Archive | Austria RSS feed for this section

FRANZ VON SUPPÉ (1819-1895)

17 Abr

Obertura de la opereta Poeta y campesino

Así como en la historia reconocemos a Johann Strauss hijo como el “rey del vals”, a Franz von Suppé se le debe dar el privilegiado lugar de “padre de la opereta austríaca” y que, justamente, tuvo su momento más importante gracias a Strauss hijo. Como muchos de sus colegas germanos, von Suppé fue un admirador profundo de las operetas de Offenbach, por lo que al momento de estrenarse en este campo fue verdaderamente innovador al combinar la picardía de la original opereta francesa pero con un toque de genialidad que siempre se basó en la ternura y el sentimentalismo.

El momento dorado en el que su actividad como compositor se tornó una realidad le llegó al tiempo de ser nombrado director del Josephstadttheater en Viena a partir de 1841. De tal suerte, el primer título con el que alcanzó la fama fue Poeta y campesino (Dichter und Bauer), estrenada en Viena el 24 de agosto de 1846, para más tarde conseguir sendos triunfos con títulos como La bella galatea, Caballería ligera, Franz Schubert y Boccaccio, entre muchas otras. Tal parece que aquel ambiente de opereta que impera en su producción, al igual que en la de Strauss hijo, siempre provocó que algunos públicos no aceptaran su música como “verdaderamente seria”. Sin embargo, cuando escuchamos los sonidos de sus partituras puramente orquestales nos percatamos de que von Suppé era un verdadero genio en la orquestación y que conocía la paleta instrumental muchísimo mejor que algunos de sus colegas que también se dedicaron al género (no estoy hablando ni de Strauss hijo ni de Offenbach, por supuesto).

Franz von Suppé

Franz von Suppé

 

Pero, parece curioso que muchos muy cultos digan que la música de von Suppé es de poca calidad, mientras que este hombre fue director también de los legendarios Theater-an-der-Wien, Karlstheater y Leopoldstadt Theater en Viena, y que fuera invitado personalmente por Richard Wagner en 1879 para participar de sus presentaciones operísticas en Bayreuth. Es definitivo que, al escuchar la brillante Obertura a Poeta y campesino nos quedemos maravillados con la pujanza de su discurso y su ritmo, además de apreciar la instrumentación luminosa y perfecta de esta pieza. Aquí, encontramos aquellos elementos a los que se hace referencia en el título de la opereta: El “poeta” se escucha en el primero de los temas, asociado con el lirismo y la reflexión; el “campesino” con simpleza, con aires campiranos absolutamente bailables. El prestigiado musicólogo David Ewen hizo referencia en su estudio sobre von Suppé que “Poeta y campesino es una de las más celebradas piezas del repertorio que puede denominarse como ‘semi-clásico’; y es encontrada en el repertorio de salón, pop, orquestas de café y otros sitios en todo el mundo.

Justamente, por esa popularidad es que Poeta y campesino es escuchada hoy día en más de sesenta distintas instrumentaciones.” Me pregunto yo: ¿el Sr. Ewen conocerá la celebérrima versión que de esta Obertura realizará el no menos célebre Mariachi Vargas de Tecalitlán y que cualquier mariachi, desde el Gamamil hasta los más modestos de Garibaldi han tocado una y mil veces? Sería interesante preguntárselo. ¿No cree usted?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Franz von Suppé: Obertura Poeta y campesino

Versión: Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von karajan, director.

WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756-1791)

10 Mar

Obertura a La clemencia de Tito, K. 621

Mozart en edad "madura"

Mozart en edad “madura”

La ópera La clemencia de Tito data del último año de vida de Mozart y constituye su última aportación a este género. Ella surgió como respuesta a una comisión que le hiciera la ciudad de Praga (tan querida por este músico y que le dio la gloria al estrenarse su ópera Don Giovanni en 1787) para celebrar la coronación del rey de Bohemia el 6 de septiembre de 1791.

Para esa ocasión, se le “ordenó” a Mozart que escribiera su nueva ópera a partir de la figura de Tito, emperador romano, lo cual es comprensible dado que era importante se ensalzara la figura del rey por medio de un personaje bueno, generoso y gran estadista. Para lograr tal proyecto, se le proporcionó a Mozart un texto original de Metastasio que fue revisado por Caterino Mazzola una y otra vez. Ello se debió a que el texto de Metastasio era complicado y había que conformar escenas de ensamble que reemplazaran algunas arias.

Así, La clemencia de Tito se convirtió en una ópera seria en la tradición del Idomeneo mozartiano, escrito diez años antes.  Es debido a este carácter que la última ópera de Mozart no ha recibido la difusión que han tenido sus óperas bufas como Las bodas de Fígaro o Così fan tutte, aún su fantástica Flauta mágica. En La clemencia de Tito encontramos un ambiente dramático y con un diseño genial, como al finalizar el primer acto, donde los cantantes y el coro son combinados en un ensamble de gran calibre y belleza.

Primera página del manuscrito de la Obertura a La clemencia de Tito de Mozart

Primera página del manuscrito de la Obertura a La clemencia de Tito de Mozart

El asunto de La clemencia de Tito versa sobre el deseo del emperador romano por contraer nupcias con Berenice, hija de Agrippa I de Judea, todo ello acompañado por los extrovertidos celos de Vitellia quien está enamorada de Tito y planea acabar con él antes de verlo en brazos de otra mujer. La conspiración es planeada por ella y Sextus -quien, por si fuera poco, tiene afectos secretos por Vitellia-; Sextus decide prender fuego al Capitolio donde se supone fenece Tito. Para mala fortuna de los malhechores, alguien ajeno a todo este asunto portaba la capa del emperador (!!!) y por ese error se creyó que Tito había sido aniquilado, pero el emperador andaba tan tranquilo (“vivito y coleando” reza la voz popular). Sextus es sentenciado a muerte pero el emperador romano, tan bondadoso él, decide perdonar a los villanos en un final propio de un cuento de hadas.

Debido a este tema, Mozart confeccionó para Tito una música de gran majestad con instrumentación fascinante. La Obertura de esta ópera es, además de la síntesis sonora de los acontecimientos trágicos y felices, una de las piezas más exquisitas de todas las que haya escrito el compositor de Salzburgo.

Vale acotar que al momento del estreno de La clemencia de Tito en Praga para la dichosa coronación, resultó que a nadie le gustó aunque las premisas con las que fue elaborada la ópera habían sido cumplidas y el discurso musical era fenomenal. Bueno, tal parece que la frase de la ilustre doña Ursula Arzola también puede aplicarse a este caso: “si gustos no hubiera, el amarillo no se vendiera…”

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Wolfgang Amadeus Mozart: Obertura a La clemencia de Tito K. 621

Versión: Orquesta de la Ópera de Zurich. Nikolaus Harnoncourt, director.

FRANZ JOSEF HAYDN (1732-1809)

11 Feb

Sinfonía No. 86 en re mayor

  • Adagio: Allegro spiritoso
  • Capriccio; Largo
  • Menuetto
  • Allegro con spirito
Claude Francois Marie Rigoley, conde de Ogny, quien le solicitará a Haydn las hoy conocidas como Sinfonías París

Claude Francois Marie Rigoley, conde de Ogny, quien le solicitará a Haydn las hoy conocidas como Sinfonías París

 

Entre 1785 y 1786 Haydn fue comisionado por cierto famoso personaje de la vida musical parisina para que escribiera una serie de Sinfonías en honor de una no menos célebre serie de conciertos. Sí, señoras y señores: en el lapso de unos cuantos meses, el gran Haydn confeccionó la muy envidiable cantidad de seis partituras, que por razones más que obvias son conocidas hoy día con el nombre genérico de Sinfonías París. De hecho, el ilustre “chevalier” que solicitó los servicios de Haydn para tal empresa era el gran mecenas Claude Francois Marie Rigoley, conde de Ogny, sibarita en toda la extensión de la palabra y que gustaba de ofrendar sus ratos de ocio a la promoción musical. El finísimo conde de Ogny era el principal impulsor de una de las series de conciertos más prestigiadas en la ciudad luz: los Concerts de la Loge Olympique que se llevaban a cabo en la Salle des Gardes de las Tullerías. De hecho, existen muchas referencias que nos indican la importancia definitiva de estas presentaciones para el desarrollo musical de la ciudad, gran influencia para los músicos y compositores locales.

El caso es que cuando el conde de Ogny se acercó a Haydn para solicitarle el número citado de Sinfonías, éste se comprometió a poner en las manos del músico la cantidad de 25 luises de oro por cada obra que entregara. Ni tardo ni perezoso, Haydn comenzó a escribir con avidez, dando como resultado el grupo sinfónico referido que está constituido de la siguiente manera:

– Sinfonía No. 82, en do mayor, El oso

– Sinfonía No. 83, en sol menor, La gallina

– Sinfonía No. 84, en mi bemol mayor, In nomine Domini

– Sinfonía No. 85, en si bemol mayor, La reina de Francia

– Sinfonía No. 86, en re mayor

– Sinfonía No. 87, en la mayor

Curiosamente, estas seis Sinfonías resultaron un parteaguas en la creación sonora de Haydn. Recordemos que un gran número de sus piezas sinfónicas fue escrito al abrigo de su patrón, el príncipe Esterhazy, y tomando en cuenta las dimensiones ligeramente modestas de la principesca orquesta. Dado que el grupo para el cual Haydn compuso sus Sinfonías París en la Loge Olympique era de una gran calidad y con un sustancioso número de ejecutantes, el autor se vio en posibilidades de hacer innovaciones en su propio lenguaje musical, lo cual no sólo es obvio en este grupo sino también en sus Sinfonías tardías como la No. 92 y las que se agrupan como Sinfonías Londres (de la 93 a la 104). Al respecto, ese enorme impulso creativo que significaron las Sinfonías París en Haydn es refrendado por dos grandes autoridades: H.C. Robbins Landon (el más importante estudioso de Haydn en la segunda mitad del siglo XX) dijo que ellas son “milagros de belleza y perfección formal, combinadas con una gran profundidad…”; mientras, por su parte, David Ewen afirmó que “técnicamente hablando, lo más significativo de estas obras es la abundancia de ideas temáticas, y la visión engrandecida de las secciones de desarrollo.”

Haydn estaba muy contento con sus nuevas obras, por lo cual solicitó a dos editores distintos que las pusieran en imprenta de inmediato: su fiel editor Artaria de Viena y el Sr. Forster en Inglaterra. Igualmente, antes de entregar los manuscritos al conde de Ogny para cumplir cabalmente con la comisión, dirigió en casa de los Esterhazy el flamante ciclo sinfónico; y tan rebosante de felicidad estaba que también resolvió entregarlas al rey Federico Guillermo de Prusia, quien las aprobó con beneplácito al enviar un lujoso anillo al músico, mismo que permaneció en uno de sus dedos siempre que tomaba pluma y papel pautado para componer.

Federico II de Prusia

Federico II de Prusia

El caso es que una de las más importantes Sinfonías en este grupo es la No. 86, como Karl Geiringer lo afirma al decir que “ésta es una de las más hermosas del conjunto.” Su movimiento lento, que ha sido muy alabado por Robbins Landon, muestra -según Geiringer- “una afinidad entre las formas sonata y rondó pero sin adoptar ninguna de ellas. Haydn llamó a este movimiento -interesante y sorprendentemente serio- como Capriccio. El Allegro spiritoso del primer movimiento y el Allegro con spirito final sinceramente merecen la designación de ‘con espíritu’ ya que están llenos de vida e ingenio.”

Es definitivo el avance que logró Haydn con ésta y todas las Sinfonías París. Y no sólo eso: el conde de Ogny también quedó gratamente complacido con el trabajo del buen Haydn, al grado de solicitarle una Sinfonía más para sus Concerts de la Loge Olympique, que vendría a ser la No. 92 en su catálogo. Sin embargo la gente cambia y las circunstancias también: resulta que, quizá, al potentado conde se le acabó el dinero o le dio un severo ataque de tacañería, pues Haydn nunca vio ni medio centavo que compensara su trabajo. Se dice que los dos se hicieron de palabras, se agarraron literalmente “de la peluca”, y Haydn tomó muy ofendido su partitura usándola para la recepción del doctorado Honoris Causa que le fue conferido por la Universidad de Oxford. De ahí que esa obra, digno preludio de las excelsas Sinfonías Londres, porte el nombre de la célebre Universidad, la ciudad y el condado inglés.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Franz Josef Haydn: Sinfonía No. 86 en re mayor

Versión: Orquesta Filarmónica de Nueva York. Leonard Bernstein, director.

ALBAN BERG (1885-1935)

9 May

Concierto para violín y orquesta

(A la memoria de un ángel)

  • Andante; Allegretto
  • Allegro; Adagio

Alban Berg

Todas las obras musicales contienen, de muy diversas formas, los intereses públicos y privados de los compositores. En ocasiones es irrelevante contemplar cómo la vida privada de un autor puede haber delineado una pieza musical. A veces dejan huellas o códigos muy obvios. Las obras de Schumann están llenas de referencias a su esposa Clara. Elgar representó a sus amigos en las Variaciones Enigma. Pero en 1977 muchos músicos se sorprendieron al saber que la Suite Lírica de Alban Berg, contenía un programa oculto que revelaba el amor clandestino de Berg por Hanna Fuchs-Robettin, la esposa de un industrial de Praga, y que las notas en la página estaban usualmente regidas por los ‘números’ personales de los amantes, o referencias a los hijos de Hanna, o a párrafos de poesía que compartían con especial y secreto afecto.

Desde entonces sabemos que el Concierto para violín de Berg presenta un caleidoscopio de asuntos públicos y vidas privadas aún más complicado. El ‘reparto’ es muy distinguido. Comenzamos con Alma Mahler. Después de la muerte de su marido -y posterior a un breve affaire con Oskar Kokoshka- ella se casó con el arquitecto Walter Gropius. El 22 de agosto de 1916, Berg escribió a su esposa Helene que había pasado una velada en casa de los Gropius. Tocó su Sonata para piano para Alma y, después de una cena de pollo frío, también tocó algunas de sus canciones; él salió a las once, muy apenado por haberse quedado tanto tiempo y estando Alma embarazada. Seis semanas después nació una niña: Manon. Dos años más tarde Alma se divorció de Gropius y en 1929 se casó con el novelista Franz Werfel, quien era el hermano de Hanna Fuchs-Robettin. En abril de 1934 Manon Gropius contrajo polio. Alma estaba desconsolada por Mutzi, como la llamaba, era ‘un ser de cuento de hadas; nadie podía verla sin enamorarse de ella. Era el ser humano más hermoso en todos los sentidos. Combinaba nuestras mejores cualidades. Nunca he visto tal capacidad divina para amar, tal poder creativo para expresarlo y vivirlo.’

Manon Gropius

En enero de 1935 un joven violinista estadounidense llamado Louis Krasner entró en escena. Se había quedado abrumado con una presentación de Wozzeck en Nueva York y posteriormente al escuchar la Sonata de Berg en Viena. Entonces, él se acercó al compositor para solicitarle un concierto para violín. A Berg no le interesó al principio. Asumió que Krasner deseaba una pieza virtuosa -como algo de Wieniawski o Vieuxtemps. ‘Sabe, ese no es mi tipo de música’, contestó Berg. Pero Krasner mencionó a Mozart y Beethoven en esa conversación y señaló: ‘Los ataques hacia la música dodecafónica en todas partes dicen que es música cerebral, sin sentimientos o emociones… Piense en lo que significaría para el movimiento de Schoenberg si un concierto para violín de Alban Berg triunfara al derribar el antagonismo de aquel chliché de cerebral y sin emociones.’

Berg aceptó días después, sabiendo que aún tenía trabajo pendiente en la partitura de la ópera Lulú. Krasner regresó a los Estados Unidos. Supo por sus amigos vieneses de la presencia de Berg en varios recitales de violín. El 28 de marzo Berg le escribió a Krasner que escribiría el Concierto durante el verano en su casa de Worthersee; y le hizo notar que Brahms había compuesto su Concierto para violín justo cruzando el lago, en Portschach. El 22 de abril Manon Gropius murió a causa de poliomielitis. Cuando Berg se enteró le llamó a Alma y preguntó si podía dedicar su nuevo Concierto a Manon. Es muy probable que Berg no hubiera tenido ni un bosquejo de la obra en ese momento; así que entonces comenzó a escribir vertiginosamente.

La tumba de Manon Gropius y de su madre, Alma Mahler (o, en realidad, Alma Schindler).

Con la ayuda de Krasner, quien visitó a Berg ese verano, el esquema del Concierto estuvo listo el 15 de julio y la orquestación el 12 de agosto. Debido a ello, Berg le dijo al violinista: ‘Nunca he trabajado tan duro en mi vida y, más aún, con una labor que me ha dado inacabable placer.’

No sabemos cuando fue que Berg decidió incorporar a su obra una canción folklórica carintia y un coral de Bach. Al comenzar ese verano le solicitó a Willi Reich que le llevara colecciones corales de Bach; parece que ya había puesto en la mira el coral Es ist genug! (¡Es suficiente!) queriendo analizar la armonía de Bach. El texto rendía homenaje a Manon: ‘…Voy a mi hogar celestial, / Seguramente viajaré en paz,/ Mi gran angustia permanecerá en el inferior.’

El sugerente texto de la canción carintia, que Berg nunca anotó en la partitura, tiene algún significado oculto. Éste dice:

Un ave en el ciruelo me ha despertado,

         de otra forma hubiera dormido en la cama de Mizzi

         Si todo el mundo desea una muchacha rica y bella

         ¿De dónde sacará el demonio a la fea?

         La chica es católica y yo protestante

         ¡Seguramente dejará el rosario en la cama!

Hacia 1982, Douglas Jarman encontró que ese texto es, en realidad, una confesión enterrada en lo ambiguo de las notas musicales: la aventura que tuvo Berg con Marie Scheuchl, conocida como Mizzi, quien trabajaba como servidumbre en la casa de Berg cuando él era apenas un mozo y que dio a luz a su hija ilegítima en la primavera de 1902.

Portada del manuscrito del Concierto para violín de Alban Berg

Así, este Concierto tuvo diversos significados: para el violinista, como mausoleo sonoro para la hija de Alma Mahler y uno más: el de los amores ilícitos de Berg. Sin embargo, el significado más arrollador es que ese Réquiem para Manon fue el propio Réquiem de Berg. Algo sentía el músico en su interior cuando su esposa le rogaba que bajara el ritmo de trabajo, y él contestaba: ‘No puedo detenerme -no tengo mucho tiempo.’ El Concierto para violín es la última obra terminada de Berg y él no vivió para escucharla. Su salud fue siempre inestable al sufrir de alergias y asma. Mientras trabajaba en el Concierto, una picadura de avispa se convirtió en un doloroso absceso. La infección fue tal que el 17 de diciembre de ese año fue hospitalizado, falleciendo de septicemia en las primeras horas del día 24. El canto del cisne de Berg fue estrenado el 19 de abril de 1936 en Barcelona con Louis Krasner y la batuta de Hermann Scherchen.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Alban Berg: Concierto para violín y orquesta

Versión: Pinchas Zukerman, violín. Orquesta Sinfónica de Londres. Pierre Boulez, director

FRANZ PETER SCHUBERT (1797-1828)

31 Ene

Tercera sinfonía en re mayor, D. 200

  • Adagio maestoso – Allegro con brio
  • Allegretto
  • Menuetto y trío: Vivace
  • Presto vivace

Durante la vida de Schubert, Viena fue agraciada por una vida musical intensa y variada. Además de la gran cantidad de óperas que se representaban y los conciertos públicos, las actividades musicales de carácter familiar eran algunas de las más importantes y se desarrollaban en todos los niveles sociales. Los grandes palacios de la nobleza eran escenarios idóneos para presentar conciertos, especialmente aquellos organizados por el príncipe Lobkowitz en los que se estrenaron muchas obras de Beethoven; sin embargo, en las casas de los mercaderes y los profesionistas en general también se organizaban soirées musicales íntimas, y constituían una práctica frecuente y bien recibida por la comunidad artística. Algunas de estas tertulias llegaron a niveles de excelencia, como por ejemplo la pequeña orquesta que creció en el seno de las reuniones musicales de la familia Schubert. Durante 1814 y 1815 el cuarteto de cuerdas de esa familia fue nutrido con la llegada de varios amigos de los Schubert para tocar con ellos; por supuesto, llegó un momento en que la intimidad de su hogar era insuficiente para albergar a un grupo tan grande, por lo que comenzaron a utilizar la casa de un potentado mercader, Franz Frishling. Hacia el otoño de 1815, nuevamente, la “orquesta” era tan grande y ya contaba con una considerable cantidad de seguidores, que tuvieron que mudar otra vez sus actividades, ahora a la casa de Otto Hatwig, quien colaboró con el conjunto y permitió su florecimiento durante los siguientes tres años. Ya entonces, la magnífica orquesta contaba entre sus miembros a 7 primeros violines, 6 segundos, 3 violas, 3 cellos y 2 contrabajos, así como una buena y variada cantidad de instrumentos de aliento.

En el caso particular de Schubert, es bien sabido que sus dos primeras Sinfonías las escribió como parte de su participación en la Orquesta del Stadtkonvikt; sin embargo, el desarrollo de la nueva orquesta ya referida constituyó un poderoso estímulo para su creatividad en el campo de la música orquestal. Su Tercera sinfonía fue probablemente la primera de sus partituras inspirada directamente por la novel orquesta. Schubert la escribió en tan sólo seis meses, justo antes de que el grupo comenzara sus actividades en la casa de Hatwig, y en una época en la que él se desempeñaba como profesor asistente en la escuela de música de su familia, situación que, dicho sea de paso, nunca lo hizo muy feliz. En este sentido, uno de sus amigos más cercanos, Anselm Hüttenbrenner recuerda que Schubert, aunque a disgusto, pasaba largas horas componiendo prolíficamente en una buhardilla húmeda, con una pequeña lámpara y envuelto en una gruesa cobija para soportar el frío. Y es cierto: la compulsión por crear nuevas obras lo llevó a componer en sus propias clases y, sin perder la esperanza y el ánimo, en tan sólo dos años (tiempo que invirtió trabajando para su padre) salieron de su pluma no menos de 382 partituras.

Franz Schubert (a la derecha)

La rapidez con la que Schubert compuso en ese lapso es evidente en la Tercera sinfonía. Los primeros cuarenta y siete compases de la partitura los escribió en mayo de 1815 y  la abandonó hasta el siguiente julio, pero al retomarla el día 11 de ese mes no paró en su creación. El primer movimiento estuvo listo al día siguiente, el 15 comenzó el segundo movimiento y concluyó la Sinfonía el día 19. En muchos sentidos, la Tercera de Schubert es una obra bastante ligera en carácter si se compara con la Sinfonía No. 2 que terminó cuatro meses antes. Quizá esta nueva obra es menos sólida en cuanto a duración y contenido, aunque su principal característica reside en su frescura y encanto en general, además de afirmarse como vivaz e individual. Se dice que el material temático del primer movimiento está imbuido en la música popular austriaca. Y aunque a muchos les suena como a música realmente “naïve” o plena de inocencia, es importante dejar claro que en esta Sinfonía encontramos a un Schubert verdaderamente sofisticado. En el primer movimiento, el autor conecta la introducción lenta con la parte central del movimiento utilizando una escala ascendente, en forma de una ráfaga sonora, seguida de cuatro notas repetidas. En contraste con esta sección, Schubert muestra su gracia y delicadeza en el segundo movimiento. El Menuetto posee un encanto particular, con sus acentos en contratiempo y en el espíritu de un verdadero “scherzo” romántico, así como su trío encapsula todo el sabor de los ländler campesinos. Clive Brown, uno de los grandes estudiosos de Schubert, define al último movimiento como “entre tarantella y final de una ópera bufa; aparecen giros que se van sucediendo uno a otro con impresionante rapidez y que dejan al escucha en un estado de alegre embriaguez.”

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Franz Schubert: Sinfonía No. 3 en re mayor D. 200

Versión: Real Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. Nikolaus Harnoncourt, director.

WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756-1791)

27 Ene

Cuadragésima sinfonía en sol menor K. 550

  • Molto allegro
  • Andante
  • Minuet (Allegretto) & trío
  • Finale (Allegro assai)

Voy a compartir con usted algo que seguramente le ha ocurrido en calidad de “melómano ejemplar”: cuando uno va por la vida presumiendo su muy particular y fino gusto por la música clásica, siempre se obtendrá una buena lección para no andar de habliche. En fiestas, reuniones sociales, o en cualquier lugar público donde se pueda entablar una nueva conversación amistosa, suele ocurrir que nos topemos con alguien simpático(a) que nos haga plática y pregunte a qué nos dedicamos. Para quienes estamos en el bonito trabajo de la música, pues resulta muy “stylish” (con estilo, pues) dar como carta de presentación la actividad que tenemos alrededor de la música de concierto. Y si dicha fina personita sabe poco o es neófita al respecto, indudablemente dice: “¡Ay, qué lindo, me encanta la música ‘clásica’! Oye, ¿sabes como se llama una que va más o menos así? (silba sin entonación pero con gran ternura)”. ¿Qué es lo que uno puede hacer cuando la melodía está mal silbada, mal comprendida o qué se yo? Quizás usted diga: “bueno, la música de concierto es muy amplia, no lo podemos saber todo”. Mas si en el mejor de los casos sabemos de qué se trata, es imperativo dar una pronta respuesta para que todos se den cuenta que, efectivamente, somos los más eruditos del mundo.

¡Pamplinas, digo yo!. Lo que ocurre es que mucha gente que se acerca poco a poco a este tipo de música tiene como lugares comunes sólo algunas obras. Y en encuentros como el que acabo de relatar el nuevo amigo o amiga tiende a silbar casi siempre lo que silbamos o cantamos todos hasta en la regadera: el Adagio del Concierto de Aranjuez, O fortuna de Cármina Burana, el Minueto de Boccherini, el Bolero de Ravel, el primer movimiento de La primavera de Vivaldi, el Capricho italiano y el Primer concierto para piano de Tchaikovski, el Canon de Pachelbel, la introducción de la Quinta sinfonía y Para Elisa de Beethoven o el primer movimiento de la Pequeña serenata, el segundo movimiento del Concierto para piano No. 21, el aria de la reina de la noche de La flauta mágica de Mozart. ¡Ajajá!! ¡Mozart mil veces! ¿Cuántas veces no hemos silbado algunas de sus mejores melodías??!!

Wolfgang Amadeus Mozart

Y después de tanto comentario sobre lo que la gente disfruta, silba, tararea y vuelve loca al escuchar en conciertos, nos damos cuenta que los “top hits” de la música de concierto recaen -sobre todo- en las obras de este célebre señor.

Ahora, dígame usted: ¿cuál es la melodía más directa y más tarareada de Mozart? ¡Perfectamente bien contestado! (arriba a mi izquierda, la señora de bolsa gris y suéter rojo). Pues es la melodía con la que, de forma más directa, abre sinfonía alguna de Mozart: la número 40.

Y ¿cómo fue que surgió esta obra? De lo trivial vamos a la historia, plis: Transcurría el verano de 1788 cuando Mozart se dio a la tarea de trabajar en las que serían sus últimas tres Sinfonías: las números 39, 40 y 41. Dichas obras fueron concebidas en menos de dos meses (¡todas!), aunque Mozart no tuviera planeado estrenarlas a corto plazo, y en una época que estuvo llena de problemas económicos y tristezas personales. Era claro que los años de “felicidad” de este compositor habían pasado; sin embargo, las tres sinfonías a las que nos referimos resultan las más perfectas e impresionantes de su catálogo, sin hacer menos a las anteriores.

La partitura de la Sinfonía No. 40 está fechada el 25 de julio de 1788, y su orquestación original incluyó una flauta, dos oboes, dos fagotes, cornos y cuerdas, aunque Mozart añadiera posteriormente dos clarinetes. Es interesante observar que en las sinfonías 39 y 41, se utilizan trompetas y timbales, totalmente ausentes en la instrumentación de la 40; pero esa ausencia es entendida con respecto a la personalidad y al ambiente general de la obra. Su espíritu puede ser tomado como un tanto ligero para que pudiera resultar en música dramática, pero su tonalidad -sol mayor-, juega un papel importante al hacerla nostálgica y con tintes de tristeza, totalmente contrastante junto a la Sinfonía 41 -la llamada Júpiter, terminada menos de un mes después- cuyo discurso es más optimista gracias a su tonalidad en do mayor.

El tema del que hablábamos líneas arriba, y con el que abrela Sinfonía40, es quizá una de las melodías más agitadas que escribiera Mozart, y que sólo encuentra un poco de calma al contrastar con un segundo tema, de carácter elegante.

Douglas Hammond asegura que “lo bombástico de los últimos siete compases no concluye apropiadamente el movimiento y deja preguntas que sólo pueden ser respondidas en los movimientos tercero y cuarto.”

La sección siguiente es un poco más relajada que la parte anterior, aunque el Minueto regresa al sol menor con insistencia y fuerza, para convertirlo en un movimiento elegante pero muy temperamental.

Todas las tensiones emocionales creadas a lo largo de la partitura (las muy evidentes y las subrepticias) encuentran una solución coherente y enérgica en el finale.

Al escuchar y redescubrir esta Sinfonía de Mozart, una y otra vez, no acabamos de comprender cómo los públicos del mundo gozan en hacer suya, y tararear incesantemente, la extrañamente bella melodía que abre la partitura de la Sinfonía 40. Es ahí cuando comprendemos el enorme poder de comunicación de cualquier obra de Mozart. Desde esa sombría melodía, hasta el diáfano primer movimiento de la Eine kleine nachtmusik; del conmovedor Lacrymosa del Réquiem hasta lo burlón del aria Non piu andrai farfallone amoroso de Las bodas de Fígaro; la atemorizante entrada del Comendador (Don Giovanni, a cenar tecco…) en comparación a la conclusión llena de gracia de la Sinfonía 34

¡Cuántos contrastes no encontramos en la música mozartiana y de qué tantas maneras apelan a nuestra sensibilidad! Si los tiernos años de mi adolescencia y primera juventud me hicieron aborrecer “lo clásico” de Mozart ahora, al tener unos añitos – y kilitos- más, debo reconocer lo equivocado que estaba. Mi amigo Eduardo (qepd) y yo nos peleabamos incesantemente para tratar de entender por qué a la gente le gustaba Mozart (a él nunca le convenció. Sólo sus óperas, igual que a mi). En este momento de mi vida, no me canso de tararear esa melodía de la Sinfonía 40 y de algunas otras obras como las que cité arriba; y si la gente viene y me pregunta -en la calle, en la fiesta, en el banco- qué es, sólo me queda contestar humildemente: “shhh, silencio: es Mozart, el más divino de los compositores”.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía No. 40 en sol menor K. 550

Versión: Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von Karajan, director.

FRANZ JOSEF HAYDN (1732-1809)

4 Nov

Concierto para cello y orquesta en re, Op. 101, Hob. VIIb:2

  • Allegro moderato
  • Adagio
  • Allegro

Franz Josef Haydn

En los primeros años del siglo XX poco se sabía del repertorio concertante que Haydn había aportado en su vida. Como siempre, su música religiosa y su colección de 104 sinfonías imperaron sobre cualquier otro género que haya abordado (como sus magníficas Sonatas para teclado). Así es que durante mucho tiempo sólo se tenía conocimiento (con la consabida difusión en conciertos) de un Concierto para piano en re, otro para cello en la misma tonalidad y el tan famoso Concierto para trompeta en mi bemol mayor. Sin embargo, a mediados del siglo que agoniza, y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, el conocimiento de conciertos de Haydn se elevó a unas veinticuatro partituras.

Por lo pronto, el Concierto para cello que más se conocía hasta antes de los descubrimientos mencionados era el que portaba la tonalidad de re mayor, pieza contemporánea a las Sinfonías 79 a 81, a la Mariazellermesse y los Cuartetos de cuerdas correspondientes al Op. 50: es decir, dicho concierto data de 1783. Aún así, en aquellos años de su composición se tenían serias dudas de su autenticidad, ya que muchos entendidos de la época insistían que esta obra era original de Antonín Kraft, el primer cello de la orquesta que Haydn tenía a su servicio en el Palacio del príncipe Esterházy. Poco después de ese revuelo, se supo que el cellista Kraft había contribuido a la técnica instrumental para el Concierto en re de Haydn. Pero la controversia continuaba, pues Haydn llegó a decir que él no necesitaba ayuda alguna para escribir música para violoncello, como bien lo probó en el movimiento lento de su Sinfonía 13 del año 1763. La prueba más fehaciente de lo anterior vino a desenmascararse en el año 1961 cuando fue descubierto en el Museo Nacional de Praga, dentro de la Colección Radenin, el manuscrito de una obra anterior al Concierto en re, y que parecía haberse perdido para siempre: era un Concierto para cello en do mayor. Sin embargo, la azarosa historia del Concierto en re ha seguido siendo motivo de múltiples conjeturas. Al publicarse como opus 101 alrededor de 1804, repentinamente la partitura apareció en un arreglo de C.F. Ebers para flauta y orquesta. Unos ochenta años después, una edición de Gevaert, que distorsionó en buena medida el peso específico y el sentimiento general de la obra, fue el que curiosamente cautivó a muchos intérpretes durante buena cantidad de años.

Estructuralmente, el Concierto en re para cello posee enormes abismos junto a su “según-esto” hermano Concierto en do, pues si bien comparten la misma estructura en orquestación, el ambiente es absolutamente distinto. El primer movimiento del Concierto en re está totalmente enraizado en un ambiente barroco, con la forma de un ritornello-rondó. En contraste, el movimiento lento nos ofrece una deliciosa y nostálgica melodía a cargo de las cuerdas que pareciera ser interrumpida en momentos por el cello solista. Mientras que en el movimiento final, Haydn (con la supuesta juventud que gozaba cuando concibió este Concierto) nos hace estallar con la alegría y fuerza que sólo puede provocarnos la tierna juventud, sentimiento digno de las primeras Sinfonías de este autor (6, 7 y 8 –El amanecer, el Mediodía y el Anochecer, respectivamente).

Descarga disponible:

Franz Josef Haydn: Concierto para violoncello en re mayor

Versión: Gautier Capuçon, violoncello. Orquesta de Cámara Mahler. Daniel Harding, director.

Este es el muy humilde Palacio Esterházy, donde Haydn vivió y compuso una parte sustancial de su catálogo (pobrecito).

Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor

  • Allegro
  • Andante
  • Allegro

En cuanto a su Concierto para trompeta éste debe mayor difusión en los tiempos en que fue escrito, por varias y poderosas razones, a uno de los más importantes constructores de instrumentos del siglo XVIII, con quien la fisonomía y técnica del instrumento alcanzó un esplendor que no pensó tener jamás desde sus orígenes. El susodicho se llamó Anton Weidinger, originario de Viena y extraordinario trompetista como aseguran las crónicas de la época. Weidinger construyó una trompeta de características especiales que incluían dos superficies curvas sobre una horizontal en donde las llaves o pistones se encontraban juntas en un mismo lugar del instrumento, de tal suerte que el intérprete pudiera utilizar para su ejecución sólo una de sus manos. Los sonidos emitidos por tal instrumento eran más suaves y menos penetrantes que el de una trompeta “natural” sin pistones, por lo que la creación de este trompetista y constructor fue denominada como un oboe o clarinete de sonido más amplio.

No se sabe a ciencia cierta si Haydn conoció los avances técnicos en la trompeta de Weidinger; sin embargo, es evidente que el compositor confeccionó en 1796 un Concierto de exquisita perfección para el solista, y que avizoraba cambios sustanciales en la trompeta pues en él las capacidades colorísticas y armónicas del instrumento son exploradas al máximo, sobre todo en su segundo movimiento. Debido a sus complicaciones interpretativas prácticamente nadie pudo tocar dicho Concierto hasta que llegó Weidinger con su flamante instrumento, y lo ejecutó sin mayor problema en un célebre concierto ocurrido en Viena el 28 de marzo de 1800 donde, además de tocar algunas otras obras virtuosas para trompeta, se dice que tomó un instante para hacer de conocimiento público que, para llevar a cabo la construcción de su “organisirte Trompete”, tuvo que emplear siete años de su vida. El Concierto para trompeta de Haydn es, junto con aquellos de Hummel y Stamitz, el parteaguas estético que ya era necesario para tal instrumento, en una época en la que Haydn también compuso su magnífico oratorio La creación y la célebre colección de Cuartetos Op. 76.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Franz Josef Haydn: Concierto para trompeta en mi bemol mayor

Versión: Håkan Hardenberger, trompeta. Academia de Saint Martin-in-the-Fields. Sir Neville Marriner, director.

A %d blogueros les gusta esto: