FRANZ PETER SCHUBERT (1797-1828)

1 Jul

Cuarta sinfonía en do menor D. 417, Trágica

  • Adagio molto; Allegro vivace
  • Andante
  • Allegro vivace
  • Allegro

Retrato de Franz Schubert realizado por Wilhelm August Rieder

El vasto catálogo de obras de Franz Schubert está nutrido por varias constantes que rubrican el singular estilo de expresión de este músico fallecido a destiempo; en ese sentido, lo que primero capta nuestra atención es el ejemplar dominio melódico de Schubert. El español Arturo Reverter acierta al decir que “si la importancia de un músico se midiera únicamente por su inspiración melódica, Schubert sería, sin discusión, el más grande de los que ha existido…”, y debido a lo diáfano, sencillez en la expresión y belleza de sus melodías, este hombre puede quedar en el mismo plano de otros “melodistas” fabulosos, como Mozart, Tchaikovsky y George Gershwin.

Pero acabamos de mencionar el término “belleza”. Esa es otra de las constantes en la música de Schubert: la exquisita belleza de sus trazos, el enorme lirísimo cantabile que abunda en sus Sonatas para piano, los Cuartetos, sus celebérrimos ciclos de canciones, su Octeto para cuerdas y alientos, aquella nostálgica Sonata para arpeggione, y el total de sus músicas pianísticas (sus Impromptus, los Momentos musicales, las dulces Marchas para dos pianos…). Así es, además de la solidez de sus melodías Schubert daba pinceladas de belleza a diestra y siniestra en sus partituras.

Pero las loas a este autor no concluyen ahí, pues otra constante de su producción reside en su fresca invención armónica, que lo llevaba a pasar de una tonalidad a otra -del mayor al menor- con pluma flexible y conocedora de causa.

Schubert respetaba y profesaba fascinación por varios compositores, especialmente Mozart y Beethoven, cuya influencia da fragancia a su germen sonoro. De tal suerte supo seguir los pasos de ambos en campos que cultivaron y llevaron a niveles de excelencia en el clasicismo: las Sonatas para teclado y las Sinfonías.

En este sentido, si bien los catálogos sinfónicos básicos en el período clásico están dominados por 104 Sinfonías de Haydn, 41 de Mozart (aunque hay más, consideradas como “de juventud”) y sólo 9 de Beethoven, la aportación schubertiana es quizá la síntesis del pensamiento de los autores mencionados y una saludable, poderosa influencia para los sinfonistas por venir (desde Brahms y Schumann hasta Mahler y sus colegas post románticos.

Los emblemáticos lentes de Schubert

En las notas que acompañan la grabación de las Sinfonías de Schubert dirigidas por Nikolaus Harnoncourt, Peter Härtling definió dichas obras como “la novela sinfónica” de este autor, y dice: “Schubert escribió los primeros seis capítulos de su novela en un lapso de cinco años. Había cumplido únicamente 21 años cuando terminó la sexta, la “pequeña do mayor”… En esos seis capítulos (Sinfonías), su narrativa musical adquirió con más fuerza nuevos colores y sus temas y melodías cobraban sentido de manera más intensa…”.

Es así, que al escuchar las primeras tres Sinfonías de Schubert, no sólo encontramos frescura e inocencia (casi mozartianas), sino una perfección estructural sine qua non. Al acceder a la Cuarta sinfonía, notamos que el mundo sonoro de este autor parece transfigurarse en aquella “novela” que sugiere Härtling. Ello se debió a la infinita devoción que Schubert comenzó a profesar por la música de Beethoven; en la Cuarta puede encontrarse un motivo de cuatro notas que aparece recurrentemente en la partitura, y que puede equipararse a aquel célebre motivo beethoveniano -dramático, insistente- de su Quinta sinfonía  Op. 67, definido por el autor del Concierto Emperador  como “el destino que llama a la puerta”.

No sabemos qué tan probable sea que ese mismo esquema de cuatro notas haya influído en la Cuarta de Schubert; sin embargo, la presencia musical de Beethoven se encuentra plasmada en la partitura. Parece que Schubert se encontraba en una lucha sinfónica por alcanzar las elevadas cumbres estéticas de la Sinfonía Heróica. Esa lucha personal es delineada en la lenta introducción de la Cuarta de Schubert, con su coloración gris y ocre; debido a ello esta obra se conoce como Trágica, aunque quien esto escribe puede definirla como la más romántica de las Sinfonías de este autor.

Resulta revelador echar un vistazo al devenir del sinfonismo posterior a Schubert, y encontrar que varios autores a lo largo de la historia han desarrollado ese sabor trágico, dramático y plagado de romanticismo justamente en sus Cuartas sinfonías. Algunos ejemplos: la de Bruckner (la Romántica), la No. 4 del inglés Vaughan Williams (acaso la más intensa y feroz de las que haya escrito), la Cuarta de Sibelius (introspectiva, pesimista) y la del mexicano Carlos Chávez (curiosamente también llamada Romántica). ¿Coincidencias?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Franz Schubert: Sinfonía No. 4 en do menor \”Trágica\”

Versión: Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam. Nikolaus Harnoncourt, director

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