LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

20 Ago

Sinfonía No. 6 en fa mayor Op. 68, Pastoral

  • Despertar de alegres sentimientos a la llegada al campo (Allegro ma non troppo)
  • Escena junto al arroyo (Andante molto mosso)
  • Alegre reunión de campesinos (Allegro)
  • Tormenta (Allegro)
  • Himno de los pastores. Alegría y sentimientos de agradecimiento después de la tormenta (Allegretto).

Beethoven descansando en un bosque

Al observar cualquier retrato donde aparezca el rostro de Beethoven y en el que se aprecien sus facciones fuertes, bien definidas, y ese gesto adusto que lo caracterizaba (musical y personalmente), parece difícil pensar que ese hombre tenía un inmenso amor por la naturaleza así como por la tranquilidad de la vida campestre. Fue Anton Felix Schindler (1795-1864) quien nos permitió conocer del carácter bucólico de un Beethoven que parecería ajeno a lo que dicta la historia; Schindler da esta descripción muy íntima del músico:

“Debemos imaginar a Beethoven como un hombre que representó una personificación de la naturaleza. No fueron las leyes naturales, sino su poder elemental que lo cautivó, y lo único que le preocupaba en su disfrute efectivo de la naturaleza eran sus propios sentimientos. De pronto pareció que el espíritu de la naturaleza se revelaba ante él con toda su poderosa fuerza, y le proporcionaba la habilidad para crear una obra de arte que no podía ser comparada con algo más en todo el repertorio musical; una pintura sonora que combina situaciones de la vida cotidiana, con escenas de la naturaleza y presentándolas ante la imaginación del escucha: la Sinfonía Pastoral.”

Gracias a Schindler es que hoy día contamos con una buena cantidad de detalles de la composición y descripciones precisas del contenido estético de la Sexta sinfonía de Beethoven, obra que fue concebida mientras el músico se encontraba en Heiligenstadt (cerca de Viena) entre los veranos de 1807 y 1808, y su estreno tuvo verificativo en aquel célebre y muy citado concierto del 22 de diciembre de 1808 en el que se estrenó, además, su Quinta sinfonía, la Fantasía coral y otras obras en un verdadero maratón de genialidad sinfónica.

Para la Sexta sinfonía, Beethoven recurrió a una buena cantidad de referencias musicales a la naturaleza como la Gran sinfonía de Justin Heinrich Knecht (1752-1817) llamada Retrato musical de la naturaleza, así como una buena parte de las escenas importantes de los oratorios La creación y Las estaciones de Franz Joseph Haydn (1732-1809). Todas esas ideas se combinaron en la turbulenta mente de Beethoven junto con su propia apreciación de la naturaleza y dieron como resultado una suerte de Sinfonía programática en cinco movimientos que no sólo retrata las escenas pastoriles en el antiguo sentido de la estética imitativa, sino que refleja sus sentimientos personales al respecto.

De muchas formas esta Sinfonía era parte de un tipo de expresión estéticamente “moderno” (para los tiempos del clasicismo beethoveniano), lo cual refrendó el propio autor al definir esta música “como expresión de sentimientos más que como un fiel retrato”. En el concierto de su estreno, la Sexta fue presentada al público como: “Una Sinfonía llamada ‘Recuerdos de la vida rural’ “, y la primera edición portaba en su primera página el título “Sinfonie Pastorale… par Louis van Beethoven… No. 6 des Sinfonies”.

Al conocer más el trasfondo artístico de los albores del siglo XIX, es sencillo percatarnos de los ideales estéticos de muchos de los creadores e intelectuales de esos tiempos. En resumen, el caso de Beethoven, su actitud de un personaje netamente romántico (en el sentido de la revolución personal, de la lucha interna y exterior por sobresalir, por hablar con un lenguaje propio y no el impuesto por las modas o estructuras), está directamente ligada a ese gusto e interés personal especial por los asuntos naturales. En algunos momentos sentimos que esta Sinfonía es totalmente programática, a la manera de los poemas sinfónicos que acuñaran Franz Liszt (1811-1886) o Richard Strauss -por supuesto, tal concepto musical aún no se inventaba-. No es malicioso en absoluto remontarnos al barroco para buscar nexos y paralelismos con esta obra (más imbuida en el período romántico, aun cuando éste no comenzaba, que en el clásico). De tal manera, la Sinfonía Pastoral de Beethoven debe más, en cierta medida, a la imitación sonora natural que genios como Antonio Vivaldi (1678-1741), Jean-Philippe Rameau (1683-1764), George Frideric Handel (1685-1759), Luigi Boccherini (1743-1805) y Georg Philipp Telemann (1681-1767) fueron capaces de aquilatar en una buena cantidad de sus partituras.

Si bien esa “imitación natural” que propone Beethoven no es estricta, si es algo precisa al proporcionar títulos sugerentes a cada uno de sus cinco movimientos (nuevamente, la novedad en el clasicismo: una estructura inusual para la época). El primer movimiento, por ejemplo, no retrata ninguna escena en particular; es simplemente una melodía de carácter folklórico y sereno que nos introduce a ese jardín, campiña, o bosque de los sueños del músico de Bonn. Por su parte, el segundo movimiento es de una delicadeza inusitada, prístina y deliciosa, como un adelanto de lo que Beethoven escribió en el tercer movimiento de su Novena sinfonía. Aquí, la música fluye con una naturalidad tal que no necesita en ningún momento algún episodio explosivo para capturar nuestra atención; éste es un cuadro fabuloso del reposo de cualquier alma mortal junto a un arroyo, el viento que silba entre los árboles, la frescura del verde pasto, y con una cadenza para la flauta que imita el canto de un ave a la distancia, con ecos de otras aves –breves destellos sonoros- en el oboe y el clarinete: son el ruiseñor, la codorniz y el cucú. La pintura musical de Beethoven se hace más viva en el tercer movimiento, un scherzo que representa una alegre fiesta campesina, dándonos pauta para escuchar a los músicos campiranos y también casi observar las rondas que se hacen entre los aldeanos. La fiesta termina forzosamente. Se escucha entonces una transición en donde la instrumentación cobra tonos grisáceos; ciertas erráticas figuraciones nos sugieren la caída de las primeras gotas del cielo. Una tormenta se acerca y repentinamente  se precipita sobre las cabezas de los campesinos quienes huyen a sus casas. Genialmente retratada por Beethoven, la tormenta se desvanece poco a poco, y la calma comienza a dominar el paisaje. Breves comentarios del clarinete y del corno nos llevan, poco a poco, hasta el himno que entonan los campesinos agradeciendo que el chubasco se haya alejado.

Me parece que la música de Beethoven es mucho más poderosa que cualquier nimia explicación de un servidor al respecto de la Sinfonía Pastoral. Aun así, me quedan tres comentarios en la mente. Uno de ellos es mi vivo recuerdo de la película realizada por Walt Disney (1901-1966) en 1940 llamada Fantasía. Si acaso usted tuvo la feliz fortuna de verla algún día (aunque aún puede hacerlo, claro está) notará que una de las alegorías visuales más perfectas y hermosas es aquella basada en fragmentos de esta Sinfonía de Beethoven, misma que no se salvó de los “tijeretazos” que a diestra y siniestra le diera el director Leopold Stokowski (1882-1977). Aunque con escenas más propicias para un sueño de antiguos tiempos helénicos, esa sección de la cinta es maravillosa, siendo mi favorita la correspondiente al segundo movimiento, con el fauno y una ninfa tocando su aulos junto a un arroyo lo cual me parece (si se me permite el comentario) una de las escenas más románticas –y hasta eróticas- de la historia del cine de dibujos animados.

Otro de mis pensamientos gira alrededor de Beethoven y su implacable sordera. ¿No será, querido lector, que Beethoven al dejar de percibir paulatinamente esos sonidos de la naturaleza que tanto añoraba y respetaba, decidió imitarlos o recrearlos en una música que ni siquiera él estaría capacitado para disfrutar, como ese canto postrero por las bendiciones que se han perdido? También puede ser que su terrible furia al perder el sentido del oído lo haya llevado a reaccionar de manera distinta, pasiva, más que con un torrente desenfrenado de poder dionisiaco, como ocurre en la Quinta sinfonía.

Y, finalmente, un comentario del máximo impresionista musical, Claude Debussy (1862-1918),  que lo dejará pensando un buen rato, mientras escucha extasiado esta obra: “Hay más que encontrar en un atardecer que en la Sinfonía Pastoral de Beethoven…”

¿Será?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Ludwig van Beethoven: Sinfonía No. 6 en fa mayor Op. 68 “Pastoral”

Versión: Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von Karajan, director.

Anuncios

2 comentarios to “LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)”

  1. EFREN FUENTES . junio 3, 2010 a 4:11 am #

    LO FELICITO SR. ALVAREZ POR SU NOTA ACERCA DE LA SEXTA SINFONIA DE BEETHOVEN , MUCHAS GRACIAS POR SU TRABAJO , GRACIAS .

    Me gusta

  2. SR BigDog marzo 16, 2011 a 6:24 am #

    HOLA EH LEIDO TODO Y ME EH DICHO, BEETHOVEN VEIA LA NATURAALEZA Y LUEGO LA CONVERTIA EN MÚSICA ES LO MISMO UN TEMA PARA CALMARSE COMO LA NATURALEZA TE RELAJA. BUENO BUENISIMO TODO LO QUE DICE MUCHO TIEMPO LEYENDO PERO IGUAL ESTA BIEN SABER ALGO DE BEETHOVEN BIEN, GRACIAS BUENISIMO…

    Me gusta

Participe con su comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: