Archivo | mayo, 2012

PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)

30 May

Serenata para orquesta de cuerdas en do mayor Op. 48

  • Pezzo in forma di sonatina. Andante non troppo – Allegro moderato
  • Vals. Moderato, tempo di valse
  • Elegía. Larghetto elegiaco
  • Finale (tema ruso). Andante – Allegro con spirito

La historia del Opus 48 de Tchaikovsky comenzó cuando su editor, de apellido Jürgenson, le solicitó al músico una nueva Sinfonía y a cambio Tchaikovsky le envío… ¡una Serenata! Para sorpresa del solicitante el autor insistió: “No se si es porque se trata del más joven de mis hijos o porque en realidad no es tan mala, pero verdaderamente estoy enamorado de mi Serenata.” En el año de su composición -1880- el ruso continuaba la extraña relación que sostenía con su mecenas, la Sra. Von Meck, y al terminar su Serenata le escribió: “Deseo con todo mi corazón que pueda escuchar (la obra) correctamente interpretada… y creo que el movimiento central, tocado por los violines, ganará su comprensión.”

Tchaikovsky fotografiado por Alfred Fedecki Khar’kov el 14 de marzo de 1893

La pasión que sentía Tchaikovsky por esta música estaba basada en un homenaje (más que evidente) a Mozart, su ídolo de toda la vida, especialmente en el primer movimiento tratado como una sonatina y que además “es una imitación intencional de su arte” según él. Recordemos que también rindió homenaje al genio de Salzburgo en otras partituras como la Suite Núm. 4 “Mozartiana” y en cuanto a la forma en las Variaciones rococó para cello. Pero la Serenata para cuerdas es también un gran recuerdo sonoro de la música de salón vienesa en el siglo XVIII. Así, esta obra comienza con un tema parecido a un coral encadenado al robusto tema que da cuerpo al movimiento; el segundo movimiento es una de las piezas más conocidas de Tchaikovsky, un Vals lleno de gracia que flota por los aires con especial encanto; el trozo siguiente es una Elegía muy intima y elaborada a partir de dos melodías alternadas. La última parte de la Serenata abre con una introducción lenta que desemboca en dos temas rusos, el segundo de los cuales es una canción popular del distrito de Kolomna, y es interrumpido por una reiteración del coral inicial y todo termina con una espectacular stretta retomando la segunda melodía rusa.

Esta Serenata ha gozado de gran éxito desde su estreno, que estuvo a cargo de Eduard Nápravník en 1881; y es válido mencionar que aunque las serenatas en aquellos tiempos eran protagonizadas por instrumentos de aliento, la de Tchaikovsky posee un peculiar colorido al haber sido pensada sólo para cuerdas, como también lo hiciera el compositor checo Antonín Dvorák cinco años antes con la primera de sus dos Serenatas: la Opus 22.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Piotr Ilich Tchaikovsky: Serenata para cuerdas en do mayor Op. 48

Versión: Orquesta de Filadelfia. Eugene Ormandy, director

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HECTOR BERLIOZ (1803-1869)

20 May

Retrato de Berlioz realizado por Gustave Courbet en 1850

Obertura a Benvenuto Cellini

Existía un personaje italiano del Siglo XVI cuya personalidad tenía un gran parecido con la impresionante vida del francés Héctor Berlioz: él era Benvenuto Cellini, escultor, aventurero, héroe militar, extraordinario amante y hasta asesino. Tanto el renacentista Cellini como “el músico del futuro” Berlioz poseyeron almas independientes, siempre en contra de lo establecido en las artes; ambos estuvieron sujetos a pasiones en exceso y a las violentas acciones que estas trajeron aparejadas.

En fin; Berlioz sintió cercanas las vivencias de este señor en 1831 cuando, en viaje por Florencia (Italia) se quedó pasmado ante la escultura de Perseo, del propio Cellini, y al obsesionarse con su inmensa capacidad artística, comenzó a hacer investigaciones a fondo de su vida, especialmente al leer en 1833 su Autobiografía. Fue así que el compositor decidió que ese podría ser un buen tema para una ópera en la que puso manos a la obra al año siguiente de sus pesquisas sobre Cellini y que se convertiría en la primera gran ópera de Berlioz.

El estreno tuvo lugar en la Ópera de París el 10 de septiembre de 1838, ante un público que desaprobó enormemente la nueva partitura y que estuvo a punto de comenzar un zafarrancho. Después del tremendo fracaso inicial, Benvenuto Cellini volvió a representarse sólo unas tres veces más y con muy pobre asistencia, para posteriormente caer en el olvido. Y aunque la ópera completa aburrió y enfureció al público, lo que más llamó la atención de los presentes en el estreno fue la Obertura, que -en palabras de Berlioz- obtuvo un “aplauso exagerado”.

En esta fantástica pieza orquestal, Berlioz utiliza algunos de los temas fundamentales que pueden ser escuchados durante la ópera. La acción tiene lugar en la Romarenacentista en tiempos de Carnaval; el tema que abre es un retrato musical del propio Benvenuto Cellini, y después de una breve pausa se hace presente un tema del tercer acto “A tous péchés”, de carácter solemne que es cantado por el personaje del Papa Clemente VII durante la ceremonia de absolución de los pecadores. De pronto, regresa el vivaz tema de Cellini y el Carnaval, combinado con un tema que corresponde al del arlequín, y que nos lleva a un segundo tema lírico, aquel del dúo de amor de Cellini y su amada Teresa a cargo de los instrumentos de aliento.

Quizá la definición del director de orquesta Felix Weingartner es muy apropiada, al considerar a la Obertura Benvenuto Cellini como una pieza “con cinco grandes temas, todos ellos llenos de plasticidad, originales, de admirable artesanado, variados en su forma y que se elevan gradualmente a un punto culminante para terminar con un efecto intenso”.

Berlioz dirigiendo (grabado de la época)

Obertura a El corsario

Por mucho que deseemos pensar en que la vida estrictamente parisina fue la responsable directa del estallido de emotividad y creatividad del gran Héctor Berlioz, podremos percatarnos con la solaz lectura de sus Memoires que más de un país ajeno a él tuvo que ver en la composición de algunas de sus más importantes partituras. En ese sentido, es importante citar Inglaterra y el nombre de una de sus “súbditas”: la finísima Harriet Smithson, quien fue el dolor de cabeza del compositor durante varias décadas al enamorarse perdidamente de ella durante una representación en París de Hamlet; y, de hecho, gracias a ella, surgió la Sinfonía Fantástica (que tanto gusta), como homenaje al onírico y casi irrealizable amor que sentía el entonces joven Berlioz. Pero Italia también tuvo mucho que ver en las influencias emocionales de este hombre, principalmente cuando llegó a la Ciudad eterna a los veintisiete años de edad gracias al famoso Premio de Roma. Básicamente, y como se lo mencionó a Wagner en alguna carta veinte años después de ese acontecimiento, la principal influencia en Berlioz fue –como era de esperarse- el paisaje italiano y su fresca naturaleza, además que fue el lugar donde entró en contacto con las obras de Virgilio, Byron, Shakespeare y, en una sola frase, se embriagó con la exquisita atmósfera italiana. De ahí, produjo lo que constituyó su primera ópera, Benvenuto Cellini, la historia de un aventurero durante los tiempos de la Roma renacentista en tiempos de carnaval. Justamente cuando Berlioz empacó sus maletas rumbo a Roma (1830), encontró el amor en una joven pianista de nombre Camille Marie Moke. Cuatro meses más tarde del tórrido y fugaz encuentro le llegaron noticias a Italia de que su nueva amada se casaría con alguien más (¿dónde he escuchado eso?), lo cual inflamó sus sentimientos y pensó de manera arrebatada en quitarse la vida en Genoa. En su desenfreno, comenzó a viajar por todo el país con el ánimo de encontrar paz para su alma; así, llegó hasta Niza donde decidió quedarse unas tres semanas en la torre de roca en ruinas conocida como (justamente) La torre de Niza, con una envidiable vista al mar. Unos doce años después, ya un poco más tranquilo del amargo desamor, recordó sus vivencias y puso manos a la obra para componer la Obertura El corsario, misma que él revisó una y otra vez al paso de los años hasta tener su versión final en 1855. Como es obvio en toda la producción orquestal de Berlioz, en El corsario consiguió una pieza virtuosa, de gran colorido y fuerza expresiva.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descargas disponibles:

Hector Berlioz: Obertura Benvenuto Cellini

Versión: Orquesta Sinfónica de Boston. Charles Munch, director.

Hector Berlioz: Obertura El corsario

Versión: Orquesta Sinfónica de Londres. Sir Colin Davis, director.

ALBAN BERG (1885-1935)

9 May

Concierto para violín y orquesta: A la memoria de un ángel

  • Andante; Allegretto
  • Allegro; Adagio

Alban Berg

Todas las obras musicales contienen, de muy diversas formas, los intereses públicos y privados de los compositores. En ocasiones es irrelevante contemplar cómo la vida privada de un autor puede haber delineado una pieza musical. A veces dejan huellas o códigos muy obvios. Las obras de Schumann están llenas de referencias a su esposa Clara. Elgar representó a sus amigos en las Variaciones Enigma. Pero en 1977 muchos músicos se sorprendieron al saber que la Suite Lírica de Alban Berg, contenía un programa oculto que revelaba el amor clandestino de Berg por Hanna Fuchs-Robettin, la esposa de un industrial de Praga, y que las notas en la página estaban usualmente regidas por los ‘números’ personales de los amantes, o referencias a los hijos de Hanna, o a párrafos de poesía que compartían con especial y secreto afecto.

Desde entonces sabemos que el Concierto para violín de Berg presenta un caleidoscopio de asuntos públicos y vidas privadas aún más complicado. El ‘reparto’ es muy distinguido. Comenzamos con Alma Mahler. Después de la muerte de su marido -y posterior a un breve affaire con Oskar Kokoshka- ella se casó con el arquitecto Walter Gropius. El 22 de agosto de 1916, Berg escribió a su esposa Helene que había pasado una velada en casa de los Gropius. Tocó su Sonata para piano para Alma y, después de una cena de pollo frío, también tocó algunas de sus canciones; él salió a las once, muy apenado por haberse quedado tanto tiempo y estando Alma embarazada. Seis semanas después nació una niña: Manon. Dos años más tarde Alma se divorció de Gropius y en 1929 se casó con el novelista Franz Werfel, quien era el hermano de Hanna Fuchs-Robettin. En abril de 1934 Manon Gropius contrajo polio. Alma estaba desconsolada por Mutzi, como la llamaba, era ‘un ser de cuento de hadas; nadie podía verla sin enamorarse de ella. Era el ser humano más hermoso en todos los sentidos. Combinaba nuestras mejores cualidades. Nunca he visto tal capacidad divina para amar, tal poder creativo para expresarlo y vivirlo.’

Manon Gropius

En enero de 1935 un joven violinista estadounidense llamado Louis Krasner entró en escena. Se había quedado abrumado con una presentación de Wozzeck en Nueva York y posteriormente al escuchar la Sonata de Berg en Viena. Entonces, él se acercó al compositor para solicitarle un concierto para violín. A Berg no le interesó al principio. Asumió que Krasner deseaba una pieza virtuosa -como algo de Wieniawski o Vieuxtemps. ‘Sabe, ese no es mi tipo de música’, contestó Berg. Pero Krasner mencionó a Mozart y Beethoven en esa conversación y señaló: ‘Los ataques hacia la música dodecafónica en todas partes dicen que es música cerebral, sin sentimientos o emociones… Piense en lo que significaría para el movimiento de Schoenberg si un concierto para violín de Alban Berg triunfara al derribar el antagonismo de aquel chliché de cerebral y sin emociones.’

Berg aceptó días después, sabiendo que aún tenía trabajo pendiente en la partitura de la ópera Lulú. Krasner regresó a los Estados Unidos. Supo por sus amigos vieneses de la presencia de Berg en varios recitales de violín. El 28 de marzo Berg le escribió a Krasner que escribiría el Concierto durante el verano en su casa de Worthersee; y le hizo notar que Brahms había compuesto su Concierto para violín justo cruzando el lago, en Portschach. El 22 de abril Manon Gropius murió a causa de poliomielitis. Cuando Berg se enteró le llamó a Alma y preguntó si podía dedicar su nuevo Concierto a Manon. Es muy probable que Berg no hubiera tenido ni un bosquejo de la obra en ese momento; así que entonces comenzó a escribir vertiginosamente.

La tumba de Manon Gropius y de su madre, Alma Mahler (o, en realidad, Alma Schindler).

Con la ayuda de Krasner, quien visitó a Berg ese verano, el esquema del Concierto estuvo listo el 15 de julio y la orquestación el 12 de agosto. Debido a ello, Berg le dijo al violinista: ‘Nunca he trabajado tan duro en mi vida y, más aún, con una labor que me ha dado inacabable placer.’

No sabemos cuando fue que Berg decidió incorporar a su obra una canción folklórica carintia y un coral de Bach. Al comenzar ese verano le solicitó a Willi Reich que le llevara colecciones corales de Bach; parece que ya había puesto en la mira el coral Es ist genug! (¡Es suficiente!) queriendo analizar la armonía de Bach. El texto rendía homenaje a Manon: ‘…Voy a mi hogar celestial, / Seguramente viajaré en paz,/ Mi gran angustia permanecerá en el inferior.’

El sugerente texto de la canción carintia, que Berg nunca anotó en la partitura, tiene algún significado oculto. Éste dice:

Un ave en el ciruelo me ha despertado,

de otra forma hubiera dormido en la cama de Mizzi

Si todo el mundo desea una muchacha rica y bella

¿De dónde sacará el demonio a la fea?

La chica es católica y yo protestante

¡Seguramente dejará el rosario en la cama!

Hacia 1982, Douglas Jarman encontró que ese texto es, en realidad, una confesión enterrada en lo ambiguo de las notas musicales: la aventura que tuvo Berg con Marie Scheuchl, conocida como Mizzi, quien trabajaba como servidumbre en la casa de Berg cuando él era apenas un mozo y que dio a luz a su hija ilegítima en la primavera de 1902.

Portada del manuscrito del Concierto para violín de Alban Berg

Así, este Concierto tuvo diversos significados: para el violinista, como mausoleo sonoro para la hija de Alma Mahler y uno más: el de los amores ilícitos de Berg. Sin embargo, el significado más arrollador es que ese Réquiem para Manon fue el propio Réquiem de Berg. Algo sentía el músico en su interior cuando su esposa le rogaba que bajara el ritmo de trabajo, y él contestaba: ‘No puedo detenerme -no tengo mucho tiempo.’ El Concierto para violín es la última obra terminada de Berg y él no vivió para escucharla. Su salud fue siempre inestable al sufrir de alergias y asma. Mientras trabajaba en el Concierto, una picadura de avispa se convirtió en un doloroso absceso. La infección fue tal que el 17 de diciembre de ese año fue hospitalizado, falleciendo de septicemia en las primeras horas del día 24. El canto del cisne de Berg fue estrenado el 19 de abril de 1936 en Barcelona con Louis Krasner y la batuta de Hermann Scherchen.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Alban Berg: Concierto para violín y orquesta

Versión: Ivry Gitlis, violín. Sinfónica Pro Música de Viena. William Strickland, director

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