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GEORGE GERSHWIN (1898-1937)

14 Ene

Concierto en fa para piano y orquesta

  • Allegro
  • Andante con moto
  • Allegro agitato
GEORGE+GERSHWIN

George Gershwin

La historia del arte occidental ha dado testimonio de la existencia de un hombre que, al parecer, nunca estuvo totalmente consciente de sus capacidades artísticas, un hombre que ha sido colocado en un privilegiado lugar como uno de los más destacados melodistas junto a –nada más ni nada menos- que Tchaikovsky (1840-1893). Me refiero al estadounidense George Gershwin. Desde pequeño, en su natal Brooklyn, Gershwin se admiraba con las pianolas que veía en las tiendas de música y, aunque su familia era de pocos recursos materiales, un buen día decidió conseguir trabajo en una editora musical, con tal de estar en contacto con el arte de los sonidos ordenados. Así, comenzó a ser reconocido como un extraordinario improvisador al piano y produjo sus primeras canciones cuando contaba con 21 años de edad. Ira (1896-1983), su hermano, fue su gran colaborador de toda la vida, proporcionándole la letra de muchas de las canciones que produjo George (en su catálogo se cuentan más de quinientas). En este sentido, Gershwin escribió su primera canción exitosa en 1919, Swanee, y a partir de ese momento su pluma no dejó de producir música para Broadway. ¡Imagínese que Gershwin recibía en su cuenta bancaria la cantidad de $100,000 dólares anuales! Es por eso que cuando el estadounidense se decidió a solicitarle clases a Igor Stravinsky (1882-1971) este último le dijo que con esos ingresos anuales quien debería pedirle clases era él a Gershwin.

Valga la pena anotar aquí que, si bien Gershwin gozaba de fama, fortuna y éxito profesional a tan temprana edad, él estaba convencido que quería ser un compositor de “música seria”. Y la primera ventana que se abrió para él fue el “Experimento de Música Moderna” que realizó Paul Whiteman (1890-1967) con su orquesta de jazz el 12 de febrero de 1924 en la Aeolian Hall de Nueva York. Para esa ocasión, Whiteman le solicitó a Gershwin la que ahora se conoce como su Rhapsody in Blue pero el joven pianista (aún inseguro de su don natural para la melodía y el manejo del color orquestal) tuvo que pedir la ayuda de Ferde Grofé (1892-1972) para que revistiera el discurso del piano con un sofisticado manto instrumental.

Hoy sabemos que el éxito de la Rapsodia fue instantáneo. Entre el público que asistió a aquel concierto se encontraban grandes personalidades de la sociedad neoyorkina, del cine y músicos como Leopold Stokowski (1882-1977) y Walter Damrosch (1862-1950). Al haber escuchado la Rhapsody in Blue a Damrosch no le quedó duda de que Gershwin podría escribir una buena obra orquestal para que él la estrenara con la orquesta que dirigía: la Sociedad Sinfónica Filarmónica de Nueva York. Gershwin aceptó con agrado… pero con sus reservas. Al acudir a Isaac Goldberg (1887-1938), uno de los biógrafos de este compositor, nos enteramos que al tiempo de aceptar la comisión de Damrosch, Gershwin se fue a comprar el Tratado de orquestación de Cecil Forsyth (1870-1941) para saber cómo se estructuraba una obra concertante. Nuevamente acechaban al genial compositor los fantasmas de no tener una educación musical formal y sentirse incapaz ante la paleta orquestal. Lo que no se daba cuenta es de cuántos músicos le envidiaban su talento melódico y su fantástica capacidad creativa, algo que jamás iba a poder estudiar en ningún libro.

Así pues, Gershwin fue cauteloso antes de poner manos a la partitura. Sus obligaciones en Broadway lo tenían verdaderamente ocupado y esperó hasta mayo de 1925 cuando se encontraba en Londres para supervisar la producción inglesa de su musical Tell Me More. El 22 de julio siguiente regresó a su domicilio en la ciudad de Nueva York con todos los bosquejos de su nueva obra listos para ir tomando forma en lo que él intituló como New York Concerto. La concepción de la partitura comenzó a fluir de una forma constante y sana durante el mes de agosto en la localidad de Chautauqua. Varias semanas después la partitura estaba perfectamente instrumentada y el título que Gershwin había escrito en la primera página del manuscrito desapareció para dar lugar a como hoy día se le conoce: simple y llanamente Concierto en fa. Posteriormente el autor escribió: “Muchas personas habían pensado que la Rhapsody in Blue fue sólo un feliz accidente. Bien, yo, por un lado, quiero mostrarles que había mucho más de donde proviene. (Con el Concierto en fa) Me decidí a hacer una pieza de música absoluta. La Rapsodia, como su título implica, fue una impresión del blues. El Concierto no tiene connotaciones programáticas. Y así es exactamente cómo lo escribí.” En noviembre de ese año Gershwin formó una orquesta con el único objetivo de hacer lecturas de la nueva partitura antes de que viera la luz oficialmente. En dichos ensayos acudió el propio Damrosch quien, con su vasta experiencia orquestal, le hizo varios apuntes a Gershwin sobre la orquestación y para reducir algunos pasajes para dar más cohesión a la obra.

Maurice-Ravel-left-and-George-Gershwin-right-came-under-mutual-sway-when-the-French-composer-visited-the-U.S.-in-1928.

La visita a los Estados Unidos en 1928 del ídolo de Gershwin (de pie a la derecha): Maurice Ravel (sentado). En medio de los dos se encuentra Manoah Leide-Tedesco.

Finalmente, el 3 de diciembre de 1925 la Sociedad Sinfónica Filarmónica de Nueva York (que poco tiempo después se convertiría en la Filarmónica neoyorkina) ofreció la primera audición del Concierto en fa de Gershwin con el autor en la parte solista, Damrosch en la batuta, en la Carnegie Hall. El resultado: gran expectación al escuchar una obra “académica” de un muchacho dedicado al jazz, ocupado entre dólares y “socialité”, y que definitivamente agotaron los boletos esa noche. El público reaccionó con una gran ovación, mientras que los críticos se dividieron y alguno de ellos la llegó a calificar de “producto de un novato” (¡!).

Músicos como Stravinsky, Arnold Schönberg (1874-1951) y el propio Damrosch salieron a la defensa de Gershwin y su flamante Concierto. El director responsable de la comisión de la partitura afirmó que “(Gershwin) había logrado un milagro. Él es el príncipe que ha tomado a Cenicienta (refiriéndose al jazz) por la mano y la ha proclamado abiertamente como Princesa ante el mundo atónito y la furia de sus hermanas envidiosas.” Por su parte, Schönberg afirmó: “Muchos músicos no consideran a George Gershwin como un compositor serio, pero deben entender que, sea o no serio, es un compositor, es decir, un hombre que vive en la música y lo expresa todo, serio o no, sano o superficial, por medio de la música, porque es su lengua materna. Hay una cantidad de compositores, serios (como ellos se creen) o no (como yo sé), que aprendieron a poner notas juntas. Pero son sólo serios debido a una perfecta falta de humor y de espíritu”.

Gershwin proporcionó una descripción del Concierto en fa para el día de su estreno:

“El primer movimiento emplea el ritmo de Charleston. Es rápido y con pulso, representando el joven espíritu entusiasta de la vida americana. Eso comienza con un motivo rítmico en los timbales, apoyado por otros instrumentos de percusión, y con un motivo de Charleston presentado por (…) cornos, clarinetes y violas. El tema principal es escuchado en el fagot. Más tarde, un segundo tema es presentado por el piano. El segundo movimiento tiene una poética atmósfera nocturna que se denomina el blues americano, pero en una forma más pura que como es tratada habitualmente. El movimiento final vuelve al estilo del primero. Es una orgía de ritmos, empezando de forma violenta y mantener el mismo ritmo en todo momento.”

A fin de cuentas, el escuchar el Concierto en fa de Gershwin provoca una saludable sensación, equiparable a la forma como Myles Davis (1926-1991) calificó al jazz: “un orgasmo espiritual”.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

MÚSICA

Versión: Peter Jablonski, piano. Orquesta Filarmónica Real de Londres. Vladimir Ashkenazy, director.

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GEORGE GERSHWIN (1898-1937)

31 Dic

Un americano en París

George Gershwin

George Gershwin

Cuatro años después del espectacular estreno de la Rapsodia in blue Gershwin se dio a la tarea de escribir una obra orquestal de alcances ambiciosos. Así surgió Un americano en París, estrenada el 13 de diciembre de 1928 en el Carnegie Hall de Nueva York con la Sinfónica-Filarmónica de Nueva York dirigida por Walter Damrosch. Desafortunadamente, a ese concierto asistió un amargado crítico musical (como existen muchos… ¡y en todas partes!) quien recolectó lo mejor de su viperino veneno para publicar comentarios tan sensibles como estos al referirse a la flamante partitura de Gershwin: “Nauseabunda música populachera, torpemente remendada, superficial, vulgar, tan largamente tortuosa y vacía que todo el público promedio será aburrido por ella… un asunto barato y tonto… lastimosamente fútil e inepto.”
Aparentemente los oídos de este crítico eran los vulgares, fútiles y tortuosos. Pues el público recibió de forma cálida y positiva Un americano en París, por su gloriosa perfección melódica y armónica, la claridad y facilidad de sus ideas y un exquisito colorido orquestal. Muchos dicen que el director Damrosch no supo entender la partitura y realizó una versión plana y carente de contrastes. Aun así, la brillantez de esta música le permitió un ascenso meteórico en las programaciones sinfónicas de los Estados Unidos y el extranjero al abrigo de directores como André Kostelanetz, George Szell, Leopold Stokowski o Fritz Reiner, quienes permitieron que se instalara de forma sólida en el repertorio sinfónico estadounidense.
El principal motivo del compositor para escribir esta obra fue compartir sus impresiones de su quinto viaje por Europa entre mayo y junio de 1928 (con especial énfasis en su visita a París) y que le proporcionó experiencias interesantes en lo musical (conoció a Alban Berg, a Léhar y a la viuda de Johann Strauss) y también en el ámbito personal (gracias a ese viaje se propició el matrimonio de la hermana de Gershwin).

Gene Kelly en Un americano en París

Gene Kelly en Un americano en París

En la primera página del manuscrito de esta obra puede leerse: Un americano en París / Poema tonal para orquesta / compuesto y orquestado por George Gershwin / Empezado al principio de 1928 / concluido el 18 de noviembre de 1928.
Dejo la palabra al gran Gershwin quien nos explica –mejor que nadie- el contenido de la obra en cuestión:
“Esta nueva pieza, en realidad un ballet rapsódico, está escrita muy libremente y es la música más moderna que hasta ahora he intentado. La parte inicial está desarrollada en el estilo típico francés, a la manera de los Seis y Debussy y a pesar de que los temas son completamente originales.

“Aquí, mi propósito es retratar la impresión de un visitante americano en París, recibida mientras vaga por la ciudad, escucha diversos ruidos callejeros y absorbe el ambiente francés.
“Como en mis otras composiciones orquestales, no he intentado representar ninguna escena definida en esta música. La rapsodia es programática sólo de un modo impresionista general, de modo que cada oyente puede encontrar en la música lo que su imaginación le traiga.
“La jovial sección inicial continúa con un sabroso blues de fuerte corriente rítmica interior. Nuestro amigo americano, tal vez después de vagar hasta un café y tomar un par de tragos, ha sucumbido a un ataque de nostalgia por la patria. La armonía es aquí tanto más intensa cuando más simple de lo expuesto en las páginas precedentes. Este blues alcanza un clímax seguido por una coda en la cual el espíritu de la música vuelve a la vivacidad y al efervescente bullicio de la primera parte con sus impresiones parisinas. Aparentemente, el nostálgico americano ha dejado el café y salió al aire libre, lo que ha borrado su fascinación por el blues, una vez más, se ha vuelto un alerta espectador de la vida parisina. En la conclusión, los ruidos callejeros y el ambiente francés son los triunfadores.”

P.D.- Un americano en París fue el germen de una película del mismo nombre, realizada en 1951, y estelarizada por Gene Kelly –quien además realizó la coreografía-, Leslie Caron y Oscar Levant, entre otros. Además de la obra orquestal completa de Gershwin también se incluyeron en la cinta algunas de sus canciones con textos de Ira Gershwin como I Got Rhythm, ‘S Wonderful y Our Love is Here to Stay.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

George Gershwin: Un americano en París

Versión original (sin cortes): Orquesta Sinfónica de Seattle. Gerard Schwarz, director

EDICIONES “MARTES DE OBERTURAS” SIETE

2 Ene

Les compartimos el SÉPTIMO álbum digital de la muy gustada serie de Música en Red Mayor

MARTES DE OBERTURAS SIETE:

OBERTURAS ESTADOUNIDENSES

MARTES DE OBERTURAS SIETE. PORTADA

MARTES DE OBERTURAS SIETE. PORTADA

MARTES DE OBERTURAS SIETE. CONTRAPORTADA

MARTES DE OBERTURAS SIETE. CONTRAPORTADA

MARTES DE OBERTURAS SIETE. OBERTURAS ESTADOUNIDENSES. ÁLBUM

GEORGE GERSHWIN (1898-1937)

14 Feb

Rapsodia in blue

 

La historia del arte occidental ha dado testimonio de la existencia de un hombre que, al parecer, nunca estuvo totalmente consciente de sus capacidades artísticas, un hombre que ha sido colocado en un privilegiado lugar como uno de los más destacados melodistas junto a –nada más ni nada menos- que Tchaikovsky. Me refiero al estadounidense George Gershwin. Desde pequeño, en su natal Brooklyn, Gershwin se admiraba con las pianolas que veía en las tiendas de música y, aunque su familia era de pocos recursos materiales, un buen día  decidió conseguir trabajo en una editora musical, con tal de estar en contacto con el arte de los sonidos ordenados. Gershwin comenzó a ser reconocido como un extraordinario improvisador al piano y produjo sus primeras canciones cuando contaba con 21 años de edad. Ira, su hermano, fue un gran colaborador de toda la vida, proporcionándole la letra de muchas de las canciones que produjo George (en su catálogo se cuentan más de quinientas).

En la década de 1920 Gershwin marchó, con poco dinero pero con bastante ilusión, hacia París, para encontrarse con uno de sus héroes y solicitarle una que otra clase particular. Por supuesto, la fama de Gershwin como pianista de jazz e improvisador ya había trascendido el Océano Atlántico. Aquel “héroe” al que me refiero era Maurice Ravel. Dicen por ahí que el encuentro del aún veinteañero Gershwin con el famoso autor de Dafnís y Cloé fue muy impactante, pero que al salir a la plática la solicitud de unas “leccioncitas” Ravel (muy propio y elegante como era) soltó tremenda carcajada y pronunció la hoy famosa frase: “¿Para qué quiere ser un Ravel de segunda si usted ya es un Gershwin de primera?” ¡Imagínese nada más!

El pianista, compositor (y galán) George Gershwin

Cierto es que las dotes pianísticas de Gershwin eran fabulosas. Pero al ofrecérsele la oportunidad de presentarse “en sociedad” como un compositor “serio” le entró el pánico escénico. Era 1924 y la célebre Banda de jazz de Paul Whiteman le pidió una obra con piano solista y grupo de jazz. Ahí surgió la idea de componer la Rapsodia in blue. El autor no tuvo ningún problema para concebir la parte pianística, pero… ¿y el acompañamiento? El breve encuentro con Ravel no le permitió al joven ponerse en contacto con los secretos de la paleta orquestal, por lo que sinceramente no se sintió con los tamaños para realizarla. Se dice que entonces corrió al departamento de un colega, Ferde Grofé (el autor de la Suite de El Gran Cañón) para pedirle que “rapidito y sin chistar” le hiciera la orquestación de su Rapsodia, pero “de volada”, pues el estreno sería ¡tres días después!

También dicen que Grofé tuvo lista la instrumentación a la mañana siguiente de que Gershwin le entregara el manuscrito, y todo estuvo preparado para que la noche del 12 de febrero de 1924 se escuchara por vez primera la Rapsodia in blue con la banda de Whiteman y Gershwin en la parte solista, en la Aeolian Hall de Nueva York. Un poco más enterado del arte de la orquestación Gershwin realizó la instrumentación que hoy se conoce más de la obra un par de años más tarde.

Gershwin

Seguramente usted, fino lector, estará intrigado del por qué me he referido a esta partitura líneas arriba como Rapsodia in blue, si todos parecemos conocerla en español como Rapsodia en azul. Bien, quizá aquí exista una deformación en la traducción literal de este nombre; algún musicólogo citó en un grueso diccionario que “se piensa que (el título) se refiere al blues central de la partitura y no es así, sino un intento de asociar sonidos y colores…” Siento informarle que aunque sea un especialista quien afirmó lo anterior está completamente equivocado. En las propias palabras de Gershwin habita la razón: “es, más que nada, una evocación a ‘estar blue’.” Es decir, blue –en inglés- no sólo se refiere al color azul, sino que se utiliza coloquialmente para decir que alguien está “triste o melancólico”. De hecho, el blues como género tiene ese sentimiento como una de sus bases primordiales. ¡Ajá! A eso se refiere el título de esta obra: ¿acaso no nos suena sensual pero melancólico el solo de clarinete que abre la pieza?

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

George Gershwin: Rapsodia in blue

Versión: Benjamin Grosvenor, piano. Real Orquesta Filarmónica de Liverpool. James Judd, director.

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