Tag Archives: richard strauss

RICHARD STRAUSS (1864-1949)

10 Dic

Una vida de héroe. Poema sinfónico Op. 40

  • El héroe
  • Los adversarios del héroe
  • La compañera del héroe
  • El campo de batalla del héroe
  • Las obras de paz del héroe
  • La retirada del héroe y final

“…ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí,

y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.”

Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha. Capítulo VIII

Los poemas sinfónicos que Richard Strauss compuso en los diez años que transcurrieron entre la composición de Don Juan y la concepción de Una vida de héroe forman parte de la colosal piedra angular del repertorio europeo del siglo XIX. Todas estas obras son consecuencia del concepto de la “Música del futuro” que inició con la Sinfonía fantástica de Berlioz y continuó con la música orquestal de Franz Liszt (quien acuñó el término poema sinfónico) y las óperas de Richard Wagner.

Strauss obtuvo el puesto de asistente de director en la Orquesta de la Corte de Meiningen a invitación de Hans von Bülow en 1885. Con apenas 21 años de edad fue ahí que descubrió ese gran universo sinfónico que refería líneas arriba gracias al asistente del concertino de la orquesta, Alexander Ritter. Violinista y compositor, Ritter estaba casado con una sobrina de Wagner y tenía en su haber seis poemas sinfónicos que el joven Strauss conoció de primera mano y le abrieron los ojos a las posibilidades estéticas dentro de la música orquestal.

Richard_Strauss_(picture)

Una vida de héroe es el último poema sinfónico de Strauss, escrito entre 1897 y 1898 (*). En esta obra se detalla “la biografía de un héroe que supera todos los obstáculos y triunfa sobre todos los enemigos en su lucha por construir un mundo nuevo” (David Ewen). El héroe que retrata esta música es  el mismo Richard Strauss, a quien le vino como anillo al dedo la forma del poema sinfónico para reflexionar sobre su paso por los tortuosos caminos de la vida musical profesional. Después de Meiningen, él llegó a la Ópera de la Corte de Múnich, a Bayreuth, a la Corte del Gran Duque de Sajonia-Weimar-Eisenstadt y estaba a punto de conseguir la dirección de la Ópera de la Corte de Berlín. Los enemigos del héroe que aquí se retratan son los críticos que constantemente recibieron a las nuevas obras de Strauss con apatía y falta de conocimiento.  Es por ello que esta partitura y el poema sinfónico Don Quijote (1896-97) guardan tantas similitudes: un “caballero andante” que debe reafirmar su baja autoestima con una armadura de superhombre para luchar contra los monstruos que acechan su camino (y que, en el caso de Don Quijote, sólo eran rebaños de borregos y estáticos molinos de viento).

Irónico es que, en la misma época en que fue concebida esta obra, coincidió que la doctrina del superhombre profesada por el Kaiser Guillermo II estaba vigente, así como la ampliación de las milicias prusianas y la monumental expansión arquitectónica del panorama urbano de Berlín; por ello surgieron las palabrerías de quienes integraban la intelligentsia germana con respecto a Vida de héroe de Strauss. Se le tildó, pues, de ser música megalomaníaca producto de un ego desmedido que intentaba perdurar con una autobiografía musical en la que su imagen estuviera delineada con un esplendor sobrenatural.

En alguna ocasión Strauss le comentó a su amigo Romain Rolland: “No veo por qué no debería escribir una sinfonía sobre mí mismo; me considero tan interesante como Napoleón o Alejandro (Magno).” Se lo dejo de tarea…

Una vida de héroe inicia con un enunciado orgulloso en los cornos y las cuerdas graves. Aquí se escucha la ambición del héroe, sus ideales, su orgullo y férrea voluntad. La siguiente sección nos presenta a los adversarios del héroe en los alientos de madera, con frases entrecortadas y ciertamente fastidiosas; surge el tema del héroe en los violoncellos, contrabajos y las voces graves de los alientos y al escucharse los metales comienza la acción del protagonista en contra de los malvados. Posteriormente escuchamos un noble solo de violín que delinea la presencia de la amada del héroe (que en este caso es la esposa de Strauss, la soprano Pauline de Anha). La orquesta entera estalla en un episodio amoroso que, al desvanecerse, permite escuchar a lo lejos el tema de los enemigos. Las fanfarrias anuncian el inicio de la batalla del héroe que se desarrolla en un verdadero “tour de force” orquestal, con destellos repentinos del tema de la amada. Terminada la agreste batalla Strauss nos muestra “Las obras de paz del héroe”. Y ¿cuáles son? Unas veinte citas fácilmente audibles de algunas de sus partituras, desde Don Juan, Muerte y transfiguración, Zarathustra, Macbeth, Guntram, Till Eulenspiegel y algunas más. ¡Miren qué humilde nos resultó! Al final de poema sinfónico el héroe ha cumplido su misión y procede a retirarse del mundo (es decir, triunfó ante los críticos). La amada está presente nuevamente en el violín solo que canta una melodía radiante y que secunda posteriormente un solo de corno. El tema del héroe se levanta solemne; estalla un clímax majestuoso con el que el personaje es llevado al descanso eterno.

La partitura de Una vida de héroe fue terminada en Berlín el 27 de diciembre de 1898 y estrenada el 3 de marzo del año siguiente por el compositor al frente de la Orquesta del Museo de Frankfurt. Está dedicada a Willem Mengelberg y la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam quienes la grabaron en disco en 1928.

 JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

(*) En estricto sentido, Vida de héroe es el último poema sinfónico escrito por Strauss, aunque en los primeros años del siglo XX compuso la Sinfonía doméstica (1903) y Una sinfonía alpina (1915). Ambas obras están bautizadas como “sinfonías” pero pueden ser catalogadas como poemas sinfónicos por su construcción y temática.

Descarga disponible:

Richard Strauss: Una vida de héroe Op. 40

Versión: Orquesta Filarmónica de Viena. Sir Georg Solti, director.

RICHARD STRAUSS (1864-1949)

11 Dic

Suite de El burgués gentilhombre, Op. 60

  • Obertura
  • Minuet
  • El maestro de esgrima
  • Entrada y danza de los sastres
  • Minuet de Lully
  • Courante
  • Entrada de Cléonte
  • Preludio al Acto II (Intermezzo)
  • La cena
Portada de El burgués gentilhombre de Molière

Portada de El burgués gentilhombre de Molière

En la primavera de 1670, la Ciudad de Versalles fue testigo del estreno de una de las piezas teatrales más afamadas de Jean Baptiste Poquelin de Molière y uno de sus últimos éxitos en los escenarios: El burgués gentilhombre. En aquella ocasión, la representación teatral fue “adornada” por la exquisita música de Jean Baptiste Lully, para dar mayor realce a una comedia sensacional que narra la historia de Monsieur Jourdain, un hombre de cuna humilde y que accede a una enorme riqueza.

Como suele ocurrir en estos casos -”nuevos ricos” se les dice por ahí- este gentilhombre tiene actitudes galantes que rayan en lo ridículo, queriendo pasar por un señorón cultivado, de mundo y buenos modales. En la pieza teatral, el supuesto aristócrata ofrece una fiesta llena de lujos, pero al estilo de una orgía turca, para que sus nuevas amistades se regocijen por su excelsa bondad. Claro está que, los intentos de este infeliz debían culminar desastrosamente.

Muchos años después de estrenada esta comedia, el poeta Hugo von Hofmannsthal -libretista de cabecera de Richard Strauss- retomó la pieza original de Molière y le sugirió a Strauss que realizara la música incidental para la puesta en escena. Corría el año 1911, en el que ambos (libretista y compositor) disfrutaron las mieles del éxito después del estreno apoteósico de la ópera El caballero de la rosa; entonces, los esfuerzos de ambos estarían orientados a dar vida a la triste y jocosa historia de aquel burgués dibujado por Molière.

Grabado de Jean-Michel Moreau donde se muestra a Monsieur Jourdain y a Nicolasa

Grabado de Jean-Michel Moreau donde se muestra a Monsieur Jourdain y a Nicolasa

El plan era dejar la obra teatral en su forma original, pero sustituyendo la mascarada turca por la representación de una ópera (dicha opción les pareció la más correcta, pues en aquellos tiempos cualquier “nuevo rico” alemán preferiría los lujos de una ópera en algún salón de su palacete). Así, la ópera tendría como argumento la leyenda griega de Ariadna, olvidada a su suerte en la Isla de Naxos por Teseo, pero combinada con la farsa -muy en el estilo de la commedia dell’arte-  de Zerbinetta y sus cuatro amantes.

Como era de esperarse los costos de producción para dicho espectáculo fueron altísimos; y por si fuera poco el día del estreno, el 25 de octubre de 1912 en Stuttgart, el público llegó a definir el esfuerzo artístico como “aburrido”. Así, no quedó otra posibilidad mas que rehacer todo el asunto: la obra de teatro fue separada de la ópera en 1916 dando como resultado Ariadna en Naxos, estrenada en Viena en ese año; dos años después, la pieza de Molière adaptada por Hofmannsthal y con la música incidental de Strauss recibió su première en Berlín.

Para mala fortuna de los creadores la comedia pronto dejó de existir y la ópera afortunadamente sobrevive en la actualidad. Ante ese desagradable panorama, y para rescatar su música incidental Strauss preparó una Suite de concierto, que recibió el aplauso del público después de su primera audición en Salzburgo el 31 de enero de 1920.

Hugo von Hoffmannsthal (el libretista de cabecera de Richard Strauss) a la izquierda y el compositor (der.)

Hugo von Hoffmannsthal (el libretista de cabecera de Richard Strauss) a la izquierda y el compositor (der.)

Con un carácter muy teatral y hasta operístico, la suite de El burgués gentilhombre de Strauss sigue fielmente las escenas de la pieza de Molière. La Obertura pinta la nueva mansión de Jourdain; además, como una buena reminisencia al proyecto original, el oboe aparece en un momento dado con el tema de un aria de Ariadna en Naxos. La sección siguiente es un delicado Minuet -con un poquito de sarcasmo-, confeccionado por Strauss como lección de danza para el burgués. A continuación aparecen el trombón, la trompeta y el piano que simbolizan la clase de esgrima de Jourdain. Después de tan noble actividad, el gentilhombre está listo para recibir a los sastres que, a ritmo de polonesa, han de vestir al diez veces ilustre.

Para rememorar la música original de Lully, Strauss nos ofrece un Minuet original del francés para la comedia, pero en una orquestación encantadora; posterior a ello, se escucha una Courante (o “danza corrente”) a la usanza del siglo XVII, y más tarde aparece Cléonte en un trozo musical sensual, diáfano, lleno de ternura, también tomado de Lully.

Con el Preludio al acto II, Strauss propone una suerte de intermezzo y que nos presenta a los conspiradores del tristemente adinerado gentilhombre. Al final,  todos se encuentran ante la mesa de Jourdain para degustar los manjares para el gran festín de esa noche: con una marcha aparecen platillos como pescado (representado musicalmente con una cita directa de El oro del Rhin de Wagner) y carnero (donde Strauss se “auto-cita” con destellos del “ejército” de borregos de su poema sinfónico Don Quijote).

La fiesta se hace más y más grande, y el pobrecito burgués parece dar vueltas y vueltas en un tacón alrededor de un majestuoso e irreverente vals con el que la Suite termina brillantemente.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Richard Strauss: El burgués gentilhombre

Versión: Orquesta del National Arts Centre de Canadá. Eduardo Mata, director.

RICHARD STRAUSS (1864-1949)

19 Feb

Cuatro últimas canciones

Richard Strauss

Al momento de escribir la ópera Die Liebe der Danae (El amor de Danae), Richard Strauss planeó retirarse de su actividad como compositor. Aunque en esa época, ya comenzada la Segunda Guerra Mundial, el autor se sentía un tanto inútil y prefirió ponerse a trabajar en su ópera Capriccio, estrenada el 28 de octubre de 1942 con la Ópera Estatal de Baviera.

Strauss nunca cumplió cabalmente su decisión del retiro -afortunadamente- pues en los años siguientes su creatividad tuvo un fuerte impulso que lo llevó a producir obras geniales como su Concierto para oboe (que le fue sugerido por el entonces joven oboísta estadounidense John De Lancie cuando era soldado al servicio de su patria) y sus Metamorfosis, obra cruda y tremenda que refleja la desolación del compositor al ver a su adorada Alemania prácticamente destruida como consecuencia de la guerra y en especial al encontrar el Teatro de la Ópera de Munich en ruinas (dicen por ahí, que ese fue el momento cuando Strauss se retractó de sus preferencias pro-nazi).

Pero el final todavía no llegaba para este hombre, quien le comentó a su amigo y colega el director de orquesta Clemens Krauss que “la próxima vez que escriba música será para arpas”, como queriendo dejar su última chispa de genialidad para ser interpretada por alguna orquesta de ángeles en el cielo. De hecho, a eso lo denominó como su testamento musical, su último deseo artístico.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Strauss y su esposa Pauline De Ahna, soprano retirada que estuvo casada con Strauss hasta el final de su vida, pasaron una buena temporada en Suiza donde -a finales de 1946- el compositor leyó un poema de Josef von Eichendorff (Al crepúsculo), que apelaba a sus sentimientos en aquel momento, por lo que comenzó a ponerle música pensando nuevamente en la voz de soprano. No nos sorprende que Strauss haya escogido esta tesitura, pues en muchas de sus obras la llevó a un plano genial, como homenaje a la compañera de su vida.

Pauline De Ahna

Al crepúsculo es, curiosamente, la primera de sus Cuatro últimas canciones que compuso Strauss y fue terminada en Montreux el 6 de mayo de 1948, aunque al fallecer el autor  Ernst Roth (editor londinense) aceptó que por su carácter debía ser considerada como la última del ciclo (y qué razón tenía).

Al momento de terminar Al crepúsculo, Strauss tenía como lectura los poemas completos de Hermann Hesse, escogiendo algunos para ponerles música. Comenzó con Primavera, fechada el 18 de julio de 1948 en Pontresina; luego terminó Hora de dormir el 4 de agosto; y la última de todas, Septiembre, la concluyó el 20 de septiembre; después de esa canción Strauss nunca volvió a escribir una nota musical … en este mundo.

Lo que hay que decir es que en estas canciones prevalece un ambiente sombrío, nostálgico, muy cercano a lo que podría ser una despedida musical. Este es el adiós de un hombre que vivió entre triunfos artísticos y tragedias personales, y que estaba seguro que dejaría pronto este mundo sin decepciones ni reproches; al contrario, lo haría con la tranquilidad de que alcanzaría la vida eterna. Así, en la última canción del ciclo, al exponer la frase “ist dies etwa der Tod?” (“¿Acaso es ésta la muerte?”) Strauss contesta musicalmente con una llamada de corno francés, el “tema de la transfiguración” que utilizó en su poema sinfónico Muerte y transfiguración sesenta años antes, como una transformación del alma mortal accediendo a un plano de pensamiento distinto y elevado; pero aquí se convirtió en el último vistazo que el hombre de edad avanzada echa a su juventud y reflexiona en el presente al tiempo que eleva su mirada al cielo nocturno cuajado de estrellas, donde probablemente descansará eternamente.

Sólo pasaron unos meses después de concluir estas canciones para que Richard Strauss cerrara sus ojos para siempre; nunca tuvo la oportunidad de escuchar estas canciones en vida. La soprano Kirsten Flagstad y la Filarmonía de Londres dirigida por Wilhelm Furtwängler ofrecieron la primera presentación de las Cuatro últimas canciones el 22 de mayo de 1950, como homenaje póstumo a tan célebre y controvertido músico.

Para nosotros, escuchar estas canciones debe significar el sorprendernos y nunca dejar de alabar el último aliento musical de Strauss, como también debe ocurrirnos con la audición de obras como El arte de la fuga de Johann Sebastian Bach, la Novena sinfonía de Bruckner, la Novena sinfonía y el Adagio de la Décima sinfonía de Mahler y la Novena sinfonía de Vaughan Williams, por nombrar las más conmovedoras. Y al entrar en contacto tan directo con estas músicas llenas de esa visión ante lo inevitable, aquello para lo que nos preparamos diariamente, también debemos pensar que todos los ciclos en la vida concluyen, que hay que disfrutar el momento en que se desarrollen, pues -buenos o malos- los tiempos pasan y nunca regresan. Así es la vida, así es también la música: como una aurora boreal, como el hermoso cometa que pasa, como el primer aliento de un bebé y la sonrisa de nuestros padres, como la fuerza del mar y los aromas del viento. Como todo eso y más, así es la música y nunca debemos dejarla pasar por nuestra existencia como un evento irrelevante. Así debería ser, también, la vida…

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Richard Strauss: Cuatro últimas canciones

Versión: Gundula Janowitz, soprano. Orquesta Filarmónica de Berlín. Herbert von Karajan, director.

 

PRIMAVERA (texto de Hermann Hesse)

En oscuras cavernas

soñé largo tiempo

con tus árboles y tus azules brisas,

con tu fragancia y el canto de las aves.

Y ahora te presentas

espléndida y adornada

inundada de luz,

como un milagro ante mi.

Me reconoces,

delicadamente me atraes.

Tu exquisita presencia hace vibrar todo mi ser.

SEPTIEMBRE (texto de Hermann Hesse)

El jardín está de luto,

la lluvia cae en gotas frías sobre las flores.

Acercándose a su fin,

el verano se estremece en silencio.

De lo alto de la acacia,

escurre oro, hoja a hoja,

el verano sonríe sorprendido y exhausto

en el sueño moribundo de su jardín.

Aún, las rosas buscan el reposo.

Cierra lentamente sus grandes ojos. 

HORA DE DORMIR  (texto de Hermann Hesse)

Ahora que el día me ha rendido,

mi ferviente deseo es

acoger la noche estrellada,

como un niño cansado.

Manos, dejen lo que están haciendo;

frente, olvida tus pensamientos.

Ahora todos mis sentidos

se hundirán en el sueño profundo.

Y el alma,

alzará su vuelo libre,

mientras en el círculo mágico de la noche

vive profundamente.

AL CREPÚSCULO  (texto de Josef  von Eichendorff)

En nuestra pena y alegría

caminamos mano a mano;

ambos descansamos ahora de nuestro peregrinar,

en la campiña silenciosa.

A nuestro alrededor los valles se inclinan;

casi el aire se vuelve oscuro.

Dos alondras se elevan solitarias,

casi soñando en la brisa perfumada.

Acércate, y permite que extiendan sus alas;

pronto será hora de dormir.

Ven, que no nos perderemos en esta soledad.

Oh, paz, inmensa y serena,

tan profunda en el ocaso.

¡Qué cansados estamos de errar!!

¿Acaso es ésta la muerte?

 

Traducción libre: JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

A %d blogueros les gusta esto: