WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756-1791)

21 Nov

Décima serenata en si bemol mayor K. 361, Gran Partita

  • Largo – Allegro molto
  • Menuetto – Tríos 1 y 2
  • Adagio
  • Menuetto – Tríos 1 y 2
  • Romanza
  • Tema con variaciones
  • Rondó (Molto Allegro)

El pequeño Mozart al teclado, su padre de pie al violín y su hermana Nannerl

El catálogo mozartiano, organizado por el estudioso Ludwig von Köchel, que incluye poco más de 626 obras, está nutrido por música para los más diversos géneros y combinaciones vocales e instrumentales. Tanto las sonatas para teclado como sus cuartetos son célebres en la producción de Mozart, como también son auténticos diamantes sus divinas óperas; y qué decir de las sinfonías, o los conciertos para piano, los de violín y los dedicados a instrumentos de aliento. Y sus misas, y sus experimentaciones sonoras (muy lúdicas ellas) como el Juego de dados musical. Por donde revisemos, la música de Mozart es perfección pura, imaginación exacerbada, lirismo y claridad expuestos con fuerza y determinación. En este sentido, es difícil creer que algunos apartados en la producción de Mozart sean relegados a causa de su música orquestal y/u operística. Ese es el caso de las serenatas y divertimenti (bueno, divertimentos para hispanizar el término) que escribiera el egregio genio de Salzburgo, muchas de ellas para instrumentos de aliento. De estas colecciones de obras, justamente las que sobreviven en el gusto popular son las piezas para cuerdas como la Serenata en sol mayor, mejor conocida como Pequeña serenata nocturna (aunque el nombre original en alemán reza Eine Kleine Nachtmusik, es decir, Una pequeña música nocturna), o bien la Serenata No. 6, Haffner, o la No. 9, Posthorn (aunque ambas tengan participación de alientos madera y metal). Igualmente, en el ámbito de los divertimentos son muy recordados los K. 136 al 138 (todos para grupo de cuerdas), aunque vale anotar que algunas de estas piezas de ocasión -confeccionadas para algún patrón del compositor o para alguna celebración personal- están escritos para alientos contando especialmente con la presencia del basset horn o corno di bassetto, esa especie de clarinete bajo cuyo sonido fascinaba a Wolfgang Amadeus.

Regresando a las serenatas, obras pensadas -como los divertimentos- como piezas de ocasión para eventos específicos, hay una que aún siendo para trece instrumentos de aliento, ha sobrevivido por su exquisita perfección y con la cual Mozart llega al punto más alto de su escritura para este tipo de instrumentación y -de hecho- puede ser considerada de esa misma forma en toda la historia de la música occidental. De alcances colosales, la Serenata No. 10 K. 361 fue concebida por Mozart en los primeros meses de 1781, al momento en el que se encontraba en la ciudad de Munich y poco tiempo después de haber obtenido fama con el estreno de su ópera Idomeneo. Algunos estudiosos afirman que esta música fue pensada especialmente para la Orquesta de la Corte de Munich, que fue en tiempos anteriores la muy célebre Orquesta de Mannheim (los músicos se trasladaron a Munich al ser nombrado el príncipe Karl Theodor como elector de Baviera en 1778). La historia también señala que Mozart deseaba un buen empleo en la Corte de Munich, para lo cual presentó a los notables esta Serenata (como ya dijimos, este tipo de obras eran para ser “usadas”; ¡y mire usted que si Mozart quiso usarla en su beneficio!), pero aunque la música fuera de tan impecable factura parece que no interesó a nadie, pues el compositor tomó sus maletas en marzo de ese año y marchó a Viena. Los mismos historiadores afirman que al momento de salir hacia la capital del Imperio Austro-húngaro, la Serenata de marras no estaba terminada, y que fue hasta los tiempos vieneses de Mozart que fue terminada, justamente en los años que el músico tuvo que soportar a su infame “jefe”, el siniestro Arzobispo Jerónimo de Colloredo.

De la Serenata No. 10 nadie volvió a saber hasta que en un diario vienés de 1784 se anunció con bombo y platillo un concierto a beneficio del clarinetista Anton Stadler, cercano amigo de Mozart, y en el que se tocaría “una gran obra para alientos, de tipo especial, compuesta por Herr Mozart”. Tal parece que ese constituyó el estreno absoluto de esta Serenata, pues algún señor llamado Johann Friedrich Schink reseñó tan singular evento en estos términos: “Escuché música para instrumentos de aliento, cuatro cornos, dos oboes, dos fagotes, dos clarinetes, dos cornos di bassetto y un contrabajo… la obra causó un gran efecto, glorioso y enorme, excelente y sublime.” Aún así, el manuscrito de esta obra permaneció en calidad de fantasma hasta la Segunda Guerra Mundial en el siglo XX (!!!); pero, en tanto, estuvieron rondando por ahí algunas ediciones piratas de esta música, una de las cuales portaba en la primera página la fecha de composición 1780 (imposible, a todas luces) y el título de Gran Partita, que también se sabe no fue escrito con puño y letra de Mozart. De cualquier manera, son conocidas en el presente dos reducciones de la dichosa Gran Partita: una para octeto de alientos, y la otra incluyendo sólo los tres primeros movimientos para quinteto de cuerdas; pero, nuevamente, es dudoso que Mozart los haya realizado.

Wolfgang Amadeus Mozart

Lo que si es cierto es que esta hermosa música, Serenata o Gran Partita -como más le acomode a usted llamarle- es tan nostálgica como vivaz. Y para ejemplo de ello podemos tomar el exquisito Adagio, la serie de Tema y variaciones de una perfección inusitada (aunque lógica en las manos mozartianas) y el hiperactivo Rondó final, con sus múltiples piruetas en las que los instrumentos de aliento deben probar destreza, virtuosismo y concentración.

Como anotación final, es interesante ver cuánto cariño profesó Mozart a esta Serenata: se dice que él la eligió como la música nupcial en su casamiento con Constanza Weber en 1782. Si así fue, es indispensable echar mano de las memorias cinematográficas y encontrar un símil en el que fueron utilizadas dos secciones de la Gran Partita: nada menos que en la cinta del mexicano Alfonso Cuarón Sólo con tu pareja, en donde aparece uno de los Menuetti en una irreverente escena post-nupcial, y el divino Adagio enmarcando la idealización del protagonista (Daniel Giménez Cacho) por la tres veces dulce azafata (jejeje) Claudia Ramírez. La verdad -no sé qué opine usted si vio la película o tiene oportunidad de verla- esa me pareció una selección acertadísima, sui generis en el ámbito cinematográfico mexicano. Y, para no variar, creo que al mismísimo Mozart le hubiera agradado.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Wolfgang Amadeus Mozart: Serenata para alientos K. 361 Gran partita

Versión: Alientos de la Orquesta de la Edad de la Ilustración. Anthony Halstead, director

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