JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)

19 Dic

Concierto de Brandenburgo No. 3 en sol mayor, BWV 1048

  • Sin indicación de tempo
  • Adagio
  • Allegro

En muchos sentidos, la historia del Concierto instrumental como lo conocemos en la actualidad vino a cambiar totalmente la cara de la música occidental, así como el desarrollo de los géneros sinfonía, sonata, fuga y muchos otros. En el sentido de la música instrumental muchos autores dieron un paso decisivo en su saludable crecimiento, poniendo su “ladrillito” en tan importante edificio musical. Los nombres de Corelli, Telemann, Scarlatti, Vivaldi y Handel, entre otros, son responsables del florecimiento del género instrumental; y también ocurrió con Johann Sebastian Bach con su grupo de seis partituras que no vinieron a darle importancia al género sino muchos años después de que fueran concebidas.

Dichas obras son los seis Conciertos de Brandenburgo, que Bach escribió para la orquesta de la corte de Cöthen (misma que también fue modelo para otras creaciones “bachianas” como las cuatro Suites orquestales y un sinnúmero de Conciertos para diversos instrumentos), y con la dedicatoria al margrave Christian Ludwig de Brandenburgo -de ahí el nombre genérico del ciclo. Sin embargo, el señalar que estas obras no fueron importantes para el desarrollo de la música instrumental en su momento no es una aberración, sino que hubieron varias circunstancias que no permitieron que estas músicas geniales vieran la luz y cambiaran el panorama, pues fueron escritas para una corte relativamente “menor” en el ámbito social y cultural de Europa, además de que el margrave de Brandenburgo (sin saber la estupidez que estaba cometiendo) prefirió guardar las partituras que con tanto cariño le había dedicado el buen Bach en un infame cajón hasta que alguien “inteligente” las desempolvara del olvido.

Manuscrito del Tercer concierto de Brandeburgo de Bach

De cualquier manera, estas seis obras geniales son un vibrante universo lleno de imaginación en la forma del concerto grosso, siguiendo fielmente los preceptos del Concierto instrumental italiano, en una estructura formada por tres movimientos (menos en el Primer concierto, que tiene más forma de Suite que de Concierto). La enorme inventiva de Bach también reside en las interesantes combinaciones instrumentales que planteó para cada pieza: en el Cuarto, por ejemplo, el grupo habitual de cuerdas y bajo continuo acompañan al violín solo y dos flautas en un discurso musical brillante y ligero en carácter; o en el Quinto, en el que Bach echa mano de una flauta transversa, un violín y el clavecín, dando como resultado en la parte de este último instrumento uno de los más importantes antecedentes para los grandes Conciertos para teclado (o piano) de todos los tiempos, especialmente por su muy elaborada cadenza.

Y sin quitar mérito a los demás Conciertos de este ciclo, es de especial mención el Tercero que fue concebido para tres grupos instrumentales que constan de tres violines, tres violas y tres violoncellos, respectivamente, además del bajo continuo. Diseñado en tres movimientos, el segundo de ellos es una suerte de experimentación en el campo de la improvisación, en el que prácticamente cualquier músico del grupo instrumental puede aportar lo que mejor le parezca, enmarcado por dos acordes del grupo de cuerdas y clavecín (por lo general, el primer violín o el clavecín hacen su improvisación, aunque a algunos grupos instrumentales prefieren obviar este acto creativo, y sólo tocan los acordes mencionados -¡qué flojos!-). Y los movimientos primero y tercero constituyen un fascinante despliegue de virtuosismo sonoro. ¿Será posible, al escuchar este Tercer concierto, recordar la definición que de él hizo una gran mujer, Tere Celis (qepd), al llamarlo “la quintaesencia del barroco”?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Johann Sebastian Bach: Concierto de Brandenburgo No. 3

Versión: Il Giardino Armonico. Giovanni Antonini, director


Johann Sebastian Bach

Concierto para dos violines, cuerdas y bajo continuo en re menor, BWV. 1043

  • Vivace
  • Largo, ma non tanto
  • Allegro

Es bien sabido que entre 1717 y 1723 Johann Sebastian Bach ocupó uno de los puestos más significativos en su carrera creadora: Músico de cámara en la corte de Cöthen. Y también es conocido de todos que ese período fue de gran inspiración para Bach (aunque, en realidad, el hacer y componer música era para él cosa de todos los días y en lo general sus creaciones poseyeron una invención inusitada en la música occidental). Los años que pasó en Cöthen vieron nacer algunas de sus partituras básicas: Cantatas seculares como la Cantata de Boda, la denominada Del Café, la Campesina y aquella titulada La disputa entre Febo y Pan; igualmente surgieron las cuatro Suites orquestales, los seis Conciertos de Brandenburgo, las seis Sonatas para violín y clavecín y los Conciertos que escribiera para uno y dos violines.

En las obras citadas, y de manera especial las puramente instrumentales, es notoria y absolutamente obvia la influencia de músicas y estilos “extranjeros” a la Alemania de Bach. Si he puesto un entrecomillado en aquello de “extranjeros” se debe a que difícilmente en Europa existieron barreras ideológicas (y menos artísticas) en los tiempos en que se desarrollaba el barroco musical. Esto quiere decir que las obras de autores italianos, alemanes y franceses -principalmente- viajaban por el territorio europeo de arriba hacia abajo sin mayor empacho, y era una práctica muy usual que se “prestaran” obras entre colegas con miras a adaptarlas o transcribirlas y gozar del posterior usufructo y/o venta para añadir fondos a las arcas. Todo ello es, para las demandas autorales en el orbe, un asunto que bien pudo haber costado cientos de millones en abogados, juicios y chismorreos si dichas “costumbres” barrocas hubieran ocurrido en el siglo XX. En el siglo XVIII, la hoy venerada música “de concierto” era tan común como beber vino o respirar el aire; de tal manera, las partituras pasaban de mano en mano, los estilos se imponían y luego desaparecían, músicas se fundían en unas y se engarzaban en otras más.

Bach al órgano (c.1725). Ilustración propiedad del British Museum

A lo que quiero llegar con este comentario es que la música puramente orquestal y la instrumental del lapso mencionado en específico nos revelan a un Bach más adentrado en los estilos francés e italiano que en el férreo contrapunto germano cultivado por él como elemento rigorista tratándose de la música religiosa. Por ejemplo, en los Conciertos de Brandenburgo nos adentramos en el ambiente del concerto grosso a la italiana, mientras que en las Suites orquestales el estilo que marca la pauta es el de las danzas francesas (con algunos toquecitos de la bella Italia). En lo referente al estilo italiano Bach conoció bien mucha de la música instrumental de autores como Tartini, Corelli, Albinoni y especialmente de su adorado Vivaldi, de quien también se abocó a realizar transcripciones de varios de sus Conciertos para órgano. No sorprende, después de conocer todo lo anterior, que en la obra que hoy nos ocupa -el Concierto para dos violines- habite un Bach tanto genial en el rigor de su forma como también melodista capaz y fino en la ornamentación con la frescura de la mejor orquestación italiana.

Es imprescindible añadir a dichas aseveraciones alguna otra, pero ahora de la pluma de David Ewen: “(Este Concierto) no sólo es una de las obras más exaltadas en la literatura barroca para el violín, sino también uno de los más celebrados Conciertos para dos violines de siempre.” A lo cual añadimos este otro de un comentador anónimo (supuestamente Serge Etringer -conste que SÍ doy crédito a quien lo merece-): “(En esta obra) el diálogo no tiene lugar, como uno podría esperarlo, entre los instrumentos solistas, sino entre ambos instrumentos y la orquesta.”

Ambos textos nos refieren a la capital importancia de esta partitura en términos de lucidez de conceptos y de diseño estructural. Sin embargo, los dos autores citados, otros encontrados en el camino y mi humilde opinión personal, consideran que la joya verdadera y radiante de esta música es -indudablemente- su movimiento lento: la orquesta únicamente actúa como continuo mientras los dos violines exponen un diálogo “vis a vis” (o “tête à tête”) por medio de la melodía más hermosa que Bach haya escrito, haciendo uso del cantabile all’italiana para lograr un perfecto fraseo en los instrumentos solistas. No creo equivocarme al decir que en esta sección también hay una buena carga de “pasión italiana”, especialmente a partir del comentario de un buen amigo quien no duda en definir este movimiento como “el más bello y apasionado beso que una pareja pudiera compartir”.

¿O no es así?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Johann Sebastian Bach: Concierto para dos violines BWV 1043

Versión: Alice Harnoncourt y Walter Pfeifer, violines. Concentus Musicus de Viena. Nikolaus Harnoncourt, director.

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