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HENRY PURCELL (1659-1695)

6 Ago

Música instrumental de Abdelazer o La venganza del moro 

…Éxita purceliana…

Mapa de Londres (s. XVII)

En la fascinante ciudad de Londres, a unos cuantos pasos del Río Támesis, de las Casas del Parlamento y el -seguramente- máximo símbolo inglés (el Big Ben) hay un gran letrero que reza “Welcome to the heart of London” (“Bienvenido al corazón de Londres”). Efectivamente: ese lugar tan característico debe ser visitado por todo turista anglófilo ya que reúne el espíritu de la capital inglesa (aunque los sitios londinenses básicos son Piccadilly Circus y/o Leicester Square) al estar adornado por las potentes campanadas del insigne reloj.

Justo en ese “corazón” londinense se levanta majestuosa la Abadía de Westminster, que ha sido testigo de las ceremonias nupciales (y las fúnebres también) de prácticamente todos los monarcas ingleses. Al visitarla tenemos que desembolsar 6 libras esterlinas para entrar y disfrutar de más de ochocientos años en la historia de Inglaterra. Ahí descansan los restos de Reyes, Reinas, Duques y Condes; pero también ahí están (mencionados o sepultados) algunos personajes que han dado significado a la vida de ese país. Por ejemplo, a la entrada de la Abadía está una gran lápida en homenaje a “Un soldado desconocido”; caminando por la parte derecha de la nave principal están las lápidas de Handel, Shakespeare, Donne, H.G. Wells y varios célebres más. Exactamente del otro lado, bajo el impresionante órgano de la Abadía, hay una placa que menciona los nombres de los organistas que, hasta la fecha, han hecho sonar el imponente instrumento. En el piso encontramos esculpidos los nombres tan recordados de Benjamin Britten y Ralph Vaughan Williams; pero en el lugar de honor, debajo del órgano, están depositados los restos de Henry Purcell. Sí, querido lector, el hecho de que este compositor haya recibido tal privilegio no es gratuito, ya que es considerado como el máximo exponente de la música inglesa desde el siglo XVII, y que sólo encontró eco en el siglo XX con Britten, Vaughan Williams o Walton.

La lápida de Purcell

Apodado con justeza Orpheus Britannicus y responsable de la consolidación de la ópera netamente inglesa Purcell es, a pesar de tanta celebridad, poco recordado fuera de Inglaterra y de la Purcell Room (*). Aunque en 1995 -fecha de su tricentenario luctuoso- algunos regulares homenajes se organizaron en todo el mundo y la ópera Dido y Eneas, su opus magnum , de pronto aparece en los carteles musicales del orbe, Purcell y sus bellos sonidos habitan en el más inmundo rincón de la memoria musical.

Este hombre resultó ser, sin dudarlo, tan importante como otros colegas de su tiempo; a saber, las alturas estéticas alcanzadas por Purcell pueden equipararse a aquellas de Monteverdi, Bach, Handel, Scarlatti, Rameau, Vivaldi y Telemann .

Pero curioso es saber que la vida de Purcell, en estricto sentido, no existe. How come??, dirían los ingleses ofendidos. Pues el caso es que si usted busca correspondencia, testimonios o hasta un testamento de este señor usted se quedará con las manos vacías pues sólo existe su música (“buena pista, Watson”) en cuyas partituras hay dedicatorias pomposas y sólo eso; imagínese que ni siquiera es veraz la fecha de su nacimiento (el día, mes y año, 1659 ó 1658). En consecuencia, los musicólogos han tenido que trabajar sobre “teorías” de la vida y obra de Purcell. Para ser anecdóticos, lo que si se sabe de este ilustre es que murió de un enfriamiento atroz debido a una corajina que hizo su mujer por una borrachera del músico o quizá asuntos de alcoba; tal fue la histeria de la Sra. Purcell que decidió mandar a su marido “a volar”, cerrando la puerta del hogar sin forma de que el bohemio compositor entrara. Así permaneció toda la noche expuesto al inclemente sereno londinense y el resultado: Purcell feneció víctima de la ira doméstica.

Así era él, ni modo. Le gustaba la “pachanga” y gozaba -parece- de un espléndido sentido del humor. Prueba de ello es una pequeña pieza que escribió para un “ensamble de borrachos” en la cual los silencios marcados en la partitura servían para que los participantes emitieran sonoros eructos. Como ve usted, si Mozart fue retratado con su célebre falta de recato en la cinta Amadeus, con Purcell podría hacerse algo similar …lástima que se sepa tan poco de su vida.

Hemos ya mencionado la ópera Dido y Eneas como su máxima creación, pero ello no significa que fuera lo único que Purcell escribió. En realidad gran parte de la producción de este hombre estuvo dedicada a actividades de la corte, sobre todo hasta 1689, con una buena cantidad de Himnos reales, Odas cortesanas, canciones y música de cámara. Pero fue en 1690 que Purcell decidió probar suerte escribiendo música para teatro.

La escena teatral londinense en particular fue reformada hacia 1660 al regreso a Inglaterra del Rey Carlos II. La guerra civil de 1642 había provocado la inactividad teatral durante casi veinte años, y en aquel momento el Rey y su hermano, el Duque de York, consintieron en fundar dos compañías teatrales, por lo que todas las representaciones estaban monopolizadas, usual en Inglaterra hasta una buena parte del siglo XIX. Las piezas teatrales de la época de la Restauración combinaban diversos elementos, tanto antiguos como novedosos: las representaciones eran habladas como en las obras de Shakespeare y sus contemporáneos y, en contraste al pasado, ahora eran presentadas como una variante de las mascaradas de la Corte y con música bien elaborada, lo que llegó a interesar más a los asistentes que la pieza teatral misma. Como era de esperarse, los asuntos sobre los que versaba ese teatro inglés eran harto frívolos y licenciosos, con textos en ocasiones despatarrados y que nunca fueron bien vistos por los puritanos.

Mucha de esa música instrumental del Teatro de la Restauración era puramente “incidental”, en el sentido de que no era parte integral de la obra de teatro: eran un conjunto de danzas denominadas “primera” y “segunda” músicas que servían para anunciar al público que la función estaba por comenzar (a manera de “tercera llamada, tercera…”); igualmente, se incluían cuatro selecciones más para el intermedio y como “Melodías de acto”. Todo ello, junto con una “Melodía de telón” u “Obertura” daba como resultado una Suite en ocho partes, muchas de las cuales llegaron a ser utilizadas como música de concierto.

Así es que, regresando a Purcell y el teatro, es posible conocer su música instrumental para la escena a través de su Colección de Aires compuestos para el Teatro, publicada de manera póstuma en 1697. En ella encontramos la impresionante cantidad de 43 piezas para teatro, entre las que destacan El matrimonio doble, La masacre de París, El nudo gordiano desatado, El emperador indio o La conquista de México (!!!), Regid una esposa y obtened una esposa (jajajá), El adultero inocente (jajajá otra vez), Timon de Atenas, La esposa virtuosa, La cómica historia de Don Quijote, Pausanias el detractor de su país y La violencia del amor entre otras. Es obvio pensar que Purcell pudo componer mucha más música teatral; sin embargo, esas piezas no sobrevivieron ante el posterior y creciente gusto en Londres por la ópera italiana.

Abdelazer o La venganza del moro data del último año de vida de Purcell, y es la música que compuso para la tragedia del mismo nombre de la autora Aphra Behn. Según algunos datos, parece que esta obra teatral fue representada (sin música) en 1676 y pensada para la reapertura del Teatro Drury Lane en abril de 1695 ya con la música de Purcell, en un período que fue dominado por el duelo oficial a la muerte de la Reina María (cuyo funeral, dicho sea de paso, también contó con la música del Orfeo Británico). Abdelazer es una de las Suites más conocidas de Purcell por varias circunstancias: su Obertura es una de las más perfectas de las que escribiera este inglés y posee una fuga cromática que expresa poderosamente el ambiente trágico de la pieza de Aphra Behn; además, la sección del Hornpipe se hizo popular entre los ingleses al ser adoptada como danza campesina en el siglo XVIII (con el título Saint Martin’s Lane). Quizá uno de los factores que han propiciado su fama mundial se debe a que Benjamin Britten (1913-1976) tomó el Rondó de esta Suite y lo convirtió en el tema sobre el cual se desarrollan una serie de interesantes variaciones, conocidas en el ámbito didáctico musical como Guía orquestal para los jóvenes. También resulta interesante saber que en 1949 el coreógrafo mexico-estadounidense José Limón realizó un ballet con ésta y otras músicas de Purcell bajo el título La pavana del moro, inspirado en Otello de Shakespeare.

En la foto aparece en el letrero azul la leyenda WELCOME TO THE HEART OF LONDON, y más abajo en el letrero rojo dice DANGER, DEEP EXCAVATIONS. A mi se me hizo chusca… mucha gente no entiende mi británico sentido del humor (por no llamarlo de otra forma).

¿Acaso el escuchar la música de este hombre no nos abre un mundo sonoro fascinante, y que pudo haber sido más fructífero de no haber muerto a destiempo? Si se me permite el comentario, me parece que aquel letrero (“Bienvenido al corazón de Londres”) citado al principio de esta (¡larguísima!) nota, debería mostrar una flechita que apunte a donde descansan los restos de Purcell. No sólo él dio sentido a la escena artística londinense, sino que embelleció la vida inglesa por siempre, como muy pocos lo han logrado al paso de los siglos.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

 (*).- La Purcell Room, prima hermana de la Sala Ponce de Bellas Artes, es una pequeña sala de conciertos para recitales y conferencias ubicada en el South Bank Centre londinense en el edificio que también alberga la Queen Elizabeth Hall,  ambas harto inhóspitas. Bueno, la Sala Ponce no es precisamente un ramillete de virtudes…

Descarga disponible:

Henry Purcell: Suite de Abdelazer

Versión: Orquesta Sinfónica de la BBC. Sir Malcolm Arnold, director

(Grabada en el Royal Albert Hall de Londres el 16 de agosto de 1969).

La fachada de la Purcell Room

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