Archive | octubre, 2012

EDICIONES “MARTES DE OBERTURAS” CINCO

28 Oct

Les compartimos el QUINTO álbum digital de la muy gustada serie de Música en Red Mayor

MARTES DE OBERTURAS CINCO

MARTES DE OBERTURAS CINCO (PORTADA)

MARTES DE OBERTURAS CINCO (CONTRAPORTADA)

MARTES DE OBERTURAS CINCO (ÁLBUM)

MARTES DE OBERTURAS CINCO (PORTADA Y CONTRAPORTADA EN PDF)

CLAUDE ACHILLE DEBUSSY (1862-1918)

21 Oct

Petite Suite  (Pequeña Suite)

  • En bateau (En barco)
  • Cortège (Cortejo)
  • Menuet
  • Ballet

Debussy en el Grand Hotel de Eastbourne (Inglaterra) a punto de sacar una fotografía.
(Debido a que fue huesped frecuente de ese hotel se nombró en su honor a una Suite como “Debussy”).

Al escribir (o confeccionar, como me gusta decir a mi) notas al programa uno puede llegar a influir en el ánimo del público para la audición musical, además de proporcionar los consabidos datos “musicológicos” que nos permitan saber cómo, cuándo, por qué y para qué fue escrita la obra referida. Para hablar de la Petite Suite de Debussy me tomaré la libertad de sugerirle que primero escuche la música y posteriormente lea la presente nota (si lo desea, claro); con ello trataremos de hacer un experimento en el que pondremos a prueba nuestra capacidad de “visualizar” los sonidos. Si usted imaginó después de escuchar la Petite Suite un barco navegando lentamente en una cálida tarde de verano en la primera sección, un cortejo elegante y lleno de algarabía en la segunda, continuando con un danza ejecutada casi con timidez y para terminar con algo parecido a una exacerbada escena de ballet, me congratulo en decirle que usted se sacó un “diez” y Claude Debussy logró su cometido artístico. Justamente eso fue lo que este compositor francés imaginó al concebir las cuatro piezas que integran su Petite Suite, escrita a su regreso de Roma en 1889. El título es justificado en dos sentidos: es Suite en cuanto a que es una colección de piezas de carácter distinto -en este caso de danzas características- en el espíritu de la Francia de fin del siglo XIX y no tanto con la acepción de una Suite en el barroco; y por otro lado, aquello de Petite (o Pequeña) alude a que esta música es de dimensiones minúsculas, además de que su sencillez en expresión nos permite disfrutar de ella sin mayores problemas.

Gozoso, ahora le explico el contenido de la Petite Suite: En bateau (En barco) es una típica “barcarola” en 6/8 y con forma ternaria, y en la que los arpeggios en el arpa nos sugieren el movimiento del agua al paso de la embarcación, sobre lo cual flota una deliciosa melodía llena de nostalgia. La segunda pieza, el Cortejo, está dentro del ambiente de una “polonesa” también en forma ternaria, siendo la sección central a la manera de un scherzando y que nos lleva con regocijo y acordes pomposos al final. El Menuet que sigue tiene poco en común con el Minuet como lo conocemos del clasicismo vienés. Y el Ballet que concluye la Suite es de una frescura inusitada y con un elegante vals francés en la sección central, con ecos de aquellos grandes ballets de Leo Delibes. Debussy compuso originalmente la Petite Suite para piano a cuatro manos, siendo orquestada posteriormente por Henri Büsser con significativo respeto por la estética de Debussy, lo cual es comprensible si tomamos en cuenta que Büsser fue amigo cercano y asistente del autor de Pelléas y Melisande y El mar.

Intentando que la música de Debussy “influya” en esta nota al programa, es mi deseo ponerle ahora punto final y dejarla como la Suite que acaba de escuchar: Petite.

Descarga disponible:

Claude Debussy: Petite Suite

Versión: Orquesta Nacional de la Organización de la Radio y la Televisión Francesas. Jean Martinon, director.

Printemps (Primavera)

Debussy y su mejor amiga Rosalie Texier (con quien posteriormente contrajo nupcias)

Todos sabemos perfectamente que Debussy es considerado como el iniciador del movimiento musical impresionista, y que se desarrolló en una época incitante en Francia paralelamente al impresionismo pictórico (cuyos principales exponentes fueron Rodin, Monet, Renoir, Degas, Seurat y Cézanne, quienes siguieron los preceptos de su profesor Manet), animado igualmente por nuevas tendencias literarias, promovidas especialmente por el ultra-naturalismo en las novelas de Emile Zola.

Si debemos recordar cuáles son los fundamentos del impresionismo pictórico, basta señalar que fue una técnica pictórica que consiste en el empleo de pinceladas yuxtapuestas de tonos puros, que forman una textura de toques de color, con una ausencia importante del negro. De carácter paisajista, los pintores impresionistas intentaron plasmar directamente las sensaciones físicas de la naturaleza a su alrededor con breves pinceladas y con una atmósfera vaporosa como nunca antes se había utilizado. El caso es que, así como podemos describir someramente dicha técnica (y cuyo sentido se comprende mejor al tener frente a frente a cualquiera de las creaciones de los pintores arriba mencionados), hablar de la música de Debussy nos lleva a utilizar la misma terminología; pero sus pinceladas son totalmente sonoras, por lo que podemos hablar de este compositor francés como el más vasto “pintor” impresionista.  Esto es manifiesto, especialmente, en sus partituras orquestales, utilizando una fascinante paleta de color que le permitió llegar a una experimentación sonora de importancia capital en la transición de la música del siglo XIX al XX. Si Debussy requiere de alguna definición más específica, más allá de las palabras, sólo hay que encontrar su significado en músicas tan atmosféricas como el Preludio a la siesta de un fauno, El mar, los tres Nocturnos, las Imágenes y Jeux (Juegos), sin olvidar su ópera Pelléas y Melisande, además de la pieza escénica El martirio de San Sebastián.

Un lugar común en la producción debussista es la representación musical de una de las estaciones del año más vivas y coloridas: la primavera. En este sentido, encontramos en sus Imágenes para orquesta las Rondas de primavera; igualmente una breve pieza para coro femenino con acompañamiento instrumental –concebida en su juventud- llamada Salut Printemps (Saludos, primavera), y otra obra que alude a la misma estación del año, y justamente creada en los tiempos de la obra coral referida, y cuyo título es, llanamente, Printemps.

Los antecedentes de dicha partitura se remontan a la época que Debussy pasó en Roma, luchando por hacerse de un lugar en el medio artístico a través de sus participaciones como concursante en el Premio de Roma, un certamen bastante codiciado, que curiosamente en toda su historia no otorgó ningún primer premio a compositores bien conocidos por todos hoy día. El período romano de Debussy comenzó en 1882 cuando presentó, justamente, su breve “cantata” Salut Printemps, sobre un texto que el mismo jurado seleccionó (en este caso –y, para ser francos, en muchas de las obras para el concurso- se eligió un texto del Conde de Ségur). El veredicto del jurado fue contrario a Debussy, pues su juicio artístico era, a todas luces, radicalmente diferente a lo que el francés poseía en su estética que, aunque joven aún, ya estaba mostrándose en ebullición hacia el futuro. El caso es que Salut printemps no ganó premio alguno, pero el compositor no se desmoralizó e intentó nuevamente en 1883 con otra pieza coral sobre un poema del ciclo Harmonies poétiques et religieuses de Lamartine: Invocación. Como era de esperarse, la fortuna no estuvo del lado de Debussy, y volvió a fallar en su participación. Fue hasta 1884, cansado de poner tantas energías en el Premio de Roma, que el compositor recibió el primer lugar del concurso por su cantata El hijo pródigo. Aún así, el ánimo del músico quedó muy afectado, como él mismo lo indicó en una carta: “Si me hubiera quedado en Roma me hubiera autodestruido; desde que llegué a este lugar mi espíritu está muerto, y lo que más deseo es trabajar en algo fuerte y que sea totalmente mío.”

El joven Claude Debussy en una fotografía posterior a ganar el Premio de Roma y justo antes de su regreso a París.

A su regreso a París Debussy puso manos a la obra y creo lo que tanto necesitaba: una obra que apelara a sus sentidos y a su carácter estético. El resultado fue la Suite sinfónica Printemps, cuyas claras innovaciones sonoras levantaron cientos de comentarios encontrados en los círculos artísticos parisinos. Hubo quien dijo por ahí: “La Academia espera en un futuro algo realmente excepcional de un compositor con tanto talento como Monsieur Debussy.” La primera versión de Printemps está pensada para voz y dos pianos, teniendo como principal materia sonora aquella de Salut printemps de 1882. La orquestación la realizó Henri Büsser en 1913 (quien también fue responsable de orquestar la Petite suite) concibiendo la participación de las voces como meros instrumentos solistas al interior de la masa orquestal, respetando la parte pianística y haciéndola parte integral del discurso total. Y lo cierto es que, según anotan los entendidos, la partitura original fue destruida en un incendio, y únicamente pudo reconstruirse a partir de los manuscritos de Debussy para que Büsser la orquestara.

La idea principal de esta pieza de Debussy es recrear con sonidos La alegoría de la primavera de Botticelli (recordemos que Respighi también lo hizo, con gran éxito, en su Trittico Botticceliano). La música nos deja ver ya algunas pistas de lo que Debussy logró en 1894 con el Preludio a la siesta de un fauno; sin embargo, James Harding insiste en que en Printemps hay muchas influencias, y muy notorias, de la música de Massenet y Franck, con algunos procedimientos armónicos derivados de Wagner. Lo más impresionante de todo es que los cultos jueces de la Academia de Bellas Artes insistieron que en Printemps podía escucharse “un vago impresionismo, de dimensiones peligrosas.” Lo que no sabían ellos es que, al referirse a Debussy como un impresionista, se estaban adelantando al futuro del autor, y no lo estaban perjudicando, sino al contrario. La originalidad del entonces joven francés ya estaba dando cosas qué decir.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Claude Debussy: Printemps

Versión: Orquesta Nacional de la Organización de la Radio y la Televisión Francesas. Jean Martinon, director.

SIR EDWARD ELGAR (1857-1934)

11 Oct

Concierto para violoncello y orquesta en mi menor, Op. 35

  • Adagio-Moderato
  • Lento-Allegro molto
  • Adagio
  • Allegro, ma non troppo

Sir Edward Elgar (1931)

Lo mejor de la creatividad de Elgar vio la luz en un período relativamente breve. Muchas de sus mejores obras fueron escritas antes de la Primera Guerra Mundial, como sus Sinfonías, obras vocales, tres grandes obras de cámara y su Concierto para violoncello y orquesta.

Esta última obra fue terminada en el verano de 1919 y recibió su estreno en la Queen’s Hall de Londres en octubre de ese año, con Elgar en la batuta y el cellista Felix Salmond, quien colaboró con el autor en el proceso creativo de la obra, especialmente en lo que se refería a la técnica del instrumento.

Para su mala fortuna, ambos no tuvieron el tiempo necesario de ensayos, por lo que la primera audición del Concierto fue poco satisfactoria para muchos. Aún así, el tiempo ha sabido colocar a esta partitura como uno de los ejemplos más acertados del repertorio romántico para el violoncello junto a los Conciertos de Schumann, Saint-Saëns y Dvorak.

El elemento fundamental y obvio a cualquier oído en el Concierto de Elgar es la enorme melancolía que emerge de él, y que en estricto sentido es una despedida musical al mundo, un canto del cisne que también puede ser interpretado como el irremediable fin de toda una época en esa Inglaterra, al sufrir un cambio tajante a causa de la Primera guerra mundial.

Pero ¿por qué era éste el canto del cisne del propio Elgar? Ocurrió que poco después del estreno del Concierto para violoncello, la esposa del compositor, Caroline Roberts, dejó de existir y lo cual provocó una enorme depresión en el músico, al grado de decidirse voluntariamente por el retiro en el campo, y de manera ocasional llegaba a escribir una que otra pieza, que de ninguna manera se equiparan a la grandeza de sus obras más célebres. Prácticamente el silencio de Elgar duró catorce años, justamente el tiempo que le restaba de vida. El musicólogo ingles Michael Kennedy informa al respecto: “… Elgar escribió en 1917: ‘Todo lo bueno y agradable y limpio y fresco y dulce se ha ido -para nunca regresar.’ En ese año, exhausto mental y físicamente, rentó un cottage, Brinkwells, cerca de Fittleworth en Sussex. Y en la soledad campirana compuso tres obras de cámara (su Sonata para violín y su Cuarteto para cuerdas, ambos en mi menor como el Concierto para cello) y un Quinteto con piano.”

Elgar dirigiendo la grabación de su Concierto para cello con Beatrice Harrison (1920)

Es así que el espíritu de este inglés, quizá como una premonición de lo que habría de ocurrir en su vida futura, relató con inigualable maestría su especial sentimiento por la existencia humana, sobre todo en el evocador primer movimiento de la obra, con su sombrío recitativo para el violoncello solista.

Al paso de los años, este Concierto de Elgar ha encontrado un nuevo elemento de nostalgia, que logra conmover hasta al más indiferente: la interpretación que llevaron al mundo del disco la cellista Jacqueline Du Pré y el director Sir John Barbirolli. Este enorme documento sonoro no sólo sorprende, emociona, cautiva y hace derramar lágrimas, sino que la triste historia de la hoy desaparecida Du Pré (esposa del pianista y director Daniel Barenboim), con todo su sufrimiento físico al acercarse el fin de su vida provocado por la esclerosis múltiple, se conjuga con la obra de Elgar al grado de formar un binomio que sólo el final de los tiempos podrá desvincular.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

P.S.- A principios de 1999 el director inglés Anand Tucker presentó su película Hilary y Jackie, con Emily Watson y Rachel Griffiths. En ella se narra la historia de celos y amor entre las hermanas Du Pré, y el desenlace de la misma con la muerte de la virtuosa cellista. En ella, el tema musical recurrente corresponde al primer movimiento del Concierto de Elgar; y en la banda sonora aparece la interpretación de Jacqueline Du Pré y Barenboim en la batuta. Filme harto conmovedor (hasta las lágrimas, en serio) que es muy recomendable para sensibilizarse más con la vida de la cellista y la maravillosa música de Elgar.

Descarga disponible:

Sir Edward Elgar: Concierto para violoncello en mi menor Op. 85

Versión: Jacqueline du Pré, violoncello. Orquesta Sinfónica de Londres. Sir John Barbirolli, director.

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