AMBROISE THOMAS (1811-1896)

5 Abr

Obertura de la ópera Mignon

Al referirnos a la historia de la música de concierto podemos pensar que todos los compositores han sido grandes, geniales, inmaculados y sin defectos. Intuimos que ellos fueron autores de obras maestras y que nunca escribieron mal una sola melodía. Todos brindaron perfección y majestuosidad a cada una de las músicas que escribieron. Pero… tenemos que ser cautos y darnos cuenta que los compositores y los músicos en general, por muchos superlativos que puedan tener, también son seres humanos y los envuelve la cotidianeidad como a cualquier mortal. Resulta increíble, entonces, conocer historias verdaderas que nos presentan a un Antonio Vivaldi (1678-1741) retomando una misma melodía o pasaje musical en diversas obras; o aquel Gioacchino Rossini (1792-1868) a quien le deba pereza escribir una breve obertura para una ópera ya terminada y de prácticamente tres horas de duración; o el caballero ruso Anatol Liadov (1855-1914) que dejó plantados muchos proyectos (a él se le ofreció componer, en primera instancia, El pájaro de fuego) y sólo era capaz de escribir miniaturas musicales.

Ambroise Thomas (circa 1850)

Quizá otro ejemplo podría ser el del compositor Ambroise Thomas. Nacido en Metz, Francia, en 1811, se educó en el Conservatorio de París donde siempre fue galardonado con importantes premios en la ejecución del piano y llegó a recibir el Premio de Roma en 1832. Escribió veinte óperas de las cuales sólo sobreviven en los carteles mundiales Mignon (1866) y Hamlet (1868). Aún así, fue un hombre muy respetado y en 1871 se convirtió en el director del Conservatorio parisino. Entonces, ¿por qué dejamos ver que Thomas podría ser equiparable a un “compositor de mediana estatura”? Un escritor no identificado mencionó con respecto a la ópera Mignon que su música es “para corazones susceptibles de emociones honestas y para el público de capacidades asimilativas promedio que sólo gustan de melodías fáciles de comprender.” Ello es citado de un acucioso estudio de David Ewen al respecto del compositor en cuestión. En efecto, existen muchas historias y crónicas, especialmente de los libretistas de las óperas de Thomas, en donde consta que aunque él era capaz de desarrollar números vocales de gran atractivo y escenas que casi rayan en lo genial, la capacidad creativa de este hombre tenía serias limitaciones. Se dice que, si alguna de sus óperas resultaba un éxito, era gracias a que los libretistas creaban un trabajo sencillo de asimilar a partir de un texto original complejo, y le proporcionaban atisbos al músico para el tratamiento de cada una de las escenas. Pero, en general, el grueso de la producción de Thomas carece de un cuerpo definido y sólido. Ese es justamente el caso de la ópera cómica Mignon, estrenada en la Ópera Cómica de París el 17 de noviembre de 1866, con un libreto de Michel Carré y Jules Barbier basado en la novela Wilhelm Meisters Lehrjahre de Goethe (1749-1832). Aquí encontramos cómo los libretistas transformaron la complejidad de discurso de Goethe en algo más melodramático para que el compositor pudiera trabajar. El resultado: una serie de escenas interesantes, muchas de gran inspiración, pero con poca cohesión entre sí. En brevísima retrospectiva, Mignon es la historia de una joven campesina que, al final de la ópera, comprendemos que es la hija perdida de Lothario (un juglar) y que se enamora de un estudiante errante de nombre Wilhelm Meister; ambos la salvan de perder la vida y son muy felices por siempre jamás. Para muchos, el indudable éxito de Mignon en los escenarios franceses reside en que puede “disculpársele” no tener una gran cohesión por estar diseñada como “ópera cómica” en la que existen diálogos hablados (transformados por el propio autor en recitativos para algunas representaciones). De hecho, Ambroise Thomas fue el único compositor de ópera en la historia que fue agraciado con estar presente en la representación número 200 de una de sus obras, precisamente Mignon, lo cual ocurrió en 1894 y en cuya ocasión se le presentó al autor el Gran Cordón de la Legión de Honor por parte del gobierno francés.

La Obertura de esta ópera puede ser tomada como caso aparte de todo lo que aquí se ha expuesto de Thomas. Su gran popularidad reside en su frescura y carácter sonriente, y encapsula algunas de las melodías más interesantes de la obra. La introducción presenta la canción de cuna que el juglar le canta a Mignon; una cadencia en el arpa nos lleva a la famosa aria de Mignon “Connais-tu, le pays?” en el corno francés, al termino de la cual irrumpe la polonesa de Philine “Je suis Titania” y cierra la Obertura con un carácter de danza que es escuchado en el acto III de la ópera.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Ambroise Thomas: Obertura de la ópera Mignon

Versión: Orquesta Filarmonía de Londres. Antonio de Almeida, director.

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