ALEXANDER BORODIN (1833-1887)

13 Ene

Sinfonía No. 2 en si menor, Op. 5

  • Allegro
  • Scherzo – Prestissimo
  • Andante
  • Finale: Allegro

En cualquier período de la historia que usted revise, siempre nos encontraremos con el hecho de que muchos reconocidos personajes de diversas profesiones hayan compartido su actividad principal con alguna otra que esté en el rango de los pasatiempos, hobbies, o como guste llamarles.

Así, el tiempo libre y el ánimo por compartir la ociosidad (¡ah, la madre de todos los vicios! reza implacable la voz popular) nos ha permitido que muchos talentos mundiales hayan legado partituras musicales gracias a la agradable búsqueda del solaz y del esparcimiento. Fíjese en estos ejemplos: el muy ilustre compositor estadounidense Charles Ives, reconocido por transformar en gran medida el lenguaje musical de principios del siglo XX -especialmente por la invención de lo que hoy se conoce en términos musicales como “cluster”- se dedicó a componer música por las tardes mientras que por las mañanas ejercía su profesión vendiendo seguros de vida en su compañía, Ives & Myrick; George Antheil y Paul Bowles -también estadounidenses- son reconocidos por sus extraordinarias novelas, pero también por sus inusitadas obras musicales.

Alexander Borodin

Y si continuamos explorando las vidas privadas de algunos célebres compositores encontraremos que ciertos autores pertenecientes al grupo denominado como “Los cinco rusos” en la segunda mitad del siglo XIX llegaron a la música por pasatiempo, pero ¡con qué genialidad!

César Cui y Modest Mussorsgki engrosaban las filas del ejército ruso como oficiales, mientras que Rimski-Kórsakov era marinero y Mily Balakirev se dedicaba a los ferrocarriles. Ellos tuvieron como compañero en sus grupo artístico al hijo ilegítimo de un príncipe georgiano (quien fue lo suficientemente educado como para darle su apellido al infante) y de la esposa de un médico de la armada; vio la primera luz en San Petersburgo y aunque dio signos de talento en la música al acceder a sus primeras lecciones a los catorce años de edad, su vida estaba guiada por la ruta de la ciencia.

Efectivamente: Alexander Borodin se graduó de la Academia de Medicina de San Petersburgo en 1856 y continuó su especialización en el campo de la química. De hecho, él fue reconocido como toda una personalidad en ese sentido y sus investigaciones y conferencias sobre química eran sencillamente doctas; por otro lado, llegó a fundar la Escuela Rusa de Medicina para mujeres.

El caso es que Borodin era feliz con su actividad productiva, además de recibir una buena carga energética con su hobby: la música. Es curioso saber que el mejor momento que este hombre encontraba para revisar sus partituras y dar rienda suelta a su creatividad eran los momentos de enfermedad que lo hacían guardar cama irremediablemente. Al respecto se tienen reportes de qué tan frecuentemente se veía quebrantada su salud a causa de fuertes catarros y, más aún, por terribles jaquecas.
De esa manera Borodin comenzó a bosquejar su Segunda sinfonía Op. 5 en el año 1869, al tiempo en que trabajó en una de sus partituras más representativas: la ópera épica El príncipe Igor.

Borodin pasó los siguientes seis años de su vida componiendo y revisando con especial cuidado la partitura de la Sinfonía, y no sólo tuvo que detener el proceso creativo por sus responsabilidades como químico, sino que algunos proyectos paralelos con sus compañeros del Grupo de los cinco distrajeron varias veces la atención en su Opus 5.

En muchos sentidos tanto El príncipe Igor como la Sinfonía resultaban ser hermanas casi gemelas, pues en ambas Borodin echó mano de algunos aspectos que siempre lo caracterizaron tanto al interior del grupo artístico al que pertenecía como en todo el movimiento nacionalista ruso en general. Dichos factores incluyeron su gusto manifiesto por la música venida de Oriente, con todos sus colores exuberantes y casi hipnóticos, al tiempo de dar cabida a melodías folklóricas rusas en varias partituras; todo lo cual habita en las obras antes citadas, dando como resultado en la Segunda Sinfonía una música de alcances épicos, de enorme sentimiento heroico y con una carga de gran balance en la coloración típicamente oriental de su orquestación.

En un texto de Louis Biancolli encontramos la siguiente referencia: “Borodin comunicó a (su amigo) Stassov, que la aspereza de ánimo vigoroso y bárbaro, en el primer movimiento retrataba un encuentro entre antiguos príncipes rusos; que el Andante miraba hacia atrás, intentando remontarse a las canciones de los primeros ministriles (o trovadores) eslavos llamados bayani y que el final intentaba evocar un banquete de héroes legendarios, en medio del regocijo popular …Stassov le dio como sobrenombre ‘Sinfonía del Paladín’ (Bogatyr en ruso).”

El Doctor-Químico Borodin

Al tener lista la partitura de la Segunda sinfonía, Borodin corrió con la tremenda suerte de que Franz Liszt, aquel gigante del piano, sintiera un enorme respeto por el trabajo musical que llegaba desde Rusia y se decidió a apoyarlo en todo momento. Fue así como Borodin visitó a Liszt en Weimar en 1877 y durante una de sus charlas el ruso llevó bajo el brazo una transcripción para piano de su Segunda sinfonía, y que ambos tocaron de principio a fin. Liszt le hizo algunas anotaciones a Borodin; especialmente le pidió que ni se le ocurriera hacer cambio alguno en la partitura pues ésta era perfecta, además de (según Biancolli) “…habló de su perfecta lógica de construcción, (y) lo que más le impactó fue su osadía, audacia sin cortapisas. ‘Es vano decir que no hay nada nuevo bajo el sol; esto es bastante nuevo’ le dijo a Borodin, quien se quedó sin poder articular palabra de la sorpresa.”

Tan grande era el interés de Liszt que al conocer la Segunda sinfonía de Borodin mandó un telegrama a su editor para que le enviara de inmediato partitura y materiales de orquesta. Su pasión llegó al grado de dirigirla en Weimar al día siguiente de llegar la partitura a sus manos. Y gracias a ello, los centros musicales más destacados de Europa vieron pronto programada la nueva obra de Borodin, llegando -según se informa- hasta Cincinnati en los Estados Unidos para los conciertos de la temporada 1898-99.

Esta Sinfonía es el resultado de un pasatiempo. Imagínese qué tan creativo llegó a ser el tiempo libre en aquellos años y de manera especial para Borodin, al surgir una partitura de tanta solidez y carácter bien definida por Paul Rosenfeld como “la Sinfonía que puede ser llamada pre-eminentemente viril y rusa”.

¡Ah! Y esa sublime melodía presentada por el corno francés al principio del tercer movimiento es algo venido directamente de otro mundo. ¿No es así?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Alexander Borodin: Sinfonía No. 2 en si menor Op. 5

Versión: Orquesta Filarmónica Nacional *. Loris Tjeknavorian, director.

* Esta orquesta fue utilizada como orquesta “de estudio de grabación”, basada en Inglaterra.

Anuncios

Una respuesta to “ALEXANDER BORODIN (1833-1887)”

  1. sergiogasca10 septiembre 5, 2017 a 12:34 am #

    Borodin es un personaje al que le tengo bastante admiración ya que su talento musical y su talento científico están a gran altura. La carrera de este químico fue muy destacada compartiendo su trabajo con algunos gigantes de la química, como lo fuera Dimitri Mendeleiev, el autor de la tabla periódica de los elementos, Emil Erlenmeyer, quien entre otras cosas diseñó los famosos matraces que llevan su nombre y que son indispensables en cualquier laboratorio; y de Adolph Wurtz, cuya reacción, fue una de esas reacciones químicas de importancia que los estudiantes de orgánica II en la facultad, teníamos que estudiar. No se si haya pasado, pero me he imaginado que quizá Borodin y Mendeleiev cenarían juntos y tal vez de vez en cuando jugarían cartas, quizá una de esas partidas en las que el derrotado era Dimitri, lo llevaron a soñar con cartas, pero con símbolos químicos, lo cual llevó a Mendeleiev a ir construyendo su genial tabla periódica. Genial también, aunque en otro sentido, la música de Borodin.
    Dejo un enlace a otro sitio con un poco de información sobre el Borodin químico.

    https://ztfnews.wordpress.com/2013/11/12/aleksandr-borodin-el-quimico/

    Me gusta

Participe con su comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: