PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)

11 Mar

Sinfonía No. 6 en si menor Op. 74, Patética

  • Allegro ma non troppo
  • Allegro con grazia
  • Allegro molto vivace
  • Finale: Adagio lamentoso

 

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Tchaikovsky y su sobrino Bobik (1892)

El 24 de diciembre de 1892 Tchaikovsky comenzó un viaje por Europa que reseñó en una carta dirigida a su sobrino y confidente Vladimir Davidov (1871-1906) -apodado por su tío como Bob, o Bobik *-, fechada en febrero de 1893, y que dice:

“Como tú sabes, destruí una sinfonía que había medio terminado y orquestado durante el otoño. Obré cuerdamente, pues contenía poca cosa de verdadero valor: era un molde sonoro vacío de inspiración. Exactamente cuando iniciaba mi viaje, me vino la idea de una nueva sinfonía, esta vez con un programa, pero un programa de una especie que ha de permanecer en el enigma para todo el mundo: que lo adivine quien pueda. El programa está lleno de emoción subjetiva, con frecuencia lloré mientras lo componía durante mi viaje. Ahora, de regreso a casa, me puse a bosquejar la obra con tal ardor que en menos de cuatro días terminé el primer movimiento y el resto de la Sinfonía está claramente perfilado en mi cabeza. Habrá en la obra muchas novedades en cuanto a la forma. Por ejemplo, el final no será un gran allegro, sino un adagio de dimensiones considerables. Tal vez esté equivocado, pero no me parece probable.”

Justo en la época en la que escribió dicha misiva, Tchaikovsky tuvo que interrumpir el proceso creativo de su nueva Sinfonía. Estrenó su Hamlet en Moscú y unas semanas después regresó a su casa en Klin para proseguir con los bosquejos de su obra con algunas pausas. En mayo viajó a Inglaterra para ser investido con el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Cambridge, lo cual sumó a dirigir varios conciertos con la Sociedad Filarmónica de Londres (en uno de ellos se escuchó su Cuarta sinfonía con un éxito rotundo). Tuvo que esperar hasta agosto para retomar la Sinfonía. El día 3 de ese mes reportó:

“Cuando más avanzo, más difícil encuentro la orquestación. Hace veinte años trabajaba sin vacilar, utilizando todos mis recursos y resultaba bien. Pero ahora me he vuelto cobarde e indeciso y no me siento seguro de mí mismo. Hoy pasé todo el día con dos páginas, sin lograr lo que deseaba. Pero aun así, la obra progresa.”

Una semana después se encontraba más animado y le escribió a Bobik:

“Creo que la Sinfonía que estoy orquestando resultará si no la mejor, por lo menos una de mis mejores composiciones.”

Y casi al concluir ese mes, Tchaikovsky le escribió a Piotr Ivanovich Jurgenson (1836-1904), su editor, celebrando que esta era “la más querida de mis hijas, como nunca he querido a ninguna de ellas”, y que había puesto punto final en la partitura (cosa que no era cierta, pues seguía dándole retoques sin cesar).

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Tchaikovsky en Londres, previo a recibir su Doctorado Honoris Causa (meses antes de su muerte).

Los días 20 y 21 de octubre los alumnos de la clase de orquesta del Conservatorio de Moscú hicieron una lectura de la Sinfonía, dirigidos por Vasili Safónov (1852-1918) y Tchaikovsky, satisfecho con el resultado, partió al día siguiente rumbo a San Petersburgo para dirigir la primera ejecución pública de la obra, programada para el día 28 de ese mes. La noche del estreno Tchaikovsky fue premiado con una larga ovación de pie por el público asistente al momento de entrar al escenario. Sin embargo, al concluir la Sinfonía el aplauso ya no fue el mismo; al salir del teatro el músico comenzó a recibir cientos de opiniones, y la mayoría coincidían en que ni a la orquesta ni a los asistentes les había gustado la flamante obra. Él simplemente contesto: “No es que no haya gustado, es que ha causado desconcierto”.

A la mañana siguiente, Tchaikovsky recibió la visita de su hermano Modest (1850-1916); lo encontró con la partitura de su Sinfonía en el regazo, acariciándola. Fue ahí que le pidió consejo de cómo podría llamar a esta obra. Modest primero la bautizó como “Trágica”, y ante la desaprobación de su hermano prefirió sugerir “Patética” (патетической, en ruso), algo que entusiasmó enormemente al compositor. Ese término es más cercano a su acepción griega pathos (πάθος) que se refiere al sufrimiento, y de forma más específica al término aplicado a las cualidades transitorias y emotivas de una obra de arte, muy en boga en el siglo XIX. Entonces, Tchaikovsky puso nombre a su Sexta sinfonía y la envió de inmediato a su editor. Sin embargo, a los pocos días se retractó y pidió que en lugar del título apareciera una dedicatoria a su fiel sobrino Bobik.

Y después de ello… ¿lo inesperado? Al inicio de noviembre, mientras almorzaba en un restaurante Tchaikovsky pidió tomar un vaso con agua de la llave sin ser previamente hervida; San Petersburgo se encontraba padeciendo una epidemia de cólera y la recomendación fue que tomara el agua desinfectada. Hay quienes aseguran que él estaba consciente del posible contagio. Otras fuentes afirman que el malestar de Tchaikovsky comenzó desde el 1 de noviembre como una indigestión que no le permitió dormir y al día siguiente seguía muy inquieto pero rechazó visitar a un doctor. El día 9 Tchaikovsky falleció a los 53 años de edad y fue enterrado con todos los honores en el Cementerio de Tikhvin dentro del Monasterio de Alexander Nevsky de San Petersburgo, donde también reposan los restos de Alexander Borodin (1833-1887) y Modest Mussorgsky (1839-1881). En la segunda ejecución de la Sinfonía patética nueve días después, el público asistente vistió de luto y ofrendaron un emocionante homenaje póstumo a tan reconocido compositor de la Rusia zarista.

Ahí comienza una auténtica historia detectivesca digna de Agatha Christie (1890-1976) que, aparentemente, no tiene conexión alguna con el contenido sonoro de la Sexta sinfonía. Sin embargo, hoy conocemos mucha información que en tiempos del zar Alejandro III (1845-1894) era imposible obtener. En ese sentido, diversos teóricos en conspiraciones comenzaron a atar cabos y comenzó a hablarse de suicidio. Se asegura que ingirió veneno (probablemente arsénico), horrorizado ante la posibilidad que se hiciera pública una relación homosexual que mantuvo con un miembro de la familia real (entre muchas otras que trató de mantener secretas). Ese supuesto suicidio de Tchaikovsky no fue un acto completamente voluntario. Le habrían ordenado “hacer lo correcto” por un tribunal de honor secreto, formado por ex alumnos de alto rango de la vieja escuela del compositor. Entonces, ¿estaríamos hablando de asesinato?

Mientras los eruditos han estudiado más sobre la pasión homoerótica (posiblemente no consumada) de Tchaikovsky por su sobrino Bobik -una perturbación entre la juventud y la madurez, y un enredo de persuasiones sexuales en una sociedad ferozmente intolerante con la homosexualidad- la tentación de examinar esta Sinfonía como la desgarradora confesión de la vida dolorosa y reprimida de un artista resulta irresistible para muchos.

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Máscara mortuoria de Tchaikovsky

Seguramente la mejor aproximación que podemos tener a la Sinfonía patética de Tchaikovsky reside en comprender la naturaleza emocional del compositor: frágil, depresivo, hipersensible, obsesionado con la muerte. ¿No sería probable que ese enigmático programa que da cuerpo a su Sexta sinfonía estuviera nutrido por sus sensaciones hacia lo inevitable, de lo fugaz de la belleza y la juventud, y la irremediable decadencia de lo corpóreo y –por añadidura- de lo espiritual?

A propósito o no, la Sinfonía patética es el compendio sonoro de una vida; además, en lo estrictamente musical, es una obra magistral en el manejo de la forma sinfónica, de instrumentación monumental y con una veta melódica inacabable. El primer movimiento inicia con una atmósfera ciertamente lúgubre, en la que el fagot emerge de entre las voces de los contrabajos y cita un tema del réquiem ruso utilizado por la Iglesia Ortodoxa. Ese tema nos prepara para el allegro siguiente, en donde prevalece una sensación de angustia que se transforma en un discurso febril y hasta violento. De pronto aparece una gentil melodía en violines y violonchelos, con tintes de declaración amorosa, en un episodio de lo más arrebatado que haya escrito Tchaikovsky jamás. Ello desemboca nuevamente en música atormentada, que implora por encontrar una respuesta a tanta desesperación. El amor (que todo lo puede) hecho sonidos, regresa para llevarnos a una paz absoluta.

La parte siguiente parece ser un vals en la métrica improbable de 5/4; música hermosa y elegante, con cierto sazón de melancolía pero que no posee mayor carga emocional. El hermano de Tchaikovsky dijo que este movimiento representa “los placeres volátiles”.

El Allegro molto vivace es una sección con la chispa de un scherzo y el vigor de una marcha desbocada que llega a un clímax de innegable gozo y alegría de vivir.

Sí: dan ganas de aplaudir después de ese impresionante tour de force orquestal… pero la Sinfonía no ha concluido. Viene el Adagio lamentoso final, único en el sinfonismo del siglo XIX (y que sólo encuentra un símil en el final de la Sinfonía No. 45 Los adioses de Franz Josef Haydn [1732-1809]) y definitivamente es la antesala a los gloriosos movimientos lentos finales de las Sinfonías de Gustav Mahler (1860-1911). Pero este movimiento es un mundo particular: aquí se escucha devastación, sentimiento de fracaso pero también una plegaria insistente a Dios, rogando absolución. Ante el clímax inflamado de catástrofe se escucha una solitaria nota en el gong: la luz de la vida comienza a esfumarse en las voces solemnes de los trombones y la tuba, poniendo fin a lo que Tchaikovsky había compuesto probablemente como su propio epitafio.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

*.- Bobik fue el sobrino favorito de Tchaikovsky, hijo de su hermana Alexandra (1842-1891) y de Vladimir Davidov (1806-1866). Por causas que nadie conoce hasta la fecha, Bobik se quitó la vida en la casa de su tío en 1906, cuando contaba con 35 años de edad y privilegiado al haber heredado los derechos de ejecución y las regalías de tooodas las obras de Tchaikovsky. Tan enigmático fue su suicidio como el mensaje oculto en la Sinfonía patética.

Descargas disponibles:

MÚSICA

Versión: Orquesta Filarmónica de Leningrado (hoy San Petersburgo). Yevgeny Mravinsky, director.

PARTITURA

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4 comentarios to “PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)”

  1. sergiogasca10 marzo 11, 2018 a 9:35 pm #

    Es innegable que esta sinfonía es una obra maestra y además es de una ejecución muy compleja, no solo en aspectos técnicos sino en la dosificación exacta de ese patetismo, esa energía y esa súplica que se mencionan en las notas. Pocas grabaciones y pocas interpretaciones tienen esos elementos en su justa medida, tal es el caso de la grabación de Mravisnky que es de referencia. También añado que no es fácil escucharla, como lo dijo el propio compositor, es desconcertante escucharla por primera vez, pero una buena interpretación y una audición receptiva hacen que la experiencia de escuchar esa sinfonía sea imborrable e intensa.

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  2. Víctor Gayol marzo 11, 2018 a 11:28 pm #

    ¡Muy buena nota! Voy a escuchar con atención la versión que ofreces al final.

    Le gusta a 1 persona

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