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SIR EDWARD ELGAR (1857-1934)

11 Oct

Concierto para violoncello y orquesta en mi menor, Op. 35

  • Adagio-Moderato
  • Lento-Allegro molto
  • Adagio
  • Allegro, ma non troppo

Sir Edward Elgar (1931)

Lo mejor de la creatividad de Elgar vio la luz en un período relativamente breve. Muchas de sus mejores obras fueron escritas antes de la Primera Guerra Mundial, como sus Sinfonías, obras vocales, tres grandes obras de cámara y su Concierto para violoncello y orquesta.

Esta última obra fue terminada en el verano de 1919 y recibió su estreno en la Queen’s Hall de Londres en octubre de ese año, con Elgar en la batuta y el cellista Felix Salmond, quien colaboró con el autor en el proceso creativo de la obra, especialmente en lo que se refería a la técnica del instrumento.

Para su mala fortuna, ambos no tuvieron el tiempo necesario de ensayos, por lo que la primera audición del Concierto fue poco satisfactoria para muchos. Aún así, el tiempo ha sabido colocar a esta partitura como uno de los ejemplos más acertados del repertorio romántico para el violoncello junto a los Conciertos de Schumann, Saint-Saëns y Dvorak.

El elemento fundamental y obvio a cualquier oído en el Concierto de Elgar es la enorme melancolía que emerge de él, y que en estricto sentido es una despedida musical al mundo, un canto del cisne que también puede ser interpretado como el irremediable fin de toda una época en esa Inglaterra, al sufrir un cambio tajante a causa de la Primera guerra mundial.

Pero ¿por qué era éste el canto del cisne del propio Elgar? Ocurrió que poco después del estreno del Concierto para violoncello, la esposa del compositor, Caroline Roberts, dejó de existir y lo cual provocó una enorme depresión en el músico, al grado de decidirse voluntariamente por el retiro en el campo, y de manera ocasional llegaba a escribir una que otra pieza, que de ninguna manera se equiparan a la grandeza de sus obras más célebres. Prácticamente el silencio de Elgar duró catorce años, justamente el tiempo que le restaba de vida. El musicólogo ingles Michael Kennedy informa al respecto: “… Elgar escribió en 1917: ‘Todo lo bueno y agradable y limpio y fresco y dulce se ha ido -para nunca regresar.’ En ese año, exhausto mental y físicamente, rentó un cottage, Brinkwells, cerca de Fittleworth en Sussex. Y en la soledad campirana compuso tres obras de cámara (su Sonata para violín y su Cuarteto para cuerdas, ambos en mi menor como el Concierto para cello) y un Quinteto con piano.”

Elgar dirigiendo la grabación de su Concierto para cello con Beatrice Harrison (1920)

Es así que el espíritu de este inglés, quizá como una premonición de lo que habría de ocurrir en su vida futura, relató con inigualable maestría su especial sentimiento por la existencia humana, sobre todo en el evocador primer movimiento de la obra, con su sombrío recitativo para el violoncello solista.

Al paso de los años, este Concierto de Elgar ha encontrado un nuevo elemento de nostalgia, que logra conmover hasta al más indiferente: la interpretación que llevaron al mundo del disco la cellista Jacqueline Du Pré y el director Sir John Barbirolli. Este enorme documento sonoro no sólo sorprende, emociona, cautiva y hace derramar lágrimas, sino que la triste historia de la hoy desaparecida Du Pré (esposa del pianista y director Daniel Barenboim), con todo su sufrimiento físico al acercarse el fin de su vida provocado por la esclerosis múltiple, se conjuga con la obra de Elgar al grado de formar un binomio que sólo el final de los tiempos podrá desvincular.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

P.S.- A principios de 1999 el director inglés Anand Tucker presentó su película Hilary y Jackie, con Emily Watson y Rachel Griffiths. En ella se narra la historia de celos y amor entre las hermanas Du Pré, y el desenlace de la misma con la muerte de la virtuosa cellista. En ella, el tema musical recurrente corresponde al primer movimiento del Concierto de Elgar; y en la banda sonora aparece la interpretación de Jacqueline Du Pré y Barenboim en la batuta. Filme harto conmovedor (hasta las lágrimas, en serio) que es muy recomendable para sensibilizarse más con la vida de la cellista y la maravillosa música de Elgar.

Descarga disponible:

Sir Edward Elgar: Concierto para violoncello en mi menor Op. 85

Versión: Jacqueline du Pré, violoncello. Orquesta Sinfónica de Londres. Sir John Barbirolli, director.

WILLIAM WALTON (1902-1983)

31 Mar


Crown Imperial. Una marcha de coronación

William Walton (fotografía con autógrafo del compositor)

William Turner Walton nació el 29 de marzo de 1902 en Oldham, en la muy industrial zona de Lancashire. Su padre, músico de iglesia, le dio las primeras lecciones musicales a su hijo; ya a los cinco años de edad el pequeño William era integrante del coro de la iglesia bajo la dirección paterna. A los diez años de edad fue admitido como corista del célebre Coro de la Catedralde la Iglesiade Cristo en Oxford, donde Walton pudo estudiar bajo la guía de Hugh Allen y recibió de dicha institución el grado de bachiller en música en 1918. Walton era un muchacho inquieto, ávido de conocer lo más reciente en creación musical; así fue como comenzó a explorar las obras recientes de autores como Bartók, Prokófiev, Stravinsky y Schönberg, así como las de su compatriota Gustav Holst. Según señalan sus biógrafos, hubo un momento en que el padre de Walton no contó con los recursos suficientes para seguir sufragando los estudios de su hijo en Oxford, por lo cual el joven tuvo que aventurarse a “costear” su preparación musical por otros medios. Así, Walton fue expulsado del famoso Coro (y de Oxford), pero gracias a su primera gran obra, un Quinteto con piano escrito en 1918, fue que conoció a la pareja formada por Osbert y Edith Sitwell, quienes lo tuvieron bajo su égida social y artística. Dado que los Sitwell eran bien conocidos y respetados socialmente en Londres, Walton entró en contacto con “la crême de la crême” artística e intelectual, algo que él consideró mucho más valioso que seguir estudios en cualquier escuela de música. Las primeras obras que le dieron cierta fama fueron Façade (1922), la obertura de concierto Portsmouth Point (1925), el Concierto para viola (1929) y el oratorio El festín de Belshazzar (1931), siendo con esta última obra que Walton fincó su prestigio en Inglaterra. Al momento de desarrollarse la Segunda Guerra Mundial, Walton prestó sus servicios en el cuerpo de ambulantes de Londres, y poco más tarde compuso la música para varias películas documentales (de contenido patriótico). Justamente para el cine, Walton tuvo algunos de sus momentos más lúcidos en la composición, escribiendo la música para las películas Hamlet y Enrique V (ambas basadas, obviamente, en Shakespeare), entre otras, colaborando en la primera de ellas con Lawrence Olivier.

Walton recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Oxford en 1942, y en 1951 fue armado caballero (Sir, aunque él mismo nunca lo incluyó en su firma) por sus inmejorables aportaciones a la corona británica. En 1953 escribió un espléndido Te Deum para la coronación de la reina Isabel II. Posterior a ese gran honor, Walton comenzó a viajar por los Estados Unidos, donde estrenó como director una de sus obras (Crown Imperial) en la sede de las Naciones Unidas. Luego, viajó por Argentina y en Buenos Aires conoció a quien se convirtió en su compañera sentimental, Susana Gil, estableciendo con ella su residencia en la isla de Ischia en Italia.

De la música de William Walton, podemos citar algunos de sus principales atributos: las largas y sinuosas líneas melódicas, el gran detalle que imprime en la escritura contrapuntística y armónica, que nunca se antoja sucia gracias a la transparencia de sus texturas, sus orquestaciones opulentas y brillantes, y un irresistible sentido de la dirección en los ritmos y polirritmos.

Esta obra de Walton ha sido reseñada por Richard E. Rodda en los siguientes términos:

Crown Imperial: A Coronation March, fue comisionada por la British Broadcasting Corporation (la BBC) para la coronación de Jorge VI en 1937, en la mejor tradición británica de encargar gran música para estas ocasiones. Walton extrajo el título del poema En honor a la ciudad de Londres, del escocés William Dunbar (c.1460-c.1520), texto a partir del cual el compositor estaba entonces escribiendo una cantata. Entre las frases de Dunbar que exaltan el río Támesis, el puente, la Torre y el pueblo de Londres hay una que hace hincapié en la realeza de la ciudad: ‘In beawtie beryng the crone imperial’ (aproximadamente: ‘Con gallardía lleva la corona imperial’). Walton eligió estas palabras para encabezar su marcha de coronación, e incluso implica las palabras ‘regal mien’ (‘aire real’) mediante la indicación del tempo: Allegro reale. Dieciséis años más tarde, Walton fue comisionado para escribir una marcha para la coronación de la reina Isabel II, y el resultado fue Orb and Sceptre (Mundo y Cetro; ‘orb’ quiere significar aquí una esfera coronada por una cruz, símbolo del poder real). En su estilo, forma, espíritu majestuoso y aura de espléndido orgullo, Crown Imperial y Orb and Sceptre son dignas sucesoras de las nobles marchas Pompa y ceremonia de Edward Elgar, quintaesencia dela Inglaterra ritual.”

Descarga disponible:

William Walton: Marcha Crown Imperial

Versión: Philharmonia Orchestra. Sir David Willcocks, director

Concierto para violín y orquesta

  • Andante tranquilo
  • Presto capriccioso alla napolitana
  • Vivace

Walton

El Concierto para violín de Walton data de la década de 1930, en la que también produjo algunas de sus más importantes partituras, como su Primera sinfonía y El festín de Belshazzar. El Concierto surgió gracias a una comisión que le hiciera el virtuoso Jascha Heifetz en Londres, hacia 1936. Sin embargo, Walton no pudo trabajar en la partitura de inmediato por otras comisiones que tenía en puerta; así, esperó a tener un buen período de descanso en Italia para ponerse a trabajar en la solicitud de Heifetz, es decir, en 1938. Una vez que el proceso creativo había comenzado, tal parece que el virtuoso no estaba del todo satisfecho con el concepto de Walton para el final de la obra (un movimiento de total “bravura” para el violín, con un exuberante acompañamiento), así que le pidió al compositor que viajara a Nueva York para discutir personalmente algunos cambios. Finalmente, la partitura quedó lista según los deseos de Heifetz y se propuso el estreno bajo la dirección de Walton conla Sinfónica de Boston. Sin embargo, pocos meses después estallóla Segunda Guerra Mundial y los planes tuvieron que modificarse sensiblemente. Así, Heifetz fue acompañado por Arthur Rodzinki yla Orquesta de Cleveland en su estreno mundial, que ocurrió en diciembre de 1939.

La introducción de la obra contiene toda la carga sonora con la que Walton se hizo famoso en todo el mundo, y que está ligada a una cierta melancolía (de hecho, la terminología utilizada para el violín es que debe interpretarse sognando), lo cual liga a esta obra en espíritu con el fabuloso Concierto para violín de Elgar (obra capital, también, en el repertorio solístico inglés). Igualmente, como una constante en Walton (especialmente en sus obras Façade, el Concierto para viola y su Primera sinfonía) el segundo movimiento de la partitura es un scherzo (aquí anotado como Presto capriccioso alla napolitana) que tiene más carácter de vals con episodios de fantástica agilidad. El movimiento final es un absoluto “tour de force” para el solista en donde el acompañamiento orquestal incluye algunas de las mejores melodías que alguna vez escribiera Walton. Poco a poco, después de la cadenza del violín, los temas iniciales del Concierto retornan para concluir la obra con una inusitada placidez, combinada posteriormente con un discurso lleno de pirotecnia.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

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William Walton: Concierto para violín

Versión: Tasmin Little, violín. Orquesta Sinfónica de Bornemouth. Andrew Litton, director.

GEORGE FRIDERIC HANDEL (1685-1759)

22 Nov

Oda para el día de Santa Cecilia

–          Obertura: Larghetto e staccato – Allegro.

–          Recitativo: “From Harmony, From Heav’nly Harmony”.

–          Coro: “From Harmony, From Heav’nly Harmony”: Allegro

–          Aria: “What Passion Cannot Music Raise And Quell!”: Adagio-Andante

–          Solo y coro: “The Trumpet’s Loud Clangor”: Allegro

–          La Marcha

–          Aria: “The Soft Complaining Flute”: Andante

–          Aria: “Sharp Violins Proclaim”: Allegro

–          Aria: “But Oh! What Art Can Teach”: Larghetto e mezzo piano

–          Aria: “Orpheus Could Lead The Savage Race”: Alla Hornpipe

–          Accompagnato: “But Bright Cecilia Rais’d The Wonder High’r”: Largo

–          Coro: “As The Pow’r Of Sacred Lays”: Grave-Un Poco Più Allegro

Desde los tiempos de los compositores Henry Purcell y John Blow se estableció una tradicional anual, especialmente en Londres, donde cada día 22 de noviembre se honraba a la patrona de los músicos, Santa Cecilia, con diversas presentaciones musicales y poetas como Dryden, Congreve y Pope –entre otros- brindaron sendos poemas en relación la dicha Santa. Justamente uno de estos poemas, de la autoría de Dryden (El festín de Alejandro o El poder la música, que data de 1697) fue puesto en música en dos ocasiones por Handel: primero en 1736 bajo el nombre, precisamente, de El festín de Alejandro y posteriormente en 1739 como Oda para el día de Santa Cecilia. De hecho, esta alegoría poética de Dryden es una de las más famosas en torno a la patrona de la música y fue utilizada también por autores como Jeremiah Clarke (aquel autor del llamado Voluntario de trompeta) y el músico del siglo XVII Giovanni Battista Draghi. Aunque el discurso handeliano es muy efectista en El festín de Alejandro, es importante señalar que las palabras de Dryden encuentran dimensiones más interesantes combinadas con los sonidos en la Oda del día de Santa Cecilia, que fue presentada el 22 de noviembre de 1739 en la capital británica. Para esta obra, Handel retomó como columna vertebral dos Suites para clavecín de Gottlieb Muffat además de la extraordinaria fuga con la cual culmina la Oda. La partitura cuenta con doce secciones, comenzando con una Obertura y finaliza con la ya mencionada fuga monumental. En cada una de sus partes Handel hace alusión correctamente a los versos del poema, donde se mencionan diversos instrumentos (como en The Trumpet’s Loud Clangors, The Soft Complaining Flute y Sharp Violins Proclaim), mostrándolos a la manera de genial acompañamiento para las voces solistas.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Representación de Santa Cecilia en la Catedral de Los Ángeles

ODA PARA EL DÍA DE SANTA CECILIA

John Dryden

Texto completo de la ODA PARA EL DÍA DE SANTA CECILIA

Descarga disponible:

George Frideric Handel: Oda para el día de Santa Cecilia

Versión: Felicity Lott, soprano; Anthony Rolfe Johnson, tenor; Coro y Orquesta The English Concert. Trevor Pinnock, director.

JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750) / LEOPOLD STOKOWSKI (1882-1977)

10 Nov

Toccata y fuga en re menor, BWV. 565

Leopold Stokowski

Uno de los personajes más controvertidos en la historia musical del siglo XX es sin lugar a dudas Leopold Stokowski. Considerado desde muy joven como “un muchacho nervioso, histérico, que cuenta con algunas habilidades naturales para la música pero que no tiene noción de lo que es dirigir una orquesta”, fue nombrado a los 27 años de edad como director de la entonces Sinfónica de Cincinnati, aunque tres años más tarde tuvo que dejar la organización envuelto en toda una tormenta de polémicas. Curiosamente, a Stokowski no le afectó esta situación pues ya tenía bajo la manga un jugoso contrato que le ofreció la Orquesta de Filadelfia. Así, con esa agrupación el músico vivió algunos de sus mejores años al llevar a grados de insospechada maestría musical a los de Filadelfia. Músicos tan reconocidos como Busoni, Kreisler y Rajmáninov tocaron como solistas y el entonces repertorio contemporáneo (tanto Richard Strauss, Sibelius y Debussy, entre otros) encontraron lugar en las novedosas programaciones de la Orquesta. De hecho, los “atrevimientos” artísticos de Stokowski llegaron a presentar innumerables estrenos en América, como La consagración de la primavera de Stravinsky, los Gurrelieder de Schönberg o la ópera Lulú de Alban Berg. Esa fue la época en la que Stokowski se interesó por realizar transcripciones para orquesta, nutriendo su catálogo con un total de 192 partituras originales para instrumentos tan diversos como órgano, piano, piezas vocales u obras de cámara. Él se aventuró a transcribir algunas Sinfonías de Tchaikovsky y Elgar para órgano pues además fungió como organista titular de la Iglesia de San Bartolomeo en Nueva York y estas piezas mostraron sus múltiples capacidades virtuosas en el instrumento. Poco a poco se fue sumergiendo en el mundo de las transcripciones para gran orquesta, de lo cual surgieron sus aproximaciones a Cuadros de una exposición y Una noche en la árida montaña de Mussorgsky, la Obertura 1812 de Tchaikovsky, la Catedral sumergida y el Claro de luna de Debussy, así como su primera gran partitura en el género: una versión suntuosa del Preludio en do sostenido menor de Rajmáninov.

El muy famoso saludo de Stokowski a Mickey Mouse en la película Fantasía de Walt Disney

Por supuesto, su autor predilecto para orquestar fue siempre Johann Sebastian Bach, siendo una de sus más famosas transcripciones aquella de la Toccata y fuga en re menor, cuya difusión fue mayor gracias a que con ella inicia la película Fantasía de 1939 y estrenada un año más tarde. ¿Quién no recuerda la famosa silueta del Maestro en su podio, sobre un fondo colorido, alzando los brazos para dirigir a la Orquesta de Filadelfia, en una escena llena de plasticidad (aún en nuestros días), y cómo este personaje se tomó un breve instante para saludar a uno de los protagonistas de la cinta: Mickey Mouse? El mismo Stokowski grabó siete veces esta Toccata y fuga y fue hasta el fin de su carrera una de sus piezas preferidas en los conciertos que dirigió. Todo este trabajo en repertorio que, por esos tiempos, era poco conocido, culminó en denominarse como “El sonido Stokowski” y que la Orquesta de Filadelfia desarrolló décadas después para transformarse en aquel célebre (pero hoy casi perdido) “Sonido Filadelfia”. Obsesionado con la pureza del sonido, Stokowski estudió electrónica con el único fin de alcanzar los más altos niveles en el campo de la grabación; en este sentido, en 1925 fue el primero en realizar una “grabación eléctrica” de una sinfonía completa y seis años más tarde estuvo involucrado en los experimentos para alcanzar el sonido estereofónico. Célebres son sus grabaciones de los años 1960 para la compañía London en las que utilizó un novedoso sistema llamado Phase 4.

Todas las historias que protagonizó Stokowski lo convirtieron ante varios sectores del público (sobre todo los puristas) como un auténtico ogro megalómano. Se tienen noticias de que se atrevió a firmar un contrato para dirigir en Londres en el año 1982, es decir, para su centésimo cumpleaños (!!!) algo que, a ojos vistas, no ocurrió. Extravagante y polémico, sí… ¿Pero qué mujer u hombre genial no lo ha sido en la historia de la humanidad?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Johann Sebastian Bach – Leopold Stokowski: Toccata y fuga en re menor BWV 565

Versión: Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Esa-Pekka Salonen, director.

SIR MALCOLM ARNOLD (1921-2006)

31 Jul

Cuatro danzas escocesas Op. 59

  • Pesante
  • Vivace
  • Allegretto
  • Con brio

En la historia del arte encontramos historias de gran contraste entre la tragedia personal y una aparente alegría de vivir. Uno de esos agitados casos fue el del compositor inglés Malcolm Arnold quien en sus obras joviales, frescas y plenas de melodías fácilmente recordables no permite observar lo tormentoso y difícil de varios momentos de su vida. Oriundo de Northampton, su interés por la música creció gracias a los consejos y buena educación de su hermana; más aún, tuvo la fortuna de escuchar en vivo al célebre trompetista Louis Armstrong (1900-1971), lo cual le indicó que el camino correcto era convertiste en trompetista. Y así fue: estudió con Ernest Hall, uno de los mejores músicos de su época e integrante de la Sinfónica de la BBC y a la par siguió estudios de composición con Gordon Jacob (1895-1984). Con 20 años de edad se casó con Sheila Nicholson y meses después ingresó a la Filarmónica de Londres como segunda trompeta y hacia 1943 ocupó la silla de principal en dicha agrupación, lo que le granjeó ser reconocido como un fino intérprete del instrumento. De hecho, en aquellos años presentó con esa orquesta su primer obra de importancia, Beckus the Dandipratt. Pero… los sinsabores en la existencia de Arnold ya se asomaban. Durante la Segunda Guerra Mundial renegó para alistarse; sin embargo, su hermano murió en batalla lo cual le provocó una gran tristeza y así se convirtió en voluntario del ejército inglés. No obstante, la Guerra lo enfermaba al grado que un día se dio un tiro en un pie y quedó imposibilitado de servir a la causa de la Corona inglesa. Al regresar a sus labores de trompetista ingresó a la Sinfónica de la BBC y más tarde recuperó su puesto con la Filarmónica londinense. A partir de 1948 se dedicó de lleno a la composición, siendo muy solicitado para escribir música cinematográfica, género en el que participó con 28 partituras; una de las más conocidas, El puente sobre el río Kwai, fue merecedora del Oscar en 1957.

El total de su producción asciende a más de 140 partituras que incluyen nueve sinfonías (cuya estupenda factura le propició ser llamado “el Shostakóvich inglés”), más de veinte conciertos para diversos instrumentos (el más difundido es el Concierto para guitarra que le escribió a Julian Bream), una sólida producción camerística y hasta obras con una acendrada irreverencia como A Grand, Grand Ouverture (1956) en la que emplea junto con la orquesta tres aspiradoras, una pulidora de pisos y cuatro rifles. En su catálogo son muy conocidas las series de danzas basadas en ritmos y temas populares de ciertas regiones del Reino Unido. Así, produjo dos colecciones de Danzas inglesas, las Danzas córnicas, las Irlandesas, las Gaélicas y las Escocesas. Esta última serie de cuatro danzas (que hoy escucharemos) combina el estupendo virtuosismo en los instrumentos de metal –como era obvio pensarse- junto con ritmos de gran contraste entre la lentitud y la rapidez y algunas melodías de corte muy romántico, como si de trataran de canciones de amor. 

Sir Malcolm Arnold

Precisamente muchos de los sinsabores en el tránsito de Arnold entre los mortales se debieron a la severa crítica y el rechazo de muchos colegas que, aunque reconocían su innegable talento como trompetista, siempre dijeron que su música era “anacrónica”, en tiempos donde la atonalidad y la experimentación imponían moda. Así, la reacción del compositor ante tales embates fue la depresión y el alcoholismo, lo cual provocó la ruptura de su matrimonio; quizá en un afán de recuperar la autoestima contrajo nupcias nuevamente (y casi a la velocidad del sonido). Sin embargo, el hijo nacido de esa relación era autista, lo que estimuló diversos desórdenes mentales en el músico. Nuevamente: divorcio, pero ahora aderezado con el deseo de suicidarse, acto que intentó en innumerables ocasiones y aún estando recluido en un hospital siquiátrico. Las crisis mentales no le permitieron seguir componiendo; y por mucho que la reina de Inglaterra lo armó Caballero en 1993 y que se le otorgara un doctorado “honoris causa” por parte de la Universidad de su ciudad natal, Arnold nunca pudo sobreponerse y gozar de “tiempos felices” como los que ya había disfrutado. Más ironías de la vida: en 2006, en la preparación de su cumpleaños 85, se organizó un gran Festival Arnold en Inglaterra para reivindicarse con este hombre tan duramente atacado; justo unos días antes de su cumpleaños y de la celebración del Festival, Arnold murió a causa de una infección pulmonar.

Vida trágica la de un personaje que, como compositor, sólo quiso ofrecer a la humanidad música hermosa, directa y siempre sonriente.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Sir Malcolm Arnold: Cuatro danzas escocesas Op. 59

Versión: Orquesta Filarmonía. Bryden Thomson, director.

SIR EDWARD ELGAR (1857-1934)

22 Abr
Edward Elgar

Pompa y Ceremonia. Marcha militar No. 1 en re mayor Op. 39

 
El Opus 39 de Elgar está formado por cinco partituras breves, geniales, que interpretan poéticamente los asuntos guerreros. En este sentido, en la colección Pompa y ceremonia habitan los sentimientos de los seres humanos exteriores a la acción bélica propiamente dicha; con ello quiero expresar que si bien otras músicas han sido influidas por el sentimiento de horror, violencia, descontento, incertidumbre e impotencia que provocan las guerras, las Marchas de Elgar reflejan el aliento patriótico, profundo y brillante, que -antes que nada- relumbra en el alma humana al ver disipados los conflictos bélicos. En el caso particular de Pompa y ceremonia, Elgar reafirma de manera apasionada (aunque subjetiva) el espíritu conquistador, señorial y aventurero, que los ingleses tuvieron desde tiempos inmemoriales, aunque después de la Segunda Guerra Mundial se viera disminuido ante el surgimiento de otras potencias mundiales y los inminentes bloques de poder de la Guerra Fría.

Estas Marchas militares, de indudable carácter festivo, no fueron pensadas (curiosamente) para una celebración específica; sin embargo, la intención patriótica de Elgar quedó manifiesta pero de una forma inaudita hasta ese momento en este género tan peculiar. Es decir que no debemos confundir, o siquiera comparar, a estas Marchas con las de John Philip Sousa o aquellas de Julius Fucik, y ello se debe a que las de Elgar son auténticas marchas sinfónicas, con una complejidad contrapuntística y de una riqueza armónica imposible de encontrar en Stars and Stripes Forever, por ejemplo. En este sentido, quizá Berlioz resulta ser el antecedente más valioso con su Marcha Rakoczy de La condenación de Fausto, y que en el ámbito inglés encontró una consecuencia lógica posterior a Elgar en las marchas Crown Imperial y Orb and Sceptre de William Walton.

Antes de continuar, seguramente usted notó que llevo varios renglones refiriéndome a este grupo de Marchas como Pompa y Ceremonia a partir de su original inglés Pomp and Circumstance y no de la manera como todos las hemos oído mentar: Pompa y Circunstancia. Así pues, es necesario explicar qué es lo que pasa aquí: si buscamos en un buen diccionario inglés-español, encontraremos que Circumstance únicamente se traduce como “Circunstancia” cuando la palabra se utiliza como “hecho esencial” (literal y tomado del diccionario Larousse); sin embargo, si esta misma palabra es utilizada “para asuntos ceremoniosos” entonces debe leerse en español como “Ceremonia” o “Boato”. Con ello debe quedarnos claro que esta música de Elgar retrata toda la majestad, pomposa y ceremonial (y no “circunstancial”) vida pública inglesa.

La más famosa de las cinco Marchas es la primera -en la vibrante tonalidad de re mayor-, estrenada en octubre de 1901, y confeccionada con las tijeras de esa “música orgullosa que exhortaba a los hombres a morir en batalla”. La Marcha Pompa y Ceremonia No. 1 se convirtió rápidamente en una de las favoritas de los ingleses un año después de su estreno, y ello se debió a instancias del rey Eduardo VII, quien solicitó a Elgar que incluyera esta Marcha en su Coronation Ode (Oda para la Coronación) pero con un texto añadido a la sección central original de A.C. Benson, con el título de Land of Hope and Glory, y que a la letra dice:

            Land of Hope and Glory, Mother of the Free,

         How shall we extol thee, who are born of thee?

         Wider still and wider shall thy bounds be set;

         God, who made thee mightly, make thee mightier yet.

Con el “anexo” citado, ¿no nos resulta más que obvio ese propósito “pomposo y ceremonial” del gran Elgar?

Descarga disponible:

Edward Elgar: Marcha Pompa y ceremonia No. 1

Versión: Orquesta Filarmonía de Londres. Giuseppe Sinopoli, director

 

Variaciones sobre un tema original, Enigma, Op. 36

El glorioso 19 de junio de 1899, en un concierto londinense bajo la batuta de Hans Richter, nació al sonido la primera gran obra orquestal del inglés Elgar que lo lanzaría instantáneamente a la fama en los albores del siglo XX: las Variaciones enigma. Con respecto a esta música, viene a cuento decir que Elgar tenía intereses personales muy diversos, como ir de pesca, montar a caballo, andar en bicicleta, las largas caminatas por los bosques y las carreras de cualquier especie. De la misma manera, una de sus grandes aficiones era sumergirse en los campos de la criptografía, es decir, todo lo que tiene que ver con la decodificación de mensajes secretos, los crucigramas, juegos de palabras, entre otras cosas. El mejor ejemplo de ello es, justamente, las Variaciones enigma.

Comencemos diciendo que esta obra tiene más de un enigma; el primero de ellos es la identidad escondida en cada una de las catorce variaciones que componen la pieza. El compositor anotó en la partitura, y al principio de cada una de esas variaciones, un nombre o unas iniciales, que tenían como propósito rendir homenaje o pintar la personalidad de catorce de los amigos personales de Elgar. Él mismo dijo lo siguiente: “He bosquejado, para su esparcimiento y el mío, las idiosincrasias de cada uno de esos catorce amigos míos, no necesariamente músicos; pero esto es un asunto personal y no necesita ser mencionado en público. Las Variaciones deben quedar, únicamente, como una pieza musical.” Y en algún otro momento anotó que “…en (estas) Variaciones he descrito a estos personajes como si estuvieran en una fiesta, y los he descrito pensando en lo que podrían haber pensado en un momento como ese.” Para que este “enigma” comience a ser revelado ante sus ojos (y sus oídos), con gusto le diré quiénes son los catorce personajes cuyas personalidades han sido impresas en cada una de las Variaciones:

1.- C.A.E. Se trata de Caroline Alice Elgar, la esposa del compositor, que aquí aparece retratada en una sección de gran lirismo, dulzura y sensualidad.

2.- H.D.S.-P. Hew David Steuart-Powell, colega de Elgar en la práctica de la música de cámara.

3.- R.B.T. Representa a Richard Baxter Townshend, actor amateur de grandes dotes y de impresionante capacidad vocal.

4.- W.M.B. Es William Meath Baker, un “fuerte caballero inglés”.

5.- R.P.A. Richard Penrose Arnold, hijo del poeta Matthew Arnold y un “gran amante de la música”.

6.- Ysobel, es Isabel Fitton, una violista y miembro de una familia amante de la música que era frecuentada por Elgar.

7.- Troyte, es Arthur Troyte Griffith, arquitecto de profesión y uno de los amigos cercanos de Elgar.

8.- W.N. Fue “sugerida por una casa del siglo XVIII” -Sherridge- donde vivía una gran entusiasta musical, Winnifred Norbury.

9.- Nimrod, es “ardiente y mercurial… como el carácter y temperamento de A.J. Jaeger”. Para más señales, Jaeger trabajaba en la casa editora de Elgar -Novello- y en esta música se hace una referencia a la Sonata Patética de Beethoven, que al compositor remitía a una noche en la que Jaeger y él platicaron sobre los movimientos lentos en la música pianística de Beethoven.

10.- Dorabella, es el nombre que dio Elgar a Dora Penny, muy recordada por hablar con pausas y de forma dudosa, lo cual queda impreso en esta sección.

11.- G.R.S. Representa al Doctor George Robinson Sinclair, organista de la Catedral de Hereford. Aquí Elgar lo retrató, como un detalle jocoso, junto con su perro Dan, que aparece en la música corriendo por doquier y repentinamente, al final de la sección, parece que cae estrepitosamente en el río Wye.

12.- B.G.N. Es Basil G. Nevinson, un cellista y colega en música de cámara de Elgar.

13.- ***, resulta ser Lady Mary Lygon, amante de la música y amiga personal del compositor. Ella se encontraba viajando rumbo a Australia en barco al momento en que Elgar escribió esta obra, por lo que en un momento dado aparece un tema en el clarinete de Mar tranquilo y próspero viaje de Mendelssohn.

14.- E.D.U, Edward Elgar himself.

Ahora bien, tal parece que Elgar ocultó un tema dentro de estas breves piezas que debía ser reconocido por el público. Hasta la fecha, el verdadero “enigma” de esta partitura permanece entre tinieblas. Lo único que es evidente para todos es que con esta música Elgar escribió un verdadero canto a la amistad, una de las cosas que los seres humanos solamente consideramos cuando necesitamos ayuda, compañía… o dinero.

Este mensaje en clave es el verdadero gran “enigma” de las Variaciones. Y decodificándolo dice: “¡Quiero que me vuelvas a hacer ‘ESO’ que me hiciste anoche!” Atentamente: E.E.

Todo parece indicar que la destinataria era… ¡Dorabella!

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

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Edward Elgar: Variaciones enigma

Versión: Orquesta Sinfónica de Londres. Eduardo Mata, director

GEORGE FRIDERIC HANDEL (1685-1759)

27 Mar

Música acuática, suite orquestal

A Mark Wigglesworth, mi “briton” favorito, e hincha del Manchester United, cual debe de ser.

George Frideric Handel

¡Ah, el río Támesis! Aquel río que atraviesa de punta a punta la ciudad de Londres, y desde donde se pueden ver en perspectiva (dependiendo el punto que uno elija) la Catedral de San Pablo, el célebre Big Ben y sus Casas del Parlamento y (en una sección un poco sinuosa) la famosa Tower Bridge. Este río que, como el Sena parisino, le da un toque de distinción a la capital inglesa, ha vivido desde tiempos ancestrales guerras, festejos, hambres y pestes, glamour y distinción. Desde las antiguas embarcaciones hasta las movidas a vapor que lo surcan. Emocionante fue, sin duda, ser partícipe del festejo por la entrada del año 2000, en el que la reina de Inglaterra prendió una llama justo abajo de la Tower Bridge y que ésta se propagó por todo el Támesis, como queriendo iluminar uno de los máximos símbolos ingleses.

Pues el Támesis es de capital importancia para los origines de la obra que abre este concierto. Hay que remontarnos al año 1717, y basta imaginar una de las señoriales celebraciones que organizó la casa real. El escenario de tan digno evento fue el magnífico y mencionado río, a lo largo del cual se llevaría a cabo una especie de desfile acuático con toda la pompa, ceremonia y boato que merecía la familia real. Lo interesante de este asunto es que los miembros de la corona, acompañados por una buena cantidad de nobles, surcaron el Támesis en embarcaciones lujosísimas, y para dar realce a tan ociosa actividad el rey Jorge I optó por solicitarle al compositor más famoso en la Inglaterra de aquellos tiempos, Handel, que compusiera una música bien bonita para acompañar la travesía real. Y así fue: la procesión era acompañada con toda fidelidad por una embarcación que transportaba a una orquesta de medianas dimensiones, y que era dirigida por “Mr. Handel”; la obra, como era de esperarse, era una suite de danzas, aires y fanfarrias que recibió la denominación perfecta de Música acuática. La belleza de la música de Handel, y seguramente lo tardado de la travesía de un punto a otro del Támesis (con la tecnología naviera del siglo XVIII), hizo que el rey Jorge le pidiera a Handel que repitiera la interpretación. Y así lo hizo …¡pero un total de tres veces! Muchas historias y leyendas medio torcidas informan que fue esta Música acuática de Handel la que propició una reconciliación entre el rey y el músico, pues habianse repudiado en algún momento de la vida. Todo se remonta a la época en que Jorge I era el Elector de Hanover y Handel (*) el kapellmeister a su servicio. Resulta que Handel ya era bien apreciado en Inglaterra y pasaba enormes períodos en Londres, olvidando sus obligaciones con quien puntualmente pagaba sus gastos en Alemania. Entonces, el Elector montó el cólera y no quiso volver a saber nada del aventurado compositor. Pero ¡la vida nos da sorpresas!: resultó que poco tiempo después de la rabieta del ilustre alemán, éste ascendió al trono en Inglaterra como Jorge I, y dio ordenes explícitas en la corte que el rechoncho y feliz Handel jamás pusiera un pie en su palacio. Los chismosos afirman que fue gracias a la Música acuática que este músico regresó al servicio de su antiguo patrón. Para ser más exactos, todo lo anterior parecen pamplinas, y le explicaré por qué: Si Jorge I ascendió al trono inglés en 1714  y la mentada Música acuática data de 1717, y algunos datos importantes nos hacen saber que Handel ya llevaba algún tiempo escribiendo para la casa real, entonces no podemos imaginar cómo el rey tenía a su servicio a un hombre que no quería ver ni en pintura. Y para muestra, están las obras que compuso como servicio a la corona.

Una vista del Támesis desde el South Bank

El caso es que en aquel festejo acuático de 1717 el rey y su familia se la pasaron la mar de bien (¿o debería decir, “el río de bien”?), Handel estuvo muy halagado repitiendo tres veces su larga partitura, y el evento quedó en la memoria de los ingleses como uno de verdadera importancia. Hacia 1741 se publicó el manuscrito de la Música acuática que contenía un total de 25 números musicales, de los cuales únicamente algunos fueron escritos para la fiesta en el Támesis y los demás aparecieron posteriormente, pero Handel pensó que hacían justicia a su obra ya terminada y tan celebrada por el monarca. Sin embargo, los fragmentos más famosos de esta Suite son su Obertura, totalmente escrita a la francesa, el Aire que está imbuido en el ambiente de una canción folklórica inglesa (y que -mucho ojo- puede perder toda su melancolía y elegancia si es interpretada en tempo “andante”; tal parece que lo que mejor le viene a esta pieza es un “quasi adagio”. ¿Puede imaginarlo?), además de una Bourée y la muy deliciosa y famosa Hornpipe (rúbrica, por cierto, de un legendario programa televisivo de Luis Spota en los años setentas y ochentas). Igualmente, el Final es una recapitulación de los sentimientos ceremoniosos expuestos en la Obertura, con toques de trompetas y una majestuosidad que sólo Handel (y, para mi gusto, también lo pudo haber hecho Rameau) podía conseguir con tan perfecta factura.

Hoy día puede escucharse la versión original, que ha sido rescatada por musicólogos y los intérpretes que utilizan el término sangrón y un poco ambiguo de “instrumentos originales”. Sin embargo, la versión orquestal con la interpretación moderna que más se ha difundido en el Reino Unido y, por ende, en muchas partes del mundo, es la de Sir Hamilton Harty, quien supo entender el discurso handeliano, como en su momento también lo transformaran otros músicos ingleses como Sir Henry Wood, Malcolm Sargent y Leopold Stokowski, quien llevó al mundo del disco su muy particular versión del Mesías “en technicolor”.

El autor de la nota, también desde el South Bank

El Támesis, Handel, la familia real …¡qué tiempos aquellos! Hoy día este humilde redactor sólo puede recordar el Támesis a través de imágenes salpicadas de momentos hermosos ahí vividos: un video que muestra un paseo por el río, pero al son del tercer movimiento de la Sinfonía italiana de Mendelssohn (curioso, ¿no cree?); las innumerables veces que he tenido que cruzarlo, sobre todo en el puente que conecta a la estación de metro y trenes Charing Cross para llegar al South Bank Centre (máximo -y horroroso- centro cultural londinense), algunas con abrigo a cuestas y otras con ropas bastante ligeras; un paseo que me invitaron a dar en un yate, con recepción de champaña y todo lo demás, y en el que un potentado directivo de la industria discográfica inglesa, Michael Letchford, me iba explicando de arriba abajo los edificios que podían verse desde nuestro nada modesto bote; también recuerdo la melancolía y soledad de un frío y nublado día de diciembre, donde -en un puente sobre el río- pasé varias horas viendo al infinito y a las gaviotas que pasaban por encima de mi cabeza, y escuchando cada quince minutos las potentes campanadas del Big Ben. Y, sin afán de sangronada, debo mencionar para finalizar aquel beso maravilloso que me robaron en ese mismo puente diez años después del día nublado y triste, de parte de una persona con quien yo hubiera querido envejecer. Todo ello, y el recuerdo de las fiestas en el Támesis, y que desde ese río puede verse claramente la fachada de la casa donde Handel pasó una buena parte de su vida, me ha llevado a solicitar a mis allegados que, al momento de mi desaparición física, lancen mis cenizas desde aquel puente que yo llamo “del beso robado”, para intentar ser parte de aquella ciudad que tanto adoro. Claro, con ello no pretendo hacerme famoso como Handel y su música para un festín acuático…

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

(*).- En esa época era conocido como “Händel”, pues hay que recordar que desde que se mudó a Inglaterra y permaneció hasta el final de sus días como “anglófilo” desmedido, tuvo a bien cambiar la forma de firmar -y pronunciar- su nombre, que quedó como en realidad debe llamársele por petición expresa del compositor: George Frideric Handel, en lugar del original alemán Georg Friedrich Händel.

Descarga disponible:

George Frideric Handel: Música acuática (Versión completa)

Versión: The English Concert. Trevor Pinnock, director

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