RICHARD STRAUSS (1864-1949)

26 Jul

Don Juan. Poema sinfónico Op. 20

Richard Strauss (1904)

Resulta sorprendente cómo los grandes artistas de todas las épocas han sido convocados a crear una o varias obras artísticas a partir de un sentimiento básico, necesario, irrepetible e insustituible como lo es el amor. Y más sorprendente aún es la fulgurante pasión que encontramos en aquellas obras, fruto de la enorme ilusión que llevó a sus autores a reaccionar ante ese cosquilleo interno que nos indica que estamos enamorados de alguien. En el arte de los sonidos han habido grandes demostraciones de afecto de los más diversos compositores. La Sinfonía fantástica de Berlioz, la Quinta sinfonía de Mahler, el Concierto para violín de Elgar, el Idilio de Sigfrido de Wagner, entre infinidad de partituras con ese mensaje amoroso secreto que resplandece ante los oídos de cualquiera. En el caso de Richard Strauss, Cupido flechó a este alemán en el verano de 1887, época en la que conoció a Gustav Mahler y también a una joven soprano llamada Pauline de Ahna, descendiente de un hombre adorador de la música de Wagner. Strauss estaba obsesionado con la cantante, lo cual los llevó a colaborar en varias producciones operísticas en tiempos en que el compositor se desempeñaba como director asistente de la Ópera de Weimar. Así, la insistencia tuvo sus frutos y la feliz pareja contrajo nupcias en el año 1894. Como consecuencia del primer impacto que de Ahna provocó, Strauss recurrió a un poema fragmentario de Nicolaus Lenau que resulta ser un estudio del carácter del más insaciable de todos los amantes de la historia: Don Juan. Así, Strauss puso manos en la partitura que vendría a ser uno de sus primeros éxitos ante el público europeo; para describir cada uno de los pasajes y sentimientos que expone Lenau en su texto, Strauss se decidió por la forma del poema sinfónico, que años antes acuñó con genialidad el húngaro Franz Liszt. El estreno de Don Juan tuvo lugar, bajo la batuta de Strauss, el 11 de noviembre de 1889 en Weimar, y que según comentan por ahí requirió de una buena cantidad de ensayos dadas las dificultades orquestales que planteaba la partitura. Aunque este poema sinfónico resulta ser música altamente descriptiva y que se antoja para diseccionar casi compás por compás, Richard Strauss siempre se negó a que se analizara su obra en los programas de mano, y como no deseo bailar sobre la tumba de uno de mis autores predilectos, prefiero seguir sus órdenes a pie juntillas y reproducir el poema de Lenau como guía para el oyente, esperando siga el ejercicio de ir leyendo poco a poco el texto mientras la orquesta la interpreta, sin temor a perderse, pues las letras lo llevarán directamente a los sonidos y viceversa:

La familia Strauss: Richard, Pauline y su hijo Franz (1910)

“Ese círculo mágico, inconmensurablemente amplio, de la bella femineidad con sus múltiples atractivos, deseo atravesarlo en una tempestad de placer, y morir de un beso en los labios de la última mujer. Amigo mío, deseo volar a todo lugar donde florezca una hermosa mujer, arrodillarme ante cada una de ellas y conquistarlas, aunque sea por un breve instante… esquivo la saciedad y el aburrimiento del placer y me conservo fresco al servicio de las bellas; al herir a la mujer individual, adoro a toda la especie. El aliento de una mujer es para mí la fragancia de la primavera hoy, que oprime mañana como el aire de un calabozo. Cuando vago con mis mudables afectos por el amplio círculo de las mujeres hermosas, mi amor por cada una es diferente; no deseo construir templos con ruinas. ¡Sí! La pasión debe ser nueva cada vez; no puede ser transferida de una mujer a la siguiente, sólo puede morir en un lugar y surgir nuevamente en otro; y si se reconoce a sí misma, no sabe el arrepentimiento. Así como cada bella es única en el mundo, así es el amor al que da placer. ¡Fuera, pues, y a la búsqueda de siempre nuevas victorias mientras que los fieros ardores de la juventud se remonten todavía! … Era una bella tormenta la que me llevaba; ahora ha amainado y ha dejado la calma. Todos mis deseos y esperanzas están en estado cataléptico; tal vez un rayo, desde las alturas que he menospreciado, golpeó mortalmente mis facultades amorosas, y súbitamente mi mundo quedó desierto y rodeado de tinieblas. Y con todo, o tal vez no -el combustible se ha consumido y el corazón se ha vuelto frío y oscuro. 

[Nicolaus Lenau]

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Richard Strauss: Don Juan, Op. 20

Versión: Orquesta Sinfónica de Chicago. Sir Georg Solti, director

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