar su tempo y modificar sus acentos y dinámica, se vuelve en un trozo musical  totalmente novedoso: un scherzo.

Claro e incisivo es Jorge Velazco al señalar que “entre un minuetto dieciochoesco y el de la Primera sinfonía (de Beethoven) hay tantas diferencias como entre una diligencia y un automóvil.” La Primera sinfonía de Beethoven fue estrenada en Viena el 2 de abril de 1800 en el Kärntnerthor Theater y estuvo enmarcada por un programa kilométrico pero interesante: ese día también se escucharon el Septeto Op. 20, una Sinfonía de Mozart, selecciones de La Creación de Haydn, uno de los dos primeros Conciertos para piano de Beethoven (con el autor como solista), algunas improvisaciones en el piano y la Sinfonía de estreno. Ante los oídos vieneses nació una obra de gran novedad y audacia, y aunque algunos de sus pasajes fueron acremente criticados la reacción general del público fue satisfactoria. Los comentarios que provocó la obra han sido definidos como “una obra maestra que honra tanto a los poderes creativos del compositor como a su experiencia musical” (Historisches Taschenbuch). En la reseña de esa presentación en el Allgemeine Musikalische Zeitung, un crítico declaró que “ésta fue probablemente una de las más interesantes academias (conciertos) que se hayan presentado en mucho tiempo.” Él encontró en la Primera sinfonía de Beethoven (bautizada en su primera edición de 1801 como Grande Simphonie): “una buena cantidad de arte, novedad y riqueza de ideas, pero los instrumentos de aliento fueron utilizados en exceso, de modo que es más música militar para banda que verdadera música orquestal.” Ante tal comentario pueden surgir dudas: ¿acaso la orquesta que participó en el estreno tenía un desmesurado balance en el número de instrumentistas lo cual provocó el comentario de aquel crítico, o bien los músicos tocaron realmente mal? Nadie lo sabe. Lo que es cierto es que el mismo diario, pero en 1805, aseguró que la Primera sinfonía de Beethoven era “una magnífica pieza de creación artística.”

Como siempre, le rogamos confíe más en el juicio de sus propios oídos y de su corazón, más que en el vetusto y anquilosado sentimiento de los críticos de aquellos tiempos (aunque los actuales no se quedan atrás…).

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Ludwig van Beethoven: Sinfonía No. 1 en do mayor Op. 21

Versión:  Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von Karajan, director.

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