BÉLA BARTÓK (1881-1945)

13 Oct

Tercer concierto para piano y orquesta

  • Allegretto
  • Adagio religioso
  • Allegro vivace

    Béla Bartók

Es bien sabido que al desarrollarse la Segunda Guerra Mundial una importante comunidad de artistas de las más diversas disciplinas, tuvieron que huir de las persecuciones raciales e ideológicas que estaban destinadas a la dizque depuración de una raza, y lo que ha constituido una de las más grandes catástrofes para la historia de la humanidad. El compositor húngaro Béla Bartók fue uno de tantos que emprendió el éxodo al nuevo mundo para encontrar paz –y seguridad- en su alma. Además, las enormes crisis políticas y económicas que se sucedieron a causa de la contienda armada, impidieron que el estado húngaro le otorgara a Bartók una pensión con la que este gran personaje del arte de su país pudiera vivir con decoro.

El viaje a Estados Unidos de Norteamérica fue muy difícil para el compositor y su familia, especialmente por la enfermedad que ya corría por las venas de Bartók y que poco tiempo después de emigrar lo privaría de la vida: la leucemia.

Mientras vivió en Estados Unidos, Bartók también sufrió de crisis creativas, que sólo le permitieron escribir algunas partituras; para fortuna de todos, éstas encarnan la síntesis del pensamiento musical de este hombre: el muy célebre Concierto para orquesta, que le fue solicitado por Serge Koussevitzki para evitar que Bartók cayera en una profunda depresión; la Sonata para violín solo que estrenó Yehudi Menuhin en el Carnegie Hall de Nueva York; el Concierto para viola comisionado por William Primrose; los bosquejos de un Séptimo cuarteto para cuerdas; y su Tercer concierto para piano y orquesta.

Según los comentarios de David Ewen: “Cuando Bartók estaba por terminar el Tercer concierto, sabía que su vida no habría de durar mucho. En el último compás de sus apuntes escribió la palabra húngara vege (‘el fin’) por primera vez en uno de sus manuscritos. No se trataba sólo del termino de esta particular obra, sino del punto final de su vida creativa. En realidad, Bartók no vivió lo suficiente para completar los compases finales -para los que no dejó anotaciones-. Fue su discípulo e íntimo amigo Tibor Serly quien realizó y orquestó los últimos diecisiete compases de la obra”.

Gyorgy Sandor y Bartók

Aunque la intención original de Bartók era la de escribir un Concierto para dos pianos, su decisión de convertir la partitura en su Concierto final para piano se debió a un factor de gran peso: al acercarse el final de sus días y antes de que ocurriera lo peor deseaba rendir homenaje a su esposa, Ditta Pásztory, con una partitura que reflejara su amor y agradecimiento, además de encapsular lo mejor de su idiomática musical.

El Tercer concierto de Bartók posee una buena carga de virtuosismo para los intérpretes, así como las acostumbradas disonancias bartokianas llevadas a un grado de refinamiento impresionante. Al escuchar la obra también nos percatamos que ésta resulta ser su obra más expresiva y en momentos conmovedora, como ocurre en el segundo movimiento.

Construida en tres partes -como sus anteriores Conciertos para el instrumento- la obra comienza serenamente y casi de inmediato es expuesto el tema central en la voz del piano, a partir del cual (y de otro tema casi equiparable a una melodía popular húngara) se desarrolla el primer movimiento. La segunda parte -el Adagio religioso– se inicia con un tema plácido y meditativo, es seguido por el piano que entona un coral en el estilo de Bach y posteriormente contrasta con un trío en donde aparecen fugazmente algunos alientos y el xilófono (“como insectos nocturnos durante un festín”, diría el pianista Tedd Joselson). El final del Concierto es un scherzo lleno de vitalidad que nos lleva a una conclusión realmente enérgica.

Si Bartók hubiera vivido lo suficiente, la partitura habría sido editada meticulosamente, cual era práctica rigurosa en el autor. Como ello no ocurrió, tal labor recayó en manos de Tibor Serly (quien terminó la partitura), Eugene Ormandy, Erwin Stein y Louis Kentner.

El estreno definitivo del Tercer concierto tuvo lugar en Filadelfia el 8 de febrero de 1946 con la Orquesta de esa ciudad, su entonces titular en la batuta (Ormandy) y el pianista György Sandor, quien también fue el responsable de estrenar las versiones pianísticas de la Suite de danza y del Concierto para orquesta del compositor húngaro.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Béla Bartók: Concierto para piano y orquesta No. 3

Versión: Yefim Bronfman, piano. Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Esa-Pekka Salonen, director.

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