LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

18 Ago

Quinta sinfonía en do menor Op. 67

Las emblemáticas notas del Allegro con brio de la Quinta sinfonía

Hacia el año 1800 Beethoven percibió que su sentido auditivo no estaba completamente bien, y lo cual tuvo su desenlace con la sordera total quince años después. Tan amarga situación, aunada a un carácter intenso empeñado en reiterase una y otra vez en su gran capacidad creadora, fueron factores suficientes para que Beethoven se alzara como un revolucionario en toda la amplitud de la palabra. Esa férrea posición ante el arte y la vida, alimentada por un espíritu totalmente dionisíaco, fue un estandarte del músico y sus contemporáneos para transformar en buena medida la música y el arte del siglo XIX.

El cambio pareció sencillo y casi imperceptible, pero la colección de todas las Sinfonías de Beethoven es, definitivamente, una de las mejores muestras para comprender ese desarrollo en cuanto al pensamiento, la técnica y lo contundente de su expresión. En este sentido, las primeras genialidades del autor en este campo fueron sus tres primeras Sinfonías, de las cuales la Tercera (1803), la llamada Heroica, reúne el ideario estético de Beethoven en sus primeros años y con un lenguaje sinfónico sorprendente.

Alrededor de 1804 el músico concibió, casi al mismo tiempo, sus Sinfonías 4 y 5. De hecho, la que hoy conocemos como Quinta fue concebida un poco antes que la Cuarta, como puede leerse en la nota correspondiente a dicha obra en este programa. La Quinta, por su parte, le significó a Beethoven un gran esfuerzo creativo, pues no fue sino hasta 1809 que se publicó la partitura, después de que el autor le hizo innumerables cambios y correcciones. Quizá usted que esta leyendo este texto tiene muy presente en la mente la poderosa introducción de esta Quinta sinfonía, formada por una figura tan sencilla como enigmática y genial, alrededor de la cual se ha reconocido a Beethoven como uno de los grandes personajes de la historia de la música, pero que igualmente ha provocado leyendas e historias algunas fascinantes y otras verdaderamente absurdas, más adecuadas para comerciar de forma muy barata con algo tan intangible pero igualmente poderoso como lo es la música.

Manuscrito de la primera página de la Quinta, probablemente realizada por dos copistas de Breitkopf & Härtel (1808-1822 ¿?)

En una biografía de Beethoven de 1840, Anton Felix Schindler comentó que alguna vez Beethoven, refiriéndose al inicio de su Quinta sinfonía, dijo: “Así es como el destino toca a la puerta”. Un comentario realmente significante y lleno de sentido si se escucha esta obra con suficiente pasión. Sin embargo, la frase fue tomada por “sepa-Dios-quien” para engarzarla a la lucha personal de Beethoven contra las adversidades de su existencia (tanto la sordera como la incomprensión de algunos y eternos fracasos románticos que también protagonizó en su vida); de tal suerte que ahora a mucha gente se le hace fácil denominar a la Quinta de Beethoven como la Sinfonía del destino. Y el tan traído y llevado inicio de la Sinfonía en cuestión llegó a ser motivo de identificación con el alfabeto morse durante la Segunda Guerra Mundial, que curiosamente coincide con la letra “V” de dicho alfabeto, igualita a la “V” de la victoria que blandía Winston Churchill con su mano derecha. Otra vez, el mundo tomó a Beethoven como ese símbolo del destino que nada tiene que ver con una lucha personal, el trabajo comprometido hacia la afirmación de una idea artística precisa, lo cual fue la verdadera premisa de la vida de este compositor.

Y si estas tres corcheas y una negra que comienzan la Quinta de Beethoven son símbolo, pues entonces hay “demasiado” destino en buena parte de la producción de este hombre, ya que también aparece en la Sinfonía Heroica, en el Cuarto concierto para piano, en su Trío Op. 3 y muchas otras obras. Seguramente E.T.A. Hofmann (1776-1822) fue bastante específico en sus comentarios alrededor de la Quinta de Beethoven: El músico ha conservado la continuidad usual de los movimientos en la Sinfonía, que parecen estar encadenados fantásticamente el uno al otro y el conjunto resuena como una genial rapsodia, pero el espíritu del oyente sensitivo será sin duda sacudido íntima y profundamente por una duradera impresión de un deseo infinito, insatisfecho, y ello desde el primer acorde. Esta obra maestra expresa en un alto grado el romanticismo de la música, el romanticismo que aún revela el infinito.

Y así es como debemos escuchar esta Quinta sinfonía, como un verdadero monumento artístico coherente, construido con la más grande unidad de ideas y con un concepto estético que ha impresionado desde su estreno. Y, hablando de su primera presentación, la Quinta sinfonía de Beethoven fue dada a conocer el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien, en una de aquellas maratónicas “Academias”, especialmente dedicada esa noche a la música de este compositor, que también incluyó los estrenos de su Sexta sinfonía, fragmentos de la Misa en do menor, el Cuarto concierto para piano (en su première vienesa), Ah, pérfido! para soprano y orquesta y la Fantasía coral con el propio Beethoven al piano, quien también se dio tiempo en el concierto para ofrecer unas improvisaciones en el piano. ¿Quién no quisiera regresar el tiempo para participar como auditorio en un concierto de este tipo?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Ludwig van Beethoven: Sinfonía No. 5 en do menor Op. 67

Versión: Orquesta Filarmónica de Viena. Karl Böhm, director

(Grabación de 1970) 

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