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HEITOR VILLA-LOBOS (1887-1959)

12 Dic

Bachianas brasileiras No. 2

  • Preludio (O Canto do Capadocio) Adagio – Andantino mosso
  • Aria (O Canto da Nossa Terra) Largo
  • Dança (Lembrança do Sertão) Andantino moderato
  • Tocata (O Trenzinho do Caipira) Un poco moderato

Heitor Villa-lobos

¿Qué será lo que tiene nuestra intensa tierra latinoamericana que nos hace ser tan distintos de los habitantes de otras regiones del mundo?

En mi caso resulta muy difícil decirlo con poesía u orden estricto, por lo que habré de comenzar lanzando ideas vagas, pero que se amoldan bien a los sentimientos que experimentamos al escuchar el potente sonido de la voz musical de nuestra América.

Clima tropical. Vegetación múltiple, colorida y exuberante. Hermosas pieles morenas y algunas blancuzcas. Fiesta interminable aunque la vida nos agobie. Fertilidad y muerte. Tabaco. Sol que quema más allá de nuestras pieles. Explosiones viscerales. Natural rebelde. Facciones toscas y aun más bellas. Selvas que todavía pueden salvarse. Sensualidad. Aroma a café, sabor a ron. Risa sin límites. Samba, cha-cha-chá, merengue, danzón, salsa, mambo, bolero, huaracha, sones, huapangos, corridos…

Al escuchar música de mi gente, de mi sangre, se proyectan en la mente esas y otras visiones, placeres sensoriales que de una u otra forma provocan un ritmo nervioso e irrefrenable que parece bailar, mover los cuerpos al son de una energía que no desea contenerse, que ruge apasionada y desencadena chubascos en montañas y llanuras, en el Amazonas, Palenque o Machu-Picchu, rozando jades y obsidianas, sacudiendo almas con la más grande pasión.

Esa es la música de nuestra América latina (aunque dicho término disguste al eminente internacionalista Modesto Seara y a todos los españoles) que por su incontenible sinceridad y belleza asombra sin remedio a otras culturas.

Y claro, para los ajenos a esta tierra es usual deslumbrarse con nuestra riqueza cultural, aunque no siempre la sepan comprender.

Toda esa energía terrenal que posee la música latinoamericana parece ser, entonces, sólo nuestra (a lo mejor), y (tal vez) sólo nosotros podemos vibrar adecuadamente con su elemento generador: la música del pueblo, aquella que se ha transmitido de generación en generación, y cuyas letras –si tienen- no importan tanto como sus ritmos tajantes, convulsos, feroces y excitantes.

Muchos compositores europeos también se vieron influidos por la música popular de sus respectivos países (por lo general, danzas campesinas), y para muestra ahí están Haydn, Mozart, Lanner, Beethoven, Schubert o Mahler, por sólo nombrar unos cuantos. Igualmente, en los Estados Unidos el blues y el jazz –en ese orden-, emborracharon literalmente a Gershwin, Copland y Bernstein.

Pero –insisto- la música escrita por autores como Chávez, Revueltas, Galindo, Ginastera o Villa-lobos posee algo más que un eje netamente folklórico. Esa médula se expande y contrae con una rapidez estroboscópica, y bombea sangre segundo a segundo, respira con fuerza, bufando casi. Y con ello, ya tenemos el campo preparado para hablar un poco de ese inmenso personaje brasileño: Heitor Villa-lobos.

1930 marcó para Villa-lobos el inicio de la más relevante etapa estética en su carrera, con la composición de la primera de sus nueve Bachianas brasileiras. Este importante ciclo de obras constituye un parteaguas no sólo en la música latinoamericana, sino también en la del mundo entero, ya que Villa-lobos profundamente enamorado de la música de Johann Sebastian Bach escribió dichas partituras con dos ideas fundamentales: una que evoca formas barrocas al estilo de Bach (preludios, toccatas, arias, fugas, fantasías, gigas y corales), y otra inspirada en elementos definitivamente brasileños (embolada, nodinha, ponteio, miudinho, desafío). El resultado: nueve suites con movimientos de danza muy locales, pero revestidos con una estructura netamente universal.

La segunda de las Bachianas brasileiras la escribió Villa-lobos en el mismo año que la primera, y contiene cuatro escenas de un Brasil campesino, exuberante y tropical. Justamente, el movimiento final de esta Bachiana es una de las piezas más conocidas de Villa-lobos: El trenecito del caipira. Musicalmente esta obra nos introduce en lo profundo de la “floresta brasileira”, a través de la cual viajamos en una muy ruidosa pero simpática locomotora de vapor, casi licuadora, fielmente descrita por los metales, las percusiones y el piano; mientras, la melodía nos sugiere el hermoso paisaje que tenemos durante el recorrido. Por supuesto, el viaje termina al detenerse la máquina, con ese sonido tan característico (¡pppfffffsssshhhhh!), y un tremendo frenón que, si no nos pescamos bien, nos arrojará por los suelos.

Descarga disponible:

Heitor Villa-lobos: Bachianas brasileiras No. 2

Versión: Orquesta Filarmónica Real de Londres. Enrique Arturo Diemecke, director.

Villa-lobos en su estudio

Bachianas brasileiras No. 5, para soprano y ocho violoncellos

  • Aria (Cantilena) Adagio
  • Dansa (Martelo) Allegretto

La más famosa de las Bachianas brasileiras es la número 5, escrita en 1938, y que da cuenta del amor que Villa-lobos profesaba por su instrumento principal -el violoncello- y por la poesía. La Bachiana No. 5 es de una exquisitez inusual, al estar pensada para ocho cellos y la voz de una soprano, lo que proporciona una sonoridad de gran carácter y belleza. La soprano inicia vocalizando, cantando sobre la vocal A, sobre el fino acompañamiento en pizzicati de los cellos. En la sección central de este movimiento la voz declama un Nocturno de la poetisa y cantante Ruth Valadares Correa (quien además estrenó la partitura en 1939) para concluir con la reexposición del tema principal, pero ahora la soprano lo canta con la boca cerrada (así es, no vaya a creer que no se puede hacer esto). Villa-lobos añadió un segundo movimiento en 1945 con un texto de Manoel Bandeira, en forma de una danza vigorosa llamada martelo.

JOSÉ-MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Heitor Villa-lobos: Bachianas brasileiras No. 5

Versión: Barbara Hendricks, soprano. Ocho violoncellistas de la Filarmónica Real de Londres. Enrique Bátiz, director.

 TEXTOS DE LAS BACHIANAS BRASILEIRAS No. 5

* Aria (Cantilena) Ruth Valadares Correa

Tarde, una nube lenta y transparente se vuelve rosa,

Sobre el espacio, soñadora y bella.

Del infinito aparece la luna dulcemente,

Adornando la tarde, como una gentil doncella,

Que se alista y embellece soñadamente,

Con ansias del alma para estar hermosa,

Grita al cielo y la tierra, toda la naturaleza!

Los pájaros cesan de cantar al escuchar sus lamentos,

Y refleja en mar toda su riqueza.

La luz de la luna ahora despierta suavemente,

El cruel anhelo que ríe y llora.

Tarde, una nube lenta y transparente se vuelve rosa,

Sobre el espacio, soñadora y bella.

* Dansa (Martelo) Manoel Bandeira

Ireré, mi pajarillo de las selvas de Carirí,

Ireré mi compañero,

¿Dónde está la guitarra? ¿dónde está mi amada? ¿dónde está María?

¡Ay, triste destino del canto del guitarrista!

¡Ah! Sin la guitarra con la que cantaba su amo,

¡Ah! Su silbido es tu flauta, Ireré:

Pero cuando tu flauta de las selvas suena,

¡Ah! La gente sufre sin buena voluntad

¡Ah! Tu canto llega ahí de la profundidad de la selva

¡Ah! Como una brisa suavizando el corazón.

Ireré, suelta tu canto

¡Canta más, canta más!

¡Para recordar el Carirí!

¡Canta, canta paloma!

Canta Ireré, canta.

María, despierta, ya es de día.

Canten todos,

Pajarillos de la selva

¡Hey, tordo del bosque que canta!

¡Oh, tordo del bosque que sufre!

¡Oh! Tu canto llega ahí de la profundidad de la selva

Como una brisa suavizando el corazón.

La imagen de Villa-lobos capturada en los billetes de 500 Cruzados muestra la sensibilidad del gobierno de Brasil por uno de sus más grandes artistas, ciudadano a fin de cuentas...

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