Archivo | noviembre, 2011

HUGO ALFVÉN (1872-1960)

30 Nov

Rapsodia Sueca No. 1 Op. 19, Noche de verano de San Juan

Durante muchos siglos, no existió en Suecia un compositor que fuera su gran figura musical ante el mundo, hasta que Hugo Alfvén -uno de sus hijos predilectos- consiguió un importante éxito internacional al estrenar su Segunda sinfonía (1897-1898).

La importancia que Alfvén le dio a las artes sonoras suecas reside en el carácter que supo imprimir a sus obras dentro de un estilo enmarcado en el nacionalismo romántico.

Aún así, la reputación de Alfvén en el mundo de la música está basada en pocas obras, pero de sólida factura, como su Primera rapsodia sueca, Festival (usada en Suecia como la música oficial para acontecimientos de corte nacional), Elegía (la música fúnebre sueca por excelencia), la Danza de la pastorcilla, la Bandera de Suecia, y Primavera en Roslag.

Hugo Alfvén

A muchos les parece increíble reconocer que con una producción musical limitada con respecto a la de otros autores prolíficos, Hugo Alfvén resultó ser un compositor con una personalidad artística compleja, amplia y de riqueza ilimitada.

Alfvén fue, ante todo, pionero en la música sueca con dos aspectos fundamentales y que parecen muy alejados el uno del otro: las sinfonías y las canciones para coro masculino. Su Primera sinfonía (1896) revela un idioma orquestal propio de quien conoce el oficio y la paleta orquestal, así como apela a un lenguaje lleno de expresión. Y por su parte, la Segunda sinfonía de Alfvén (citada más arriba) fue la obra que lo lanzó a la fama internacional, sobre todo por su final fugado en el que se escucha un himno popular sueco –Camino hacia la muerte dondequiera que camine-, y por su enorme y elegante estilo.

En el caso de la música que Alfvén compuso para coro masculino, ésta surgió gracias a su puesto como director artístico del Coro Orphei Drängar (Los hijos de Orfeo) de Uppsala que asumió en 1910, y para el que escribió algunas de sus mejores partituras. Alfvén siempre pensó que sus Canciones para coro masculino eran un medio ideal para describir las experiencias de la vida del hombre moderno, y para lo cual utilizó poemas de célebres artistas suecos.

Una de las obras orquestales básicas en el repertorio de este compositor es su Rapsodia sueca No. 1 (1903), y que es uno de los mejores ejemplos del innovador uso de Alfvén de los recursos narrativos en la música (algo que también ocurre en sus Sinfonías 3 y 5). Dicha obra, denominada como Noche de verano de San Juan, está inspirada en una boda campesina y sus episodios son presentados por el compositor como pequeños grabados rústicos y a partir de diversas melodías populares suecas.

La danza de las pastoras que aparece en Bergakungen (La montaña del Rey) ballet-pantomima de Alfvén, es retomada aquí en forma bailable y posteriormente se transforma en música de tonos pastel sombríos, con una lírica e impactante melodía.

Quizá esta música de Alfvén debe ser escuchada conociendo el “credo artístico” del autor, quien en alguna ocasión declaró: “Mis mejores ideas musicales son provocadas por las olas de una tormenta nocturna y, en particular, los salvajes otoños han sido mis más hermosos momentos para componer.”

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Hugo Alfvén: Rapsodia sueca No. 1, Op. 19

Versión: Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca. Esa-Pekka Salonen, director

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GEORGE FRIDERIC HANDEL (1685-1759)

22 Nov

Oda para el día de Santa Cecilia

  • Obertura: Larghetto e staccato – Allegro.
  • Recitativo: “From Harmony, From Heav’nly Harmony”.
  • Coro: “From Harmony, From Heav’nly Harmony”: Allegro
  • Aria: “What Passion Cannot Music Raise And Quell!”: Adagio-Andante
  • Solo y coro: “The Trumpet’s Loud Clangor”: Allegro
  • La Marcha
  • Aria: “The Soft Complaining Flute”: Andante
  • Aria: “Sharp Violins Proclaim”: Allegro
  • Aria: “But Oh! What Art Can Teach”: Larghetto e mezzo piano
  • Aria: “Orpheus Could Lead The Savage Race”: Alla Hornpipe
  • Accompagnato: “But Bright Cecilia Rais’d The Wonder High’r”: Largo
  • Coro: “As The Pow’r Of Sacred Lays”: Grave-Un Poco Più Allegro

Desde los tiempos de los compositores Henry Purcell y John Blow se estableció una tradicional anual, especialmente en Londres, donde cada día 22 de noviembre se honraba a la patrona de los músicos, Santa Cecilia, con diversas presentaciones musicales y poetas como Dryden, Congreve y Pope –entre otros- brindaron sendos poemas en relación la dicha Santa. Justamente uno de estos poemas, de la autoría de Dryden (El festín de Alejandro o El poder la música, que data de 1697) fue puesto en música en dos ocasiones por Handel: primero en 1736 bajo el nombre, precisamente, de El festín de Alejandro y posteriormente en 1739 como Oda para el día de Santa Cecilia. De hecho, esta alegoría poética de Dryden es una de las más famosas en torno a la patrona de la música y fue utilizada también por autores como Jeremiah Clarke (aquel autor del llamado Voluntario de trompeta) y el músico del siglo XVII Giovanni Battista Draghi. Aunque el discurso handeliano es muy efectista en El festín de Alejandro, es importante señalar que las palabras de Dryden encuentran dimensiones más interesantes combinadas con los sonidos en la Oda del día de Santa Cecilia, que fue presentada el 22 de noviembre de 1739 en la capital británica. Para esta obra, Handel retomó como columna vertebral dos Suites para clavecín de Gottlieb Muffat además de la extraordinaria fuga con la cual culmina la Oda. La partitura cuenta con doce secciones, comenzando con una Obertura y finaliza con la ya mencionada fuga monumental. En cada una de sus partes Handel hace alusión correctamente a los versos del poema, donde se mencionan diversos instrumentos (como en The Trumpet’s Loud Clangors, The Soft Complaining Flute y Sharp Violins Proclaim), mostrándolos a la manera de genial acompañamiento para las voces solistas.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Representación de Santa Cecilia en la Catedral de Los Ángeles

ODA PARA EL DÍA DE SANTA CECILIA

John Dryden

Texto completo de la ODA PARA EL DÍA DE SANTA CECILIA

Descarga disponible:

George Frideric Handel: Oda para el día de Santa Cecilia

Versión: Felicity Lott, soprano; Anthony Rolfe Johnson, tenor; Coro y Orquesta The English Concert. Trevor Pinnock, director.

JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)

10 Nov

Toccata y fuga en re menor, BWV. 565

Orquestación de Leopold Stokowski (1882-1977)

Leopold Stokowski

Uno de los personajes más controvertidos en la historia musical del siglo XX es sin lugar a dudas Leopold Stokowski. Considerado desde muy joven como “un muchacho nervioso, histérico, que cuenta con algunas habilidades naturales para la música pero que no tiene noción de lo que es dirigir una orquesta”, fue nombrado a los 27 años de edad como director de la entonces Sinfónica de Cincinnati, aunque tres años más tarde tuvo que dejar la organización envuelto en toda una tormenta de polémicas. Curiosamente, a Stokowski no le afectó esta situación pues ya tenía bajo la manga un jugoso contrato que le ofreció la Orquesta de Filadelfia. Así, con esa agrupación el músico vivió algunos de sus mejores años al llevar a grados de insospechada maestría musical a los de Filadelfia. Músicos tan reconocidos como Busoni, Kreisler y Rajmáninov tocaron como solistas y el entonces repertorio contemporáneo (tanto Richard Strauss, Sibelius y Debussy, entre otros) encontraron lugar en las novedosas programaciones de la Orquesta. De hecho, los “atrevimientos” artísticos de Stokowski llegaron a presentar innumerables estrenos en América, como La consagración de la primavera de Stravinsky, los Gurrelieder de Schönberg o la ópera Lulú de Alban Berg. Esa fue la época en la que Stokowski se interesó por realizar transcripciones para orquesta, nutriendo su catálogo con un total de 192 partituras originales para instrumentos tan diversos como órgano, piano, piezas vocales u obras de cámara. Él se aventuró a transcribir algunas Sinfonías de Tchaikovsky y Elgar para órgano pues además fungió como organista titular de la Iglesia de San Bartolomeo en Nueva York y estas piezas mostraron sus múltiples capacidades virtuosas en el instrumento. Poco a poco se fue sumergiendo en el mundo de las transcripciones para gran orquesta, de lo cual surgieron sus aproximaciones a Cuadros de una exposición y Una noche en la árida montaña de Mussorgsky, la Obertura 1812 de Tchaikovsky, la Catedral sumergida y el Claro de luna de Debussy, así como su primera gran partitura en el género: una versión suntuosa del Preludio en do sostenido menor de Rajmáninov.

El muy famoso saludo de Stokowski a Mickey Mouse en la película Fantasía de Walt Disney

Por supuesto, su autor predilecto para orquestar fue siempre Johann Sebastian Bach, siendo una de sus más famosas transcripciones aquella de la Toccata y fuga en re menor, cuya difusión fue mayor gracias a que con ella inicia la película Fantasía de 1939 y estrenada un año más tarde. ¿Quién no recuerda la famosa silueta del Maestro en su podio, sobre un fondo colorido, alzando los brazos para dirigir a la Orquesta de Filadelfia, en una escena llena de plasticidad (aún en nuestros días), y cómo este personaje se tomó un breve instante para saludar a uno de los protagonistas de la cinta: Mickey Mouse? El mismo Stokowski grabó siete veces esta Toccata y fuga y fue hasta el fin de su carrera una de sus piezas preferidas en los conciertos que dirigió. Todo este trabajo en repertorio que, por esos tiempos, era poco conocido, culminó en denominarse como “El sonido Stokowski” y que la Orquesta de Filadelfia desarrolló décadas después para transformarse en aquel célebre (pero hoy casi perdido) “Sonido Filadelfia”. Obsesionado con la pureza del sonido, Stokowski estudió electrónica con el único fin de alcanzar los más altos niveles en el campo de la grabación; en este sentido, en 1925 fue el primero en realizar una “grabación eléctrica” de una sinfonía completa y seis años más tarde estuvo involucrado en los experimentos para alcanzar el sonido estereofónico. Célebres son sus grabaciones de los años 1960 para la compañía London en las que utilizó un novedoso sistema llamado Phase 4.

Todas las historias que protagonizó Stokowski lo convirtieron ante varios sectores del público (sobre todo los puristas) como un auténtico ogro megalómano. Se tienen noticias de que se atrevió a firmar un contrato para dirigir en Londres en el año 1982, es decir, para su centésimo cumpleaños (!!!) algo que, a ojos vistas, no ocurrió. Extravagante y polémico, sí… ¿Pero qué mujer u hombre genial no lo ha sido en la historia de la humanidad?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Johann Sebastian Bach – Leopold Stokowski: Toccata y fuga en re menor BWV 565

Versión: Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Esa-Pekka Salonen, director.

FRANZ JOSEF HAYDN (1732-1809)

4 Nov

Concierto para violonchelo y orquesta en re, Op. 101, Hob. VIIb:2

  • Allegro moderato
  • Adagio
  • Allegro

Franz Josef Haydn

En los primeros años del siglo XX poco se sabía del repertorio concertante que Haydn había aportado en su vida. Como siempre, su música religiosa y su colección de 104 sinfonías imperaron sobre cualquier otro género que haya abordado (como sus magníficas Sonatas para teclado). Así es que durante mucho tiempo sólo se tenía conocimiento (con la consabida difusión en conciertos) de un Concierto para piano en re, otro para violonchelo en la misma tonalidad y el tan famoso Concierto para trompeta en mi bemol mayor. Sin embargo, a mediados del siglo que agoniza, y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, el conocimiento de conciertos de Haydn se elevó a unas veinticuatro partituras.

Por lo pronto, el Concierto para violonchelo que más se conocía hasta antes de los descubrimientos mencionados era el que portaba la tonalidad de re mayor, pieza contemporánea a las Sinfonías 79 a 81, a la Mariazellermesse y los Cuartetos de cuerdas correspondientes al Op. 50: es decir, dicho concierto data de 1783. Aún así, en aquellos años de su composición se tenían serias dudas de su autenticidad, ya que muchos entendidos de la época insistían que esta obra era original de Antonín Kraft, el primer chelo de la orquesta que Haydn tenía a su servicio en el Palacio del príncipe Esterházy. Poco después de ese revuelo, se supo que el chelista Kraft había contribuido a la técnica instrumental para el Concierto en re de Haydn. Pero la controversia continuaba, pues Haydn llegó a decir que él no necesitaba ayuda alguna para escribir música para violonchelo, como bien lo probó en el movimiento lento de su Sinfonía 13 del año 1763. La prueba más fehaciente de lo anterior vino a desenmascararse en el año 1961 cuando fue descubierto en el Museo Nacional de Praga, dentro de la Colección Radenin, el manuscrito de una obra anterior al Concierto en re, y que parecía haberse perdido para siempre: era un Concierto para chelo en do mayor. Sin embargo, la azarosa historia del Concierto en re ha seguido siendo motivo de múltiples conjeturas. Al publicarse como opus 101 alrededor de 1804, repentinamente la partitura apareció en un arreglo de C.F. Ebers para flauta y orquesta. Unos ochenta años después, una edición de Gevaert, que distorsionó en buena medida el peso específico y el sentimiento general de la obra, fue el que curiosamente cautivó a muchos intérpretes durante buena cantidad de años.

Estructuralmente, el Concierto en re para chelo posee enormes abismos junto a su “según-esto” hermano Concierto en do, pues si bien comparten la misma estructura en orquestación, el ambiente es absolutamente distinto. El primer movimiento del Concierto en re está totalmente enraizado en un ambiente barroco, con la forma de un ritornello-rondó. En contraste, el movimiento lento nos ofrece una deliciosa y nostálgica melodía a cargo de las cuerdas que pareciera ser interrumpida en momentos por el chelo solista. Mientras que en el movimiento final, Haydn (con la supuesta juventud que gozaba cuando concibió este Concierto) nos hace estallar con la alegría y fuerza que sólo puede provocarnos la tierna juventud, sentimiento digno de las primeras Sinfonías de este autor (6, 7 y 8 –El amanecer, el Mediodía y el Anochecer, respectivamente).

Descarga disponible:

Franz Josef Haydn: Concierto para violoncello en re mayor

Versión: Lynn Harrell, violoncello. Academia de Saint Martin-in-the-Fields. Sir Neville Marriner, director.


Este es el muy humilde Palacio Esterházy, donde Haydn vivió y compuso una parte sustancial de su catálogo (pobrecito).

Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor

  • Allegro
  • Andante
  • Allegro

En cuanto a su Concierto para trompeta éste debe mayor difusión en los tiempos en que fue escrito, por varias y poderosas razones, a uno de los más importantes constructores de instrumentos del siglo XVIII, con quien la fisonomía y técnica del instrumento alcanzó un esplendor que no pensó tener jamás desde sus orígenes. El susodicho se llamó Anton Weidinger, originario de Viena y extraordinario trompetista como aseguran las crónicas de la época. Weidinger construyó una trompeta de características especiales que incluían dos superficies curvas sobre una horizontal en donde las llaves o pistones se encontraban juntas en un mismo lugar del instrumento, de tal suerte que el intérprete pudiera utilizar para su ejecución sólo una de sus manos. Los sonidos emitidos por tal instrumento eran más suaves y menos penetrantes que el de una trompeta “natural” sin pistones, por lo que la creación de este trompetista y constructor fue denominada como un oboe o clarinete de sonido más amplio.

No se sabe a ciencia cierta si Haydn conoció los avances técnicos en la trompeta de Weidinger; sin embargo, es evidente que el compositor confeccionó en 1796 un Concierto de exquisita perfección para el solista, y que avizoraba cambios sustanciales en la trompeta pues en él las capacidades colorísticas y armónicas del instrumento son exploradas al máximo, sobre todo en su segundo movimiento. Debido a sus complicaciones interpretativas prácticamente nadie pudo tocar dicho Concierto hasta que llegó Weidinger con su flamante instrumento, y lo ejecutó sin mayor problema en un célebre concierto ocurrido en Viena el 28 de marzo de 1800 donde, además de tocar algunas otras obras virtuosas para trompeta, se dice que tomó un instante para hacer de conocimiento público que, para llevar a cabo la construcción de su “organisirte Trompete”, tuvo que emplear siete años de su vida. El Concierto para trompeta de Haydn es, junto con aquellos de Hummel y Stamitz, el parteaguas estético que ya era necesario para tal instrumento, en una época en la que Haydn también compuso su magnífico oratorio La creación y la célebre colección de Cuartetos Op. 76.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Franz Josef Haydn: Concierto para trompeta en mi bemol mayor

Versión: Håkan Hardenberger, trompeta. Academia de Saint Martin-in-the-Fields. Sir Neville Marriner, director.

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