MAURICE RAVEL (1875-1937)

1 Sep

La valse

Cuán importante ha sido en la historia de la música la muy afortunada invención del patrón rítmico en ¾ ó 3/8 que en nuestros días suele ser citado coloquialmente como un “chun-ta-ta, chun-ta-ta”, y que a lo largo de los tiempos ha puesto a mover los pies de las más diversas personas: desde aristócratas en las grandes ocasiones o bien en cualquier fiesta de una quinceañera de nuestros días.

Al hablar del “vals” es importante enfrentarnos a las casi encarnadas luchas que han protagonizado diversos países europeos para agenciarse la verdadera nacionalidad de tan bonito estilo de danza. Así, el Imperio austro-húngaro dijo “yo primero”, pero los franceses contestaron “pas de tout messieurs”, mientras que los alemanes –gritando “nein, nein”- trataban de arrebatar al vals para su país (quizá fue benéfico que los ingleses no metieran ni siquiera la punta de la nariz. A fin de cuentas ellos ya tienen sus danzas…).

Y es obvio que cuando pronunciamos la palabra “vals” nuestros recuerdos se ubican en las hermosas piezas de los Strauss, desde El Danubio azul, el Emperador, los Cuentos de los bosques de Viena, entre muchas otras delicias.

Repentinamente nos asalta el melancólico recuerdo de Dios nunca muere de Macedonio Alcalá (oaxaqueño), Sobre las olas de Juventino Rosas (guanajuatense), o bien el Vals poético de Felipe Villanueva (mexiquense). Entonces, ¿a quién pertenece el vals?

Si escudriñamos con detenimiento el repertorio musical en general, nos encontramos con las más diversas reminiscencias del vals. Por ejemplo, ahí está la Invitación a la danza de Carl Maria von Weber; el segundo movimiento (Un baile) de la Sinfonía fantástica de Berlioz; el tercer movimiento de la Quinta sinfonía y el segundo de la Sexta de Tchaikovsky (quien además honró al vals en sus ballets); el segundo movimiento de la Sinfonía Titán de Mahler (en tiempo de ländler, esa danza campesina que bien puede ser germen del vals), hasta el muy ingenuo, divino y sofisticado vals Je te veux de Erik Satie.

En tal lluvia de ideas encontramos que muchos de los autores citados son franceses y que si el vals llegó a México fue gracias al enorme gusto porfiriano hacia la cultura de aquel país. Quizá el Diccionario Grove de música y músicos tenga algo de razón en anotar que los primeros indicios del vals se encuentran ubicados en Francia (sí, así como lo está leyendo. Hasta a mi me sorprende). Así pues, el antecedente del valse se encuentra en una danza conocida como volta (llamada por los isabelinos como lavolta), y que es citada en el tratado de orquesografía de Thoinot Arbeau como una danza introducida en París por el rey Luís VII, aunque su origen reside en Provence. La popularidad de este baile estuvo vigente hasta el siglo XVI cuando sus alcances llegaron a Alemania donde el término volta se transfiguró en waltz. Pero claro, los señores empezaron a buscar evidencias que la danza era originalmente de ellos y se refirieron a ella como venida del término drehtanz, algo así como danza circular.

Maurice Ravel

Seguramente podríamos pasar una buena cantidad de meses en la búsqueda de la auténtica historia del vals. Pero como citamos a Francia en relación directa con el origen de este baile es curioso notar como a principios del siglo XX un francés de extraordinarios modales, amante de la buena literatura, las miniaturas, los niños y el buen vestir, Maurice Ravel, escribió una obra inspirada en el vals a petición de una de las personalidades más influyentes en la danza de todos los tiempos: Sergei Diaghilev. El citado empresario de los Ballets Rusos, con sede en París, le solicitó La valse a Ravel para un ballet con argumento trivial que tendría por nombre Wien (Viena) y cuya coreografía recayó en otro colaborador de primera: Leonid Massine. Ravel trabajó con avidez para este espectáculo hasta que un día, en enero de 1920, algo vino a turbar su trabajo. Acababa de nombrársele para recibir la codiciada “Orden de la Legión de Honor”. Pero con toda elegancia “monsieur” Ravel contestó que rechazaba la designación. Bastante molestó a Ravel todo este asunto, pero curiosamente esa distinción no fue lo único rechazado en aquel momento: al entregar Ravel la partitura de Wien a los Ballets Rusos la compañía también le dio las gracias al compositor y no aceptaron la obra.

Ravel al piano (7 de marzo de 1928)

Con la partitura bajo el brazo Ravel decidió estrenarla como pura música sinfónica en los famosos Conciertos Lamoureux de París el 12 de diciembre de 1920, contando con la dirección de Camille Chevillard. La idea central de Ravel con respecto a la obra –finalmente bautizada como La valse– gira alrededor de la nostalgia en una época pasada en la que el vals era punto de reunión de las sociedades europeas. Es por ello que en la primera página de la partitura puede leerse: “De la bruma surgen parejas bailando el vals. Poco a poco se disipan y puede verse una inmensa sala poblada por una multitud dando vueltas. La escena se ilumina gradualmente, los candiles resplandecen con intensidad. Es una corte imperial hacia 1855.”

Así, con la apoteosis del vals vienés, Ravel confirmó su fama como compositor en diversas ciudades europeas. De hecho, él mismo dirigió La valse en una gira de conciertos en la que los británicos lo calificaron como “un buen director de orquesta, aunque no de los mejores”.

Pero imagine usted que durante los casi trece minutos que dura esta música Ravel nos hace “valsear” con su mouvement de valse viennoise en un gentil ¾, para que 101 números de ensayo después concluya esta pieza con un compás que es totalmente un “anti-vals”. Y usted mismo lo puede comprobar: cuente justo al final de la obra (mentalmente, por supuesto): 1-2-3-4-5. Un pasito difícil, ¿no es cierto? Quizá pudo ser tomado como protesta al señor Diaghilev y sus Ballets Rusos por haberse negado a estrenar la obra. Sonaría lógico.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Maurice Ravel: La valse

Versión:  Orquesta Sinfónica de Montreal. Charles Dutoit, director.

Para bajar el programa sobre varios valses del 31 de agosto de 2010 pulse en este enlace: Música en Red Mayor / 31 de agosto de 2010 / Valses varios

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