Archive | marzo, 2012

WILLIAM WALTON (1902-1983)

31 Mar


Crown Imperial. Una marcha de coronación

William Walton (fotografía con autógrafo del compositor)

William Turner Walton nació el 29 de marzo de 1902 en Oldham, en la muy industrial zona de Lancashire. Su padre, músico de iglesia, le dio las primeras lecciones musicales a su hijo; ya a los cinco años de edad el pequeño William era integrante del coro de la iglesia bajo la dirección paterna. A los diez años de edad fue admitido como corista del célebre Coro de la Catedralde la Iglesiade Cristo en Oxford, donde Walton pudo estudiar bajo la guía de Hugh Allen y recibió de dicha institución el grado de bachiller en música en 1918. Walton era un muchacho inquieto, ávido de conocer lo más reciente en creación musical; así fue como comenzó a explorar las obras recientes de autores como Bartók, Prokófiev, Stravinsky y Schönberg, así como las de su compatriota Gustav Holst. Según señalan sus biógrafos, hubo un momento en que el padre de Walton no contó con los recursos suficientes para seguir sufragando los estudios de su hijo en Oxford, por lo cual el joven tuvo que aventurarse a “costear” su preparación musical por otros medios. Así, Walton fue expulsado del famoso Coro (y de Oxford), pero gracias a su primera gran obra, un Quinteto con piano escrito en 1918, fue que conoció a la pareja formada por Osbert y Edith Sitwell, quienes lo tuvieron bajo su égida social y artística. Dado que los Sitwell eran bien conocidos y respetados socialmente en Londres, Walton entró en contacto con “la crême de la crême” artística e intelectual, algo que él consideró mucho más valioso que seguir estudios en cualquier escuela de música. Las primeras obras que le dieron cierta fama fueron Façade (1922), la obertura de concierto Portsmouth Point (1925), el Concierto para viola (1929) y el oratorio El festín de Belshazzar (1931), siendo con esta última obra que Walton fincó su prestigio en Inglaterra. Al momento de desarrollarse la Segunda Guerra Mundial, Walton prestó sus servicios en el cuerpo de ambulantes de Londres, y poco más tarde compuso la música para varias películas documentales (de contenido patriótico). Justamente para el cine, Walton tuvo algunos de sus momentos más lúcidos en la composición, escribiendo la música para las películas Hamlet y Enrique V (ambas basadas, obviamente, en Shakespeare), entre otras, colaborando en la primera de ellas con Lawrence Olivier.

Walton recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Oxford en 1942, y en 1951 fue armado caballero (Sir, aunque él mismo nunca lo incluyó en su firma) por sus inmejorables aportaciones a la corona británica. En 1953 escribió un espléndido Te Deum para la coronación de la reina Isabel II. Posterior a ese gran honor, Walton comenzó a viajar por los Estados Unidos, donde estrenó como director una de sus obras (Crown Imperial) en la sede de las Naciones Unidas. Luego, viajó por Argentina y en Buenos Aires conoció a quien se convirtió en su compañera sentimental, Susana Gil, estableciendo con ella su residencia en la isla de Ischia en Italia.

De la música de William Walton, podemos citar algunos de sus principales atributos: las largas y sinuosas líneas melódicas, el gran detalle que imprime en la escritura contrapuntística y armónica, que nunca se antoja sucia gracias a la transparencia de sus texturas, sus orquestaciones opulentas y brillantes, y un irresistible sentido de la dirección en los ritmos y polirritmos.

Esta obra de Walton ha sido reseñada por Richard E. Rodda en los siguientes términos:

Crown Imperial: A Coronation March, fue comisionada por la British Broadcasting Corporation (la BBC) para la coronación de Jorge VI en 1937, en la mejor tradición británica de encargar gran música para estas ocasiones. Walton extrajo el título del poema En honor a la ciudad de Londres, del escocés William Dunbar (c.1460-c.1520), texto a partir del cual el compositor estaba entonces escribiendo una cantata. Entre las frases de Dunbar que exaltan el río Támesis, el puente, la Torre y el pueblo de Londres hay una que hace hincapié en la realeza de la ciudad: ‘In beawtie beryng the crone imperial’ (aproximadamente: ‘Con gallardía lleva la corona imperial’). Walton eligió estas palabras para encabezar su marcha de coronación, e incluso implica las palabras ‘regal mien’ (‘aire real’) mediante la indicación del tempo: Allegro reale. Dieciséis años más tarde, Walton fue comisionado para escribir una marcha para la coronación de la reina Isabel II, y el resultado fue Orb and Sceptre (Mundo y Cetro; ‘orb’ quiere significar aquí una esfera coronada por una cruz, símbolo del poder real). En su estilo, forma, espíritu majestuoso y aura de espléndido orgullo, Crown Imperial y Orb and Sceptre son dignas sucesoras de las nobles marchas Pompa y ceremonia de Edward Elgar, quintaesencia dela Inglaterra ritual.”

Descarga disponible:

William Walton: Marcha Crown Imperial

Versión: Philharmonia Orchestra. Sir David Willcocks, director

Concierto para violín y orquesta

  • Andante tranquilo
  • Presto capriccioso alla napolitana
  • Vivace

Walton

El Concierto para violín de Walton data de la década de 1930, en la que también produjo algunas de sus más importantes partituras, como su Primera sinfonía y El festín de Belshazzar. El Concierto surgió gracias a una comisión que le hiciera el virtuoso Jascha Heifetz en Londres, hacia 1936. Sin embargo, Walton no pudo trabajar en la partitura de inmediato por otras comisiones que tenía en puerta; así, esperó a tener un buen período de descanso en Italia para ponerse a trabajar en la solicitud de Heifetz, es decir, en 1938. Una vez que el proceso creativo había comenzado, tal parece que el virtuoso no estaba del todo satisfecho con el concepto de Walton para el final de la obra (un movimiento de total “bravura” para el violín, con un exuberante acompañamiento), así que le pidió al compositor que viajara a Nueva York para discutir personalmente algunos cambios. Finalmente, la partitura quedó lista según los deseos de Heifetz y se propuso el estreno bajo la dirección de Walton conla Sinfónica de Boston. Sin embargo, pocos meses después estallóla Segunda Guerra Mundial y los planes tuvieron que modificarse sensiblemente. Así, Heifetz fue acompañado por Arthur Rodzinki yla Orquesta de Cleveland en su estreno mundial, que ocurrió en diciembre de 1939.

La introducción de la obra contiene toda la carga sonora con la que Walton se hizo famoso en todo el mundo, y que está ligada a una cierta melancolía (de hecho, la terminología utilizada para el violín es que debe interpretarse sognando), lo cual liga a esta obra en espíritu con el fabuloso Concierto para violín de Elgar (obra capital, también, en el repertorio solístico inglés). Igualmente, como una constante en Walton (especialmente en sus obras Façade, el Concierto para viola y su Primera sinfonía) el segundo movimiento de la partitura es un scherzo (aquí anotado como Presto capriccioso alla napolitana) que tiene más carácter de vals con episodios de fantástica agilidad. El movimiento final es un absoluto “tour de force” para el solista en donde el acompañamiento orquestal incluye algunas de las mejores melodías que alguna vez escribiera Walton. Poco a poco, después de la cadenza del violín, los temas iniciales del Concierto retornan para concluir la obra con una inusitada placidez, combinada posteriormente con un discurso lleno de pirotecnia.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

William Walton: Concierto para violín

Versión: Tasmin Little, violín. Orquesta Sinfónica de Bornemouth. Andrew Litton, director.

JOHN CORIGLIANO (n. 1938)

23 Mar

Tres alucinaciones (1981)

  • Sacrificio
  • Himno
  • Ritual

John Corigliano (ca. 1990). Foto dedicada a José María Álvarez

Corigliano es, hoy día, uno de los más importantes compositores vivos en el orbe. En el año 2001 se hizo acreedor el Premio Pulitzer por su Segunda sinfonía, misma que fue estrenada en noviembre de 2000 por la Sinfónica de Boston y Seiji Ozawa. Un año antes de recibir este premio obtuvo el afamado Óscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas por la música que escribió para la cinta El violín rojo, su tercera partitura para el cine. Éste es su segundo Óscar ya que en 1981 recibió dicho premio por su música para la película Estados alterados (Altered States). En la presente temporada se ha estrenado su Concierto para violín (justamente denominado El violín rojo) y que se interpretó con las orquestas de Baltimore, Dallas, Atlanta, Filadelfia y Los Ángeles, además de ser presentada en forma de ballet por la San Francisco Ballet Company. Algunas de sus partituras han llegado, en fechas recientes a Helsinki, Malasia, Moscú, Montreal, Manchester y Mannheim. Durante 1999 y 2000 escribió una Vocalise y Mr. Tamburine: Siete poemas de Bob Dylan para la soprano Sylvia McNair, así como estrenó su obra orquestal Phantasmagoria, con temas de su propia ópera Los fantasmas de Versalles, que fue comisionada por la Metropolitan Opera House de Nueva York y estrenada en 1991. Desde entonces, esta ópera se ha presentado en Chicago y para la apertura de la nueva casa de ópera en Hannover, Alemania. Otra de sus obras importantes de fines de la década de 1980 es su Primera sinfonía, que ha sido aclamada internacionalmente por su poderío y mensaje objetivo, al estar dedicada a las víctimas del SIDA. La grabación de esta obra con la Sinfónica de Chicago (que la estrenó en 1988) obtuvo el premio Grammy como Mejor novel composición.  John Corigliano estudió con su padre quien fue concertino dela Filarmónica de Nueva York y desde muy pronto en su carrera fue nombrado profesor dela Escuela Juilliard.

John Corigliano (2010). Foto: J. Henry Fair.

La música que Corigliano escribió para Estados alterados es una muestra de la extraordinaria imaginación de este músico. Posterior al estreno de dicha película, él decidió hacer una especie de Suite en tres movimientos de algunos de los momentos importantes de la banda sonora, con el título de Tres alucinaciones. Los sueños, las obsesiones y temores del protagonista de la cinta (William Hurt) que en el momento culminante de la historia se materializan, son fielmente captados por los sonidos “alucinantes” que aquí nos propone Corigliano. Tres alucinaciones fue estrenada por la Sinfónica de Syracuse bajo la batuta de Christopher Keene, el 22 de enero de 1982. En palabras del propio autor: “Estas tres piezas – Sacrificio, Himno, Ritual– están interconectadas de manera motívica y melódica. En la película el director Ken Russell contempló varias alucinaciones religiosas de forma extendida, y en los movimientos externos de la obra (Sacrificio y Ritual) están sacados directamente de la partitura fílmica. Sacrificio describe la muerte pagana de una cabra de siete ojos, sobrepuesta en otras imágenes de muerte (principalmente la muerte del padre del héroe de la cinta) y sensualidad.  Comienza este movimiento con una introducción lenta que propicia un estado parecido al trance. La sección siguiente, Himno, desarrolla y extiende un fragmento del himno Rock of Ages, que es citado en el movimiento precedente, que se desvanece y vuelve a aparecer dando la sensación de una visión alucinante. Se escuchan de forma velada ‘visiones’ del coral Amén que flotan como nubes sonoras. Finalmente el Ritual, irrumpe con energía deshaciendo dichas nubes sonoras y el ambiente se presta para una danza ritual muy salvaje (lo que en el filme corresponde al ‘rito del hongo’ de los indios Hinchi) que culmina en un estallido de energía reprimida.”

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

 John Corigliano: Tres alucinaciones

Versión: Orquesta Filarmónica de Buffalo. JoAnn Falleta, directora.

Poster original de la película Estados alterados

NOCHE DE PALOMITAS / EL ARTISTA

11 Mar

Descargue el programa del sábado 10 de marzo de 2012 con ERICK ESTRADA, director general de cinegarage.com

Música en Red Mayor / Noche de palomitas / El artista / 10 de marzo 2012

FÉLIX MENDELSSOHN-BARTHOLDY (1809-1847)

10 Mar

Obertura Las hébridas, o La gruta de Fingal, Op. 26

La enigmática isla de Staffa. A la derecha se ve la gruta de Fingal.

Poco tiempo después de haber celebrado su vigésimo cumpleaños, Mendelssohn aceptó la invitación de un amigo suyo, diplomático de carrera, de apellido Klingemann, para realizar un viaje a Londres. Gracias a los oficios de su tan importante colega fue que el joven músico pudo entrar en contacto con el ambiente social inglés y que a muy corto plazo le granjeó que muchas de sus partituras fueran escuchadas por el público londinense, como su Primera sinfonía Op. 11. Al concluir sus compromisos netamente profesionales Mendelssohn tomó sus maletas y decidió emprender un viaje por Escocia, y cuyas impresiones quedaron inmortalizadas en la Sinfonía escocesa. En su camino a los “highlands” escoceses se dio tiempo para visitar a Sir Walter Scott en Abbottsford y realizó un viaje bastante tormentoso para cruzar a la isla de Staffa, una de las tres islas conocidas como Hébridas (las otras dos son Iona y Mull). Y digo tormentoso tanto para Mendelssohn como con respecto al clima: las condiciones no eran precisamente las propicias para las embarcaciones, el oleaje se presentó de inmediato, el viento era inclemente, en fin. La única memoria perdurable en la cabeza del compositor fue el severo desorden físico que sufrió, al pasar todo el viaje con mareos, vómitos y todo lo que provocan los males del mar. Klingemann, el amigo del músico, relató así la llegada de ambos a uno de los lugares más significativos en esa isla, la famosa gruta de Fingal: “Es un lugar tan extraño, con todos esos pilares de la entrada que la hacen parecer un órgano inmenso, negro y resonante, y absolutamente sin ningún propósito, y con bastante soledad en los alrededores, corona al mar gris que lo rodea.”

Mendelssohn

Parece interesante anotar por qué la muy famosa gruta lleva el nombre de Fingal, así que un poco de historia no nos hará mal como paréntesis: Tal parece que, aunque para muchos resulta un mito, un hombre llamado Finn MacCumhaill (también conocido como Fingal), vivió alrededor del año 250 d.C y fue un general irlandés que comandó un ejército de guerreros valerosos y muy fieles (se dice que es el paralelo celta del rey Arturo y sus Caballeros de la mesa redonda). Supuestamente Fingal fue el padre de uno de los más tradicionales bardos: Ossian. Uno de los episodios más famosos de este mítico personaje relata su viaje desde Irlanda a Escocia, donde permaneció por el resto de su vida y donde sus actos y avatares fueron muy populares gracias a los poemas heroicos y canciones que las relataban. Así, la fama popular permitió que su nombre bautizara a otro de los iconos del paisaje escocés: aquella gruta que parecería haber sido esculpida por la mano del hombre pero que su belleza es únicamente obra de la fuerza de las olas. Cualquier crónica que pueda citarse acerca de cómo Mendelssohn se enamoró del poderoso sonido de las olas rompiendo al interior de la gruta de Fingal podrían tomarse como falacia hoy día. Por mucho que la impresión emocional fuera obvia en él para recuperarla y convertirla en una Obertura de concierto, en realidad Mendelssohn reportó en su diario de viaje que aquel lugar le parecía “algo asqueroso”, con el constante gotear dentro de la gruta y los interminables ecos que provocaban las voces de los visitantes. Por supuesto, el lugar es una belleza natural, pero hay que entender que el músico estaba muy enfermo por el mal tiempo y la pésima travesía vivida hacia la isla. Un año después de la experiencia escocesa –en 1830- el autor marchó a Italia donde pasó días bastante mejores (sin barcos ni mareos de por medio) y tuvo el tiempo en Roma de comenzar la composición de una Sinfonía (la llamada Italiana) y paralelamente puso punto final a la Obertura que, con carácter nostálgico pero igualmente solemne, majestuoso, relata en sonidos el ambiente de la gruta escocesa. Él mismo fue quien le dio a la obra el nombre doble de Las hébridas (el nombre de las islas), o La gruta de Fingal. El tema con que abre la partitura, en las voces graves de las cuerdas y los fagotes, recrean en cierta medida el desplazarse de las olas hacia la gruta; tema que es ampliamente conocido por todos nosotros al acompañar las imágenes en una caricatura de cierto cuervito torpe que caminaba pausadamente y, de vez en cuando, pegaba uno que otro brinquito. El estreno de la Obertura Las hébridas ocurrió en 1832 en Londres, junto con la primera presentación pública de su Obertura a El sueño de una noche de verano.

JOSÉ MARÍA  ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Félix Mendelssohn: Obertura Las hébridas o La gruta de Fingal

Versión: Orquesta Filarmónica de Viena. Christoph von Dohnányi, director

LEONARD BERNSTEIN (1918-1990)

1 Mar

Obertura a Candide

Leonard Bernstein trabajando en su estudio neoyorkino (1968)

Señoras y señores, su atención por favor: escucharán ustedes una de las Oberturas más espectaculares, coloridas y extrovertidas del repertorio musical del siglo XX: la Obertura Candide de Leonard Bernstein. Y si le parece que me “volé la barda” con tales expresiones, espere usted a disfrutarla para percatarse de que no digo mentiras (bueno, nada más a veces).

Justo es decir que la personalidad de Leonard Bernstein es acaso una de las más impactantes en ámbitos musicales tanto “clásicos” como populares: todo un fenómeno en la dirección orquestal, pianista de grandes dotes, administrador y organizador musical como sólo algunos, visionario en la mercadotecnia musical y -por si fuera poco- compositor de excelsa factura, autor de tres Sinfonías, música coral (donde sobresalen los Salmos de Chichester), piezas para piano, música para cine (On the waterfront -Nido de ratas-) y obras realmente célebres en el ámbito del teatro musical como Wonderful Town, On the Town, West Side Story y Candide.

Brillante, turbulenta, rica en matices y espectacular como la música de Bernstein también es la historia de Candide (Cándido), convertida en sonidos a partir del libro homónimo de Voltaire que -según dicen- fue quemado públicamente en Ginebra y prohibido en París al momento de su edición en 1759. Aquí se ridiculiza aquella filosofía de “Todo es para mejorar en el mejor de los mundos posibles” con una historia de risa loca en la que personajes van y vienen, mueren y reviven después de un rato, todo en la búsqueda por el optimismo. Bernstein, a petición de Lilian Hellman -autora del libreto- confeccionó una “opereta cómica”, “ópera ligera”, o como se quiera llamar, en la que los ánimos pasan de lo absurdo a lo serio con implacable maestría. Candide fue estrenada en diciembre de 1956 para los escenarios de Broadway, y los comentarios de la crítica se dividieron : unos afirmaban que los tintes operísticos de la obra no iban de acuerdo con la historia, mientras algunos otros decidieron que la puesta en escena era “demasiado clásica” para Broadway, para rematar con los que dijeron que el libreto era una grandísima bazofia. Debido a ello, Candide sólo alcanzó unas setenta y tres representaciones, que para los teatros neoyorquinos significó un rotundo fracaso.

La obra sufrió enormes modificaciones en texto y música hasta 1973, cuando Harold Prince discutió con la libretista y, haciéndole “manita de puerco”, la convenció de que modificara pasajes de su texto. Por otra parte, Bernstein compuso nueva música para los cambios y el encargado de ponerles letra fue el muy ilustre Stephen Sondheim, cercano colaborador de Bernstein en la inmortal West Side Story (Amor sin barreras). El triunfo estaba asegurado, y así Candide se mudó de los teatros de Broadway al Lincoln Center, donde la New York City Opera ofreció su “reestreno” en 1982.

La familia Bernstein. El músico con su esposa Felicia Montealegre y sus hijos Alexander y Jamie

La enorme virtud de Candide reside en su jocosa historia, pero también en la música imaginativa de Bernstein, quien echando mano de ritmos como el tango, la mazurka, el jazz, un vals, polkas y otras cosas, le dio vida a este personaje tan cándido (valga la expresión), tierno y absurdo. De ella se desprende la magnífica Obertura que encapsula “a la Verdi” momentos importantes de la obra escénica, utilizando una chispeante fanfarria al inicio que contrasta con una parte lírica sacada del dúo de Candide y Cunegonde “Oh Happy We” y para desembocar en una coda donde se cita el final del aria “Glitter and be Gay”.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Leonard Bernstein: Obertura a Candide

Versión: Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Leonard Bernstein, director.

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