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AARON COPLAND (1900-1990)

10 Ago

El Salón México

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Aaron Copland componiendo a la luz de las velas (Septiembre 1946). Foto: Library of Congress.

En una fiesta ofrecida  a fines de los años 1970 en la ciudad de Nueva York por la promotora de las artes Claire Reis (1888-1978) ella hizo un brindis en honor a una larga y fructífera amistad: la del mexicano Carlos Chávez (1899-1978) y del estadounidense Aaron Copland. Después del brindis Chávez aseguró que los dos se conocieron en París; Copland lo corrigió diciendo que había sido en Nueva York. “Fue en 1926” aseveró Chávez. “Really?” expresó sorprendido Copland.

Lo cierto es que esa amistad entre Chávez y Copland dio frutos increíbles para ambos y para la vida musical de sus respectivos países. El estadounidense fue invitado por el mexicano para que tocara como solista su propio Concierto para piano en 1929 con la Sinfónica de México. Por razones profesionales, Copland le pidió a Chávez que sustituyera su participación con su obra Music for the Theatre prometiéndole que visitaría México en una futura ocasión. Así, Copland viajó a México por primera vez en 1932 para atestiguar un concierto retrospectivo con sus obras en el Conservatorio Nacional de Música el 2 de septiembre. Con meses de anticipación, Copland le escribió a Chávez: “Estará contento de saber que estoy estudiando español y leyendo bastante acerca de México, de tal manera que pueda estar en la ciudad sin la necesidad de un guía.” El 18 de noviembre siguiente Copland asistió al estreno nacional de su Symphonic Ode con la Sinfónica de México y Carlos Chávez en la batuta en el Teatro Hidalgo. Todos lo acogían como “celebridad” al grado de escribirle al compositor Virgil Thomson (1896-1989) que: “en México me tratan como a Gershwin en Nueva York.”

En los cinco meses que Copland y su secretario y pareja sentimental Victor Kraft [originalmente apellidado Kraftsov] (1915-1976) vivieron en la ciudad de México, ocuparon un apacible departamento que Chávez les había conseguido en el centro de la ciudad, en cuyo estudio Copland comenzó a escribir su obra orquestal Statements a solicitud de la Liga de Compositores de Estados Unidos. Copland amó México de manera instantánea. Les escribía a sus padres cartas y postales con sus impresiones. En una de ellas les comentó que asistió a ver una película de Hollywood: “La función estaba anunciada para comenzar a las 9:30 de la noche, ¡pero realmente empezó a las 11! Es un hábito muy mexicano ser impuntual y llegar tarde a todas partes, pero a nadie parece importarle.” (¡Ouch!)

copland y kraft

Victor Kraft y Copland en México (1932).

Entre las visitas frecuentes de Copland y Kraft estaban Xochimilco, el pueblo de Tlalpan, Chapultepec y Cuernavaca (“el Atlantic City mexicano”, según el músico); pero su amigo Chávez lo animó a aventurarse en la verdadera vida nocturna de la ciudad de México, ahí donde convivía la alta sociedad, los intelectuales y la auténtica gente de barrio (mucha de la cual sorprendía a Copland por caminar descalza en las lujosas calles). Así fue que conoció un salón de baile muy famoso situado en la calle de Pensador Mexicano en la Colonia Guerrero de la capital mexicana, en donde había tres grandes salones de baile (uno para corbata rigurosa, otro más informal y el tercero de corte popular y en el que había letreros invitando a no arrojar las colillas de los cigarrillos en el suelo para evitar que las damas se quemaran los pies. Conocido como “la catedral del danzón” el Salón México provocó una profunda impresión emocional en Copland por lo que decidió escribir una obra inspirada en aquel lugar. En sus palabras:

“Quizá nunca hubiera escrito esta pieza (El Salón México) de no haber sido por la existencia de este lugar. Recuerdo haber leído sobre él en una guía de turistas: ‘Club nocturno tipo Harlem para el populacho, (con) gran orquesta cubana.’ No fue la música que escuché ahí, o los bailes, los que me atrajeron tanto sino el espíritu del lugar. De una forma inexplicable, al arremolinarse por esos salones llenos de gente, uno realmente podía sentir un contacto vivo con el pueblo mexicano –el sentimiento eléctrico que uno tiene en lugares remotos de conocer repentinamente la esencia de la gente- su humanidad, el desapego a su timidez, su dignidad y encanto único. De todos modos, pronto me encontré buscando música popular adecuada para El Salón México. Muchas de mis melodías fueron sacadas de una pequeña colección sin pretensiones llamada Cancionero Mexicano, compilado y publicado por Frances Toor, una residente americana en la capital, y del muy erudito libro El Folklore y la Música Mexicana de Rubén M. Campos. Para mi pieza, adopté una forma que es una especie de popurrí modificado, en el que los temas mexicanos y su extensión están mezclados en aras de la coherencia y la concisión.”

copland en mexico

De tal manera, usando citas de melodías como El mosco (que se cita de forma directa y completa), El palo verde, La Jesusita y El malacate, y revestidas con una instrumentación de gran exuberancia, Copland comenzó la composición de El Salón México en 1933, concluyéndola al año siguiente y orquestada en su totalidad hacia 1936. Fue estrenada con la Orquesta Sinfónica de México bajo la batuta de Carlos Chávez el 27 de agosto de 1937 en el (casi) recién inaugurado Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México.

Vale la pena comentar que, antes de partir de su primera gran visita a México, Copland y su pareja Victor decidieron pasar unos días de solaz en Acapulco, pues al joven Kraft de 17 años le apeteció (según el compositor) “nadar en las aguas del Pacífico”.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible

Aaron Copland: El Salón México

Versión: New Philharmonia Orchestra (Londres). Aaron Copland, director. 

Grabación de 1972.

 

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AARON COPLAND (1900-1990)

5 Jul

El pony rojo

Suite cinematográfica infantil

  • Una mañana en el rancho (Broadly)
  • El regalo (Very expressive and quite slow)
  • Marcha de ensueño
  • Música de circo
  • Caminata al establo (Moderately)
  • La historia del abuelo (Adagio)
  • Final feliz (Broadly)

A fines de 1947 Aaron Copland, el autor del celebérrimo Salón México, estaba sumergido en la composición de una nueva partitura que estaría dedicada al enorme Benny Goodman, y que posteriormente se convirtió en su Concierto para clarinete. Por razones diversas, que incluían muchos viajes por América Latina (México y Brasil entre los países visitados), Copland no podía concentrarse bien en su composición, por lo que la dejó una y otra vez en el tintero. En ese momento un señor de nombre Abe Meyer le ofreció un interesante contrato al compositor para realizar la música de una película basada en El pony rojo, libro de John Steinbeck. Copland había realizado previamente la banda sonora para otra película igualmente basada en un texto de Steinbeck, Of Mice and Men (cinta conocida en México como La fuerza bruta), por lo que estaba familiarizado con sus argumentos además de admirar enormemente su trabajo. El productor de este nuevo proyecto cinematográfico, Lewis Milestone, ya había trabajado con Copland en la película antes mencionada así como en otra llamada The North Star; sabiendo las enormes ocupaciones de Copland, Milestone le ofreció un jugoso contrato que tan sólo incluía diez semanas de trabajo por la cantidad de $1,500 dólares cada semana, así que no había manera de evitar tan sugerente propuesta.

Aaron Copland en la década de 1940

En palabras de Copland la historia de El pony rojo de Steinbeck: “Es una secuencia de viñetas que conciernen a un niño de 10 años de edad llamado Jody y su vida en un rancho de California. La trama no era precisamente un Western con pistoleros e indios. Hay un mínimo de acción de corte dramático. La calidez y sensibilidad de la historia reside en sus personajes: Jody, su abuelo, el vaquero Billy Buck y los padres de Jody. El tipo de emociones que provoca Steinbeck con estas imágenes es definitivamente musical, ya que tiene que ver con las impresiones de la vida cotidiana, algo de lo que no siempre hablamos. Mucha de la música que requería este tipo de historia debía ser con armonías sencillas y melodías claras. Buscando inspiración entre mis libros de apuntes, encontré temas perfectos como la “música de niños” de un musical que nunca se materializó sobre Tragic Ground de Erskine Caldwell, y que incorporé inmediatamente a la música del Pony rojo, además de diversos ritmos muy obvios que acompañaran el cabalgar de los cowboys.”

Cartel original de la película El pony rojo

Continúa Copland: “La cinta de El pony rojo no tuvo éxito en taquilla. Los críticos alabaron únicamente algunos aspectos de ésta, como por ejemplo mi partitura, pero debido a que la película no obtuvo una gran distribución mi música no llegó a mucho público. Fue por ello que cuando Efrem Kurtz, entonces nuevo director de la Sinfónica de Houston, me comisionó para escribir una nueva obra sugerí presentar una Suite de la música del Pony rojo. Al re-trabajar la partitura, invertí algunas de las selecciones con el único propósito de que tuvieran continuidad musical. Antes de que esta Suite fuera por primera vez grabada, me acerqué a John Steinbeck y le solicité algunos comentarios escritos para que acompañaran la música a manera de narración. Steinbeck se sintió honrado por la propuesta, aunque se negó a hacerlo. Y aunque el proyecto original con narración nunca se llevó a cabo, decidí llamar a ésta como Suite para niños, ya que la música y la acción están pensadas desde el punto de vista de un niño.”

La Suite de El pony rojo tuvo su estreno mundial el 30 de octubre de 1948 con Kurtz yla Sinfónica de Houston.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Aaron Copland: Suite de El pony rojo

Versión: Orquesta Sinfónica de Saint Louis. Leonard Slatkin, director.

AARON COPLAND (1900-1990)

5 Jul

Primavera en los Apalaches

Suite orquestal del Ballet para Martha

Leonard Bernstein (izq.) y Aaron Copland

Una de las músicas para ballet más significativas del siglo XX en los Estados Unidos (Primavera en los Apalaches), tuvo su origen en la fascinación de la coreógrafa y bailarina estadounidense Martha Graham por la música de su compatriota Aaron Copland. La misma Graham relató:

“La primera vez que me encontré con Aaron Copland fue en un concierto en el que escuché sus Variaciones para piano. Después del concierto, cuando fui presentada con él, le pregunté si podía hacer una coreografía con esa música. Él echó su cabeza hacia atrás y emitió sus maravillosas carcajadas. ‘Muy bien’, dijo él, ‘pero no sé qué demonios podría hacer con ello’. Años más tarde, le comisioné una obra al grado de llevarlo a la desesperación: No podía decidirse en un título y el día del primer ensayo me di cuenta que él había escrito en la primera página de la partitura, ‘Ballet para Martha.’ Finalmente, compartí con Aaron el título de Primavera en los Apalaches, y volvió a emitir esas célebres carcajadas y suspiró, ‘¡Finalmente!’ Primavera en los Apalaches ha sido uno de los grandes placeres de mi vida -una suerte de piedra de toque y atesoro cada nota de ella y la experiencia que obtuve al realizar su coreografía.”

Carta de Martha Graham dirigida a Copland

Tal parece que la tarea de crear un ballet no le provocó mayores problemas a Copland, quien desde muy joven entró en contacto con este género. En este sentido, sus primeros ballets incluyen Grogh (subtitulado como “Un ballet de vampiros”), concebido en 1922 mientras estudiaba en París con Nadia Boulanger y cuya materia sonora también fue utilizada para su Sinfonía de Danza; y Hear Ye! Hear Ye!, ballet en un acto de 1934. Posteriormente vinieron dos de sus piezas dancísticas enclavadas en un claro ambiente nacionalista estadounidense (cowboyesco, si así puede denominarse): Billy the Kid (1938) escrito para el Ballet Caravan de Lincoln Kirstein, y Rodeo (1942) solicitado por Agnes de Mille. Un año después de escribir Rodeo, Copland puso manos a la obra en el ballet solicitado por la Graham y su destacada compañía de danza.

Erick Hawkins, bailarín y colaborador de Graham, comentó -a grandes rasgos- lo siguiente, aparecido en la biografía de Copland preparada por Vivian Perlis (Volumen II, Copland since 1943):

“Bailé en el estreno de Billy the Kid en 1938 con la compañía de Kirstein, y debido a ello conocí a Martha Graham. Yo era un admirador de su trabajo, y viendo pocas expectativas de perfeccionar mi arte con profesores como Balachine, comencé a tomar lecciones con Martha en su estudio de la Quinta Avenida. Para mi gran sorpresa, en tan sólo un mes me convertí en socio de Graham y en el primer bailarín de la compañía (poco después, Merce Cunningham se convirtió en el segundo). Con esa responsabilidad, mi actividad me llevaba a conseguir fondos para la compañía, y no porque lo disfrutara sino por la necesidad de tener buenos vestuarios y escenografías. Al saber que Elizabeth Sprague Coolidge (*) tenía una Fundación en la Biblioteca del Congreso, le escribí una carta para que conociera nuestro trabajo y a través de su Fundación se comisionara a jóvenes compositores, Copland entre ellos (**). Una vez que se decidieron las comisiones, la Sra. Coolidge desembolsó cinco mil dólares para que Isamu Noguchi realizara los diseños de vestuario y escenario, para que dichos ballets se presentaran en la Biblioteca del Congreso.”

Copland en Tepoztlán, México (1944)

El compositor relata ahora:

“El estreno de Primavera en los Apalaches fue el punto culminante de un festival en honor de Elizabeth Sprague Coolidge en su cumpleaños número ochenta. La velada de danza fue la continuación de tres días del Décimo Festival de Música de Cámara en la Biblioteca del Congreso (30 de octubre de 1944). Ahí, en la primera fila del Coolidge Auditorium, estaba sentada la Sra. Coolidge en su butaca consentida, una espectadora inusualmente interesada. El programa fue repetido la noche siguiente y grabado. Además de Martha y Erick Hawkins, el elenco original de Primavera en los Apalaches, incluyó a Merce Cunningham, en el papel del Predicador; Marie O’Donnell tomó parte como la Mujer pionera; y Nina Fonaroff, Marjorie Mazia, Yuriko [Kikuchi], y Pearl Lang eran los Seguidores. Primavera en los Apalaches tuvo una enorme acogida de los críticos. Estaba bastante impresionado de que mi música ganara tantos premios y se hiciera tan popular. Por supuesto, me sentí honrado en recibir un Premio Pulitzer por esta obra. Ello fue anunciado en la primera plana del New York Times el 8 de mayo de 1945, justo abajo del encabezado que rezaba: ¡LA GUERRA EN EUROPA HA TERMINADO! Un día feliz para todos. Louis Biancolli del New York World Telegram vio la pieza como una señal de que el ballet americano había alcanzado la mayoría de edad. Escribió él: ‘…el chico de Brooklyn es, hoy por hoy, uno de los más versátiles compositores en América. La marca de este hombre apela tanto a la danza como a la sinfonía, sin olvidar la música para cine …El ballet está propiciando una nueva escuela de buena música americana.’

Esta obra tuvo mucho que ver para que mi nombre llegara a un público más amplio, particularmente después de recibir el Pulitzer. De todas formas, fue la admiración de Martha por mi música lo más significativo para mí. En una carta del 14 de septiembre de 1945 ella me escribió: ‘Tú eres la gran sensación del mundo musical y de otros también. Estoy feliz de tus logros. Este es, en definitiva, tu año, Aaron. Si pudiera cantar, cantaría. Con profunda gratitud por trabajar juntos y permitirme bailar tu pieza.’ ”

Graham y Hawkins, en el estreno mundial de la obra (30 de octubre de 1944)

Lo que Martha Graham deseaba contar a través de la música de Copland era, como señala Robert Lawrence: “…la historia, o quizá una evocación, de la gente americana (estadounidense) sencilla, de pioneros a fines de siglo que extendieron las fronteras de sus tierras por medio de la solidez de sus pensamientos y hazañas más que a través de la acción.” La historia de Primavera en los Apalaches está ubicada en Pennsylvania a principios del siglo XIX, y versa sobre los preparativos para una boda, uno de los asuntos que, en palabras de Joseph Campbell, “han dado apoyo a la existencia humana.” La “gente sencilla” que aquí se representa está claramente tipificada: el granjero (o, como se le llama en el ballet, el marido) y su prometida, una mujer pionera vecina que representa a la generación anterior a ellos, y un Ministro Evangelista. La verdadera concepción de Graham sobre el título de Primavera en los Apalaches, elegido un día antes del estreno, viene de un fragmento del poema The Bridge (El puente) de Hart Crane. Curiosamente, el nombre de este poema era simbólico para Copland: el puente al que se refiere Crane podría ser tomado como aquel que conecta a Manhattan con Brooklyn, donde el compositor nació y pasó sus primeros años de vida, y que tuvo que cruzar para conseguir una vida mejor (sentimiento similar al de los pioneros que se describen en esta obra). Aún así, la historia del ballet no tiene que ver con la del poema. Sin embargo, a Graham le atrajo esa fortaleza de los pioneros por luchar y sobrevivir en un país antes de que se constituyera como tal.

La trama fue propuesta por Edwin Denby, con la aceptación de compositor y coreógrafa, y a grandes rasgos es el siguiente: “La prometida y el joven granjero-marido decretan las emociones, alegres y aprensivas, que proporciona su nueva vida doméstica. Una vecina entrada en años sugiere, ahora y entonces, la férrea confianza de la experiencia. Un evangelista y sus seguidores recuerdan a la nueva pareja de los extraños y terribles aspectos del destino humano. Al final, la pareja se queda a solas, en paz, y con un sentimiento de fortaleza en su nuevo hogar.”

La versión original de Primavera en los Apalaches (como ballet) está confeccionada para un ensamble de trece instrumentos. En la primavera de 1945 Copland decidió realizar una Suite de ballet (como ha sido difundida masivamente). Sobre lo cual él mismo dijo:

“Cuando le dije a Martha que deseaba arreglar una suite orquestal de la partitura para ballet, ella estuvo de acuerdo. Ésta es una versión condensada del ballet, y contiene los aspectos esenciales de éste pero omitiendo aquellas secciones en donde el interés es meramente coreográfico (el corte más extenso es de la sección del Ministro Evangelista). La Suite constituye un arreglo de ocho secuencias y está instrumentada para una orquesta de proporciones modestas. Le escribí a Harold Spivacke en mayo de 1945: ‘Recientemente concluí una versión del ballet, de aproximadamente veinte minutos de duración, y será estrenada el próximo octubre por Rodzinski y la Filarmónica… Creo que podemos todos estar felices por el final feliz.’ ”

Primera página del manuscrito de Primavera en los Apalaches

Efectivamente: el estreno mundial de la Suite orquestal de Primavera en los Apalaches ocurrió el 4 de octubre de 1945 con Arthur Rodzinski y la Filarmónica de Nueva York. Pocos días después fue interpretada con la Sinfónica de Boston, y Leonard Bernstein la estrenó en Europa (en Londres) en 1946. Después de haberla dirigido le escribió lo siguiente a Copland: “…mi más grande felicidad es estar estudiando tu partitura en estos días. He tratado de alimentarme con tu fantástica estabilidad, esa profunda serenidad. Es realmente increíble como se levantan las nubes en lontananza en la última página de la partitura.”

Y esto también es muy claro en Primavera en los Apalaches. Lo que Copland consiguió con esta música fue capturar sentimientos rebosantes de alegría o, en contraste, de una enorme tranquilidad y contemplación. La penúltima sección de esta pieza cita literalmente una célebre melodía de los cuáqueros estadounidenses llamada Simple Gifts, que también utilizó Copland en sus Old American Folksongs. Así, de los ritmos intrincados al enorme lirismo, comprendemos otro comentario de Bernstein al decir que en esta partitura habita una “ternura agridulce”.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

NOTAS:

*.- “Elizabeth Sprague Coolidge (1864-1953), patrona estadounidense de la música. En 1925 creó la Elizabeth Sprague Coolidge Foundation en la Biblioteca del Congreso de Washington que habilitó la División de música para: 1) promover festivales de música periódicos; 2) dar conciertos; 3) ofrecer y acordar premios a cualquier composición o composiciones ejecutadas públicamente por primera vez y en cualquier festival o concierto bajo los auspicios de la Fundación; 4) promover objetivos de musicología a través de la División de la Biblioteca. La Señora Coolidge fue por sí misma una pianista sensitiva y competente, ejecutante experimentada en la música de cámara. Se había adiestrado en la composición y su juicio era agudo. Sus talentos naturales y su cultura adquirida correspondían a la artista que había en ella.”

(Tomado del Epistolario Selecto de Carlos Chávez, seleccionado por Gloria Carmona. Fondo de Cultura Económica. México, 1989. p. 162.)

**.- Dichas obras fueron Herodiade de Paul Hindemith y bautizada Mirror Before me como ballet; Jeux de printemps de Darius Milhaud; y La hija de Cólquide de Carlos Chávez. Posteriormente se añadió a las comisiones de la Sra. Coolidge el ballet Medea de Samuel Barber. (N. del R.)

Portada de mi partitura de Primavera en los Apalaches, autografiada por Jorge Mester

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