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GIOACCHINO ROSSINI (1792-1868)

15 Abr

Obertura de la ópera Guillermo Tell

Deléitese, mi distinguido y fino lector, con el maravilloso y exquisito buen humor del gordazo Rossini, el magnífico autor de óperas y excelso gourmet, a través de una carta enviada a un destinatario desconocido, y que a la letra dice:

¿Cómo componer una Obertura?

Espere hasta la víspera del estreno. No existe mejor acicate para la inspiración que la necesidad, la presencia de un copista quien aguarda por el trabajo de uno y la presión de un empresario furioso, quien se jala constantemente el cabello. En mi época, en Italia, todos los empresarios quedaban calvos a los treinta años de edad.

Compuse la Obertura para Otello en un pequeño cuarto en el Palazzo Barbaja, donde el más calvo y feroz de los directores me encerró únicamente con un plato de macaroni, bajo amenaza de no salir vivo hasta que hubiera escrito la última nota. Escribí la Obertura de La urraca ladrona el día del estreno en un ático de La Scala, donde fui hecho prisionero por el director, supervisado por cuatro asistentes teatrales quienes tenían órdenes precisas de lanzar mi texto original, página por página, por la ventana para que los copistas que esperaban abajo comenzaran a transcribirla. Si fallaba con una sola página de música, entonces su orden era lanzarme a mi por la ventana. Con El barbero de Sevilla fue mucho mejor; no compuse la Obertura en realidad, sino que tomé alguna otra que había preparado para una ópera semiseria llamada Elisabetta. El público quedó extremadamente satisfecho. Escribí la Obertura para El conde Ory mientras pescaba, con mis pies en el agua, en compañía del Signor Aguado, mientras que el último daba un discurso sobre las finanzas españolas. La de Guillermo Tell la compuse en circunstancias similares. Y… para Moisés … no escribí ninguna …”

Rossini

Tal parece que Rossini, por medio de este texto hilarante (pero verídico hasta decir basta) pretende afirmar que su actividad como compositor le venía quedando muy holgada, esperando hasta el último minuto para satisfacer las exigencias de los empresarios que deseaban correr el riesgo de solicitarle alguna ópera. Pero la realidad es otra; en momentos olvidamos la poderosa creatividad, fácil armonía, ritmo vigoroso y pura lírica bel cantista que habitan en su música. El caso de la ópera Guillermo Tell, por muy popular que se haya convertido la música que la inicia, es de excepción en el quehacer artístico de un hombre que se abandonaba a los placeres pantagruélicos del buen comer y la vida sibarita. Debido a que Guillermo Tell es una ópera de impresionantes dimensiones, plena de dificultades vocales a diestra y siniestra, no ha gozado de una cabal difusión a lo largo de los años a diferencia de lo que ha ocurrido con óperas como El barbero de Sevilla. Lo cierto es que, posterior a la composición de Guillermo Tell, Rossini prefirió invertir su tiempo en gozar de las bondades del bon vivant, tomando ventaja de la impresionante fortuna que había atesorado. Cierto es que a partir de ese momento no volvió a escribir óperas, pero no abandonó la pluma pues de aquel período se conservan una buena cantidad de Cantatas, canciones, música religiosa y para piano, siendo ésta última colección la que él –con su acostumbrado sentido del humor- llamó Pecados de vejez. Cierto es también que si Rossini decidiera olvidarse de la composición de óperas fue en parte debido a su frágil estado de salud, lo cual es perfectamente imaginable si echamos un vistazo a aquel menú que él diseñó, protagonizado por ocho platillos y sus respectivos postres, entre los que se contaba –por cierto- el helado de fresa.

De cualquier forma, la Obertura de Guillermo Tell es una muestra del fascinante genio que era Rossini. En ella retrata todos los estados de ánimo y los pasajes principales de la ópera: desde la poética introducción a cargo de cinco cellos, contrabajos y timbales; la escena de la tormenta en los Alpes que continua con una escena pastoril a cargo del corno inglés (pasaje que puede ser tomado como el primero en la historia dedicado a ese instrumento), para concluir en el fantástico galop que retrata el levantamiento de los suizos contra el tirano austriaco. Desde 1829 se reconoce a esta pieza instrumental como una verdadera joya de invención sonora, y la ópera toda conserva el honor de haber sido la primera en su género con tema político de tintes nacionales e históricos.

Para muchos conocedores, el hecho de que el galop final de la Obertura haya llegado a Hollywood para rubricar la personalidad del mítico Llanero solitario, es causa de enorme vergüenza para los anales de la historia musical. Un ofendido crítico (más avezado, dicen, en el arte del derecho que en el de la música) condenó a aquel productor hollywoodense por “ilustrar las más abyectas, nauseabundas y rastreras ideas que jamás salieron de las mentes cinematográficas de sexta fila que caracterizan a tantas de sus películas y en la imagen de muchos estetas pensantes se asocia esa música con la mediocridad y el más vulgar y cursi de los poetas ramplones.” Uff. ¡Santa Bárbara Doncella, aleja de mi esa centella!

Es indudable que, por los siglos de los siglos, la Obertura a Guillermo Tell de Rossini portará ese, quizá, desafortunado mote de “la música del Llanero solitario”, pero igualmente ya el hecho es irreparable y en cierta medida ello ha sido el detonante para su impresionante popularidad entre propios y extraños a la música de concierto de todo el planeta. Conociendo la personalidad de Rossini no dudo que le hubiera parecido “simpático” el hecho de que su vigoroso galop se viera relacionado con las aventuras del valiente hombre del oeste y su inseparable amigo Toro.

En fin, si hay que terminar esta nota “rossinianamente”, lo más sencillo es decir:

Hi-yo, Silver!!!!

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Bueno, es una caricatura del famoso Larson... chistosa!!!!

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