Archivo | Contreras, Salvador RSS feed for this section

SALVADOR CONTRERAS (1910-1982)

2 Sep

Salvador Contreras (la parte de la dedicatoria que se lee fue escrita por la hija del autor para quien esto escribe)

La vida y la obra del compositor Salvador Contreras, quien nació en Cuerámaro, Guanajuato, el 10 de noviembre de 1910, ha sido motivo de un intenso estudio por parte del también compositor y musicólogo peruano Aurelio Tello. Gracias a sus acuciosas investigaciones, que redundaron en la publicación en 1987 del libro Salvador Contreras, vida y obra (CENIDIM), en el cual conocemos los ejes motores de su creatividad, nos percatamos del desafortunado olvido en el que sus partituras se encuentran, independientemente de la difusión que en varios conciertos y grabaciones se ha hecho de ellas. Como en otros casos de la música mexicana (que pueden elevarse a decenas, o cientos), el olvido o negación para interpretar o –por lo menos- dar su justa medida a la personalidad de Salvador Contreras, nada tiene que ver con los inmensos alcances de sus partituras y su trabajo en pro del arte sonoro nacional. Siendo uno de los más destacados discípulos de Candelario Huízar, Silvestre Revueltas y Carlos Chávez, e imbuido en el ambiente nacionalista por el que propugnaron sus profesores y otros grandes creadores mexicanos, fue que Contreras emprendió su incansable “lucha” artística, que compartió con sus colegas Blas Galindo, Daniel Ayala y José Pablo Moncayo. Juntos, dieron origen en 1935 al conocido como Grupo de los cuatro, dedicado no sólo a promover las creaciones de sus miembros, sino también trabajó en la organización y difusión de los nuevos compositores a través de conciertos y publicaciones.

Contreras fue un personaje que supo aquilatar el precioso momento que vivía el arte de nuestro país: tan sólo basta imaginar que él y su generación fueron testigos de la fundación de la Sinfónica de México y de la reestructuración del Conservatorio Nacional de Música, así como del florecimiento de la danza mexicana y los años dorados del cine nacional. Todo ello se ve reflejado en la producción de Contreras, que es vasta e interesante, y en donde se encuentran desde los textos musicales más sencillos hasta las más exuberantes piezas orquestales. Éste último rubro es evidente pues tanto Contreras como sus colegas compositores tenían a un fabuloso instrumento en la Sinfónica de México (y posteriormente la Sinfónica Nacional) como incentivo para escribir música orquestal. Por otro lado, el apogeo de la danza también le dio oportunidad a este autor para dedicar diversas partituras al género, como lo son sus ballets Titeresca, La pingüica, Provincianas, entre otros; y su relación con el cine nacional también fue intensa legando partituras para distintos largometrajes.

Lo más interesante de la producción toda de Contreras es su fantástica capacidad de asimilación de las tradiciones, el paisaje y los sonidos de México, traduciéndolos en un lenguaje musical cuidadoso, inventivo, de técnica impecable y procedimientos composicionales de gran vanguardia. En conjunto, algunas influencias de consideración en su música las constituyen el neoclasicismo de Stravinsky, los acentos, ritmos y colores de la música de Revueltas y su enorme gusto por el impresionismo musical, junto a la adopción (ya en la década de 1960) del dodecafonismo, todo lo cual conformó un lenguaje muy personal y que caracterizó a Contreras por el resto de su vida.

Como decíamos líneas arriba, la producción orquestal de Contreras es de un valor inigualable. La que en tiempos muy recientes se ha convertido en rúbrica personal de Contreras es, definitivamente, su Danza negra, pieza de carácter virtuoso, de intensos colores así como de claroscuros. De evidente carácter bailable, de sensualidad irrefrenable, marcada y sazonada con acentos rítmicos intrincados, la Danza negra fue escrita en 1966 para estrenarse con la Sinfónica Nacional. Cierto cronista ha señalado que, dado que las copias de particellas eran casi ilegibles (!!), el estreno tuvo que ser pospuesto, pero desafortunadamente se archivó en el cajón de los “estrenos-programados-cancelados-y-nunca-vueltos-a-reprogramar” hasta que 22 años después de haber sido escrita, el 13 de mayo de 1988, el director Eduardo Diazmuñoz recuperó la obra y la estrenó con la Orquesta Sinfónica del Estado de México. Gracias, también, al Mtro. Héctor Quintanar, la Danza negra de Contreras ha sido dignamente divulgada, tanto en muchos conciertos con la OSUG como en su grabación con dicha agrupación realizada en 1993. Aquí vale la pena decir que resulta maravilloso, pero también curioso, que Quintanar y Diazmuñoz decidieran grabar esta Danza negra con tan sólo meses de diferencia (Diazmuñoz lo hizo con la Filarmónica de la Ciudad de México en 1992). Sin embargo, esto habla del carácter de estos músicos y del enorme valor estético de la Danza negra.

Salvador Contreras. Óleo sobre tela 50 x 35 cms. Obra de Sandra Contreras (1997)

Sin embargo, amén de la obra citada, el catálogo de Contreras incluye las siguientes piezas orquestales:

  • Música para orquesta sinfónica (1940)
  • Tres movimientos sinfónicos (1941)
  • Obertura en tiempo de danza (1942)
  • Primera sinfonía (1944)
  • Suite en tres movimientos (1944)
  • Segunda sinfonía (1945) –inconclusa-
  • Suite sinfónica (1952)
  • Titeresca (1953)
  • Tres movimientos sinfónicos (1956) –segunda versión-
  • Introducción, andante y final (1962)
  • Tercera sinfonía (1963)
  • Retratos (1975)
  • Poema elegiaco (Homenaje a Silvestre Revueltas) (1976)
  • Símbolos (1979)
  • Cuarta sinfonía –inconclusa-

En resumen, es interesante leer lo que el Mtro. Tello dice con respecto a dicho catálogo sinfónico: “(Éste) es un verdadero recorrido por todas las posibilidades que brinda este difícil instrumento, y es aquí donde está lo mejor y más logrado de Contreras como compositor. Algunas de sus partituras son verdaderas obras maestras y deberían contarse dentro de lo más notable que ha producido nuestro país en cuanto a música sinfónica.”

Sin embargo, la difusión de la música de este autor ha sido bastante magra, y por ahí únicamente andan perdidas algunas grabaciones de sus obras, como sus Corridos (Sinfónica Nacional – Diemecke), los Cuartetos Nos. 2 y 4 (Cuartetos Latinoamericano y Ruso-Americano, respectivamente), la Sonata para violín y violoncello (Arón y Álvaro Bitrán), dos piezas dodecafónicas para quinteto de alientos (Quinteto Anastasio Flores), seis Preludios (Alberto Cruzprieto) y la Sonatina para piano (Rodolfo Ponce Montero). Si bien Blas Galindo escribió en 1948 que la producción de Contreras ya alcanzaba entonces más de 74 creaciones, imagínese toda la producción musical posterior. ¿Acaso es justo ese olvido de quienes han apuntalado nuestra escena musical? En realidad, nadie puede ser juez absoluto para remediar o justificar la casi nula difusión de una obra tan interesante. Si algo puede tocar nuestros corazones, es el propio comentario de doña Isabel Contreras I, hija del autor, quien en una nota introductoria a la obra de su padre en el disco Cuartetos mexicanos desconocidos Vol. II ella señala:

Recuerdo la primera vez, cuando pequeña, que le pregunté (a mi padre): ¿Y qué tanto escribes? “Música”, me contestó. Era difícil para mí en aquel entonces comprender que la música se escribiera. Ahora está aquí para ser escuchada, para escucharlo; igual que como pensaba cuando niña: la música sólo es para disfrutarse… La vida de todo hombre es un constante quehacer. Continuamente estamos haciendo, ejecutando, creando o produciendo algo, así haciendo, es como el hombre trasciende y se trasciende a sí mismo. La imagen más cercana, pero también la más arraigada y penetrante que, como hija, guardo de mi padre, es la de creador, de la un “hacedor de música”.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Salvador Contreras: Danza negra

Versión:  Filarmónica de la Ciudad de México. Eduardo Diazmuñoz, director.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: