FRÉDÉRIC CHOPIN (1810-1849)

25 Jul

Concierto para piano y orquesta No. 1 en mi menor Op. 11

• Allegro maestoso
• Romance. Larghetto
• Rondó. Vivace
Los dos Conciertos para piano de Chopin fueron escritos en rápida sucesión entre 1829 y 1830, y aunque el Concierto en fa menor fue el primero en ser escrito también fue el último en publicarse, por lo que el Concierto en la tonalidad de mi menor de 1830 se le conoce como número 1.
Las influencias composicionales del joven Chopin residían en la nueva escuela virtuosa del piano que estaba encabezada por Hummel, Gyrowetz, Ries, Moscheles y Heller. Su gran imaginación poética y entusiasmo natural por los ritmos bailables de su adorada Polonia lo llevaron a confeccionar el último movimiento del Concierto en mi menor como una danza rápida llamada “krakowiak” (proveniente de la región de Cracovia), y en el correspondiente movimiento del Segundo concierto como una “mazurka”.
Teniendo en mente que Chopin poseía poca experiencia en el tratamiento de las formas musicales a gran escala, es muy notable cómo produjo estas dos partituras con tanta frescura y originalidad. Poseen un impulso poético muy refinado y brillantez pianística de altos vuelos. Debido a su calibre estético fue que Robert Schumann escribió al respecto de estos Conciertos lo siguiente (en 1836): “Debemos estar seguros que si un genio de la grandeza de Mozart naciera en el momento presente, escribiría Conciertos como los de Chopin y no como los de Mozart.”

Chopin en su juventud

Chopin en su juventud

Fue entre abril y septiembre 1830 que Chopin concibió su Concierto en mi menor, en un momento en que Polonia vivía momentos de incertidumbre política y social. El 23 de septiembre de ese año Chopin invitó a su hogar a muchos músicos y críticos distinguidos de Varsovia para una audición privada. La reacción fue muy entusiasta: un periódico señaló que se había escuchado ese día “…la obra de una genio. El señor Chopin privará al auditorio de Varsovia de un gran placer si decide partir sin haber tocado en público su nuevo Concierto”.
Pero sí lo hizo: el 11 de octubre siguiente Chopin realizó el estreno de este Concierto en mi menor en la capital polaca y esa marcaría su última presentación pública antes de partir de Polonia el 2 de noviembre siguiente. Como el propio autor dijo posteriormente: “No estuve ni mínimamente nervioso y toqué de la misma forma que cuando estoy a solas. Todo fue muy bien y la ovación fue ensordecedora.”
La partitura fue publicada el 1833 y dedicada más tarde al virtuoso Frederic Kalkbrenner, a quien Chopin conoció a su llegada a París y con quien trabó inmediatamente una sólida amistad.
Desde el inicio de este Concierto para piano entramos en contacto con un lenguaje refinado, de tintes casi teatrales, operísticos, y que dejan ver en su colorido una conexión ciertamente espiritual con sus raíces polacas y se hace novedoso al omitir la cadencia para el solista. El movimiento central es poético y nostálgico; y urdiendo un poco en la historia personal de Chopin nos percatamos que esta es una de tantas piezas surgidas como demostración afectiva a una dama: ella era Konstancia Gladkowska, una joven cantante que Chopin conoció en el Conservatorio de Varsovia. Aparentemente Chopin y Konstancia intercambiaron anillos antes de que el compositor abandonara su patria… pero el destino quiso que nunca volvieran a cruzar sus caminos. Chopin definió está música como “un adorado paisaje, reviviendo en el alma bellas memorias”.
Y para finalizar, el Rondó también puede ser interpretado como un aria de ópera, de gran brillantez y sabor popular polaco.
Lo que es considerable al escuchar esta música es que Chopin estaba enamorado de la joven cantante Gladkowska. Pero quién iba a decir que, mientras que él le juraba lealtad con sus piezas musicales a esta mujer, el músico dedicaba algunas otras (pero veladamente) a la Condesa Delfina Potocka, con quien sostuvo correspondencia que –dicen por ahí- rayaba en lo erótico. Lo cierto es que el día del estreno del Concierto en mi menor se ofrecieron obras musicales diversas entre cada movimiento, a la usanza de aquel tiempo. En el programa apareció una obra vocal interpretada por la joven Gladkowska.
Chopin tenía 20 años de edad. Podemos perdonarlo…

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Frédéric Chopin: Concierto para piano No. 1 en mi menor Op. 11

Versión: Artur Rubinstein, piano. New Symphony Orchestra of London. Stanislaw Skrowaczewski, director.

