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EDVARD GRIEG (1843-1907)

1 May

Suite lírica Op. 54

  • El pequeño pastor (Andantino espressivo)
  • Doblar de campanas (Andante)
  • Marcha rústica noruega (Allegro marcato)
  • Nocturno
  • Marcha de los enanos (Allegro marcato)

El piano fue el instrumento que acompañó la vida y la carrera del noruego Edvard Grieg, y siempre fue considerado un auténtico virtuoso de éste, lo cual es evidente con tan sólo escuchar algunas de sus partituras pianísticas, como su célebre (y hermoso) Concierto en la menor, su Sonata en mi menor (1865), la Balada en sol menor Op. 24 y, de manera definitiva, con sus Piezas líricas que compuso en un período que abarcó de 1867 a 1901. Dicha colección incluye diez cuadernos con un total de sesenta y seis breves joyas para piano, y está perfumada por los amores principales de Grieg: tanto su instrumento predilecto, como sus raíces –fuertes y bien ancladas- en la tradición folklórica de Noruega y, por si fuera poco, el carácter lírico que sabía imprimir con delicadeza y cariño a sus partituras. Odile Martin lo explica de mejor manera: “Puesto que para Grieg, como para Schumann (a quien admiraba tanto y calificaba de ‘poeta’), el piano constituyó a lo largo de su vida una especie de confidente, de diario íntimo donde vertía sus sentimientos, sus emociones, sus pasiones, su amor a su país, a esa música popular de la que estuvo enteramente impregnado y que supo recrear con su ambiente y su diversidad, en su propia música.”

Las mencionadas Piezas líricas son breves y diminutos lienzos impresionistas, en la forma de estudios de carácter, aunque no puede encontrarse una mera secuencia o idea “poética” de una a otra, como puede ocurrir en la música de Schumann. Sin embargo, los puntos sobre los que gira la totalidad de las Piezas líricas son: naturaleza, la patria, y los sentimientos de nostalgia o elegíacos. Cada una de ellas cuenta una estructura de alcances “modestos” (si hay que definirlo de alguna manera), de carácter tripartita, que fue el modelo en el siglo XIX para obras breves, sin tener muchas complicaciones técnicas (aunque algunas de ellas brillan por su virtuosismo). En resumen, las mencionadas Piezas de Grieg son absolutamente populares en muchos sentidos. En cuanto a su contenido estético, éstas pueden reconocerse como una continuación de la música pianística de Robert Schumann, al mismo tiempo en que pueden encontrarse en ellas visos de Brahms, Chopin y Liszt. Pero lo más importante de las Piezas líricas de Grieg, y de una buena cantidad de sus partituras, es su cariño inmenso por la tradición musical noruega, misma que cobró grandes dimensiones a partir de su encuentro, en 1866, con Richard Nordraak, el creador del Himno Nacional Noruego, quien murió a destiempo cuando contaba con 24 años de edad. Fue posterior a ello que Grieg se adentró a conciencia en el estudio y la recopilación del material sonoro popular de Noruega, dándole una importancia que nadie antes de él había considerado. Su concepto artístico estaba orientado a enriquecer el lenguaje musical del siglo XIX con la música noruega, especialmente a través de la infinidad de danzas folklóricas que se escuchan tanto en las Piezas líricas como en otras de sus partituras más célebres: las Danzas sinfónicas y Peer Gynt, por ejemplo.

Edvard Grieg

Edvard Grieg

Hacia 1900, Grieg tuvo que defender sus intereses artísticos frente a la ridiculez de uno que otro crítico sordo, y a ellos dedicó las siguientes líneas:

Hasta el momento presente he publicado más de setenta obras, por lo que debería permitirseme decir que nada es tan incorrecto que los comentarios de los críticos alemanes, quienes aseguran que mi llamada originalidad está limitada a mi aproximación a la música folklórica. Es totalmente otro asunto si un espíritu nacionalista, que ha sido expresado a través de la música del pueblo desde tiempos remotos, flote sobre mis trabajos originales y creativos.

Del total de las sesenta y seis Piezas líricas, Grieg orquestó en 1903 cuatro de las contenidas en el libro quinto, agrupándolas en lo que él denominó Suite lírica. Dichas secciones tienen por títulos: El pequeño pastor, Marcha rústica noruega, Nocturno y Marcha de los enanos (ésta última la más conocida de todas), y que no necesitan de mayor discusión pues son muy elocuentes y con un lenguaje tan sencillo, elegante y hermoso que apela a cualquier espíritu. Sólo se necesita escuchar la música con atención y con el corazón bien abierto.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Edvard Grieg: Suite lírica

Versión: Orquesta Sinfónica de Gotenburgo. Neeme Järvi, director.

EDVARD GRIEG (1843-1907)

20 Oct

Concierto para piano y orquesta en la menor Op. 16

  • Allegro molto moderato
  • Adagio
  • Allegro moderato e marcato –quasi presto – Andante maestoso

Edvard Grieg

Un intenso redoble de timbal en crescendo; repentinamente, el piano solista anuncia uno de los temas más famosos en la historia del arte occidental. Al escuchar esta arrolladora introducción comprendemos que su autor, el noruego Edgard Grieg, compuso esta obra cuando tenía tan sólo veinticinco años de edad. Pero la génesis de esta partitura viene desde mucho antes, en los tiempos en que Grieg era estudiante en el Conservatorio de Leipzig. Fue en esa ciudad donde escuchó a la célebre Orquesta Gewandhaus acompañando a Clara Schumann (1819-1896) en la interpretación del Concierto para piano de su marido, Robert (1810-1856). El extraordinario modelo romántico de dicha pieza avasalló a Grieg hasta convertirse en una obsesión; de tal manera que años después comenzó a componer su propio Concierto, con un decantado conocimiento del instrumento solista pues él fue –desde siempre- un fino pianista y exploró las posibilidades del piano en sus innumerables obras para éste. En 1868 Grieg concibió prácticamente la totalidad del Concierto en una casa de campo en Sollerod. Además de tener ese empuje que sólo puede brindar la juventud, el músico gozaba también de un gozoso momento en su vida: estaba recién casado con Nina Hagerup –su prima- y había nacido una niña que vino a consagrar su relación. Sin embargo, en el Concierto de Grieg existen contrastes fácilmente audibles. Así como él expone un discurso pianístico fresco, pujante y muy juvenil, las texturas de su instrumentación y todos sus colores provienen de la paleta orquestal de un hombre en el ocaso de su vida, pues Grieg revisó y dio forma definitiva a su Concierto pocos meses antes de su muerte. De tal suerte su situación física y anímica era totalmente distinta de cuando concibió la obra pues estaba muy enfermo, a punto de cerrar su ciclo vital, y aquella niña que nació junto con los primeros y feroces acordes del Concierto había muerto treinta y siete años atrás. Por ello no es ocioso considerar a esta obra como el documento sonoro de toda la vida de Grieg, el testimonio más intenso que podría existir del alfa y omega de su tránsito por el mundo de los mortales.

Ello le ha permitido a esta partitura habitar en el gran panteón de las obras más célebres y –de igual forma- de las más escuchadas y aplaudidas por todos los públicos, con sus toques pianísticos líricos y lisztianos, la inmaculada levedad etérea de su Adagio y su poderoso, emocionante final.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Edvard Grieg: Concierto para piano y orquesta

Versión: Lilya Zilberstein, piano. Orquesta Sinfónica de Gotenburgo. Neeme Järvi, director

EDVARD GRIEG (1843-1907)

2 Ene

Peer Gynt

Música escénica Op. 55

Cartel realizado por Edvard Munch para la obra teatral de Ibsen “Peer Gynt”

En el año 1896 el pintor noruego Edvard Munch realizó un cartel para la primera presentación en París del Peer Gynt de Grieg, ese enorme compositor compatriota de Munch. En aquel cartel pueden verse rostros atormentados y llenos de angustia, enmarcados por un típico paraje escandinavo en tiempos invernales. Tal propuesta expresionista del pintor contrastaba de forma bien balanceada con la sobriedad de la obra teatral original de Henrik Ibsen, aquel Peer Gynt para el que Grieg compusiera su magnífica música. El trabajo de estos tres insignes artistas noruegos –Ibsen, Munch, Grieg- confirmó de muchas maneras su creciente interés por el nacimiento de un estilo nacionalista en respuesta a la enorme influencia del arte alemán en aquella región. La pieza teatral de Ibsen, que data de 1867, satiriza de manera grotesca algunos aspectos de la naturaleza humana. Como afirma Odile Martín: “Peer Gynt es un joven campesino egoísta, fanfarrón, de imaginación desbordante y voraz ambición.” Aunque la definición que sobre la personalidad de Peer Gynt nos ofrece Jorge Velazco es, a todas luces, más sabrosa: “(Él es) un joven impetuoso, pícaro, terco y voluntarioso, la perfecta combinación de bellaco, golfo y pillo, quien simboliza la degeneración moral.”

Portada del manuscrito de Peer Gynt de Ibsen

Con esa trama, digna de un perfecto galimatías pero no por ello menos interesante, Ibsen comisionó a Edvard Grieg en enero de 1874 para que escribiera la música incidental (o escénica) para el Peer Gynt. Sin embargo, el músico –quien se encontraba constantemente ocupado en diversos proyectos como pianista y director, así como por recurrentes ataques de flojera- no concluyó su trabajo para Peer Gynt sino hasta septiembre del año siguiente. Fue así que Peer Gynt se estrenó en el Teatro de la Cristianía el jueves 24 de febrero de 1876, y más tarde, entre 1888 y 1892, volvió a revisar la partitura en Copenhague con vías a nuevas presentaciones de la obra teatral así como extrajo lo mejor de toda la música incidental convirtiéndola en dos Suites orquestales (Opp. 46 y 55), que, en cuanto al orden de las selecciones, poco tienen que ver con la secuencia original de la obra de Ibsen.

La fabulosa (y en momentos jocosísima) historia de Peer Gynt es como sigue: El acto I transcurre con el ambiente de una sencilla y alegre boda campesina, para lo cual Grieg hecho mano de su enorme sensibilidad por la música popular noruega, utilizando algunos de sus procedimientos y paleta sonora. Entre danzas de primavera, procesiones y algunos solos de violín, llegamos al acto II donde el picarón de Peer Gynt arriba a la ceremonia y se le hace fácil raptar durante el ágape a la bella novia campesina (la joven Ingrid), quien se lamenta enormemente de tan horrible situación. Esta sección es de una elegancia inusitada, y nos recuerda en cierta manera la Marcha fúnebre de la Sinfonía Heroica de Beethoven.

Edvard Grieg

Para lograr su extraordinario plan de rapto de Ingrid, Peer Gynt abandona a su anciana madre Aase y a su fiel prometida, la inocente Solveig. A partir de ese momento comienzan sus avatares locos y vagabundos. Después de raptar a Ingrid, vivir con ella un tórrido romance (flor de un día) y olvidarla a su suerte, Peer Gynt pasa una temporada en la gruta del rey de los trolls, esas criaturas fantásticas de las montañas. Cual es su costumbre, el fanfarrón enamora instantáneamente a la hija del rey del inframundo con tal de quedarse a habitar con todo desparpajo en el lugar. La sección musical correspondiente, En la gruta del rey de la montaña, es definitivamente uno de los trozos musicales más significativos de la producción de Edvard Grieg. En el acto III nos encontramos con el momento realmente sensible de toda la música escénica, donde Peer Gynt encuentra momentáneamente a la joven Solveig que ha abandonado todo por él. Después de ello, somos partícipes de la terrible muerte de Aase, la madre de Peer, quien frente a la tristeza que le provocó el abandono de su hijo dibuja su último aliento en un fragmento musical por demás desgarrador, y que el mismo Grieg reconoció –junto con la Canción de Solveig– como una de sus piezas maestras (y, créame, ¡lo es!) por su profundidad en carácter, sombría en sus matices, intensa en la expresión.

Primeros compases de La muerte de Aase

Comienza el acto IV con otra de las piezas que mejor rubrican la producción de este autor, Voces de la mañana, un perfecto remanso espiritual (y sonoro) después de escuchar el sufrimiento de Solveig y la transición de Aase. En dicho acto, Peer Gynt se hace vendedor de esclavos en África, engañado por la bella Anitra, hija del jefe de una tribu de beduinos. Anitra, quien baila y baila sin cesar y sensualmente para enamorar cada vez más a Peer, resultó ser la horma del zapato del joven. Peer Gynt, azorado por haber encontrado a alguien más astuto que él, decide (en el acto V) regresar a Noruega en un viaje fantástico lleno de tempestades y pruebas físicas. Finalmente, arriba al hogar como un vikingo viejo, derrotado, desanimado, y aunque en el fondo no está arrepentido de todo lo que ha vivido sí se encuentra extremadamente agotado físicamente. Arriba a su cabaña y muere en brazos de Solveig que nunca dejó de esperarlo, y quien para confortar sus últimos minutos le canta una tierna canción de cuna.

 JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Edvard Grieg: Selecciones de Peer Gynt

Versión: Coro y Orquesta Filarmónica de Oslo. Esa-Pekka Salonen, director. Barbara Hendricks, soprano


Canción de Solveig

Seguramente pasarán el invierno y la primavera,

Y también el siguiente verano, y todo el año;

Pero algún día tu regresarás, lo sé de seguro,

Y continuaré esperando, como te lo prometí la última vez.

Dios te da fuerza para que continúes, por dondequiera que estés en el mundo,

Dios te da alegría si tú te mantienes a sus pies.

Aquí yo esperaré hasta tu regreso;

¡Y si tú esperas ahí, nos encontraremos, amigo mío!

Canción de cuna de Solveig

¡Duerme, mi querido muchacho!

Te meceré entre mis brazos y estaré velando tu sueño.

Mi muchacho se ha sentado en el regazo de su madre.

Los dos han jugado cuán largo ha sido el día.

Mi muchacho ha descansado en el pecho de su madre

Cuán largo ha sido el día.

¡Dios te bendiga, mi alegría!

Mi muchacho ha reposado cerca de mi corazón

Cuán largo ha sido el día.

Ahora él está tan cansado.

Te meceré entre mis brazos y estaré velando tu sueño.

Traducción de José María Álvarez

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