ARNOLD SCHÖNBERG (1874-1951)

3 Oct

Noche transfigurada, Op. 4

Arnold Schönberg

En los últimos meses del año 1899 fue que Schönberg, de entonces 25 años de edad, se dio a la tarea de escribir un sexteto para cuerdas con el sugerente título de Noche transfigurada (Verklärte Nacht), tomado de un poema del influyente Richard Dehmel, considerado como todo un fenómeno de creación literaria en Alemania en la última década del siglo XIX. En palabras del músico: “Al finalizar el siglo XIX los más importantes representantes del Zeitgeist en el campo de la poesía lírica eran Detlev Liliencron, Hugo von Hoffmannsthal y Richard Dehmel. En música, y en contraste, muchos jóvenes compositores que escribían bajo el influjo de las secuelas de la muerte de Brahms siguieron el modelo de Richard Strauss y compusieron música programática. Esto explica los orígenes de Noche transfigurada: es un ejemplo de música programática diseñada para describir y expresar el poema de Dehmel. (…) pero no describe una acción en particular o un drama sino que se limita a pintar la Naturaleza y a expresar sentimientos humanos.”

Cuando Schönberg concluyó este sexteto decidió enviarlo a la Sociedad de Música de Cámara de Viena esperando que fuera programada dicha pieza. La cerrada visión de los jueces impidió que Noche transfigurada viera la primera luz de manera inmediata. Las razones fueron muy variadas; uno de estos jueces habló del sexteto como “si alguien hubiera tomado la partitura del Tristán (e Isolda, de Wagner) cuando la tinta estaba todavía fresca y la hubiera embarrado por todas sus páginas.” Los demás colegas de este juez dictaminador encontraron en la música de Schönberg un acorde cuya procedencia no podían definir a partir de los libros de teoría. Fue principalmente por ello que no podían concebir el estreno de una obra cuyos alcances armónicos estaban indefinidos en los anales sonoros del postrero siglo XIX. Qué sorpresa se habrán llevado todos estos señores cuando Schönberg publicó uno de los libros más influyentes en el entendimiento musical de todos los tiempos: su Harmonielehre, o Tratado de armonía, en el que muchas de sus premisas artísticas estaban perfectamente delimitadas y “fácilmente” comprensibles para los estudiosos.

El caso es que Noche transfigurada fue estrenada finalmente en Viena en el año 1902 a cargo del Cuarteto Rosé y dos músicos adicionales (viola y cello). El primer violín de dicho Cuarteto, Arnold Rosé, era cuñado de Gustav Mahler, invitándolo a que asistiera a varios de los ensayos previos al estreno. Mahler quedó fascinado con el lenguaje sonoro de Schönberg, pero tuvo que admitir que estaba más allá de sus alcances estéticos. Como era de esperarse, el día del estreno de este sexteto fue bastante oscuro para las expectativas del entonces joven músico. El público se dividió de manera muy evidente; hubo quienes abuchearon sonoramente y otros (los menos) aprobaron la flamante y hermosa partitura de Schönberg. Sin desanimarse demasiado, el autor decidió arreglar Noche transfigurada para orquesta de cuerdas en 1917, realizando una revisión en 1943, misma que es la más grabada y presentada en conciertos en todo el mundo.

Se dice que el contenido del poema de Dehmel en el que se basó Noche transfigurada era tan escabroso como los sonidos que alentaron a Schönberg a escribir una música tan intensa. El asunto, en términos generales, trata de la conversación de un hombre y una mujer a la luz de la luna en un espeso bosque. La mujer confiesa que ha sido infiel a la relación con su bienamado y que lleva en el vientre el producto de ese error. Pensando que sería abandonada por el hombre, éste decide hacer suyo a ese niño, con el único hecho de ser felices juntos. Claro está que este asunto pudo erizar el cabello a los “castos” vieneses. Lo que cautivo a este músico del poema de Richard Dehmel no sólo fue su desgarrador tema, con todo y su clara resolución, sino el símil que encontraba con la literatura de Nietzsche, y por la nueva imagen del hombre que trasciende las ideas morales que prevalecían en el Imperio Austro-húngaro. De tal suerte, su actitud se “transfigura” de los convencionalismos sociales a un libre albedrío. Por supuesto, la música de Noche transfigurada era un claro ejemplo del radicalismo artístico que Schönberg protagonizaría durante varias décadas; sin embargo, al escuchar la obra nos topamos con una verdadera pieza maestra, plena de belleza en todos sus trazos y en la emotividad de sus temas, y es –definitivamente- una obra tonal a diferencia de las obras que este hombre escribiera tan sólo unos años después de estrenada Noche transfigurada. En cada una de sus cinco partes (que aluden al mismo número de secciones en el poema de Dehmel) encontramos un lenguaje que puede ser definido como el canto del cisne de la época post-romántica, en una exquisita combinación del lenguaje post-wagneriano, también enraizado en la tradición de Brahms (de quien, por cierto, Schönberg era un ferviente admirador).

Definitivamente, Noche transfigurada es icono del fin de una época, y al mismo tiempo constituye uno de los primeros atisbos a los azarosos tiempos de diversidad artística que protagonizaron en las primeras décadas del siglo XX obras como La consagración de la primavera de Stravinsky, El castillo de Barbazul de Bartók, hasta el Pierrot Lunaire del mismo padre del dodecafonismo.

Como sano ejercicio para la inspiración, y como herramienta básica para la audición de Noche transfigurada, resulta imperativo proporcionar aquí (en traducción libre) lo que nos cuenta el poema de Richard Dehmel, y dejarnos abrazar por esa profunda y hermosa luz de luna y por el intenso amor en el que habita, ante todo, la sinceridad y la comprensión.

Dos seres vagan por un bosque frío y deshojado;

La luna les presta claridad.

La luna pasa por encima de las copas de los altos robles;

Ni la más ligera nube empaña el cielo,

Hacia donde se yerguen las oscuras cimas.

Se oye la voz de una mujer:

“Llevo un hijo en mis entrañas, y no es tuyo;

Camino junto a ti pecadora.

Yo cometí una gran falta

Al suponer que jamás podría nuevamente ser feliz;

Por ello sentí el deseo del vivir intenso,

De los goces maternos.

Por eso me aventuré, por eso

Trémula me abandoné en los brazos de un hombre extraño,

Por eso concebí un fruto.

Ahora la vida se venga de mi;

Soy tuya, y tengo tu compañía.”

Camina ella con paso firme.

Mira a lo alto, la luna resplandece.

Entonces se escucha la voz de un hombre:

“ No deseo que el hijo que has concebido

sea una pesada carga para tu espíritu.

¡Mira en torno tuyo, qué radiante claridad!

Ya de luz todo es iluminado.

Conmigo marchas por el frío desierto,

Pero un fuego interno nos envía su calor,

De ti a mí, de mí a ti.

Ese calor transfigura al niño del extraño,

por mi lo habrás concebido;

Yo lo amparo, tú me has llevado su primer balbuceo.

A mi también me has convertido en un niño.”

Él la estrecha fuertemente entre sus brazos.

Se funden sus alientos en el aire.

¡Dos seres avanzan por la alta, brillante noche!

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Arnold Schönberg: Noche transfigurada.

Versión: I Musici de Montreal. Yuli Turovsky, director. 

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2 comentarios to “ARNOLD SCHÖNBERG (1874-1951)”

  1. bet365 italia octubre 5, 2010 a 12:41 am #

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    • redmayor octubre 5, 2010 a 12:59 pm #

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