EDVARD GRIEG (1843-1907)

20 Oct

Concierto para piano y orquesta en la menor Op. 16

  • Allegro molto moderato
  • Adagio
  • Allegro moderato e marcato –quasi presto – Andante maestoso

 

Edvard Grieg

Un intenso redoble de timbal en crescendo; repentinamente, el piano solista anuncia uno de los temas más famosos en la historia del arte occidental. Al escuchar esta arrolladora introducción comprendemos que su autor, el noruego Edgard Grieg, compuso esta obra cuando tenía tan sólo veinticinco años de edad. Pero la génesis de esta partitura viene desde mucho antes, en los tiempos en que Grieg era estudiante en el Conservatorio de Leipzig. Fue en esa ciudad donde escuchó a la célebre Orquesta Gewandhaus acompañando a Clara Schumann (1819-1896) en la interpretación del Concierto para piano de su marido, Robert (1810-1856). El extraordinario modelo romántico de dicha pieza avasalló a Grieg hasta convertirse en una obsesión; de tal manera que años después comenzó a componer su propio Concierto, con un decantado conocimiento del instrumento solista pues él fue –desde siempre- un fino pianista y exploró las posibilidades del piano en sus innumerables obras para éste. En 1868 Grieg concibió prácticamente la totalidad del Concierto en una casa de campo en Sollerod. Además de tener ese empuje que sólo puede brindar la juventud, el músico gozaba también de un gozoso momento en su vida: estaba recién casado con Nina Hagerup –su prima- y había nacido una niña que vino a consagrar su relación. Sin embargo, en el Concierto de Grieg existen contrastes fácilmente audibles. Así como él expone un discurso pianístico fresco, pujante y muy juvenil, las texturas de su instrumentación y todos sus colores provienen de la paleta orquestal de un hombre en el ocaso de su vida, pues Grieg revisó y dio forma definitiva a su Concierto pocos meses antes de su muerte. De tal suerte su situación física y anímica era totalmente distinta de cuando concibió la obra pues estaba muy enfermo, a punto de cerrar su ciclo vital, y aquella niña que nació junto con los primeros y feroces acordes del Concierto había muerto treinta y siete años atrás. Por ello no es ocioso considerar a esta obra como el documento sonoro de toda la vida de Grieg, el testimonio más intenso que podría existir del alfa y omega de su tránsito por el mundo de los mortales.

Ello le ha permitido a esta partitura habitar en el gran panteón de las obras más célebres y –de igual forma- de las más escuchadas y aplaudidas por todos los públicos, con sus toques pianísticos líricos y lisztianos, la inmaculada levedad etérea de su Adagio y su poderoso, emocionante final.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Edvard Grieg: Concierto para piano y orquesta

Versión: Claudio Arrau, piano. Orquesta Sinfónica de Boston. Sir Colin Davis, director

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