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IGOR STRAVINSKY (1882-1971)

22 Nov

El canto del ruiseñor. Poema sinfónico

Igor Stravinsky, fotografiado por Irving Penn en 1948 para el New York Times.

Igor Stravinsky creció, como muchos otros artistas rusos, al abrigo de los cuentos de Hans Christian Andersen (1805-1875), traducidos y publicados en Rusia desde 1845. El ruiseñor de Andersen (Solovey en ruso) es una extraordinaria parábola sobre el poder del verdadero arte opuesto al simple entretenimiento artificioso; para Stravinsky, ésta era una historia exquisita a la que dedicaría su primer esfuerzo en el campo de la ópera.

Transcurría 1908, él contaba con 26 años de edad y era aún alumno de Rimsky-Kórsakov (1844-1908) en el Conservatorio de San Petersburgo. El joven músico siempre buscaba a su profesor para solicitarle sus consejos y en este caso obtuvo todo su apoyo pues adoraba los cuentos de hadas como temas para sus óperas, especialmente aquellos que glorificaran la naturaleza y recrearan imágenes exóticas de tintes orientales. Aunque los consejos del profesor deseaban guiar al muchacho por el camino del exotismo oriental Stravinsky decidió tomar uno bastante distinto, acercándose más a un refinado impresionismo sonoro pleno de armonías casi debussyanas. Pronto se puso a trabajar en el proyecto operístico, sin embargo el proceso se detuvo al concluir el primer acto. Quizá porque Rimsky-Kórsakov murió por esas fechas y le provocó al joven una enorme tristeza, o bien porque recibió la primera, importante, comisión del empresario Sergei Diaghilev (1872-1929) para componer lo que se convertiría en el ballet El pájaro de fuego.

Hasta 1914 Stravinsky retomó su ópera inconclusa, aunque para entonces ya era el muy respetado autor de obras como el mencionado Pájaro de fuego, Petrushka y La consagración de la primavera. Sin estar muy convencido del proyecto el Teatro Libre de Moscú se interesó en El ruiseñor para su montaje. El hecho de que el autor estuviera dudoso se debió a que no encontraba gran conexión estética entre lo que ya había realizado en 1908 y los nuevos bosquejos; aún así, le añadió a la ópera dos nuevos actos. Para su mala fortuna, el citado Teatro no existió por mucho tiempo y fue imposible el estreno de la ópera; pero Diaghilev llegó al rescate de la partitura y organizó el estreno. En su primera audición se le proveyó su título en francés, Le Rossignol, pues la Ópera de París accedió a su estreno. Dos años después de ello, el empresario le sugirió a Stravinsky retomar esta música y transformarla en ballet.

Henri Matisse y Leonid Massine con el Ruiseñor mecánico diseñado para la versión coreografiada de El canto del ruiseñor en Monte Carlo.
(Foto de Joseph Enrietti. 1920).

Así, echó mano de secciones del segundo y tercer actos así como de la “Canción del pescador” del primer acto para transformarlo todo en un poema sinfónico, El canto del ruiseñor, que fue estrenado en concierto en 1919, y en 1925 fue coreografiado por Léonide Massine (1896-1979) para los Ballets Rusos de París, con los decorados de Henri Matisse (1869-1954). La flamante partitura logró retratar tanto la poesía como los toques irónicos del cuento de Andersen. Aquí se puede notar un dejo de lirismo y melancolía, no típicos del discurso de Stravinsky, pero que encontraban razón de ser al tener a Andersen como influencia. Musicalmente también hallamos recuerdos de Petrushka, en el uso frecuente de los “ostinati”, cambios súbitos en los ritmos, su preferencia por breves segmentos melódicos y algunos gestos de carácter teatral, aunque es de hacer notar que aquí se despliega la idiomática instrumental que Stravinsky utilizó a partir de 1920. El poema sinfónico sigue fielmente la narrativa de Andersen. Comienza con un retrato de la Corte del Emperador chino; a continuación aparece una pequeña ave que es invitada para complacer al Emperador con su canto gentil y conmovedor (escuchado en una cadencia para la flauta). Irrumpe entonces otro ruiseñor, pero éste es mecánico, un regalo del Emperador de Japón. El pícolo, la flauta y el oboe nos muestran el tema –entre primitivo y maquinista- del ruiseñor mecánico que parece agradar a la corte, con lo cual es nombrado el Primer Cantor de la Corte Imperial. El ave verdadera vuela, triste, hacia el bosque. Un día, la Muerte toca a las puertas del Emperador, y en ese momento el verdadero ruiseñor regresa para que –con su dulce canto- lo salve de fenecer. Es invitado a quedarse en la Corte pero el generoso ruiseñor prefiere la libertad y ofrendar su canto a cualquiera que lo necesite.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Igor Stravinsky: El canto del ruiseñor

Versión: Orquesta Sinfónica Columbia. Robert Craft, director.

(Grabación supervisada por Stravinsky en enero de 1967)

IGOR STRAVINSKY (1882-1971)

17 Feb

Petrushka. Burlesque en cuatro escenas

  • Escena primera: La feria del Carnaval
  • Escena segunda: Petruchka
  • Escena tercera: La celda del moro
  • Escena cuarta: La feria del Carnaval al anochecer

 

Boceto para el primer cuadro de Petruchka por Benois

Boceto para el primer cuadro de Petrushka realizado por Alexandre Benois

Fue en febrero de 1909 cuando Alexander Siloti (1863-1945) estrenó en San Petersburgo una obra orquestal de un joven alumno de Nikolai Rimski-Kórsakov (1844-1908): los Fuegos de artificio de Igor Stravinsky. El público quedó gratamente impresionado con la brillante orquestación de Stravinsky, quien manifestaba claras influencias de su profesor. El célebre empresario de los Ballets Rusos, Sergei Diaghilev, se encontraba entre el público, y no dudó un solo instante para invitar a Stravinsky a colaborar con su compañía realizando varios ballets. Sus primeros trabajos incluyeron la instrumentación de varias piezas de Chopin (1810-1849) y Grieg (1843-1907), y poco tiempo después Diaghilev le solicitó un ballet sobre la legendaria historia rusa del Pájaro de fuego. De hecho, la oferta se la había hecho el empresario a otro compositor, Anatol Liadov, pero como era bien sabido -entonces y ahora- Liadov era un flojonazo de primera y tardó varios siglos para cumplir con el encargo. El ballet de Stravinsky estuvo listo para su estreno el 25 de junio de 1910 en la Ópera de París en la temporada de los Ballets Rusos.

A partir de ese momento es cuando podría ser válido preguntarnos: “¿Qué habría ocurrido si…?” A lo que quiero llegar es que si Stravinsky nunca hubiera conocido a Diaghilev, probablemente nunca habrían surgido partituras como El pájaro de fuego, La consagración de la primavera y Petrushka. Nuevamente la incógnita: aunque la genialidad de Stravinsky fue (y es) básica para el desarrollo musical del siglo XX en occidente, ¿habría sido lo mismo en caso de no haber escrito estos tres ballets? ¿Se hubiera vuelto tan famoso a tan joven edad? Bien reza la voz popular que “las cosas pasan por algo”, eso que ni qué. Y el destino tenía muy bien trazada la senda que habrían de caminar juntos Stravinsky y Diaghilev.

¿Qué ocurrió después del enorme éxito de El pájaro de fuego?: El empresario decidió darle una nueva oportunidad al casi desconocido Stravinsky para que escribiera otro proyecto que cristalizó en lo que hoy se conoce como La consagración de la primavera. Su estreno (escándalo artístico de proporciones guerreras, hoy por todos conocido) tuvo lugar hasta mayo de 1913 en París. En esos tres años, entre un ballet y otro, el compositor quiso tomarse un pequeño respiro para “refrescarse a si mismo”, como llegó a declarar, y se puso a trabajar en una obra concertante para piano y orquesta. En el proceso creativo él confesó que: “Imagino una marioneta que súbitamente cobra vida y exaspera la paciencia de la orquesta con diabólicas cascadas de arpegios. Por su parte, la orquesta responde con plañideros toques en los metales que, al llegar a su auge, provocan la caída al suelo de la pobre marioneta.” Stravinsky quiso ponerle un nombre a este protagonista por lo que eligió el de Petrushka (Petrouschka o Petruchka… todas las acepciones son correctas), que es la típica figura de las antiguas ferias rusas y que encuentra sus paralelos en el “kasperl” alemán y el “arlecchino” italiano, y que combinan tanto el humor como la melancolía. Diaghilev tuvo conocimiento de este proyecto y, con ese instinto artístico feroz que lo caracterizó, le sugirió al compositor que olvidara esta pieza en su forma concertante y la transformara en un ballet, dado el enorme potencial que le veía en términos coreográficos. De tal manera Petrushka se estrenó el 13 de junio de 1911 por los decorados de Alexandre Benois (1870-1960) y la coreografía de Michel Fokine (1880-1942), contando en el papel principal a Vaslav Nijinski (1889-1950).

Stravinsky y Charles Chaplin (1937)

Stravinsky y Charles Chaplin (1937)

La acción de este ballet transcurre en la feria de la Semana Mayor en San Petersburgo. La primera y la cuarta escenas tienen lugar en el Carnaval, propiamente dicho; Stravinsky logró de forma genial pintarnos la escena con episodios musicales muy marcados que nos sugieren el paso de los campesinos, el caminar errático de algunos de ellos a quienes se les han pasado las copas y hasta un duelo de intérpretes de organillos. En el centro del escenario se encuentra un teatro de marionetas donde se presentan tres de ellas: Petrushka, la bailarina y el moro. Cobran vida al escucharse un dulce solo de flauta. Las escenas segunda y tercera representan la interiorización en cada uno de los personajes: visitamos el lugar donde Petrushka es depositado y conocemos los sentimientos de la marioneta. Él está enamorado de la bailarina y está tremendamente celoso del moro, quien es presentado en la escena tercera. En ella, el moro y la bailarina ejecutan una danza llena de humor (con un irónico vals basado tanto en un antiguo baile ruso y un vals de Josef Lanner -1801-1843-). Petrushka, muerto de celos, irrumpe en la celda del moro pero muy pronto es rechazado. Al llegar a la última escena, nuevamente con el ambiente festivo del Carnaval, el moro persigue a Petrushka entre la multitud y al alcanzarlo lo golpea y le provoca la muerte. El titiritero asegura al público que sólo son marionetas y que todo ha sido un espectáculo; pero en ese momento comienza a flotar sobre la feria el fantasma de Petrushka, concluyendo el ballet en una forma misteriosa.

Stravinsky mismo realizó una re-orquestación de la partitura en 1947

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Igor Stravinsky: Petrushka (Versión de 1947)

Versión: Orquesta Filarmonía de Londres. Esa-Pekka Salonen, director.

IGOR STRAVINSKI (1882-1971)

3 Oct

El pájaro de fuego. Suite del ballet (1919)

  • Introducción
  • El pájaro de fuego y su danza
  • Variación del pájaro de fuego
  • Ronda de las princesas
  • Danza infernal del rey Kashchei
  • Canción de cuna
  • Final

Retrato de Stravinsky por Pablo Picasso, realizado en 1910, año del estreno de El pájaro de fuego

Fue en febrero de 1909 cuando Alexander Siloti estrenó en San Petersburgo una obra orquestal de un joven alumno de Rimski-Korsakov: los Fuegos de artificio de Igor Stravinski. El público quedó gratamente impresionado con la brillante orquestación de Stravinski, quien con ello denotaba claras influencias de su profesor. El célebre empresario de los Ballets Rusos, Sergei Diaghilev, se encontraba entre el público, y no dudó un solo instante para invitar a Stravinski a colaborar con su compañía realizando varios ballets. Sus primeros trabajos incluyeron la instrumentación de varias piezas de Chopin y Grieg, y poco tiempo después Diaghilev le solicitó un ballet sobre la legendaria historia rusa del Pájaro de fuego. De hecho, la oferta se la había hecho el empresario a otro compositor, Anatol Liadov, pero como era bien sabido -entonces y ahora- Liadov era un flojonazo de primera y tardó varios siglos para cumplir con el encargo. El ballet de Stravinski estuvo listo para su estreno el 25 de junio de 1910 en la Ópera de París en la temporada de los Ballets Rusos, con un elenco de ensueño: Gabriel Pierné (el famoso compositor y organista) en la batuta, la coreografía de Michel Fokine y en el papel de la princesa la bailarina Tamara Karsavina. Con una música genial e imaginativa que vislumbraba la transformación de la típica música para ballet del siglo XIX en un mundo sonoro totalmente distinto (y que es aún más evidente en La consagración de la primavera de 1913 y, por ejemplo, Dafnís y Cloé de Ravel -del mismo año), Stravinski se insertó en la fama de los escenarios europeos con El pájaro de fuego.

Vestuario para las princesas de El pájaro de fuego, realizado por Leon Bakst

¿Cuál es la historia de ese Pájaro de fuego? Había una vez un príncipe de nombre Iván, que una noche deambulaba por el bosque y se topó con un ave maravillosa: el pájaro de fuego. Sin pensarlo, el príncipe atrapó al pájaro, pero éste le solicitó su libertad y, a cambio, le daría una de sus mágicas plumas con la que podría salir de cualquier aprieto. El príncipe accedió, tomó la pluma, el pájaro alzó el vuelo y el valiente Iván continuó vagando por el bosque. Repentinamente se topó con el castillo de un ser malévolo, el rey Kashchei. En el jardín del oscuro castillo danzaban trece hermosas doncellas, cautivas por el malvado ser. Al amanecer todas ellas tienen que regresar a su encierro; pero el príncipe ha quedado prendado de la última de las trece y no le interesa el peligro. Abrió las puertas del castillo e inmediatamente salió a su encuentro el horroroso Kashchei antecedido por su corte de ogros y seres terroríficos. El “jueguito” predilecto del rey era convertir en piedra a los valientes que traspasaran el puertas de su castillo, y antes de que lanzara su conjuro contra el pobre Iván, él recordó la pluma del pájaro de fuego y hace uso de ella. Irrumpió así el ave maravillosa volviendo locos a todos. Acto seguido, entonó una canción de cuna que puso a dormir a todo el monstruoso séquito; mientras tanto, la inteligente ave llevó al príncipe al lugar donde se encontraba encerrada el alma del rey Kashchei en forma de un huevo. Iván rompió el huevo y el rey quedó destruido junto con su palacio y sus súbditos. Cuando despuntó el alba las princesas salieron del cautiverio, todos los valientes guerreros convertidos en piedra regresaron a su forma original y la princesa que Iván había elegido fue desposada por su apuesto príncipe, como cualquier otro cuento de hadas.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Igor Stravinsky: El pájaro de fuego. Suite de ballet (1919)

Versión: Orquesta Sinfónica de Dallas. Eduardo Mata, director.

IGOR STRAVINSKY (1882-1971)

1 Oct

La consagración de la primavera

Escenas de la Rusia pagana

  • La adoración de la Tierra
  • El sacrificio

Dibujo de Stravinsky realizado por Jean Cocteau en el año de estreno de La consagración de la primavera

La consagración de la primavera de Stravinsky pertenece a esa clase de producciones artísticas que, gracias a su significado, se acercan dramáticamente al término de “manifiesto creativo”. En esta música no sólo se encuentran enormes contradicciones estéticas –como infinidad de críticos han señalado, quizá para despejar a la obra de sus “rudas virtudes”- sino también lo que vino a materializarse en un nuevo sistema de lenguaje musical. Debido a ello, La consagración… ha ejercido una enorme influencia en la transformación de lo que fueron las tendencias sonoras en las postrimerías del siglo XIX junto a lo que estalló (musicalmente hablando) en todo el siglo XX.

Las Escenas de la Rusia pagana, como Stravinsky gustaba llamar a su obra, fueron creadas en la época anterior a ese enorme vendaval político, social y cultural, provocado por la primera guerra imperialista; y así, esta partitura fue vecina –casi tête à tête– de obras como el Prometeo de Scriabin, Las campanas de Rajmáninov, El castillo de Barbazul de Bartók, Pierrot Lunaire de Schönberg, Dafnis y Cloé de Ravel y Elektra de Strauss. Quizá todas estas partituras tengan temáticas diversas; sin embargo, reflejan la originalidad de cada uno de sus autores. Aún así, todas ellas comparten un elemento común: la premonición de un cataclismo cercano y el reordenamiento de la sociedad, así como una señal muy violenta de alarma ante eventos desconocidos y ciertamente desesperanzadores. Para poder expresar ese ambiente de incertidumbre eran necesarias vías de divulgación muy intensas y expresionistas. En aquellos años surgieron corrientes artísticas de la preguerra de carácter burgués, muchas de ellas harto extremistas, como el Fauvismo, los Acmeístas de la poesía rusa y los futuristas. La sensación artística que propiciaron fue de un primitivismo muy crudo, original en exceso, con emociones exacerbadas y paisajes exóticos. Y esa es la misma atmósfera que propone La consagración de Stravinsky, que él mismo definió hacia 1910 –época en que concibió el ballet El pájaro de fuego- en estos términos: “…se alza el cuadro de un ritual pagano sagrado: los astutos ancianos están sentados en círculo y observan la danza previa a la muerte de la joven que están ofrendando como sacrificio al Dios de la Primavera para así obtener su benevolencia. Esto se convirtió en el tema de La consagración de la primavera.”

Stravinsky en 1913

Stravinsky concibió y realizó esta partitura entre 1912 y 1913. Para ese momento su idea original del ballet había cambiado considerablemente y, de hecho, el coreógrafo asignado a la producción de este ballet (Michel Fokine) se encontraba muy ocupado con la coreografía de Dafnis y Cloé de Ravel, por lo que el sustituto perfecto fue Vaslav Nijinski. Entretanto La consagración esperaba fechas de estreno, su autor puso manos a la obra en otro ballet: Petruchka.

Sergei Diaghilev

La comisión de La consagración le llegó a Stravinsky al igual que para sus otros dos ballets gracias a la solicitud que le hiciera Sergei Diaghilev, director de los Ballets Rusos de París. Dicha compañía presentó el nuevo ballet de Stravinsky en el Teatro de los Campos Elíseos de la ciudad luz el 23 de mayo de 1913, siendo protagonista de una de las historias más dramáticas en los anales de la música universal. Pierre Monteux dirigió en medio de un torrente de silbidos, gritos y abucheos de desaprobación; los bailarines debían tener cuidado de no ser golpeados por las butacas que el público, enardecido, arrancaba de sus lugares y lanzaban al escenario; el célebre Claude Debussy no sabía qué instrumento se escuchaba al inicio de la partitura (él decía que era un corno inglés, aunque lo correcto es un fagot); algunos asistentes más aventurados metieron a la sala del legendario teatro cláxones de automóviles para hacerlas sonar cual porra “cruz-azulina”. Esa noche, París se convirtió (aún más) en el centro artístico del orbe, y Stravinsky y su flamante ballet se transformaron en un par de ogros de filosos dientes y olor pútrido. A la salida del teatro, Stravinsky –como se puede imaginar- tuvo que salir custodiado por sus seguidores y al preguntársele su opinión del escándalo, afirmó desconsolado: “Conozco esta música muy bien y tengo tanto cariño por ella que no puedo entender el proceder de la gente, protestando contra ella prematuramente sin escucharla con cuidado.”

Nijinsky en Monte Carlo (Foto tomada por Stravinsky en 1911)

Pero sabemos que la vida da impresionantes jirones y tiene enormes ironías: en abril de 1914 La consagración de la primavera fue presentada en versión de concierto en el Casino de París, nuevamente con la batuta de Pierre Monteux y, ¿cuál fue la reacción del público entonces?: Un verdadero éxito. ¿Qué explicación podemos encontrar ante acontecimientos tan contrarios? Se dice, pues, que lo que al público molestó aquella célebre noche de mayo de 1913 no fue la música de Stravinsky, sino la caótica coreografía de Nijinski. Lo único que el autor deseaba transmitir a través de su discurso sonoro era “expresar el brillante despertar de la naturaleza, que es restaurado en la nueva vida –un despertar completo, espontáneo, un despertar de la concepción (maternal) universal.”

Con esa premisa en mente, habiendo cruzado el umbral de un siglo y del tercer milenio, aún ahora la música de La consagración de la primavera de Igor Stravinsky nos suena no sólo enraizada en un primitivismo de la humanidad que parece no haber cambiado en absoluto, sino también nos permite acceder con cada uno de sus complicados impulsos rítmicos y coloristicos a un mundo que ya no podrá transformarse, de una época que nos hizo sentir superhombres en el universo y que nos ha lastimado sin querer sentirlo. Es, pues, La consagración de Stravinsky el más intenso resumen sonoro del siglo que parecía nunca iba a terminar.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Igor Stravinsky: La consagración de la primavera.

Versión: Orquesta Sinfónica de Londres. Eduardo Mata, director

Página final del manuscrito de La consagración. Stravinsky apuntó en la parte superior derecha: “Quien escuche esta música nunca experimentará las burlas a las que fue sujeta y de las que yo fui testigo en el Teatro de los Campos Elíseos, Paris, Primavera 1913”

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