Archivo | diciembre, 2012

PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)

30 Dic

Manfredo, Op. 58

Una Sinfonía en cuatro cuadros sobre el poema dramático de Lord Byron

  • Lento lúgubre – Moderato con moto – Andante
  • Vivace con spirito
  • Andante con moto
  • Allegro con fuoco
Lord Byron

Lord Byron

George Gordon Noel Byron (1788-1824), conocido simplemente como Lord Byron, fue un poeta que se ganó un lugar privilegiado en las letras europeas al ser reconocido, a través de su poesía, como el máximo símbolo de la inspiración romántica. Sus obras muestran una vena inflamada de melancolía delirante y atormentada, y cuyos grandes aportes al estallido de la imaginación poética romántica al iniciarse el siglo XIX fueron alabados por poetas como Goethe y Mazzini al considerarlo “el epítome de la época”. Entre sus piezas más célebres se encuentran una versión de Don Juan, El Corsario, La peregrinación de Childe Harold, La prometida de Abydos y Manfredo; ésta última fue concebida por Byron al abrigo de los paisajes que rodean a la ciudad suiza de Berna, durante uno de sus numerosos e ilustrativos viajes que realizara con su compañero John Cam Hobhouse. Regresando a aquel drama poético que Byron imaginó sobre la figura de Manfredo, puede decirse que éste guarda cierta similitud con el mito de Fausto, pero aquí adornado por todos los sentimientos de culpa que el personaje llevaba a cuestas al igual que su autor; todas esas frustraciones eran producto de la postura romántica de Byron y que se reflejaron en su texto con las siguientes palabras: “El hombre es mitad polvo, mitad deidad, igualmente incapaz de hundirse que de volar.”

Tchaikovsky

Tchaikovsky

Cargado de suspiros y sufrimientos, el drama Manfredo fue publicado el 16 de junio de 1817. Gracias a una interpretación del Haroldo en Italia de Berlioz (basado en Lord Byron) el mentor del Grupo de los cinco rusos y gran promotor cultural Vladimir Stasov, decidió proponerles a sus colegas compositores la elaboración musical de uno de los poemas de Lord Byron, especialmente el de Manfredo. ¿Quién sería aquel personaje que podría dar vida por medio de sonidos al infausto Manfredo? ¿Quién compartiría con el personaje (y el poeta) esas frustraciones, culpas, tristezas, sinsabores y desalientos? Parece que Manfredo y Piotr Ilich Tchaikovsky fueran la misma persona.

Tchaikovsky tuvo que correr junto al lecho de su amigo Josef Kotek (el violinista) quien estaba moribundo en Suiza. En esos momentos de incertidumbre, que disculparon al compositor para escribir cualquier cosa, él se dio tiempo suficiente para leer a Lord Byron y ¡albricias!, la identificación con Manfredo que era evidente en Tchaikovsky cobró vida, y para 1885 el músico se entregó frenéticamente a la composición de una obra que denominó Sinfonía en cuatro cuadros. Con tal rapidez escribió Tchaikovsky esta música que estuvo terminada para septiembre del año en que la comenzó y lista para su estreno en marzo del año siguiente. El autor estaba satisfecho con su trabajo y llegó a definir esta Sinfonía como el mejor trabajo sinfónico que jamás haya abordado. Si bien Goethe había escrito en 1808 que Manfredo de Lord Byron era un personaje derivado de su Fausto, para Tchaikovsky la figura de Manfredo era otra cosa: un ser desadaptado sin un lugar social definido ni aceptación de su entorno, una figura que el compositor perseguido por su homosexualidad tuvo que identificar muy cercana a la propia.

Primera página de la partitura de la Sinfonía Manfredo

Primera página de la partitura de la Sinfonía Manfredo

Al respecto, David Ewen también acierta en decir que “…Tchaikovsky buscaba retratar la naturaleza introspectiva del héroe, su tormento interior, su sentimiento de culpa.” A todo ello, el comentario de Tchaikovsky es por demás elocuente: “Es el alma de Manfredo lo que busco decir”. Para esta Sinfonía en cuatro cuadros Tchaikovsky planteó un esquema (más en espíritu que en sentido estructural) que se acerca a músicas programáticas de autores conmovidos -en su momento- por Lord Byron; así, sentimos ráfagas venidas de la Sinfonía Fantástica de Berlioz (en lo que toca a la utilización de la idée fixe o idea fija, que materializa situaciones y personajes) y en el aspecto temático de la Sinfonía Fausto de Franz Liszt. La música de la Sinfonía Manfredo de Tchaikovsky es más elocuente que todas las definiciones que deseemos imponerle. Y al quedarnos con poco que decir después del fin de Manfredo en sonidos, sólo basta recordar lo que este personaje dice en el drama de Lord Byron ante los últimos momentos de su vida:

“Morir no es difícil; es más difícil ser condenado a vivir eternamente en un caos de pensamientos incontrolables…”

A lo que sumamos las palabras finales de Abbot al ver extinto a Manfredo:

“Se ha ido. Su alma ha levantado el vuelo interreno; ¿A dónde? Tiemblo al pensarlo. Pero se ha ido.”

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Piotr Ilich Tchaikovsky: Sinfonía Manfredo Op. 58

Versión: Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig. Kurt Masur, director.

Los números de 2012

30 Dic

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

4,329 films were submitted to the 2012 Cannes Film Festival. This blog had 53.000 views in 2012. If each view were a film, this blog would power 12 Film Festivals

Haz click para ver el reporte completo.

RICHARD STRAUSS (1864-1949)

11 Dic

Suite de El burgués gentilhombre, Op. 60

  • Obertura
  • Minuet
  • El maestro de esgrima
  • Entrada y danza de los sastres
  • Minuet de Lully
  • Courante
  • Entrada de Cléonte
  • Preludio al Acto II (Intermezzo)
  • La cena
Portada de El burgués gentilhombre de Molière

Portada de El burgués gentilhombre de Molière

En la primavera de 1670, la Ciudad de Versalles fue testigo del estreno de una de las piezas teatrales más afamadas de Jean Baptiste Poquelin de Molière y uno de sus últimos éxitos en los escenarios: El burgués gentilhombre. En aquella ocasión, la representación teatral fue “adornada” por la exquisita música de Jean Baptiste Lully, para dar mayor realce a una comedia sensacional que narra la historia de Monsieur Jourdain, un hombre de cuna humilde y que accede a una enorme riqueza.

Como suele ocurrir en estos casos -”nuevos ricos” se les dice por ahí- este gentilhombre tiene actitudes galantes que rayan en lo ridículo, queriendo pasar por un señorón cultivado, de mundo y buenos modales. En la pieza teatral, el supuesto aristócrata ofrece una fiesta llena de lujos, pero al estilo de una orgía turca, para que sus nuevas amistades se regocijen por su excelsa bondad. Claro está que, los intentos de este infeliz debían culminar desastrosamente.

Muchos años después de estrenada esta comedia, el poeta Hugo von Hofmannsthal -libretista de cabecera de Richard Strauss- retomó la pieza original de Molière y le sugirió a Strauss que realizara la música incidental para la puesta en escena. Corría el año 1911, en el que ambos (libretista y compositor) disfrutaron las mieles del éxito después del estreno apoteósico de la ópera El caballero de la rosa; entonces, los esfuerzos de ambos estarían orientados a dar vida a la triste y jocosa historia de aquel burgués dibujado por Molière.

Grabado de Jean-Michel Moreau donde se muestra a Monsieur Jourdain y a Nicolasa

Grabado de Jean-Michel Moreau donde se muestra a Monsieur Jourdain y a Nicolasa

El plan era dejar la obra teatral en su forma original, pero sustituyendo la mascarada turca por la representación de una ópera (dicha opción les pareció la más correcta, pues en aquellos tiempos cualquier “nuevo rico” alemán preferiría los lujos de una ópera en algún salón de su palacete). Así, la ópera tendría como argumento la leyenda griega de Ariadna, olvidada a su suerte en la Isla de Naxos por Teseo, pero combinada con la farsa -muy en el estilo de la commedia dell’arte-  de Zerbinetta y sus cuatro amantes.

Como era de esperarse los costos de producción para dicho espectáculo fueron altísimos; y por si fuera poco el día del estreno, el 25 de octubre de 1912 en Stuttgart, el público llegó a definir el esfuerzo artístico como “aburrido”. Así, no quedó otra posibilidad mas que rehacer todo el asunto: la obra de teatro fue separada de la ópera en 1916 dando como resultado Ariadna en Naxos, estrenada en Viena en ese año; dos años después, la pieza de Molière adaptada por Hofmannsthal y con la música incidental de Strauss recibió su première en Berlín.

Para mala fortuna de los creadores la comedia pronto dejó de existir y la ópera afortunadamente sobrevive en la actualidad. Ante ese desagradable panorama, y para rescatar su música incidental Strauss preparó una Suite de concierto, que recibió el aplauso del público después de su primera audición en Salzburgo el 31 de enero de 1920.

Hugo von Hoffmannsthal (el libretista de cabecera de Richard Strauss) a la izquierda y el compositor (der.)

Hugo von Hoffmannsthal (el libretista de cabecera de Richard Strauss) a la izquierda y el compositor (der.)

Con un carácter muy teatral y hasta operístico, la suite de El burgués gentilhombre de Strauss sigue fielmente las escenas de la pieza de Molière. La Obertura pinta la nueva mansión de Jourdain; además, como una buena reminisencia al proyecto original, el oboe aparece en un momento dado con el tema de un aria de Ariadna en Naxos. La sección siguiente es un delicado Minuet -con un poquito de sarcasmo-, confeccionado por Strauss como lección de danza para el burgués. A continuación aparecen el trombón, la trompeta y el piano que simbolizan la clase de esgrima de Jourdain. Después de tan noble actividad, el gentilhombre está listo para recibir a los sastres que, a ritmo de polonesa, han de vestir al diez veces ilustre.

Para rememorar la música original de Lully, Strauss nos ofrece un Minuet original del francés para la comedia, pero en una orquestación encantadora; posterior a ello, se escucha una Courante (o “danza corrente”) a la usanza del siglo XVII, y más tarde aparece Cléonte en un trozo musical sensual, diáfano, lleno de ternura, también tomado de Lully.

Con el Preludio al acto II, Strauss propone una suerte de intermezzo y que nos presenta a los conspiradores del tristemente adinerado gentilhombre. Al final,  todos se encuentran ante la mesa de Jourdain para degustar los manjares para el gran festín de esa noche: con una marcha aparecen platillos como pescado (representado musicalmente con una cita directa de El oro del Rhin de Wagner) y carnero (donde Strauss se “auto-cita” con destellos del “ejército” de borregos de su poema sinfónico Don Quijote).

La fiesta se hace más y más grande, y el pobrecito burgués parece dar vueltas y vueltas en un tacón alrededor de un majestuoso e irreverente vals con el que la Suite termina brillantemente.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Richard Strauss: El burgués gentilhombre

Versión: Orquesta del National Arts Centre de Canadá. Eduardo Mata, director.

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