SIR ARNOLD BAX (1883-1953)

28 Sep

Tintagel

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Sir Arnold Bax

Al hablar de la historia de la música del Reino Unido, nuestra atención se centra en compositores como Henry Purcell (1659-1695), Sir Edward Elgar (1857-1934), Benjamin Britten (1913-1976) y Ralph Vaughan Williams (1872-1958) por sólo nombrar unos cuantos. Pero se nos escapa uno: sinfonista nato, un artesano sonoro nutrido con el esplendor de la bóveda celeste y de los susurros de los bosques: Sir Arnold Bax. En sus tiempos de estudiante en la Academia Real de Música de Londres, Bax descubrió los poemas de W. B Yeats (1865-1939), y despertó en él su interés por las leyendas, tradiciones y el paisaje celta. La partitura donde él refleja de mejor manera este apego es un poema sinfónico que compuso después de una estancia de seis semanas en la localidad de Tintagel en los acantilados de la costa norte de Cornualles (Cornwall), y en donde se encuentra un mítico castillo en ruinas.

Bax comenzó a escribir esta obra en octubre de 1917 y su orquestación estuvo lista a principios de 1919. En la primera página de la partitura el compositor escribió: “(esta música representa) el acantilado de Tintagel coronado por el (alguna vez) majestuoso castillo y, de una forma muy especial, las amplias distancias del Atlántico que pueden verse desde los acantilados de Cornwall en un día de verano soleado y ventoso.” Y agregó: “en la sección central de la obra puede imaginarse que, con el creciente tumulto del mar, surgen los recuerdos de las asociaciones históricas y legendarias del lugar, especialmente aquellas conectadas con el rey Arturo, el rey Marco, además de Tristán e Isolda.”

He aquí una de las pistas importantes por las cuales Arnold Bax escribió Tintagel: el mar en medio de una tormenta y la cita que en ella hace de la ópera de Wagner basada en la relación imposible entre dos amantes, evocan la situación personal del músico en esa época. Cuando Bax visitó las costas de Cornualles lo hizo acompañado… pero no por su esposa Elsita Luisa Sobrino (c.1885-¿?) sino por una joven pianista de nombre Harriet Cohen (1895-1967) con quien el compositor mantuvo un romance. De tal suerte, la apasionada relación “ilícita” de esta pareja aparece representada por las borrascosas aguas el océano Atlántico que golpean el acantilado donde se encuentra el castillo de Tintagel. Y, como quizá pueda entenderse, la tormenta personal de Bax era quedarse con su joven y bella amante o permanecer en su vida familiar junto a su esposa e hijos.

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El castillo del rey Arturo en el acantilado de Tintagel.

Al inicio del poema sinfónico se evocan las aguas del océano en los instrumentos de cuerda, que dan paso a las voces de los metales en lo que Bax llamó “el castillo en ruinas, ahora tan antiguo y corroído por el tiempo que parece una emanación de las rocas sobre las que fue construido”. Después de un clímax orquestal se escucha un pasaje en las cuerdas marcado como “muy callado” y –en palabras del autor- “sugiere los espacios serenos y casi sin límites del océano”. En la sección central de la pieza, con la evocación de los juegos de las olas a cargo de los alientos madera y el arpa, surge el tema wagneriano del “Tristán enfermo” en el oboe y el solo de violín y que va creciendo en intensidad. Después, llegamos a un clímax que denota el poder de las inmensas olas rompiendo en el acantilado y con el viejo castillo, inamovible, haciendo frente al viento y al sol.

El poema sinfónico Tintagel de Bax fue estrenado por la entonces llamada Orquesta Municipal de Bournemouth dirigida por Dan Godfrey (1868-1939), el 20 de octubre de 1921 y está dedicado a Harriet Cohen.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

MÚSICA

Versión: Orquesta Sinfónica de Virginia. JoAnn Falletta.

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3 comentarios to “SIR ARNOLD BAX (1883-1953)”

  1. sergiogasca10 septiembre 28, 2017 a 10:45 pm #

    Dedicado a Harriet Cohen, no podía ser de otra manera. Picarón el sr. Bax, pero eso sí, un paisaje musical interesante con una instrumentación perfecta. En especial, el comienzo de la obra me agrada mucho.

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  2. Juan Moisés Cuellar. septiembre 29, 2017 a 11:19 pm #

    Una obra muy dulce. Refleja el romance vivido
    por el autor. Y además quien mejor que un
    inglés para retratar el mar. Menos enérgica
    de lo que pensaba. Podría servir para
    musicalizar un fragmento de “Enrique V”
    de Shakespeare. Gracias maestro José Maria
    Álvarez.

    Le gusta a 1 persona

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