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MODEST MUSSORGSKI (1839-1881)

27 Abr

Cuadros de una exposición

Orquestación de Maurice Ravel (1875-1937)

Modest Mussorgski

 A Rogelio Aragón y su obsesión Mussorgskiana…

La muerte del pintor y arquitecto Victor Hartmann en 1873, a los 39 años de edad, fue motivo de gran dolor espiritual para uno de sus mejores amigos: el compositor ruso Mussorgski. El músico respondió a tan terrible acontecimiento de formas contrastantes; por un lado se hizo de cuanta botella de vodka encontró a su paso para ingerirlas desmedidamente y así tratar de curar la melancolía (buen pretexto para alguien que toda su vida fue un alcohólico); y por otra parte, decidió inmortalizar el sagrado recuerdo de su amigo con una obra musical, que se materializó en una suite pianística en la que Mussorgski pone en sonidos lo que el desaparecido Hartmann delineó en lienzos y papeles.

La idea de mantener viva su memoria a través de una obra musical le vino a la cabeza a Mussorgski un año después de la muerte de su amigo, cuando el promotor Vladimir Stassov montó una exposición con obras selectas de Hartmann, que dio la oportunidad al público de entrar en contacto con el oscuro sentido estético de este pintor. Con una enorme obsesión, Mussorgski visitó una y otra vez la exposición, y sin mayor empacho abandonó la composición de su ópera Khovantchina y emprendió uno de sus proyectos artísticos que más fama le ha dado a lo largo de los años. Así nacieron los Cuadros de una exposición, cuya partitura dedicó al empresario Stassov.

En dicha partitura, Mussorgski recreó en sonidos diez de los cuadros de Hartmann, algunos de ellos nada geniales, pero que movieron intensamente el espíritu del compositor. Es importante decir que cada uno de estos cuadros musicales está conectado por un Paseo (Promenade), que indica la transición del espectador de un cuadro a otro, con un carácter distinto. Ese Paseo -con un aire entre arcaico, ruso y eclesiástico- hace las veces de alter ego musical del autor. Es así como, en un principio, apunta hacia la objetividad, quiere no decir nada, no involucrarse con el cuadro recién visto ni anunciar el que sigue. Sin embargo, conforme la obra avanza, Mussorgski se deja involucrar, participa emotiva y estéticamente, pasa de voyeur a voyant, como diría Rimbaud. El Paseo va siendo, pues, modificado por la obra de Hartmann; sufre variaciones y de plano se inserta en Catacumbas, para desaparecer del exterior de los lienzos; los ha asimilado y se ha dejado asimilar por ellos.

Mussorgski en su juventud

Los cuadros incluidos en esta exposición son:

1.- El gnomo. La visión terrorífica de un ser regordete, cuasi dantesco.

2.- El viejo castillo. Una nostálgica contemplación.

3.- Tullerías. Niños que juegan en aquel célebre lugar parisino.

4.- Bydlo. Una carreta en su accidentado rodar, tirada por bueyes.

5.- Ballet de los pollitos en sus cascarones. Una escena cómica, salida de bosquejos de Hartmann para el vestuario de un ballet.

6.- Samuel Goldenberg y Schmuyle. Una acalorada discusión entre dos judíos, uno rico y el otro pobre.

7.- El mercado de Limoges. Algarabía entre los tenderos y quienes van a abastecerse de viandas.

8.- Catacumbas. Una acuarela de Hartmann subtitulada Con la muerte en lengua muerta, nos muestra al pintor con V.A. Kenel y un guía con una linterna a la entrada de unas catacumbas a las afueras de París. En esta sección, Mussorgski dio cuenta de su gran pesar por la pérdida de su amigo pintor.

9.- Baba Yaga (La cabaña con patas de gallina). Este es el diseño de Hartmann para un reloj que muestra a la cabaña de la famosa bruja. La música nos inspira el vuelo de tan curioso personaje.

10.– La gran puerta de Kiev. Nuevamente un diseño de Hartmann, capturado por la música de Mussorgski de forma grandiosa, elegante, expansiva.

El tiempo ha dado cuenta del enorme éxito de esta partitura, pero no debido al original para piano, sino gracias a las transcripciones para orquesta que se han hecho de ella. El más vistoso ejemplo es la orquestación de Maurice Ravel, realizada en 1922 a petición del director de orquesta Serge Koussevitzki. Pero aquí es importante dejar claro de Monsieur Ravel no fue el único en vestir la música de Mussorgski con los finos ropajes de la orquestación, sino que otros músicos se aventuraron a proponer su propia visión de la oscura, acaso subterránea pieza del nacionalista ruso. La principal razón se debió a que Koussevitzki no permitió que otros intérpretes utilizaran para sus conciertos la orquestación de Ravel, pues existía cierto tipo de “exclusividad” para difundirla.

Impulsados por el “morbo” de llevar al público otros ángulos de los Cuadros de una exposición, algunos directores de orquesta realizaron también sus arreglos personales (muy personales, podría decirse), entre ellos: Sir Henry Wood (1915), Leopold Stokowski (1939) y Vladimir Ashkenazy (1982). Y de los compositores que se aventuraron en encontrar nuevos sonidos en el Mussorgski pianístico se cuentan a: Mijaíl Tushmalov (1891, de hecho, la primera orquestación de la que se tiene noticia), Leo Funtek (1922), Leonidas Leonardi (1924), Lucien Caillet –autor de la música para la película de Cecil B. De Mille Los diez Mandamientos– (1937, versión realizada especialmente para la Orquesta de Filadelfia y su entonces director Eugene Ormandy), Walter Goehr (1942, aunque en esta versión él únicamente cambió de orden los cuadros), Sergei Gortchakov (1954), Lawrence Leonard (1975, un arreglo en forma de concierto para piano y orquesta), Elgar Howarth (1979, un arreglo para grupo de metales) y Alan Gout (1990, para orquesta de cámara). Y aunque aquí podría terminar el inventario, muchos otros músicos lo han seguido engrosando en los últimos tiempos: Isao Tomita (aunque no para todos los gustos), Emerson, Lake & Palmer (versión rock de enormes alcances, tampoco –desafortunadamente- para todos los públicos), Thomas Wildbrandt (con recursos electrónicos y acústicos, de gran impacto), Jean Gillou (para órgano) y los hermanos Yamashita (para dos guitarras).

Es admirable conocer el enorme número de propuestas que han salido a la luz a partir de una música pianística que, si bien es algo austera, nos sumerge en la atribulada existencia de un compositor inseguro de su capacidad artística, asediado por los fantasmas del fracaso, el alcoholismo y de una extraña, enfermiza obsesión por la muerte. Igualmente es cierto que los cuadros originales de Hartmann que inspiraron a Mussorgski no son lo que uno puede esperar, sobre todo cuando se ha escuchado la música que los “retrata”. Por ello, no intente usted buscar dichos cuadros en algún libro. Es preferible abrir la mente y darse a la tarea de explorar (y recrear mentalmente) lo que tantos músicos han visto no con ojos, sino con el alma.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Mussorgski-Ravel: Cuadros de una exposición

Versión: Philharmonia Orchestra. Carlo Maria Giulini, director. Grabada en vivo en la Usher Hall de Edinburgo el 7 de septiembre de 1961.

La "supuesta" Gran puerta de Kiev (se oye mejor en música de lo que luce en el boceto)

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