SERGEI RAJMÁNINOV (1873-1943)

16 Jul

Concierto para piano y orquesta No. 1 en fa sostenido menor Op. 1

• Vivace
• Andante cantabile
• Allegro scherzando

Rachmaninoff_1906

¿Cuál de estos calificativos le vendría mejor a Rajmáninov? ¿Popular? ¿Anacrónico? ¿Pasado de moda? ¿Conservador? ¿Retrógrado?
¿Cómo definir a un compositor cuyas obras para piano son fundamentales para intérpretes de todas las nacionalidades y los escuchas las colocan en el Top 10 clásico?
Aquí le propongo, estimado lector, esta humilde definición: “Individualista”.
Sin importar la oleada de corrientes musicales que sobrevinieron al alba del siglo XX, la variedad de lenguajes, de experimentación, de disonancias y exactitudes cerebrales y matemáticas, Rajmáninov siempre enarboló una bandera muy sorprendente en medio de tanto rompimiento con lo establecido. Esa bandera era la del romanticismo, justamente defendida con esa individualidad en su personalidad y lenguaje que no tiene parangón en la historia del arte musical.
Nacido en Oneg (en el Distrito de Novgorod) el 1 de abril de 1873, Rajmáninov tuvo que dejar su patria después de la Revolución de 1917 para nunca regresar. Sin embargo, su fama como pianista-compositor-director de orquesta fue en ascenso al establecer su residencia tanto en los Estados Unidos como en Suiza. Sus piezas pianísticas se convirtieron rápidamente en referencia así como sus estupendas tres Sinfonías y obras orquestales como las Danzas sinfónicas y La isla de los muertos, por mencionar sólo dos. En su catálogo el lugar privilegiado pertenece a sus cinco partituras para piano y orquesta. Sus cuatro Conciertos pueden ser considerados como el punto álgido de su producción así como de su vida creativa: el Primero de ellos, en sus versiones original y final, comenzó y concluyó su fascinante periodo creativo de juventud; el Segundo marcó una regeneración espiritual; el Tercero fue concebido para su primera gran gira en los Estados Unidos y el Cuarto fue su regreso a la senda creativa después de casi una década de silencio.

hands_rachmaninoff

Las fantásticas manos de Rajmáninov

Cuando Rajmáninov tenía 18 años de edad escogió a su Primer concierto para piano en fa sostenido menor para darle su Opus 1 (aunque ya tenía muchas obras publicadas). El 20 de julio de 1891 le escribió a su amigo Mikhail Slonov:
“El 6 de julio terminé y orquesté mi Concierto para piano. Pude haberlo terminado mucho antes pero después del primer movimiento pasé un período de inactividad… y en tan sólo dos días y medio concluí los movimientos restantes. Escribí de cinco de la mañana a las ocho de la noche…”
La partitura lleva una dedicatoria a Alexander Siloti y fue estrenada por el propio Rajmáninov en la primavera siguiente. Hacia 1899 decidió que no estaba satisfecho con el resultado total de la obra y declinó una invitación para tocarlo en Londres. Tuvo que esperar hasta 1908 para retomar el Concierto y hacerle una revisión exhaustiva, algo que no ocurrió pues se sumergió en la composición del Concierto No. 3 para su gira estadounidense. Al llegar a los 44 años de edad fue cuando se dio a la tarea de modificar la versión original del Concierto No. 1, sin modificar jamás su carácter juvenil y extrovertido y ganando un nuevo ropaje colorido y de hermoso artesanado.
El Primer concierto para piano de Rajmáninov comienza con un episodio de gran robustez sonora, muy en el estilo de Tchaikovsky y con ciertos aires de la música de Rimski-Korsakov. Poco a poco las líneas melódicas nos dejan ver a ese Rajmáninov lírico y arquitecto de belleza como siempre lo escucharemos en sus obras posteriores. La columna vertebral del primer movimiento se basa en un motivo de cuatro notas que aparece, nuevamente, en el segundo movimiento en la voz del corno y constituyendo un fabuloso Nocturno (marcado Andante) que desemboca en la sección final, vigorosa y plena de bullicio.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Sergei Rajmáninov: Concierto para piano y orquesta No. 1 en fa sostenido menor Op. 1

Versión: Byron Janis, piano. Orquesta Filarmónica de Moscú. Kirill Kondrashin, director (Grabado en junio de 1962 en Moscú).

EDICIONES “MARTES DE OBERTURAS” SIETE

2 Ene

Les compartimos el SÉPTIMO álbum digital de la muy gustada serie de Música en Red Mayor

MARTES DE OBERTURAS SIETE:

OBERTURAS ESTADOUNIDENSES

MARTES DE OBERTURAS SIETE. PORTADA

MARTES DE OBERTURAS SIETE. PORTADA

MARTES DE OBERTURAS SIETE. CONTRAPORTADA

MARTES DE OBERTURAS SIETE. CONTRAPORTADA

MARTES DE OBERTURAS SIETE. OBERTURAS ESTADOUNIDENSES. ÁLBUM

Los números de 2013

31 Dic

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 22.000 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 8 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

JOHANNES BRAHMS (1833-1897)

15 Sep

Danzas húngaras (Versión orquestal) 

En un lapso específico en la historia de la música, que comenzó aproximadamente en el año 1780, muchos autores decidieron poner un sabor “húngaro” a sus partituras. Es decir, que se habían puesto de moda los acentos, ritmos y melodías propias de Hungría y específicamente aquellas de carácter gitano (básicamente, el estilo de danza conocido como Verbunkos). Prueba de todo esto se escucha en aquel episodio de tintes gitanos en el Concierto en la mayor para violín de Mozart, o bien en la música para El rey Esteban de Beethoven, aquel Divertimento a la húngara de Schubert y los deliciosos Rondós húngaros de Weber. Caso aparte sería el grupo de Rapsodias húngaras que escribió Franz Liszt, pues aunque él nació en Hungría (y curiosamente no sabía hablar húngaro, no me pregunte por qué) vino a tomar el germen de la música popular de la región gracias a otros autores y recopiladores.

Johannes Brahms ca. 1875

Johannes Brahms ca. 1875

Johannes Brahms entró en contacto con la música de los gitanos gracias a su colaboración como acompañante al piano del violinista húngaro Eduard Reményi. En 1852 ambos tocaron para emigrantes húngaros en Hamburgo y Hannover, y poco más tarde en pequeñas localidades del norte alemán. Brahms quiso colaborar con él pues encontraba simpática su manera de tocar: entre su repertorio básico en los recitales (Mozart, Beethoven, etc.) Reményi añadía en sus interpretaciones algunos adornos y variaciones libres improvisadas de innegable sabor gitano. Brahms quedó tan contento con esta colaboración que, en 1853, comenzó a escribir una serie de Danzas húngaras, concluyéndola en un total de 21 piezas para dúo de pianos distribuidas en cuarto libros. Al presentar las primeras diez Danzas a su editor Simrock, Brahms fue cauteloso en no proporcionar número de opus, catalogándolas él mismo como “colección para el piano”, argumentando que sólo había arreglado algunas de las melodías gitanas que su colega Reményi ofrecía fuera de programa en sus recitales. ¡Craso error!! El violinista, al enterarse hacia 1880, hizo una rabieta que hasta lo puso a bailar czàrdás de furia, y acusó a Brahms por haber plagiado todo el material original que Reményi con tanta confianza compartió con él y para beneficio del músico de Hamburgo. Claro, la “corajina” del húngaro estaba directamente ligada al éxito que las Danzas húngaras de Brahms ya tenían entonces entre músicos y público. Insisto, Brahms fue hábil al decir que sólo las “arregló”, y lo corroboró en una carta a su editor: “…es como haber recibido a un auténtico niño gitano, al que no engendré, pero nutrí de pan y leche hasta verlo fuerte y robusto”.

En 1873 Brahms realizó el arreglo para piano solo de los libros I y II de Danzas, así como orquestó tres piezas correspondientes a dichos libros: la No. 1 (originalmente extraída de las Isteni Czàrdás de Sárközy), la No. 3 y la No. 10 (ambas provenientes de las Tolnai Lakasalmas de J. Rimer). Las Danzas restantes fueron instrumentadas por Andreas Hallén y Albert Parlow y el Libro IV por Antonín Dvorák. Igualmente, los violinistas Joseph Joachim y Fritz Kreisler realizaron transcripciones de algunas de las Danzas para su instrumento.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Johannes Brahms: Danzas húngaras (versión orquestal)

Versión: Orquesta Sinfónica de Londres. Neeme Järvi, director

JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)

18 Jul

Suite (Obertura) orquestal No. 1, en do mayor, BWV. 1066

  • Obertura
  • Courante
  • Gavotas 1 y 2
  • Forlane
  • Minuetos 1 y 2
  • Bourrées 1 y 2
  • Passepieds 1 y 2

Es bien sabido que Johann Sebastian Bach ejerció una enorme influencia musical en diversas ciudades alemanas donde se solicitaron sus servicios. Igualmente se conoce que muchas de esas localidades contaban con extraordinarios conjuntos orquestales que estuvieron bajo las órdenes de tan célebre compositor. Sin embargo, la producción de música puramente instrumental de Bach no está en relación directa ni con su trabajo con aquellos grupos y mucho menos con otros “rubros” de su catálogo (como las Cantatas y sus obras para órgano).

