LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

14 Ago

Segunda sinfonía en re mayor, Op. 36

“Es un horrible monstruo, un dragón herido que se rehusa a morir, y aún al desangrarse, loco de furia, da terribles golpes con la cola, en el estertor de la agonía.”

Así rezó la crónica que un crítico de Leipzig escribió posterior al estreno de la Segunda sinfonía de Beethoven. Estaremos de acuerdo que este compositor, con todo su carácter revolucionario impasible, cosechó no sólo ésta sino muchas otras críticas con respecto a trabajos musicales que hoy son parte del repertorio tradicional de cualquier orquesta del orbe. Entonces, también concluimos que muchos de los oídos que en su tiempo atestiguaron las primeras ejecuciones de las obras capitales de Beethoven no estaban preparadas para el carácter igualmente revolucionario de dichas partituras.

Sin embargo, el comentario que abre esta nota es ciertamente cruel, sobre todo si tomamos en cuenta que la Segunda sinfonía de Beethoven constituye un fenomenal ejemplo de cómo él podía hacer escuchar su voz interna con claridad y definición de conceptos. Esta partitura es la primera de aquella colección que los musicólogos han designado como “las sinfonías ligeras o poco populares” de este autor. Si bien el grupo de las nueve Sinfonías ha marcado uno de los más importantes hitos en la escritura sinfónica de la historia de la música occidental, ha sido curioso ver cómo al paso de los años las Sinfonías más difundidas de Beethoven son las numeradas impares (1, 3, 5, 7, 9), mientras que las pares han sido menos agraciadas por inexplicables razones, con excepción de la Sexta (la Pastoral). Aún así, al tiempo en que son las Sinfonías “poco populares”, observamos que éstas –las números 2, 4 y 8 específicamente- vuelcan sus ojos a la tradición sinfónica de Haydn en el siglo XVIII, tanto en las dimensiones del conjunto orquestal como en la estructura netamente clásica de sus cuatro movimientos.

Beethoven se entregó a la composición de su Segunda sinfonía poco tiempo después de haber concluido la composición de su ciclo de dos sonatas quasi una fantasía, catalogadas como Op. 27 y siendo la segunda de ellas la muy bella y popular Claro de luna. Además, su entrada al mundo sinfónico con la Primera sinfonía del año 1800 lo convertía en un compositor con completo dominio de su técnica y ávido de explorar nuevos y fascinantes terrenos para expresar los más intensos sentimientos de su alma. A este respecto, es de especial importancia la época en que Beethoven escribió la Segunda sinfonía, entre 1801 y 1802. En ese entonces él habitaba en Heiligenstadt, una pequeña localidad no muy lejana de Viena, y que se ha vuelto punto de referencia porque fue en aquel lugar que Beethoven escribió uno de los textos más dramáticos y dolorosos que cualquier artista haya realizado en su existencia: el famoso Testamento de Heiligenstadt, en el que, sintiendo los primeros embates de la sordera, explicaba a sus hermanos el estado de depresión en el que se encontraba sumido, derrotado en su lucha personal y con ansias enormes de llegar al suicidio. Si en algún momento hablamos de las similitudes de carácter y técnica que tienen algunas de las Sinfonías “pares” de Beethoven, entonces la Cuarta sinfonía está definitivamente hermanada a la Segunda en lo que se refiere a los tiempos turbulentos que protagonizó el autor durante sus respectivas gestaciones. Puede decirse que, tanto en las Sinfonías 2 y 4, el músico prefirió echar un vistazo al hermoso entorno natural de Heiligenstadt, que sumirse en las oscuras profundidades de su alma atribulada. Al igual que en la Sinfonía precedente (la Primera), Beethoven arranca -después de la introducción- con un Allegro con brio extrovertido, mostrando a un compositor muy seguro en si mismo, dominando de principio a fin las texturas sonoras. El movimiento lento, delineado con contornos serenos, casi religiosos, es mucho más efectivo que el correspondiente a la Sinfonía No. 1, por su carácter más expresivo y energía que se expande a horizontes mucho más lejanos. Quizá el más claro atisbo “post-clásico” en esta Segunda sinfonía lo constituye la denominación del tercer movimiento, Scherzo. El final de la obra es una sección realmente juguetona con sus brincos rítmicos y el exquisito manejo de la masa de las cuerdas junto con todos los alientos que parecen tentarse, estallar juntos en carcajadas y volverse a separar en un diseño arquitectónico de gran complejidad. La Segunda sinfonía de Beethoven fue dedicada en su primera edición de 1804 al príncipe Karl von Lichnowsky, uno de sus más cercanos amigos en esos tiempos. Su estreno ocurrió el 5 de abril de 1803 en una de tan famosas y maratónicas Academias (conciertos) de la época en el Theater an der Wien. Tal parece que, quien sí supo encontrar el perfecto significado Segunda sinfonía fue Friedrich Rochlitz, al escribir en la muy respetada y célebre Allgemeine Musikalische Zeitung que: “(Esta Sinfonía) es la muestra de un espíritu de fuego… cuando un millar de obras de moda hoy día serán consignadas a sus respectivas tumbas en poco tiempo.” ¿No le parece que ello es totalmente cierto?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Ludwig van Beethoven: Sinfonía No. 2 en re mayor Op. 36

Versión: Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von Karajan, director. 

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2 comentarios to “LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)”

  1. Octavio marzo 13, 2012 a 2:24 pm #

    Hola, en donde se encuentra el link de descarga, muy buen aporte, gracias.

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    • redmayor marzo 14, 2012 a 12:36 am #

      En la columna derecha hay una aplicación naranja que dice box. Ahi escrolea los tracks hasta encontrar el que buscas. Un saludo.

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