Tag Archives: cuentos de hadas

ZOLTÁN KODÁLY (1882-1967)

27 Dic

Suite Háry János

  • Preludio: comienza el cuento de hadas
  • Reloj musical vienés
  • Canción
  • La batalla y derrota de Napoleón
  • Intermezzo
  • Entrada del Emperador y su corte.
image_gallery

Zoltán Kodály

Si a usted le gusta la literatura fantástica y el mundo cinematográfico, estará de acuerdo que en todas las historias siempre existe un antihéroe, aquel que está a las espaldas del protagonista y que muchas veces es más sobresaliente a los ojos del público; la mayoría de las ocasiones porque es como el “Pepe Grillo” del héroe (el caso de Samsagaz Gamyi cuidándole la vida –y bajándole el ego- a Frodo Bolsón en El señor de los anillos). Pero hay momentos en que el antihéroe es el personaje que se lleva las palmas simplemente por lograr un final feliz… sin siquiera proponérselo.

Esa figura tiene otro cariz en varios momentos. Los hay fanfarrones, astutos mitómanos, vagabundos, flojonazos, pero que a fin de cuentas son protagonistas colmados de alegría. Si hacemos un listado de estos personajes habría que poner en lugares privilegiados a Don Quijote de la Mancha y al Lazarillo de Tormes en España, Falstaff en Inglaterra, el Teniente Kijé en Rusia, Till Eulenspiegel en Alemania y (por qué no) los implacables Pito Pérez y Periquillo Sarniento en México. Uno más parece sacado de la ficción, pero fue real: Karl Friedrich Hyeronimus, barón de Münchhausen (1720-1797). Este último sirvió al ejército ruso en 1750 y libró un par de batallas, pero al concluir su carrera militar convirtió sus hazañas en verdaderas leyendas. Rudolf Erich Raspe (1737-1794) conoció al barón de marras y relató sus supuestas andanzas en un libro fantástico escrito en 1785, donde magnificó la mitomanía de Münchhausen al grado de causarle severos problemas en la milicia.

En la misma línea de Münchhausen existe otro personaje peculiar (también real) y del cual nos habla el compositor húngaro Zoltán Kodály:

“La figura de Háry János es la personificación de la narración fantástica de cuentos húngara. Háry no miente: él crea leyendas. Es un poeta: lo que él narra nunca ocurrió, pero lo ha vivido, por lo que es más realista que la realidad misma.

“Día tras día se sienta en la taberna y cuenta sus increíbles temores heroicos. Es un verdadero campesino, y sus invenciones grotescas son una mezcla conmovedora de realismo e ingenuidad, de comedia y de patetismo. De todos modos, no es sólo una suerte de barón húngaro Munchausen. En la superficie, puede parecer que no es más que un héroe de sillón, pero en esencia es un bardo, llevado por sus sueños y sentimientos. Sus historias son los frutos de su fantasía que crea para sí mismo y para otros en un hermoso mundo de sueños… Todos soñamos con lo grande y lo imposible. Pocos de nosotros dominamos, como Háry, el valor de pronunciar nuestros sueños.”

Antes de continuar, es necesario recordar que Zoltán Kodály –con tan sólo 23 años de edad- viajó de un lado a otro de su natal Hungría, entre grandes ciudades y las más recónditas poblaciones para escuchar, de viva voz, las melodías populares que estaban enraizadas en la vida diaria de sus habitantes y que pudieron haberse perdido por su carácter oral. Especialmente existió en Kodály ese interés por adentrarse a fondo en la música y las tradiciones de los pueblos europeos, sobre todo si tomamos en cuenta la diversidad de creencias, nacionalidades y culturas que en ese “pequeño” territorio del orbe siguen existiendo hasta la fecha. Poco después de esa hazaña, marchó a París donde entró en contacto con el universo de Claude Debussy (1862-1918). Así, de regreso a la patria, su alma estaba mezclada por el exacerbado sentimiento húngaro y el impresionismo debussysta. Y la combinación dio como resultado la composición de la ópera Háry János en 1926 sobre los relatos originales recabados por János Garay (1889-1945) -quien conoció personalmente a Háry János- con un libreto realizado por Béla Paulini (1881-1945) y Szolt Harsányi (1887-1943) y que se estrenó en el Teatro Real de Budapest el 16 de octubre del año de su composición.

