Archivo | mayo, 2013

BÉLA BARTÓK (1881-1945)

19 May

Música para cuerdas, percusiones y celesta

  • Andante tranquilo
  • Allegro
  • Adagio
  • Finale: Allegro molto

Al partir de manera un tanto forzada de su natal Hungría, Bartók estableció su residencia en los Estados Unidos hasta el final de su vida. Los primeros años de exilio provocaron varios sinsabores en el compositor y su esposa, quienes tenían que ingeniárselas para vivir en un país “extraño” con poco dinero. Afortunadamente para él siempre contó con buenas amistades, especialmente aquellos músicos sensibles o mecenas del arte que respetaban enormemente sus partituras. De tal manera, muchas de las partituras que surgieron en los últimos quince años de vida de Bartók fueron escritas por comisión: el Cuarteto de cuerdas núm. 5, el Concierto para viola y el Segundo concierto para violín, Contrastes, el Concierto para orquesta y la Sonata para dos pianos y percusiones. Hacia 1936 le llegó a Bartók una comisión directamente desde Suiza, por parte del director Paul Sacher (fundador de la Orquesta de Cámara de Basilea). Este hombre fue muy reconocido por alentar el talento de esa época y comisionar obras para su orquesta, entre ellas la Cuarta sinfonía de Honegger, el Concierto para siete instrumentos de aliento de Frank Martín, entre otras. A Bartók le solicitó dos obras para cuerdas que cristalizaron en la Música para cuerdas, percusiones y celesta (1936) y el Divertimento (1939).

Béla Bartók

Béla Bartók

Así como su Concierto para orquesta es un extraordinario tratado sonoro de las capacidades virtuosas y colorísticas de los instrumentos orquestales, la Música para cuerdas, percusiones y celesta es –quizá- una impresionante partitura donde la relación entre matemáticas (algo que siempre apasionó al húngaro) y las relaciones armónicas de la dotación que aquí propone llegan a un grado superlativo de perfección, como pocas veces se ha podido escuchar en la música de la civilización occidental. La disposición de los instrumentos de cuerda debe ser totalmente simétrica alrededor del director (a cada lado violines, violas y cellos, con los contrabajos en la parte central) siendo que celesta, piano, arpa y percusiones se encuentran en semicírculo al frente del grupo de cuerdas. Lo más interesante de esta obra es escuchar las “nubes armónicas” que se producen con la combinación de diversos timbres, como los glissandi en los timbales, la relación cromática entre violín y celesta del tercer movimiento, y el uso –en momentos frenético- del piano como un instrumento de percusión mas que como un elemento melódico. Igualmente, la partitura está construida sobre las bases y técnicas que Bartók desarrolló durante su carrera, combinado todo ello con algunos toques “subjetivos” del folclor centroeuropeo, especialmente en lo que se refiere a la rítmica. El propio Paul Sacher, solicitante de esta obra, y su Orquesta de Cámara de Basilea, ofrecieron su estreno el 21 de enero de 1937. Aunque el contenido artístico de la Música para cuerdas, percusiones y celesta es realmente magnífico, es importante anotar que mucha de su popularidad esta relacionada directamente con el cine: en primer lugar, gracias a los intensos conceptos visuales de Stanley Kubrick al incluirla en su cinta El resplandor, obra maestra del terror psicológico de la década de 1980. Y en segundo lugar, en fecha más reciente, en otra película que –curiosamente- alude a ciertas telarañas mentales y cómo afectan en las relaciones personales: ¿Conoces a John Malkovich?, donde la música de Bartók aparece (en primera instancia) con los créditos iniciales acompañando una extraordinaria secuencia de un ballet de marionetas.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Béla Bartók: Música para cuerdas, percusiones y celesta

Versión: Orquesta Sinfónica de Chicago. Sir Georg Solti, director.

EDVARD GRIEG (1843-1907)

1 May

Suite lírica Op. 54

  • El pequeño pastor (Andantino espressivo)
  • Doblar de campanas (Andante)
  • Marcha rústica noruega (Allegro marcato)
  • Nocturno
  • Marcha de los enanos (Allegro marcato)

El piano fue el instrumento que acompañó la vida y la carrera del noruego Edvard Grieg, y siempre fue considerado un auténtico virtuoso de éste, lo cual es evidente con tan sólo escuchar algunas de sus partituras pianísticas, como su célebre (y hermoso) Concierto en la menor, su Sonata en mi menor (1865), la Balada en sol menor Op. 24 y, de manera definitiva, con sus Piezas líricas que compuso en un período que abarcó de 1867 a 1901. Dicha colección incluye diez cuadernos con un total de sesenta y seis breves joyas para piano, y está perfumada por los amores principales de Grieg: tanto su instrumento predilecto, como sus raíces –fuertes y bien ancladas- en la tradición folklórica de Noruega y, por si fuera poco, el carácter lírico que sabía imprimir con delicadeza y cariño a sus partituras. Odile Martin lo explica de mejor manera: “Puesto que para Grieg, como para Schumann (a quien admiraba tanto y calificaba de ‘poeta’), el piano constituyó a lo largo de su vida una especie de confidente, de diario íntimo donde vertía sus sentimientos, sus emociones, sus pasiones, su amor a su país, a esa música popular de la que estuvo enteramente impregnado y que supo recrear con su ambiente y su diversidad, en su propia música.”

Las mencionadas Piezas líricas son breves y diminutos lienzos impresionistas, en la forma de estudios de carácter, aunque no puede encontrarse una mera secuencia o idea “poética” de una a otra, como puede ocurrir en la música de Schumann. Sin embargo, los puntos sobre los que gira la totalidad de las Piezas líricas son: naturaleza, la patria, y los sentimientos de nostalgia o elegíacos. Cada una de ellas cuenta una estructura de alcances “modestos” (si hay que definirlo de alguna manera), de carácter tripartita, que fue el modelo en el siglo XIX para obras breves, sin tener muchas complicaciones técnicas (aunque algunas de ellas brillan por su virtuosismo). En resumen, las mencionadas Piezas de Grieg son absolutamente populares en muchos sentidos. En cuanto a su contenido estético, éstas pueden reconocerse como una continuación de la música pianística de Robert Schumann, al mismo tiempo en que pueden encontrarse en ellas visos de Brahms, Chopin y Liszt. Pero lo más importante de las Piezas líricas de Grieg, y de una buena cantidad de sus partituras, es su cariño inmenso por la tradición musical noruega, misma que cobró grandes dimensiones a partir de su encuentro, en 1866, con Richard Nordraak, el creador del Himno Nacional Noruego, quien murió a destiempo cuando contaba con 24 años de edad. Fue posterior a ello que Grieg se adentró a conciencia en el estudio y la recopilación del material sonoro popular de Noruega, dándole una importancia que nadie antes de él había considerado. Su concepto artístico estaba orientado a enriquecer el lenguaje musical del siglo XIX con la música noruega, especialmente a través de la infinidad de danzas folklóricas que se escuchan tanto en las Piezas líricas como en otras de sus partituras más célebres: las Danzas sinfónicas y Peer Gynt, por ejemplo.

Edvard Grieg

Edvard Grieg

Hacia 1900, Grieg tuvo que defender sus intereses artísticos frente a la ridiculez de uno que otro crítico sordo, y a ellos dedicó las siguientes líneas:

Hasta el momento presente he publicado más de setenta obras, por lo que debería permitirseme decir que nada es tan incorrecto que los comentarios de los críticos alemanes, quienes aseguran que mi llamada originalidad está limitada a mi aproximación a la música folklórica. Es totalmente otro asunto si un espíritu nacionalista, que ha sido expresado a través de la música del pueblo desde tiempos remotos, flote sobre mis trabajos originales y creativos.

Del total de las sesenta y seis Piezas líricas, Grieg orquestó en 1903 cuatro de las contenidas en el libro quinto, agrupándolas en lo que él denominó Suite lírica. Dichas secciones tienen por títulos: El pequeño pastor, Marcha rústica noruega, Nocturno y Marcha de los enanos (ésta última la más conocida de todas), y que no necesitan de mayor discusión pues son muy elocuentes y con un lenguaje tan sencillo, elegante y hermoso que apela a cualquier espíritu. Sólo se necesita escuchar la música con atención y con el corazón bien abierto.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Edvard Grieg: Suite lírica

Versión: Orquesta Sinfónica de Gotenburgo. Neeme Järvi, director.

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