PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)

3 Nov

Romeo y Julieta

Obertura-fantasía basada en Shakespeare

No hay dolor más grande que recordar las alegrías pasadas- cuando el presente es miserable…

Carta de Tchaikovsky a Nadezhda von Meck. 1881.

Es imposible soslayar la profunda relación que ha existido entre música y literatura. En el caso de Tchaikovsky algunos de los detonantes para escribir obras sinfónicas de vasta factura fueron los poemas y textos dramáticos de Ostrovsky, Pushkin, Mickiewicz, Shakespeare y Dante. Entre las partituras resultantes se encuentran La tormenta, Romeo y Julieta, Fatum, La tempestad, Hamlet, El Voivoda y Francesca da Rimini.

Desirée Artot, una de las novias de Tchaikovsky (así como lo están leyendo...)

Los orígenes de la música basada en la asaz conocida y tan gustada historia de los amantes de Verona (sí: gustada, aunque termine en tragedia, pues resulta ser un genuino episodio de amor y entrega) se remontan a 1869, época en que Tchaikovsky había terminado su noviazgo con la cantante Desirée Artot (otro amor frustrado para nuestro infausto ruso). En ese tiempo, Tchaikovsky comenzó a cultivar una entrañable amistad con el compositor Mili Balakirev, a quien puede señalarse como responsable de la composición de Romeo y Julieta.

Fotografía de Tchaikovsky (en su típica pose de sufrimiento)

Balakirev y Tchaikovsky pasaban mucho tiempo juntos, especialmente cuando el primero se encontraba de visita en Moscú. En octubre de ese año, Balakirev escribió con júbilo a su amigo que comenzaría a componer una obertura sobre El rey Lear (también tema shakespereano), por lo que le insinuó que crease una obra similar basada en Romeo y Julieta. Tchaikovsky gustó de la sugerencia y puso manos a la obra. Comenzó su labor teniendo en mente una ópera y de hecho, los primeros bosquejos contemplan un dúo cantado para la famosa pareja de amantes. Sin embargo, poco a poco Tchaikovsky comenzó a declinar en su opción operística, y llevó al tema de Shakespeare al mundo de la música orquestal pura.

Mili Balakirev, el "amigo" de Tchaikovsky

Tchaikovsky, emocionado por los avances en su nueva obra (que decidió clasificar como obertura-fantasía), escribió a Balakirev el 29 de noviembre de 1869 con la afortunada noticia de que la partitura estaba terminada. Con la carta se encontraba una copia del manuscrito, lo cual de forma inesperada enfureció a Balakirev, pues no era lo que esperaba ver (o, digamos, escuchar). Así, el “amigo” de Tchaikovsky comenzó a criticar todos y cada uno de los temas. Dijo que la introducción parecía un inocente cuarteto de Haydn, que no reflejaba en nada el drama original. Y aunque reconoció que el tema de los enamorados era de su agrado, sentía que a la obra toda le faltaba originalidad y espiritualidad. Menuda sorpresa se llevó Balakirev cuando se dio cuenta de que Tchaikovsky le había dedicado la partitura. Con tan generoso acto, el criticón sólo pudo agradecer el gesto de amistad y respeto, para al cabo comentar a Tchaikovsky que consideraba su obertura-fantasía “buena en su conjunto”.

El 16 de marzo de 1870 nació al sonido Romeo y Julieta en Moscú, bajo la dirección de Nikolai Rubinstein. El estreno fue un fracaso, y la obra pasó inadvertida a partir de ese momento. Rubinstein insistió en que la partitura merecía publicarse, por lo que la llevó a los editores berlineses Bote und Bock, quienes la pusieron en la imprenta en 1871. Balakirev, al enterarse, sufrió un soponcio y decidió hablar con Tchaikovsky para sugerirle que “la obra pasara más tiempo en sus manos, sometiéndola a revisión”.

Eduard Napravnik, director del estreno de Romeo y Julieta de Tchaikovsky

En efecto, hubo cambios en la partitura, y de gran consideración, hasta que el 17 de febrero de 1872 fue reestrenada en San Petersburgo, dirigida por Eduard Napravnik. Pero, nuevamente: ¡fracaso!, aunque el compositor César Cui opinó que en ella había “un gran talento y belleza de temas”. Y los antiéxitos siguieron para esta música, donde quiera que se interpretara: Londres, Viena, París, Hamburgo y otras ciudades no sólo recibieron a Romeo y Julieta con indiferencia, sino que en algunos lugares hasta hubo silbidos de desaprobación. En medio de tan desagradables sucesos, Tchaikovsky retomó la partitura en 1879 y la revisó, hasta dejarla como actualmente puede ser escuchada.

El supuesto balcón de Julieta en Verona.

Lo que nos apasiona de esta obertura es su intensa visión del drama de Shakespeare. Magistralmente encapsulados en una partitura concisa, coinciden tres temas que fueron obsesivos para Tchaikovsky: el amor, la muerte y el poder del destino sobre la existencia de los seres vivientes. Romeo y Julieta de Tchaikovsky no se ciñe al desarrollo de la obra de Shakespeare. En contraste, encontramos una pintura musical muy descriptiva de determinadas escenas y personajes. La introducción presenta el drama, que poco a poco se desarrolla hasta que surge el tema de Romeo. Más tarde, escuchamos el odio y la lucha de las familias rivales, los Montesco y los Capuleto. Surge de pronto el famoso tema de Julieta y de la pasión amorosa de los amantes. El final de la obra anuncia con una marcha fúnebre la muerte de los jóvenes enamorados. Ese amor puro y diáfano  no podía concretarse en vida, pero seguramente se encuentra sentido en otro plano de pensamiento.

Tchaikovsky, como es evidente, reafirma aquí sus obsesiones en la vida: amor, muerte y destino. En la obertura-fantasía Romeo y Julieta queda manifiesto que el músico ruso sabía concebir sensaciones encontradas y las puso en papel pautado a manera de las más hermosas y desgarradoras melodías que hayamos escuchado alguna vez. Hasta cierto punto el amor frustrado de Romeo y Julieta que inmortalizó el ruso con su música igualmente muestran su fallida capacidad de amar a alguien, no con sonidos, sino con el más firme contacto y sentimientos humanos. Lo que escucharemos en esta partitura no sólo es la representación musical de una tragedia amorosa de la literatura: es la tragedia misma de Tchaikovsky.

Si Piotr Ilich hubiera vivido en el siglo XX, o bien en la alborada del nuevo milenio, tal vez sus amores “ilícitos” habrían florecido sin mayores sofocos.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Piotr Ilich Tchaikovsky: Romeo y Julieta, Obertura-fantasía

Versión: Orquesta Sinfónica de Chicago. Claudio Abbado, director.

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