Archivo | diciembre, 2011

JOAQUÍN TURINA (1882-1949)

30 Dic

Retablillo turinesco en dieciocho partes

Joaquín Turina de niño, tocando el acordeón (1887)

1.- Joaquín Turina Pérez nace el 9 de diciembre de 1882, bajo el signo de Sagitario (que bajo sus estrellas cobija a mayor número de compositores que otro cualquiera). Fue el asunto del parto en Sevilla, en la calle de Ballestilla –hoy de Buiza y Mensaque. Pocas veces –a decir de José Luis García del Busto- este dato biográfico –lugar de nacimiento- ha cobrado tanta significación en la obra de un compositor. “Sevilla… estuvo presente en la vida y obra de Joaquín Turina de modo constante, dejando su huella, su aroma, en todo momento.”

2.- Dijo –críptico- Claude Debussy en 1913: “Como Albéniz, Turina parece fuertemente impregnado de música popular; titubea aún en su manera de desarrollar y cree útil acudir a los ilustres proveedores contemporáneos. Creo que Turina puede pasarse sin ellos y escuchar voces más familiares.”

3.- Conferenció Lorca: “El cante jondo se acerca al trino del pájaro y a las músicas naturales del chopo y la ola; es simple a fuerza de vejez y estilización. Es, pues, un rarísimo ejemplar de canto primitivo, el más viejo de toda Europa, donde la ruina histórica, el fragmento lírico comido por la arena, aparecen vivos como en la primera mañana de su vida.”

4.- Cuando nació Turina, Wagner terminaba Pársifal, y moría al año siguiente. Y poco después Liszt. Durante su infancia aparece la Sinfonía de César Franck, el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, Falstaff de Verdi (ya pronto cadáver también), La verbena de la paloma de Bretón, La revoltosa de Chapí, los Gurrelieder de Schönberg, Pélleas y Melisande de Debussy, Salomé de Strauss, y también fallece Dvorák. Epoca incitante, ¿a poco no?

5.- Turina rápidamente aprendió a ser músico y sevillano. La enseñanza primera la recibe en el Colegio del Santo Ángel, y luego en el de San Ramón, donde se enfrenta al pentagrama y anexos. Dijo Tomás Borrás: “Turina iba, chavalillo y moreno, a la celda del anciano curita. La ventana al jardín del templo, sensual como de palacio moro, con su agua y sus limoneros y sus arrayanes. Y al mismo tiempo que las reglas de la solfa y la disciplina, escuchaba el rumor de Sevilla, su latido.”

6.- Ignoro si sea voluntario –no abunda en España el humor autocrítico-, pero en la música de Turina hay un desenfado y sonrisas que no se ocultan. En todo caso, he aquí algunos de los nombres que dio a sus obras (sin opus), con la intención de hacer reír un poco y a la vez cantar propaganda a su catálogo: Niñerías; Fea y con gracia; Yo soy ardiente, yo soy morena (Becquer); El castillo de Almodovar (no se imagine usted al famoso cineasta con la pléyade de sus chicas alrededor, cual castillo de Drácula, plis); Danza de los seises; Los dos miedos; La morena coqueta; Las locas por amor; La adúltera penitente; El Cristo de la Calavera; En la zapatería, y una inefable Farruca fugada

7.- Dijo –lapidario- Rodolfo Halffter en 1932: “Turina no sabe o no puede renovarse. Todas sus obras son iguales.”

Turina en París (1907)

8.- Dijo (antes) Manuel de Falla, en 1917: “El talento y el alto sentimiento artístico de que nuestro compositor ha dado brillantes pruebas en sus propias obras musicales garantizan cuanto pueda decirnos sobre el arte de la composición.” Y luego:

Manuel de Falla el gaditano

Con sus más altos respetos

Dedica este mamotreto

A Turina el sevillano.

Ya sabes tú bien, Joaquín,

Que estas cuatro piececillas

No son más que impresioncillas

Sin pies, cabeza ni fin.

Y en ellas, por consiguiente,

No hay de la musique, ni plan,

Ni même des jolis coins,

Como dice don Vicente.

…cuando le envía sus Cuatro piezas españolas.

9.- Fue en el segundo semestre del año 1918 que Turina compuso sus tres Danzas fantásticas, siendo que su estreno ocurriría en febrero de 1920 en el Teatro Price de Madrid a cargo de la Filarmónica de aquella ciudad bajo la batuta del “Profesor” Pérez Casas. La partitura, que don Joaquín ofrendó en su dedicatoria a su compañera sentimental de toda la vida, está basada en la novela La orgía de José Mas. Cada una de estas Danzas fantásticas cuenta con una introducción extraída directamente de la novela. Por ejemplo, en Exaltación (la primera de ellas) dice: “Parecía que las figuras de aquel cuadro incomparable se movieran en el interior del cáliz de una flor”; en Ensueño: “Las cuerdas de la guitarra suenan el lamento de un alma sin esperanzas bajo el peso de la amargura”; y en Orgía: “El perfume de las flores emergió sobre el aroma de la manzanilla, y de lo profundo de los cristales rebosantes de vino, incomparables como el incienso, alegría florida.” Según podemos notar por la estructura y el “aroma” de cada una de estas Danzas, Turina se basó en la música popular de diversas regiones españolas para darles cuerpo, respectivamente la Jota de Aragón, el Zortzico vasco y la Farruca andaluza, siendo que la danza llamada Ensueño contiene una exquisita y fragante melodía en 5/8.

10.- Escribió –convenenciero- el también crítico Turina: “¿Qué por qué hay un escándalo y gritos y silbidos? Pues porque están representando La consagración de la primavera. (…) Escucha: la música (…) está en embrión; las disonancias se amontonan unas sobre otras; los ritmos se superponen y la discordancia llega al summum… Pero no, lector amigo, no sabrás mi opinión, pues están aún recientes las cosas que se le dijeron a Wagner, y aún hoy día tengo yo un paisano que asegura muy serio que ‘entre Bellini y Wagner se queda con Meyerbeer’. ¿Quién sabe si dentro de diez años nos arrodillaremos ante Stravinsky como ante un genio? Y entonces, ¡oh lector!, cogerías esta croniquita y me pondrías las orejas calientes.” (1913)

11.- Sigamos con el repaso de las obras de Turina: Ráfaga; Tarjetas postales; Rima; Recuerdos de mi rincón; Naranjos y olivos; La florista; Las fuentecitas del parque; Fantasía cinematográfica; Nunca olvida; Lo mejor del amor; La alegre sevillana; La murciana guapa; Fantasía del reloj; Noches de verano en la azotea (chaca chaca con Turina, je je je).

12.- Investigando un poco, parece claro que Turina sí tenía un singular sentido del humor. En 1945 levantó el acta siguiente: “Con fecha 7 de febrero se constituye el Bloque Joaquín Turina, bloque fraternal y de elección cuyo fin es estrechar los lazos de máxima cordialidad y protección recíproca, a modo de una prolongación familiar. El bloque comprende tres grados: Ahijadas, Sobrinos y Lolitas.”

El elegantísimo Turina (ca. 1905)

13.- Si usted es cinéfilo y probablemente tenga esa extraña afición por enterarse de qué compositores escribieron para el Séptimo Arte me congratulo en informarle que Turina engrosa las filas de esos autores. En este sentido, un vistazo a su repertorio fílmico incluye: La hermana San Suplicio (1934; en realidad son fragmentos de su Sinfonía sevillana); Campamentos (1941); Primavera sevillana (1943); El abanderado (1943); Eugenia de Montijo (1944); Luis Candelas (1948); Una noche en blanco (no acabo la música pues se enfermó. De hecho, se puso muy malito; 1948) y La puerta abierta (1956; en donde se incluyen las famosas Danzas fantásticas).

14.- En 1920 ocurre el cenit de Turina como compositor, 29 años antes de morir. Siempre será para él una desgracia estética que luego de las tres grandes obras orquestales de entonces no haya logrado producir algo comparable –al menor. Tales creaciones, definitorias de Turina son las Danzas fantásticas, la Sinfonía sevillana y Sanlúcar de Barrameda.

15.- Ya mero acabo… no se desespere.

16.- Dijo –finalmente- Arthur Honegger en 1949: “Tuve la ocasión de volver a ver a Turina a mi regreso de Portugal en 1943, y guardo el recuerdo de la gentil y amable acogida que él me hizo. El autor de Sinfonía sevillana, La oración del torero y La procesión del rocío quedará como una de las máximas figuras de la música española.”

17.- Prosa salvaje. O: Simplemente Margot

José Manuel se enamora de Margot en un cabaret de París. Vuelto a Sevilla, se debate entre la pasión devoradora que lo ata a esa mujer –quien lo ha seguido hasta España- y su amor sincero y puro por Amparo, su novia. La cosa se complica hacia el final del acto segundo, cuando acierta a pasar –acto del destino- una procesión de la “madrugá” del Viernes Santo en Sevilla. Se oye, a modo de presagio, una saeta lejana. Diálogo tormentoso entre Margot y el indeciso José Manuel. Tambores a lo lejos. Más tensión. La Cofradíase detiene y se oye a Amparo que canta una saeta. José Manuel intenta huir pero Margot, desesperada, lo detiene. El galán huye al fin con su novia, y deja a Margot llorando sin consuelo, transida de dolor. Entonces, la Cofradíase pone en marcha y la Virgencruza triunfalmente la escena. (Sinopsis de Margot, primera obra de teatro musical compuesta por Joaquín Turina.)

18.- Olé.

 JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Joaquín Turina: Danzas fantásticas Op. 22

Versión: Orquesta Sinfónica de Bamberg. Antonio de Almeida, director.

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LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

25 Dic

Concierto para piano y orquesta No. 5 en mi bemol mayor Op. 73, Emperador

  • Allegro
  • Adagio un poco mosso (attacca)
  • Rondó: Allegro

Dibujo del rostro de Beethoven

 

“Hemos pasado grandes penas… desde el cuatro de mayo, he traído muy poco al mundo que sea congruente, tan sólo un fragmento aquí y allá. El curso de los acontecimientos ha afectado mi cuerpo y mi alma… La vida a mi alrededor es feroz, molesta, sólo hay cañones, soldados, miserias…”

Ese comentario fue escrito por Beethoven en la primavera de 1809 mientras en Viena ocurrieron acontecimientos terribles: las tropas de Napoleón Bonaparte (1769-1821) habían sitiado la ciudad y abrieron fuego sobre ella el 11 de mayo de ese año. Las expectativas de salvar el pellejo eran pocas, por lo que Beethoven tuvo que mudarse a casa de su hermano Kaspar (1774-1815), donde habitó por algún tiempo en el sótano y cubriéndose los oídos con almohadas para tolerar el sonoro estallar de los cañones. La desgracia vienesa no terminó ahí: la aristocracia en pleno, además de la familia real, decidieron huir dejando una impresionante desolación en la ciudad que –además- fue testigo de la muerte de Franz Josef Haydn (1732-1809) hacia los últimos días de ese fatídico mayo.

En ese tiempo de incertidumbre Beethoven escribió, en contraste a los acontecimientos, una obra monumental en todos los sentidos: su Quinto concierto para piano. Dicha obra resultó ser la síntesis del pensamiento beethoveniano en su impresionante catálogo pianístico, aunque su expresión estética continuó explorando dicho campo en sus Sonatas para piano hasta casi sus últimos años de vida.

En el Quinto concierto conviven desde el drama inherente en el Tercero hasta lo luminoso de su contenido casi mozartiano; igualmente, Beethoven comprendió y reafirmó el carácter expansivo que desarrolló en el Concierto No. 4. Por todo ello, el conocido como Concierto Emperador es una obra fascinante, originalísima, lírica, colmada de gozo, con un impecable sentido de la unidad y perfección.

No es curioso encontrar que la tonalidad en la que está escrito este Concierto sea la misma a la de la Sinfonía Heroica: mi bemol mayor. Con ello encontramos que la solución musical revolucionaria a la que accedió al componer esa Sinfonía vendría a aposentarse en varias de sus creaciones posteriores. En el caso del Quinto concierto encontramos paralelismos estéticos con la Heroica especialmente en el vasto primer movimiento en el que Beethoven delinea enormes pero estables frases, construidas con tal perfección que pueden entretejerse en diversas tonalidades sin caer en la incoherencia de un esquema de tales proporciones.

El pianista y compositor Friedrich Schneider, quien estrenó el Concierto Emperador de Beethoven como solista

Y si existe un paralelo con la Heroica en el primer movimiento podemos percatarnos de uno más en el movimiento lento, una pieza tan serena con carácter de un canto religioso: este motivo es el antecedente directo de las variaciones que aparecen en el Trío con piano Op. 97 llamado Archiduque y en la Sonata para piano en mi mayor Op. 109.

En el final del Concierto Emperador Beethoven liga con un brevísimo y casi inaudible episodio el segundo y tercer movimientos, proclamando el inicio de esa sección con el tema del rondó a cargo del piano solo y que nos transporta a una música genial, de brillantez ilimitada. Sólo antes de la conclusión Beethoven pinta una diáfana contemplación del piano acompañado por los timbales y desemboca en el magnífico cierre de la obra.

El 28 de noviembre de 1811 el pianista Friedrich Schneider (1786-1853) estrenó la partitura en Leipzig con la célebre Orquesta Gewandhaus de la que Félix Mendelssohn (1809-1847) fuera alguna vez director. La definición del crítico de La Gazeta fue: “uno de los conciertos más originales y efectivos, pero también uno de los más difíciles de todos los existentes.” De ahí, el Quinto concierto pasó a manos del excelso Carl Czerny (1791-1857) para ofrecer la primera presentación en Viena, misma que resultó algo desastrosa. Resulta que éste fue estrenado en un evento para la sociedad de damas caritativas; así, era obvio que las finas mujeres estuvieran más atentas a cuanta aria y dúo -plagados de florituras y trinos- que se tocaron, que al impresionante Concierto. Para no variar, Beethoven se puso furioso.

Bien conocido es el “apodo” que tiene este Quinto concierto (Emperador), aunque las causas de por qué se bautizó así no son claras. Francisco Agea (1900-1970) nos informa sobre este nombre que “a alguien le pareció adecuado para expresar el carácter grandioso y enérgico de la obra”. La partitura está dedicada al archiduque Rodolfo de Austria (1788-1831) quien fue mecenas y protector de Beethoven y –curiosamente- hermano menor del Emperador Francisco II (1765-1835). ¿Tendría algo que ver? Nadie lo sabe. Por lo pronto se ha dicho que al músico le fastidiaba el apodo ya que crearía sospechas sobre su afiliación napoleónica, pero el propio Rodolfo de Austria afirmó que era mejor considerar a este Concierto como el Archiduque, no obstante que el Trío antes citado ya poseía ese nombre. ¡Ah, vanidades de la aristocracia!

Lo que sí es de todos conocido es que con el Quinto concierto Beethoven abandonó la composición de obras para piano y orquesta (con la excepción de su Fantasía coral Op. 80) debido a razones comprensibles: él pasaba más tiempo componiendo en esos momentos que desarrollando su alguna vez afortunada y brillante carrera pianística, además de que los fantasmas de la sordera ya lo acosaban.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Ludwig van Beethoven: Concierto para piano No. 5 “Emperador”

Versión: Rudolf Buchbinder, piano y director. Orquesta Filarmónica de Viena.

HEITOR VILLA-LOBOS (1887-1959)

12 Dic

Bachianas brasileiras No. 2

  • Preludio (O Canto do Capadocio) Adagio – Andantino mosso
  • Aria (O Canto da Nossa Terra) Largo
  • Dança (Lembrança do Sertão) Andantino moderato
  • Tocata (O Trenzinho do Caipira) Un poco moderato

Heitor Villa-lobos

¿Qué será lo que tiene nuestra intensa tierra latinoamericana que nos hace ser tan distintos de los habitantes de otras regiones del mundo?

En mi caso resulta muy difícil decirlo con poesía u orden estricto, por lo que habré de comenzar lanzando ideas vagas, pero que se amoldan bien a los sentimientos que experimentamos al escuchar el potente sonido de la voz musical de nuestra América.

Clima tropical. Vegetación múltiple, colorida y exuberante. Hermosas pieles morenas y algunas blancuzcas. Fiesta interminable aunque la vida nos agobie. Fertilidad y muerte. Tabaco. Sol que quema más allá de nuestras pieles. Explosiones viscerales. Natural rebelde. Facciones toscas y aun más bellas. Selvas que todavía pueden salvarse. Sensualidad. Aroma a café, sabor a ron. Risa sin límites. Samba, cha-cha-chá, merengue, danzón, salsa, mambo, bolero, huaracha, sones, huapangos, corridos…

Al escuchar música de mi gente, de mi sangre, se proyectan en la mente esas y otras visiones, placeres sensoriales que de una u otra forma provocan un ritmo nervioso e irrefrenable que parece bailar, mover los cuerpos al son de una energía que no desea contenerse, que ruge apasionada y desencadena chubascos en montañas y llanuras, en el Amazonas, Palenque o Machu-Picchu, rozando jades y obsidianas, sacudiendo almas con la más grande pasión.

Esa es la música de nuestra América latina (aunque dicho término disguste al eminente internacionalista Modesto Seara y a todos los españoles) que por su incontenible sinceridad y belleza asombra sin remedio a otras culturas.

Y claro, para los ajenos a esta tierra es usual deslumbrarse con nuestra riqueza cultural, aunque no siempre la sepan comprender.

Toda esa energía terrenal que posee la música latinoamericana parece ser, entonces, sólo nuestra (a lo mejor), y (tal vez) sólo nosotros podemos vibrar adecuadamente con su elemento generador: la música del pueblo, aquella que se ha transmitido de generación en generación, y cuyas letras –si tienen- no importan tanto como sus ritmos tajantes, convulsos, feroces y excitantes.

Muchos compositores europeos también se vieron influidos por la música popular de sus respectivos países (por lo general, danzas campesinas), y para muestra ahí están Haydn, Mozart, Lanner, Beethoven, Schubert o Mahler, por sólo nombrar unos cuantos. Igualmente, en los Estados Unidos el blues y el jazz –en ese orden-, emborracharon literalmente a Gershwin, Copland y Bernstein.

Pero –insisto- la música escrita por autores como Chávez, Revueltas, Galindo, Ginastera o Villa-lobos posee algo más que un eje netamente folklórico. Esa médula se expande y contrae con una rapidez estroboscópica, y bombea sangre segundo a segundo, respira con fuerza, bufando casi. Y con ello, ya tenemos el campo preparado para hablar un poco de ese inmenso personaje brasileño: Heitor Villa-lobos.

1930 marcó para Villa-lobos el inicio de la más relevante etapa estética en su carrera, con la composición de la primera de sus nueve Bachianas brasileiras. Este importante ciclo de obras constituye un parteaguas no sólo en la música latinoamericana, sino también en la del mundo entero, ya que Villa-lobos profundamente enamorado de la música de Johann Sebastian Bach escribió dichas partituras con dos ideas fundamentales: una que evoca formas barrocas al estilo de Bach (preludios, toccatas, arias, fugas, fantasías, gigas y corales), y otra inspirada en elementos definitivamente brasileños (embolada, nodinha, ponteio, miudinho, desafío). El resultado: nueve suites con movimientos de danza muy locales, pero revestidos con una estructura netamente universal.

La segunda de las Bachianas brasileiras la escribió Villa-lobos en el mismo año que la primera, y contiene cuatro escenas de un Brasil campesino, exuberante y tropical. Justamente, el movimiento final de esta Bachiana es una de las piezas más conocidas de Villa-lobos: El trenecito del caipira. Musicalmente esta obra nos introduce en lo profundo de la “floresta brasileira”, a través de la cual viajamos en una muy ruidosa pero simpática locomotora de vapor, casi licuadora, fielmente descrita por los metales, las percusiones y el piano; mientras, la melodía nos sugiere el hermoso paisaje que tenemos durante el recorrido. Por supuesto, el viaje termina al detenerse la máquina, con ese sonido tan característico (¡pppfffffsssshhhhh!), y un tremendo frenón que, si no nos pescamos bien, nos arrojará por los suelos.

Descarga disponible:

Heitor Villa-lobos: Bachianas brasileiras No. 2

Versión: Orquesta Filarmónica Real de Londres. Enrique Bátiz, director.

Villa-lobos en su estudio


Bachianas brasileiras No. 5, para soprano y ocho violoncellos

  • Aria (Cantilena) Adagio
  • Dansa (Martelo) Allegretto

La más famosa de las Bachianas brasileiras es la número 5, escrita en 1938, y que da cuenta del amor que Villa-lobos profesaba por su instrumento principal -el violoncello- y por la poesía. La Bachiana No. 5 es de una exquisitez inusual, al estar pensada para ocho cellos y la voz de una soprano, lo que proporciona una sonoridad de gran carácter y belleza. La soprano inicia vocalizando, cantando sobre la vocal A, sobre el fino acompañamiento en pizzicati de los cellos. En la sección central de este movimiento la voz declama un Nocturno de la poetisa y cantante Ruth Valadares Correa (quien además estrenó la partitura en 1939) para concluir con la reexposición del tema principal, pero ahora la soprano lo canta con la boca cerrada (así es, no vaya a creer que no se puede hacer esto). Villa-lobos añadió un segundo movimiento en 1945 con un texto de Manoel Bandeira, en forma de una danza vigorosa llamada martelo.

JOSÉ-MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Heitor Villa-lobos: Bachianas brasileiras No. 5

Versión: Victoria de los Ángeles, soprano. Ocho violoncellistas de la Orquesta Nacional de la Radiodifusión Francesa. Heitor Villa-lobos, director.

 

 TEXTOS DE LAS BACHIANAS BRASILEIRAS No. 5

* Aria (Cantilena) Ruth Valadares Correa

Tarde, una nube lenta y transparente se vuelve rosa,

Sobre el espacio, soñadora y bella.

Del infinito aparece la luna dulcemente,

Adornando la tarde, como una gentil doncella,

Que se alista y embellece soñadamente,

Con ansias del alma para estar hermosa,

Grita al cielo y la tierra, toda la naturaleza!

Los pájaros cesan de cantar al escuchar sus lamentos,

Y refleja en mar toda su riqueza.

La luz de la luna ahora despierta suavemente,

El cruel anhelo que ríe y llora.

Tarde, una nube lenta y transparente se vuelve rosa,

Sobre el espacio, soñadora y bella.

* Dansa (Martelo) Manoel Bandeira

Ireré, mi pajarillo de las selvas de Carirí,

Ireré mi compañero,

¿Dónde está la guitarra? ¿dónde está mi amada? ¿dónde está María?

¡Ay, triste destino del canto del guitarrista!

¡Ah! Sin la guitarra con la que cantaba su amo,

¡Ah! Su silbido es tu flauta, Ireré:

Pero cuando tu flauta de las selvas suena,

¡Ah! La gente sufre sin buena voluntad

¡Ah! Tu canto llega ahí de la profundidad de la selva

¡Ah! Como una brisa suavizando el corazón.

Ireré, suelta tu canto

¡Canta más, canta más!

¡Para recordar el Carirí!

¡Canta, canta paloma!

Canta Ireré, canta.

María, despierta, ya es de día.

Canten todos,

Pajarillos de la selva

¡Hey, tordo del bosque que canta!

¡Oh, tordo del bosque que sufre!

¡Oh! Tu canto llega ahí de la profundidad de la selva

Como una brisa suavizando el corazón.

La imagen de Villa-lobos capturada en los billetes de 500 Cruzados muestra la sensibilidad del gobierno de Brasil por uno de sus más grandes artistas, ciudadano a fin de cuentas…

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