hary-janos

El valiente y fanfarrón Háry János

La historia de la ópera nos muestra a Háry quien relata sus descomunales aventuras de cómo luchó para defender al Imperio Austro-húngaro, de cómo derrotó a los ejércitos napoleónicos (casi con una mano en la cintura) y –como premio- se le ofreció la mano en matrimonio de María Luisa ¡la esposa de Bonaparte! Pero declinó para contraer nupcias con su amor de la infancia.

Kodály extrajo una Suite orquestal de la ópera, que tuvo su primera audición mundial con la Orquesta Pau Casals dirigida por Antal Fleischer (1891-1945) en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona el 24 de marzo de 1927; y en América con la Sociedad Filarmónica de Nueva York y la batuta de Willem Mengelberg (1871-1951) el 15 de diciembre de 1927 en Carnegie Hall.

El compositor proporcionó el siguiente comentario que acompaña la audición de su Suite Háry János:

“Según una creencia popular húngara, si un relato es seguido por un estornudo de alguno de los oyentes, se considera como confirmación de la veracidad de cuanto se ha afirmado. La Suite Háry János comienza musicalmente con uno de esos estornudos. Uno de los fieles oyentes de Háry que estornuda a cada una de las fantásticas afirmaciones está a la altura de las circunstancias cuando Háry declara que una vez tuvo ocasión de vencer al propio Napoleón. El ‘cuento’ comienza con una sugestión del estornudo.

“II.- La escena se desarrolla en el Palacio Imperial de Viena, en donde el ingenioso campesino húngaro se asombra y extasía ante el famoso reloj musical, con sus soldaditos vestidos de elegantes uniformes, que aparecen a cada rotación de la maravillosa maquinaria.

“III.- Háry y su novia suspiran por la casa de su pueblo así como las tardes apacibles, saturadas de canciones de amor (se escucha una antigua melodía húngara).

“IV.- Háry, como general en jefe de sus húsares, hace frente al ejército francés. Saca a relucir su espada y los franceses comienzan a caer ante él como soldados de plomo. Primero dos, luego cuatro, ocho… diez, y así sucesivamente. Por último, ya no quedan soldados y Napoleón se ve forzado a pelear con el invencible Háry en persona. La fantasía de Háry representa a un Napoleón de acuerdo con su imaginación burda de campesino: inmenso y formidable que, temblando de pies a cabeza, se arrodilla ante su vencedor y le pide merced. La irónica marcha francesa de la victoria se transforma en un canto fúnebre.

“V.- Intermezzo: una muy viva sucesión de czárdás –danza popular húngara- sin especial significado (en cuanto a la situación anecdótica).

“VI.- Una marcha triunfal irónica, en la que Háry describe la entrada del emperador y su corte en Viena; pero no es la verdadera realeza austriaca, sino únicamente una versión campesina de cómo ve la imaginación de Háry la opulenta felicidad de la célebre aristocracia vienesa.”

Recuerde que si al escuchar la introducción de esta Suite usted estornuda, probablemente todas estas fantasías hayan sido realidad.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

MÚSICA

Versión: Philharmonia Hungarica. Antal Dorati, director.

IGOR STRAVINSKY (1882-1971)

22 Nov

El canto del ruiseñor. Poema sinfónico

Igor Stravinsky, fotografiado por Irving Penn en 1948 para el New York Times.

Igor Stravinsky creció, como muchos otros artistas rusos, al abrigo de los cuentos de Hans Christian Andersen (1805-1875), traducidos y publicados en Rusia desde 1845. El ruiseñor de Andersen (Solovey en ruso) es una extraordinaria parábola sobre el poder del verdadero arte opuesto al simple entretenimiento artificioso; para Stravinsky, ésta era una historia exquisita a la que dedicaría su primer esfuerzo en el campo de la ópera.

Transcurría 1908, él contaba con 26 años de edad y era aún alumno de Rimsky-Kórsakov (1844-1908) en el Conservatorio de San Petersburgo. El joven músico siempre buscaba a su profesor para solicitarle sus consejos y en este caso obtuvo todo su apoyo pues adoraba los cuentos de hadas como temas para sus óperas, especialmente aquellos que glorificaran la naturaleza y recrearan imágenes exóticas de tintes orientales. Aunque los consejos del profesor deseaban guiar al muchacho por el camino del exotismo oriental Stravinsky decidió tomar uno bastante distinto, acercándose más a un refinado impresionismo sonoro pleno de armonías casi debussyanas. Pronto se puso a trabajar en el proyecto operístico, sin embargo el proceso se detuvo al concluir el primer acto. Quizá porque Rimsky-Kórsakov murió por esas fechas y le provocó al joven una enorme tristeza, o bien porque recibió la primera, importante, comisión del empresario Sergei Diaghilev (1872-1929) para componer lo que se convertiría en el ballet El pájaro de fuego.

Hasta 1914 Stravinsky retomó su ópera inconclusa, aunque para entonces ya era el muy respetado autor de obras como el mencionado Pájaro de fuego, Petrushka y La consagración de la primavera. Sin estar muy convencido del proyecto el Teatro Libre de Moscú se interesó en El ruiseñor para su montaje. El hecho de que el autor estuviera dudoso se debió a que no encontraba gran conexión estética entre lo que ya había realizado en 1908 y los nuevos bosquejos; aún así, le añadió a la ópera dos nuevos actos. Para su mala fortuna, el citado Teatro no existió por mucho tiempo y fue imposible el estreno de la ópera; pero Diaghilev llegó al rescate de la partitura y organizó el estreno. En su primera audición se le proveyó su título en francés, Le Rossignol, pues la Ópera de París accedió a su estreno. Dos años después de ello, el empresario le sugirió a Stravinsky retomar esta música y transformarla en ballet.

Henri Matisse y Leonid Massine con el Ruiseñor mecánico diseñado para la versión coreografiada de El canto del ruiseñor en Monte Carlo.
(Foto de Joseph Enrietti. 1920).

Así, echó mano de secciones del segundo y tercer actos así como de la “Canción del pescador” del primer acto para transformarlo todo en un poema sinfónico, El canto del ruiseñor, que fue estrenado en concierto en 1919, y en 1925 fue coreografiado por Léonide Massine (1896-1979) para los Ballets Rusos de París, con los decorados de Henri Matisse (1869-1954). La flamante partitura logró retratar tanto la poesía como los toques irónicos del cuento de Andersen. Aquí se puede notar un dejo de lirismo y melancolía, no típicos del discurso de Stravinsky, pero que encontraban razón de ser al tener a Andersen como influencia. Musicalmente también hallamos recuerdos de Petrushka, en el uso frecuente de los “ostinati”, cambios súbitos en los ritmos, su preferencia por breves segmentos melódicos y algunos gestos de carácter teatral, aunque es de hacer notar que aquí se despliega la idiomática instrumental que Stravinsky utilizó a partir de 1920. El poema sinfónico sigue fielmente la narrativa de Andersen. Comienza con un retrato de la Corte del Emperador chino; a continuación aparece una pequeña ave que es invitada para complacer al Emperador con su canto gentil y conmovedor (escuchado en una cadencia para la flauta). Irrumpe entonces otro ruiseñor, pero éste es mecánico, un regalo del Emperador de Japón. El pícolo, la flauta y el oboe nos muestran el tema –entre primitivo y maquinista- del ruiseñor mecánico que parece agradar a la corte, con lo cual es nombrado el Primer Cantor de la Corte Imperial. El ave verdadera vuela, triste, hacia el bosque. Un día, la Muerte toca a las puertas del Emperador, y en ese momento el verdadero ruiseñor regresa para que –con su dulce canto- lo salve de fenecer. Es invitado a quedarse en la Corte pero el generoso ruiseñor prefiere la libertad y ofrendar su canto a cualquiera que lo necesite.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Igor Stravinsky: El canto del ruiseñor

Versión: Orquesta Sinfónica Columbia. Robert Craft, director.

(Grabación supervisada por Stravinsky en enero de 1967)

A %d blogueros les gusta esto: