FÉLIX MENDELSSOHN-BARTHOLDY (1809-1847)

10 Mar

Obertura Las hébridas, o La gruta de Fingal, Op. 26

La enigmática isla de Staffa. A la derecha se ve la gruta de Fingal.

Poco tiempo después de haber celebrado su vigésimo cumpleaños, Mendelssohn aceptó la invitación de un amigo suyo, diplomático de carrera, de apellido Klingemann, para realizar un viaje a Londres. Gracias a los oficios de su tan importante colega fue que el joven músico pudo entrar en contacto con el ambiente social inglés y que a muy corto plazo le granjeó que muchas de sus partituras fueran escuchadas por el público londinense, como su Primera sinfonía Op. 11. Al concluir sus compromisos netamente profesionales Mendelssohn tomó sus maletas y decidió emprender un viaje por Escocia, y cuyas impresiones quedaron inmortalizadas en la Sinfonía escocesa. En su camino a los “highlands” escoceses se dio tiempo para visitar a Sir Walter Scott en Abbottsford y realizó un viaje bastante tormentoso para cruzar a la isla de Staffa, una de las tres islas conocidas como Hébridas (las otras dos son Iona y Mull). Y digo tormentoso tanto para Mendelssohn como con respecto al clima: las condiciones no eran precisamente las propicias para las embarcaciones, el oleaje se presentó de inmediato, el viento era inclemente, en fin. La única memoria perdurable en la cabeza del compositor fue el severo desorden físico que sufrió, al pasar todo el viaje con mareos, vómitos y todo lo que provocan los males del mar. Klingemann, el amigo del músico, relató así la llegada de ambos a uno de los lugares más significativos en esa isla, la famosa gruta de Fingal: “Es un lugar tan extraño, con todos esos pilares de la entrada que la hacen parecer un órgano inmenso, negro y resonante, y absolutamente sin ningún propósito, y con bastante soledad en los alrededores, corona al mar gris que lo rodea.”

Mendelssohn

Parece interesante anotar por qué la muy famosa gruta lleva el nombre de Fingal, así que un poco de historia no nos hará mal como paréntesis: Tal parece que, aunque para muchos resulta un mito, un hombre llamado Finn MacCumhaill (también conocido como Fingal), vivió alrededor del año 250 d.C y fue un general irlandés que comandó un ejército de guerreros valerosos y muy fieles (se dice que es el paralelo celta del rey Arturo y sus Caballeros de la mesa redonda). Supuestamente Fingal fue el padre de uno de los más tradicionales bardos: Ossian. Uno de los episodios más famosos de este mítico personaje relata su viaje desde Irlanda a Escocia, donde permaneció por el resto de su vida y donde sus actos y avatares fueron muy populares gracias a los poemas heroicos y canciones que las relataban. Así, la fama popular permitió que su nombre bautizara a otro de los iconos del paisaje escocés: aquella gruta que parecería haber sido esculpida por la mano del hombre pero que su belleza es únicamente obra de la fuerza de las olas. Cualquier crónica que pueda citarse acerca de cómo Mendelssohn se enamoró del poderoso sonido de las olas rompiendo al interior de la gruta de Fingal podrían tomarse como falacia hoy día. Por mucho que la impresión emocional fuera obvia en él para recuperarla y convertirla en una Obertura de concierto, en realidad Mendelssohn reportó en su diario de viaje que aquel lugar le parecía “algo asqueroso”, con el constante gotear dentro de la gruta y los interminables ecos que provocaban las voces de los visitantes. Por supuesto, el lugar es una belleza natural, pero hay que entender que el músico estaba muy enfermo por el mal tiempo y la pésima travesía vivida hacia la isla. Un año después de la experiencia escocesa –en 1830- el autor marchó a Italia donde pasó días bastante mejores (sin barcos ni mareos de por medio) y tuvo el tiempo en Roma de comenzar la composición de una Sinfonía (la llamada Italiana) y paralelamente puso punto final a la Obertura que, con carácter nostálgico pero igualmente solemne, majestuoso, relata en sonidos el ambiente de la gruta escocesa. Él mismo fue quien le dio a la obra el nombre doble de Las hébridas (el nombre de las islas), o La gruta de Fingal. El tema con que abre la partitura, en las voces graves de las cuerdas y los fagotes, recrean en cierta medida el desplazarse de las olas hacia la gruta; tema que es ampliamente conocido por todos nosotros al acompañar las imágenes en una caricatura de cierto cuervito torpe que caminaba pausadamente y, de vez en cuando, pegaba uno que otro brinquito. El estreno de la Obertura Las hébridas ocurrió en 1832 en Londres, junto con la primera presentación pública de su Obertura a El sueño de una noche de verano.

JOSÉ MARÍA  ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Félix Mendelssohn: Obertura Las hébridas o La gruta de Fingal

Versión: Orquesta Filarmónica de Viena. Christoph von Dohnányi, director

Anuncios

Participe con su comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: