HÉCTOR BERLIOZ (1803-1869)

20 Jul

Obertura El carnaval romano, Op. 9

Héctor Berlioz (dagerrotipo de Charles Reutlinger -c. 1816-1818-)

Tan deliciosa e ilustrativa es la autobiografía de Berlioz (sus Memoirs), que no tengo más remedio que citar el siguiente párrafo encontrado en el capítulo 48 de la misma, a manera de introducción (valga la redundancia) para la Obertura en cuestión. Para ponerlo en antecedentes, Berlioz da cuenta aquí de los desaguisados en la primera representación de su ópera Benvenuto Cellini en 1838, que versaba sobre las aventuras de aquel célebre escultor, héroe militar, extraordinario amante y hasta asesino florentino del siglo XVI:

“Cuando llegamos a los ensayos orquestales, los músicos, viendo los aires malhumorados de Habeneck (1), me trataron con las reservas más distantes. Hicieron su trabajo, mas Habeneck no hizo el suyo. Nunca pudo captar el muy vivo giro del saltarello bailado y cantado en la Piazza Colonna a la mitad del segundo acto. Los bailarines, sin poder adaptarse a su tempo arrastrado, se quejaron conmigo, y yo persistía en gritar ‘¡Más rápido, más rápido! ¡Ponga más vida en él!’ Habeneck golpeó su atril con irritación, y rompió furioso los arcos de varios violines. Habiendo sido testigo de cuatro o cinco de esos exabruptos, terminé por decir con una frialdad que lo exasperó: ‘¡Santo cielo! Si usted pudiera romper cincuenta arcos de violín, eso no impediría que sus tiempos fueran menos lentos. ¡Es un saltarello lo que usted está dirigiendo!’ Al escucharlo, Habeneck se volvió a los músicos y dijo: ‘Ya que no tengo la fortuna de complacer a Monsieur Berlioz, hasta aquí llega el ensayo. Todos pueden irse.’ Y el ensayo terminó.”

Pongamos “pausa” al exquisito relato de Berlioz, para retomar algo de lo que aquí se dice y cómo concluyó. Seis años después de tan terrible circunstancia por la que Benvenuto Cellini fue un rotundo fracaso, Berlioz tomó algunas secciones de la ópera y las incorporó a una Obertura autónoma definida como El carnaval romano por razones obvias. En ella, la breve y explosiva introducción orquestal de tan sólo ocho compases, es en realidad la exposición del tema de la Piazza Colonna donde habrá de realizarse el carnaval romano del acto II en Benvenuto Cellini; posteriormente aparece un tema reposado en el corno inglés citado del aria amorosa del primer acto de la ópera en cuestión -“Oh Teresa…”- cantada por Cellini. Súbitamente aparecen tres remolinos sonoros a cargo de los alientos que nos llevan al allegro final, aquel saltarello tan difícil de ejecutar para Habeneck, que se baila en el mentado carnaval entre fuegos artificiales, bailes diversos y alegría general. Debido a que Berlioz echó mano de tantos temas de su Benvenuto Cellini para la Obertura Carnaval romano, decidió en algún momento incorporarla a la ópera como Preludio al acto II y, al parecer, con buenos resultados.

La Obertura Carnaval romano fue estrenada en París el 3 de febrero de 1844, y para conocer lo que ocurrió ese día Berlioz continúa narrando:

“Algunos años después, cuando escribí la Obertura Carnaval romano, en la que el tema del allegro es este mismo saltarello, Habeneck resultaba estar en la sala para recepciones de la Sala de conciertos Herz la noche en que esta Obertura sería tocada por vez primera. Él escuchó que la habíamos ensayado esa mañana sin los instrumentos de aliento, ya que parte de la banda (2) había sido llamada a la Guardia Nacional. ‘¡Bien!’ se dijo a él mismo. ‘Seguramente habrá una catástrofe en su concierto esta noche. Debo estar ahí.’ A mi llegada, en verdad, estaba rodeado en la orquesta por todos los alientos, quienes estaban aterrorizados con la idea de tocar una Obertura de la que ellos no sabían ni una sola nota. ‘No tengan miedo’ les dije. ‘Las partes están correctas; todos saben su trabajo; miren mi batuta tanto como puedan, cuenten sus compases correctamente, y todo estará bien.’ No hubo un solo error. Lancé el allegro en el tiempo fugaz de los bailarines transteverinos (3). El público gritó ¡Bis! Y la tocamos completa otra vez; estuvo mejor la segunda vez. Y al pasar por la sala de recepciones, donde Habeneck estaba algo decepcionado, sólo dejé salir estas breves palabras: ‘¡De esta forma es como debía ir!’ a lo que él tuvo suficiente cuidado para no responder.”

La Piazza Colonna de Roma (lugar donde ocurren los hechos de “El carnaval romano”). Fotografía: José María Álvarez

Por supuesto, El carnaval romano de Berlioz constituye hasta la fecha una de sus Oberturas más gustadas y tocadas por cuanta orquesta exista en el mundo, por ser una demostración de lo mejor en la pluma de este genial francés.

Y con este relato, estimado lector, queda comprobado una vez más que el talento siempre estará muy por encima de los testarudos y la estupidez. Aunque el talento sufra, como bien lo anotó el célebre Enrique Jardiel Poncela, pues “es lo que todo el mundo alaba, pero que nadie paga”.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

 Descarga disponible:

Hector Berlioz: Obertura El carnaval romano Op. 9

Versión: Orquesta Sinfónica de Londres. Sir Colin Davis, director

 NOTAS:

(1).- Francois Habeneck, un compositor y director que odiaba a Berlioz, sólo por ser más talentoso que él.

(2).- se refiere en realidad a la orquesta

(3).- refiriéndose a su lugar de procedencia: el Trastevere de Roma.

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