Si bien Bach escribió varios Conciertos para diversos instrumentos con acompañamiento, las únicas partituras que pueden considerarse como “orquestales” están restringidas a sus seis Conciertos de Brandenburgo y las cuatro Suites.

Este último grupo también puede ser referido como Oberturas, lo cual crea definitivamente confusiones. Se dice que Bach las escribió pensando en el nombre Obertura (aunque cada una de estas cuatro partituras inicia con su consabida obertura a la francesa -como se acostumbraba desde tiempos de Jean-Baptiste Lully-). Pero también en aquellos tiempos era socorrida la composición de colecciones de piezas usualmente de carácter danzable (courante, forlane, passepied, bourrée, etc.) y que se agrupaban bajo el nombre genérico Suite. En el caso de las Suites de Bach, tal parece que así fueron tituladas hacia el siglo XIX, después de la exhumación de la mayoría de las obras de este autor. Aún así, queda claro que la intención de Bach con estas partituras es doble, y tanto las nomenclaturas de Obertura y Suite encuentran sentido y se amalgaman en una forma musical extraordinaria.

Johann Sebastian Bach

Johann Sebastian Bach

Las fechas y lugares de composición de las cuatro Suites son inciertas, aunque existen ahora las suficientes evidencias para pensar que -en las palabras de Albert Schweitzer- “las dos primeras corresponden al período de Cöthen y las dos últimas parecen haber sido escritas en Leipzig, cuando Bach dirigía la sociedad Telemann”. Efectivamente, el período de composición de las Suites 1 y 2 corre de 1717 a 1723, cuando el músico era director de música de la Corte del Príncipe Leopoldo.

En términos generales, la estructura que Bach dio a sus Suites está formada, después de la consabida Obertura a la francesa como primer movimiento, por una secuencia de movimientos dancísticos, todos ellos ornamentados a la manera barroca. Sin embargo, la instrumentación de las cuatro partituras -que siempre incluye el grupo habitual de cuerdas- se transforma de maneras distintas: en la Primera se indica la actuación de un clavecín, así como dos oboes y fagotes; en la Segunda existe una flauta solista; la No. 3 resulta suntuosa al incluir dos oboes, tres trompetas, y timbales; y la última solicita un total de tres oboes, un fagot, tres trompetas y timbales.

La Primera de las Suites cuenta con danzas que Bach no repitió en sus otras partituras del ciclo: la Courante, el Passepied y la Forlane. Ésta última merece especial comentario, ya que es de origen italiano (Forlana) y no francés como la gran mayoría de las danzas tratadas por Bach. Se dice que la Forlane “era bailada por la gente de Friuli, por dos o cuatro personas en números pares de hombres y mujeres que giran y giran saltando y moviendo los pies, sacudiéndolos con rapidez y ligereza maravillosas y que se acercan estando uno frente a la otra deteniéndose en el mismo sentido que los lleva el movimiento concertado y tomándose a veces en brazos y juntando sus cabezas como si quisieran hacer un lazo”.

Johann+Sebastian+Bach

A manera de conclusión sobre lo que son las Suites de Bach, me gustaría compartir un divino comentario del desaparecido violinista Lord Yehudi Menuhin, quien escribió lo siguiente: “Se me ha pedido que escriba unas cuantas palabras acerca de las cuatro Suites orquestales de Bach. Hubiera preferido que este examen se refiriera a la comida, porque en todo caso lo que se espera de un cocinero es que exclusivamente produzca una serie de platillos, y no palabras, puesto que las únicas palabras aceptables en boca de un cocinero son las que constituyen una receta …Por lo que toca a mi receta, la analogía culinaria más cercana es como sigue:

‘Tómese un gran pavo, rellenelo con un ganso. Rellene el ganso con un pato, rellene el pato con una gallinita de guinea, rellene la gallinita de guinea con una perdiz, la perdiz con un pichón, el pichón con una becada y la becada con un gorrión; rellene el gorrión con una aceituna. Cocínelo todo durante un equis número de horas; entonces tire a la basura el pavo, el ganso, el pato y la gallinita de guinea así como la perdiz y el pichón con la becada y el gorrión.

Sirva la aceituna.

Espero que el público se de cuenta cuan preciosa es la aceituna. Esta aceituna, que como el pez de la parábola, debe alimentar a una multitud sin cuento.

…La verdadera prueba para el festín, ultimadamente fue cuando teníamos ganas, o no, de bailar. Algunas veces nos vimos transportados a bailes de máscaras en Venecia…Otras, como en Versalles, donde bailamos un buen rato -minuetos, gavotas, etc- invitamos un grupo de campesinos para que danzaran una bourrée al estilo antiguo. En total estuvimos muy poco en Alemania y en la pompa y ceremonia de los fragmentos iniciales…’ ”.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Johann Sebastian Bach: Suite orquestal No. 1 en do mayor BWV 1066

Versión: Orquesta Barroca de Friburgo

BÉLA BARTÓK (1881-1945)

19 May

Música para cuerdas, percusiones y celesta

  • Andante tranquilo
  • Allegro
  • Adagio
  • Finale: Allegro molto

Al partir de manera un tanto forzada de su natal Hungría, Bartók estableció su residencia en los Estados Unidos hasta el final de su vida. Los primeros años de exilio provocaron varios sinsabores en el compositor y su esposa, quienes tenían que ingeniárselas para vivir en un país “extraño” con poco dinero. Afortunadamente para él siempre contó con buenas amistades, especialmente aquellos músicos sensibles o mecenas del arte que respetaban enormemente sus partituras. De tal manera, muchas de las partituras que surgieron en los últimos quince años de vida de Bartók fueron escritas por comisión: el Cuarteto de cuerdas núm. 5, el Concierto para viola y el Segundo concierto para violín, Contrastes, el Concierto para orquesta y la Sonata para dos pianos y percusiones. Hacia 1936 le llegó a Bartók una comisión directamente desde Suiza, por parte del director Paul Sacher (fundador de la Orquesta de Cámara de Basilea). Este hombre fue muy reconocido por alentar el talento de esa época y comisionar obras para su orquesta, entre ellas la Cuarta sinfonía de Honegger, el Concierto para siete instrumentos de aliento de Frank Martín, entre otras. A Bartók le solicitó dos obras para cuerdas que cristalizaron en la Música para cuerdas, percusiones y celesta (1936) y el Divertimento (1939).

Béla Bartók

Béla Bartók

Así como su Concierto para orquesta es un extraordinario tratado sonoro de las capacidades virtuosas y colorísticas de los instrumentos orquestales, la Música para cuerdas, percusiones y celesta es –quizá- una impresionante partitura donde la relación entre matemáticas (algo que siempre apasionó al húngaro) y las relaciones armónicas de la dotación que aquí propone llegan a un grado superlativo de perfección, como pocas veces se ha podido escuchar en la música de la civilización occidental. La disposición de los instrumentos de cuerda debe ser totalmente simétrica alrededor del director (a cada lado violines, violas y cellos, con los contrabajos en la parte central) siendo que celesta, piano, arpa y percusiones se encuentran en semicírculo al frente del grupo de cuerdas. Lo más interesante de esta obra es escuchar las “nubes armónicas” que se producen con la combinación de diversos timbres, como los glissandi en los timbales, la relación cromática entre violín y celesta del tercer movimiento, y el uso –en momentos frenético- del piano como un instrumento de percusión mas que como un elemento melódico. Igualmente, la partitura está construida sobre las bases y técnicas que Bartók desarrolló durante su carrera, combinado todo ello con algunos toques “subjetivos” del folclor centroeuropeo, especialmente en lo que se refiere a la rítmica. El propio Paul Sacher, solicitante de esta obra, y su Orquesta de Cámara de Basilea, ofrecieron su estreno el 21 de enero de 1937. Aunque el contenido artístico de la Música para cuerdas, percusiones y celesta es realmente magnífico, es importante anotar que mucha de su popularidad esta relacionada directamente con el cine: en primer lugar, gracias a los intensos conceptos visuales de Stanley Kubrick al incluirla en su cinta El resplandor, obra maestra del terror psicológico de la década de 1980. Y en segundo lugar, en fecha más reciente, en otra película que –curiosamente- alude a ciertas telarañas mentales y cómo afectan en las relaciones personales: ¿Conoces a John Malkovich?, donde la música de Bartók aparece (en primera instancia) con los créditos iniciales acompañando una extraordinaria secuencia de un ballet de marionetas.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Béla Bartók: Música para cuerdas, percusiones y celesta

Versión: Orquesta Sinfónica de Chicago. Sir Georg Solti, director.

EDVARD GRIEG (1843-1907)

1 May

Suite lírica Op. 54

  • El pequeño pastor (Andantino espressivo)
  • Doblar de campanas (Andante)
  • Marcha rústica noruega (Allegro marcato)
  • Nocturno
  • Marcha de los enanos (Allegro marcato)

El piano fue el instrumento que acompañó la vida y la carrera del noruego Edvard Grieg, y siempre fue considerado un auténtico virtuoso de éste, lo cual es evidente con tan sólo escuchar algunas de sus partituras pianísticas, como su célebre (y hermoso) Concierto en la menor, su Sonata en mi menor (1865), la Balada en sol menor Op. 24 y, de manera definitiva, con sus Piezas líricas que compuso en un período que abarcó de 1867 a 1901. Dicha colección incluye diez cuadernos con un total de sesenta y seis breves joyas para piano, y está perfumada por los amores principales de Grieg: tanto su instrumento predilecto, como sus raíces –fuertes y bien ancladas- en la tradición folklórica de Noruega y, por si fuera poco, el carácter lírico que sabía imprimir con delicadeza y cariño a sus partituras. Odile Martin lo explica de mejor manera: “Puesto que para Grieg, como para Schumann (a quien admiraba tanto y calificaba de ‘poeta’), el piano constituyó a lo largo de su vida una especie de confidente, de diario íntimo donde vertía sus sentimientos, sus emociones, sus pasiones, su amor a su país, a esa música popular de la que estuvo enteramente impregnado y que supo recrear con su ambiente y su diversidad, en su propia música.”

Las mencionadas Piezas líricas son breves y diminutos lienzos impresionistas, en la forma de estudios de carácter, aunque no puede encontrarse una mera secuencia o idea “poética” de una a otra, como puede ocurrir en la música de Schumann. Sin embargo, los puntos sobre los que gira la totalidad de las Piezas líricas son: naturaleza, la patria, y los sentimientos de nostalgia o elegíacos. Cada una de ellas cuenta una estructura de alcances “modestos” (si hay que definirlo de alguna manera), de carácter tripartita, que fue el modelo en el siglo XIX para obras breves, sin tener muchas complicaciones técnicas (aunque algunas de ellas brillan por su virtuosismo). En resumen, las mencionadas Piezas de Grieg son absolutamente populares en muchos sentidos. En cuanto a su contenido estético, éstas pueden reconocerse como una continuación de la música pianística de Robert Schumann, al mismo tiempo en que pueden encontrarse en ellas visos de Brahms, Chopin y Liszt. Pero lo más importante de las Piezas líricas de Grieg, y de una buena cantidad de sus partituras, es su cariño inmenso por la tradición musical noruega, misma que cobró grandes dimensiones a partir de su encuentro, en 1866, con Richard Nordraak, el creador del Himno Nacional Noruego, quien murió a destiempo cuando contaba con 24 años de edad. Fue posterior a ello que Grieg se adentró a conciencia en el estudio y la recopilación del material sonoro popular de Noruega, dándole una importancia que nadie antes de él había considerado. Su concepto artístico estaba orientado a enriquecer el lenguaje musical del siglo XIX con la música noruega, especialmente a través de la infinidad de danzas folklóricas que se escuchan tanto en las Piezas líricas como en otras de sus partituras más célebres: las Danzas sinfónicas y Peer Gynt, por ejemplo.

Edvard Grieg

Edvard Grieg

Hacia 1900, Grieg tuvo que defender sus intereses artísticos frente a la ridiculez de uno que otro crítico sordo, y a ellos dedicó las siguientes líneas:

Hasta el momento presente he publicado más de setenta obras, por lo que debería permitirseme decir que nada es tan incorrecto que los comentarios de los críticos alemanes, quienes aseguran que mi llamada originalidad está limitada a mi aproximación a la música folklórica. Es totalmente otro asunto si un espíritu nacionalista, que ha sido expresado a través de la música del pueblo desde tiempos remotos, flote sobre mis trabajos originales y creativos.

Del total de las sesenta y seis Piezas líricas, Grieg orquestó en 1903 cuatro de las contenidas en el libro quinto, agrupándolas en lo que él denominó Suite lírica. Dichas secciones tienen por títulos: El pequeño pastor, Marcha rústica noruega, Nocturno y Marcha de los enanos (ésta última la más conocida de todas), y que no necesitan de mayor discusión pues son muy elocuentes y con un lenguaje tan sencillo, elegante y hermoso que apela a cualquier espíritu. Sólo se necesita escuchar la música con atención y con el corazón bien abierto.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Edvard Grieg: Suite lírica

Versión: Orquesta Sinfónica de Gotenburgo. Neeme Järvi, director.

FRANZ VON SUPPÉ (1819-1895)

17 Abr

Obertura de la opereta Poeta y campesino

Así como en la historia reconocemos a Johann Strauss hijo como el “rey del vals”, a Franz von Suppé se le debe dar el privilegiado lugar de “padre de la opereta austríaca” y que, justamente, tuvo su momento más importante gracias a Strauss hijo. Como muchos de sus colegas germanos, von Suppé fue un admirador profundo de las operetas de Offenbach, por lo que al momento de estrenarse en este campo fue verdaderamente innovador al combinar la picardía de la original opereta francesa pero con un toque de genialidad que siempre se basó en la ternura y el sentimentalismo.

El momento dorado en el que su actividad como compositor se tornó una realidad le llegó al tiempo de ser nombrado director del Josephstadttheater en Viena a partir de 1841. De tal suerte, el primer título con el que alcanzó la fama fue Poeta y campesino (Dichter und Bauer), estrenada en Viena el 24 de agosto de 1846, para más tarde conseguir sendos triunfos con títulos como La bella galatea, Caballería ligera, Franz Schubert y Boccaccio, entre muchas otras. Tal parece que aquel ambiente de opereta que impera en su producción, al igual que en la de Strauss hijo, siempre provocó que algunos públicos no aceptaran su música como “verdaderamente seria”. Sin embargo, cuando escuchamos los sonidos de sus partituras puramente orquestales nos percatamos de que von Suppé era un verdadero genio en la orquestación y que conocía la paleta instrumental muchísimo mejor que algunos de sus colegas que también se dedicaron al género (no estoy hablando ni de Strauss hijo ni de Offenbach, por supuesto).

Franz von Suppé

Franz von Suppé

 

Pero, parece curioso que muchos muy cultos digan que la música de von Suppé es de poca calidad, mientras que este hombre fue director también de los legendarios Theater-an-der-Wien, Karlstheater y Leopoldstadt Theater en Viena, y que fuera invitado personalmente por Richard Wagner en 1879 para participar de sus presentaciones operísticas en Bayreuth. Es definitivo que, al escuchar la brillante Obertura a Poeta y campesino nos quedemos maravillados con la pujanza de su discurso y su ritmo, además de apreciar la instrumentación luminosa y perfecta de esta pieza. Aquí, encontramos aquellos elementos a los que se hace referencia en el título de la opereta: El “poeta” se escucha en el primero de los temas, asociado con el lirismo y la reflexión; el “campesino” con simpleza, con aires campiranos absolutamente bailables. El prestigiado musicólogo David Ewen hizo referencia en su estudio sobre von Suppé que “Poeta y campesino es una de las más celebradas piezas del repertorio que puede denominarse como ‘semi-clásico’; y es encontrada en el repertorio de salón, pop, orquestas de café y otros sitios en todo el mundo.

Justamente, por esa popularidad es que Poeta y campesino es escuchada hoy día en más de sesenta distintas instrumentaciones.” Me pregunto yo: ¿el Sr. Ewen conocerá la celebérrima versión que de esta Obertura realizará el no menos célebre Mariachi Vargas de Tecalitlán y que cualquier mariachi, desde el Gamamil hasta los más modestos de Garibaldi han tocado una y mil veces? Sería interesante preguntárselo. ¿No cree usted?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Franz von Suppé: Obertura Poeta y campesino

Versión: Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von Karajan, director.

ANTONÍN DVORÁK (1841-1904)

28 Mar

Sinfonía No. 6 en re mayor, Op. 60

  • Allegro non tanto
  • Adagio
  • Scherzo – Furiant: Presto
  • Finale: Allegro con spirito – Presto
Antonín Dvorák en 1880, año de composición de su Sexta sinfonía

Antonín Dvorák en 1880, año de composición de su Sexta sinfonía

El auge del nacionalismo que se extendió por Bohemia en la segunda mitad del siglo XIX llevó a Antonin Dvorák a la fama. Se convirtió, en poco tiempo, en el primer compositor de su país que alcanzó reconocimiento internacional. En sus obras tempranas Dvorák hacía eco del romanticismo alemán, particularmente de Wagner. Sólo cuando empezó a considerar su música como heraldo de sus sentimientos nacionales fue que finalmente logró una voz individual.

Vladimir Herfert ha destacado la importancia del compositor para su país y en el contexto de la música en general: “En él, la música bohemia halló a un genio de espontaneidad frontal.” Y en cuanto al rango en que el musicólogo Donald Francis Tovey situaba a la Sexta sinfonía, basta con decir que la consideraba sólidamente al lado de las cuatro Sinfonías de Brahms y de la Novena sinfonía de Schubert, “las más grandes compuestas después de Beethoven”.

Dicha Sexta sinfonía la escribió Dvorák entre el 27 de agosto y el 15 de octubre de 1880. Esos eran los tiempos en que el compositor gozaba de una indudable reputación en las principales capitales europeas y hasta en los Estados Unidos. Su nombre era bien conocido gracias a las profusas interpretaciones que se hacían de sus Danzas y Rapsodias eslavas. Muchos han señalado que quizá fue por ese repentino éxito (y la asociación que de él hacían músicos y públicos como un autor netamente nacionalista bohemio) que para su Sexta sinfonía Dvorák decidió concebirla con una importante carga de sentimiento eslavo, sin dejar atrás el refinamiento que rubricó en muchas de sus partituras. Para más señas, el tercer movimiento de esta Sinfonía es un furiant, una danza folklórica bohemia de contornos exuberantes que utiliza alternadamente compases de 2/4 y ¾, con lo cual queda perfectamente definido el carácter general que Dvorák deseaba dar a su partitura.

El célebre director de orquesta Hans Richter, dedicatario de la partitura de la Sinfonía No. 6 de Dvorák

El célebre director de orquesta Hans Richter, dedicatario de la partitura de la Sinfonía No. 6 de Dvorák

La historia de cómo surgió la Sexta de Dvorák se remonta al 24 de septiembre de 1879. Aquel día la Orquesta Real de Prusia estrenó la Tercera rapsodia eslava de Dvorák bajo la dirección de Wilhelm Taubert, provocando en el público una instantánea y furibunda recepción. Entre los asistentes se encontraba el eminente Hans Richter, quien en aquellos tiempos era el director de los conciertos de la Filarmónica de Viena. Ni tardo ni perezoso, Richter (quien por cierto recibió la dedicatoria de la Sexta sinfonía) solicitó dicha Rapsodia de Dvorák para estrenarla en Viena, y paralelamente solicitó al compositor le escribiera una nueva Sinfonía, que estuvo lista en menos de un año. Sin embargo, los vientos políticos no soplaban a favor de los bohemios en el otrora Imperio austro-húngaro, por lo que Richter, al contar con la flamante partitura de la Sexta sinfonía, se llevó la música bajo el brazo para organizar su estreno en Praga, lo cual ocurrió con la Filarmónica de aquella ciudad dirigida por Adolf Céch el 25 de marzo de 1881, en una sala de conciertos construida en la isleta de Zofin, en el río Moldau (Moldavia). Este director Céch conocía muy bien a Dvorák pues habían sido compañeros en la sección de violas de la Orquesta Cecilia y posteriormente se convirtió en director del Teatro Nacional; a Céch también le tocó el honor de estrenar las Sinfonías 2 y 5 de su colega.

Resulta muy curioso notar cómo los vieneses despreciaron de tal manera la nueva música de Dvorák, tan sólo por considerarlo “un pobre, desconocido, inexperto bohemio”. Estamos seguros que (como sigue ocurriendo hasta la fecha) los preceptos raciales de los integrantes de la Filarmónica de Viena y de la sociedad austríaca entera tuvieran más influencia para no hacer escuchar una música que –tal parece no se percataron- estaba totalmente enraizada en la tradición germana y austríaca del género sinfónico. Si escuchamos atentamente la Sexta de Dvorak, nos daremos cuenta que ésta es un reflejo muy fiel y exquisito de la Segunda sinfonía de Johannes Brahms, a quien Dvorák idolatraba y en algún momento siguió todos sus consejos (básicamente cuando el compositor bohemio concibió su Séptima sinfonía en 1884). Tanto en la Sexta de Dvorák como en la Segunda de Brahms encontramos un ambiente bucólico y, de hecho, hasta la misma tonalidad: re mayor.

La Sexta de Dvorák fue publicada como Primera sinfonía en Berlín en 1882 por el editor Simrock (editor, también, de la música de Brahms, y quien le fuera presentado al bohemio por el autor del Réquiem alemán). Rica en temas y transformaciones melódicas, como era característico en Dvorák, tiene también la típica modulación libre y armonía compleja que usaba en gran autor bohemio, pese a la lírica clásica de la escuela de Leipzig adoptada para su plan general. La jovial dulzura y sincera y sencilla inspiración se contraponen de un modo estilísticamente magistral a la exquisita técnica con que Dvorák realizó su Sexta sinfonía.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Antonín Dvorak: Sinfonía No. 6 en re mayor Op. 60

Versión: Orquesta Sinfónica de Londres. István Kertész, director.

A %d blogueros les gusta esto: