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RICHARD WAGNER (1813-1883)

2 Feb

Selecciones orquestales de Pársifal

  •  Preludio al acto I
  • Encantamiento del Viernes Santo
La adoración del Grial del acto III de Parsifal

La adoración del Grial del acto III de Parsifal

En 1882 Wagner sabía que su tránsito por el mundo de los mortales estaba a punto de cerrar su ciclo. Ello parece claro al conocer el contenido y los preceptos artísticos vertidos al interior de su obra final: Pársifal. En primer lugar el autor no definió esta pieza como una “ópera” en el estricto sentido, sino que prefirió llamarla “festival de consagración escénico y dramático”, dando a entender que concibió Pársifal más como un servicio religioso que como una obra para los escenarios. Esa definición parece perfecta al tomar en cuenta que Wagner deseaba que después de su muerte el Festival de Bayreuth, en la casa de ópera que él mismo organizó, diseñó y mandó construir, siguiera en actividad, pero su consagración final ocurriría con la presentación ahí de Pársifal, como una despedida de Wagner a uno de sus proyectos más acariciados. En otras palabras, Wagner pidió de manera muy clara que Pársifal solamente fuera representada en el Teatro de Bayreuth (aunque, como todos hacemos con los últimos deseos de los difuntos, en el siglo XX esa solicitud se desdibujó).

Por otro lado, si la tetralogía del Anillo de los Nibelungos constituyó uno de sus máximos logros en el arte sonoro del siglo XIX, con Pársifal encontramos un enorme y complejo resumen de la estética wagneriana, tanto en sus aspectos de técnica orquestal, de la utilización de las voces y de su peculiar idea del motivo conductor o “leit-motif”. El concepto de “festival escénico” era igualmente definido por él como “algo similar al teatro de los antiguos griegos, o aquel de la Edad Media en lo que se refiere a algunos Misterios, convirtiéndose en un lugar donde las enseñanzas de las religiones, la filosofía, de tradiciones e ideales nacionales fueran consagradas.” Y el comentario de Lawrence Gilman resulta ser la conclusión en las anteriores palabras de Wagner: “…su énfasis en la concepción estética no recae en la moral o el dogma, sino en comunicar y exaltar la influencia de la obra de arte en si, concebida como una representación ideal de los impulsos y aspiraciones esenciales en la vida.”

Al igual que la concepción del Anillo de los Nibelungos constituyó para Wagner un trabajo de toda una vida, el proyecto de realizar un “drama religioso” fue igualmente una de las grandes ambiciones del más largo plazo en la existencia del músico. El primer impulso para comenzar esta titánica labor ocurrió después de la lectura de un poema referente a Pársifal del poeta del siglo XIII Wolfram von Eschenbach. Fue en la primavera de 1857, mientras residía en las propiedades de los Wesendonck en Zurcí, que él vio por una de sus ventanas y escribió en su Autobiografía: “El jardín casi se rompía con las hojas, los pájaros cantaban y, al fin, en el tejado de mi pequeña casa pude regocijarme con una fructífera quietud que había ansiado por años. Estaba tan pleno con esa idea que repentinamente me percaté que era el Viernes Santo, y recordé el gran mensaje que llegó a mí al leer el Parzival de Wolfram… Esa figura ideal llegó ahora con una fuerza impresionante, y empezando con la idea del Viernes Santo, concebí rápidamente un drama en su totalidad, cuyas características primordiales anoté brevemente en una estructura de tres actos.”

Richard Wagner

Richard Wagner

El trabajo sobre Pársifal llevó una buena cantidad de años. Posterior a esta revelación de Wagner, él terminó el primer bosquejo del texto en agosto de 1865; más tarde, en 1877, presentó el libreto completo para ser publicado. Hacia la primavera de 1879 la música de Pársifal estaba terminada, y su orquestación completada en 1882.

Como ocurrió en la gran mayoría de las óperas wagnerianas, en las que el autor concebía la salvación del alma del ser humano a través del amor, en Pársifal esta misma salvación aparece pero sólo podrá ser conseguida por medio del sufrimiento, la renunciación y la compasión. Así, en el ocaso de su existencia, Wagner finalmente sustituyó los valores espirituales por los aspectos físicos, para lo cual la historia del Santo Grial y el terrible sufrimiento de Amfortas era, quizá, la mejor manera para expresarlo.

A lo anterior, puede complementarse el siguiente comentario de Ángel Fernández Mayo: “En Pársifal Wagner expuso sus intuiciones de la necesidad del cambio cultural. Tras el cataclismo que cierra El ocaso de los dioses, Pársifal representa el comienzo después del trágico hundimiento de una cultura. El festival sagrado advierte que ese nuevo camino pasa por la renuncia al pecado, entendido como atentado a la naturaleza. El hombre nuevo ha de ser el hombre benevolente que camine con pasos atentos y suaves para evitar tocar las flores y los tallos. La mujer nueva no será sierva u objeto sensual devorador de sus opresores. El hombre convertirá su símbolo, la lanza agresiva de Wotan-Klingsor, en instrumento de salud. La mujer hará del suyo, el Grial narcisista de los caballeros, fuente de calor y consuelo para todos. Los hombres viejos, Titurel y Klingsor, habrán desaparecido con su egoísmo y su artificioso equilibrio del terror. Amfortas y Kundry, encarnación del mito de Adán y Eva, podrán juntarse para reiniciar el camino de la humanidad renunciadora del pecado. Al final, una utopía humanista y redentora para una crisis que (más de) cien años después parece insuperable.”

Pársifal recibió su estreno absoluto en Bayreuth, el 26 de julio de 1882, bajo la dirección musical de Hermann Levi. Tiempo después de esa presentación, Wagner tomó un buen período vacacional en Venecia, donde fue sorprendido por un ataque fulminante al corazón. Ahí murió, justamente en el Hotel del Casino de Venecia, el 13 de febrero de 1883, siendo depositados sus restos en los jardines de la Villa Wahnfried en Bayreuth.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descargas disponibles:

Richard Wagner: Preludio al acto I de Pársifal

Versión: Orquesta Filarmónica de Viena. Sir Georg Solti, director.

Richard Wagner: Encantamiento del Viernes Santo de Pársifal

Versión: Filarmónica de Munich. Sergiu Celibidache, director.

RICHARD WAGNER (1813-1883)

8 Jul

Obertura de la ópera Tannhäuser

Es un hecho que, amén de la extraordinaria música que Wagner escribió para su ópera Tannhäuser, la importancia de dicha obra reside –principalmente- en su extraordinario contenido dramático y lo rico de las sugestiones que ésta encierra en un período que se reconoce como la transición del compositor de la ópera germana como había sido concebida desde los tiempos de Carl Maria von Weber hasta su concepción de una ópera como “la obra de arte total”. El musicólogo español Ángel Fernández Mayo explica que Tannhäuser fue “compuesta para la Compañía Real de Dresden, (y) fue el apasionado fruto de la ‘revelación’ de Wagner experimentó al pasar ante el castillo de Wartburg –antigua residencia de los landgraves de Turingia- camino de Dresden al retornar en abril de 1842 del hostil París a la anhelada Alemania, y de las intensas lecturas históricas y folklóricas a que se aplicó hasta el otoño de ese año. Wagner bebió en fuentes muy diversas: las crónicas del torneo de canto que se celebró en Wartburg en 1207, y en el que participaron los más afamados Minnesinger (Cantores de amor); la leyenda pagana dela Hörselberg, montaña de Turingia en cuyo seno se decía había buscado refugio la diosa Venus tras la cristianización del país; la borrascosa historia del caballero Denhauser; la mucho más piadosa de santa Isabel de Hungría; y los hechos de la larga pugna entre Roma yla Alemania de los Hohenstaufen, que resuenan en la maldición que profiere el Papa contra Tannhäuser.”

Cartel de la primera presentación de Tannhauser en París

Los primeros bosquejos para Tannhäuser datan del verano de 1842 y el 7 de abril de 1843 Wagner completó el libreto de la ópera que portaba el título de Der Venusberg, pero que posteriormente sustituyó por Tannhäuser y el concurso de cantores del Wartburg ante la sugerencia de sus amigos, quienes hicieron ver que el nombre de El monte de Venus podría tomarse a broma (¡por supuesto!). Justo el 13 de abril de 1845 la partitura estuvo terminada y la ópera fue presentada el 19 de octubre del mismo año en Dresden con el mismo Wagner en la dirección. Existe una segunda versión de Tannhäuser, realizada para la Ópera de París en 1861 y que fue presentada totalmente en francés (a diferencia del original alemán) y añadiéndole algunas secciones como una “bacanal” que se escucha inmediatamente después de la obertura, y lo cual creó la total desaprobación del público francés. En cuanto a su extraordinaria Obertura es imperativo alabar la maestría de Wagner en la lógica y claridad sinfónica que ahí expone, junto con un inmaculado equilibrio estético. La pieza comienza con el llamado “tema del bien” que simboliza a Tannhäuser y los peregrinos que buscan la expiación por medio de las intenciones morales y no de la iglesia, lo cual se transforma –después del clímax- entre lo que puede denominarse como la dicotomía entre el amor sacro y el placer desenfrenado que da paso al denominado Himno de Venus. Aunque el tema “maligno” intenta prevalecer, surge majestuoso en los metales el tema inicial lo cual refrenda el triunfo del bien.

Descarga disponible:

Richard Wagner: Obertura a Tannhäuser

Versión: Orquesta Filarmónica de Viena. Sir Georg Solti, director

 

Idilio de Sigfrido

La familia Wagner: Cósima, el pequeño Sigfried y Richard

Cuando un escritor se entrega a la tarea de escribir un ensayo -por ejemplo- está pensando en el interés público que éste pueda tener. Pero cuando el mismo autor toma la pluma para confeccionar una carta de amor, entonces nadie puede tener acceso a ella aunque en algún momento pueda ser encontrada por sus biógrafos y sea utilizada como material de consulta.

Este es el caso del Idilio de Sigfrido, una pieza musical muy íntima que únicamente vio la luz por presiones económicas de Richard Wagner -su autor- y Cósima Wagner -su compañera sentimental de ese momento-, dándola a conocer al público hacia 1878. Pero… ¿qué es lo que tiene de íntimo esta obra?

Primero, existen tres fechas importantes que concienen a este Idilio de Sigfrido: el 6 de junio de 1869 nació Sigfrido Wagner, producto de la relación entre Wagner y Cósima; el 25 de agosto de 1870 Wagner y Cósima contrajeron nupcias; y el 25 de diciembre de 1870 Cósima cumplió 34 años de edad.

El día de su cumpleaños Cósima anotó en su diario lo siguiente: “Cuando me desperté escuché un sonido que iba creciendo más y más; No podía imaginarme que estuviera soñando… la música sonó de pronto ¡y qué música! Cuando finalmente se desvaneció, R (ichard) entró a mi habitación con los cinco niños y me presentó la partitura de su “Felicitación sinfónica de cumpleaños”. Rompí en llanto, de hecho, todos lo hicieron. R… había juntado una pequeña orquesta de 15 músicos en las escaleras de la casa a las 7 y media de la mañana ¡y con ello consagró nuestra amada Triebschen para siempre!“. Triebschen era el nombre de la villa en el Lago Lucerna en Suiza donde Wagner vivió de 1866 a1872, y que vió nacer, además de este “regalo de cumpleaños” sus óperas Los maestros cantores de Nurenberg y Sigfrido, además de haber concebido buena parte de El ocaso de los dioses en aquel apacible lugar.

Ese Idilio de Sigfrido que tanto conmovió a Cósima tenía suficientes mensajes musicales secretos pero bastante obvios para la pareja: prácticamente todos los temas desarrollados en esta partitura están tomados de la ópera Sigfrido, menos uno de ellos que es originalmente una canción de cuna alemana: “Schlaf’ mein Kind, schlaf’ ein”.

Existe una razón muy poderosa para que Wagner retomara algunos temas fundamentales del Sigfrido en homenaje a su esposa: su hijo, llamado igual que la ópera, y cuya presencia había traído enormes bendiciones para la pareja, tenía seis meses de edad en ese momento. Ernest Newman explica que “así como Wagner bautizó a su primogénito con el nombre de un héroe con el que se vio asociada su carrera creativa, al escribir el Idilio definitivamente encadenó al pequeño Sigfrido con cualquier asociación afectiva conla Villa de Triebschen.”

Wagner y su esposa Cósima

El Idilio de Sigfrido abre con una melodía gentil en las cuerdas -originalmente el tema del despertar de Brunhilda en Sigfrido. Este pasaje es seguido por el de la canción de cuna citada arriba. Luego, aparece en la flauta el motivo del sueño de Brunhilda, lo cual es seguido por el tema de “la alegría del amor” que aparece al final de la ópera. Un corno irrumpe con la canción del ave del bosque, y que poco a poco va llevando a la partitura a su plácido e indescriptible final.

Así, esta música tan privada, una sonora carta de amor en un código sólo descifrable para los involucrados, demuestra también la fuerza del amor de la pareja, sus errores y desilusiones totalmente extintas ante la grandeza del cariño. ¿Cuántos mensajes más pueden existir en una música tan diáfana y sensible? Seguramente nunca lo sabremos, pero el tener la fortuna de escuchar cómo cobran vida ilusiones y añoranzas ajenas nos puede brindar aliento y esperanza en nuestras propias relaciones afectivas.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Richard Wagner: Idilio de Sigfrido

Versión: Los Solistas de Berlín

RICHARD WAGNER (1813-1883)

28 Feb

Obertura de la ópera Rienzi

De las primeras tres óperas que Wagner escribió en su vida, únicamente Rienzi es la que merece un comentario aparte frente a los fracasos de Las hadas –sobre un texto de Gozzi- y Das Liebesverbot –sobre una pieza de Shakespeare. Seguramente ello se debe a que sus primeras creaciones eran producto de un alma demasiado ingenua en el ámbito artístico, y no llegaron a despuntar como muchas otras de sus creaciones, desde Tannhäuser hasta Tristán e Isolda, de Los maestros cantores de Nuremberg hasta el impresionante Anillo de los Nibelungos. El caso es que Wagner terminó de escribir su ópera Rienzi en 1840, época en la que se encontraba viviendo en París, intentando sobresalir entre un grupo de distinguidos artistas que dominaban la escena de una de las grandes capitales del arte en el orbe.

Richard Wagner

Ya desde el momento de su concepción, Rienzi significó para Wagner ese primer anhelo de crear la verdadera ópera alemana, dirigida sin cortapisas al pueblo germano, tendencia artística que, si bien encontró resonancia en El cazador furtivo de Weber, a la muerte de ese compositor no había quien diera verdadero sentido a la ópera en idioma alemán. Giacomo Meyerbeer era en París una figura respetadísima especialmente por sus óperas Roberto el diablo y Los hugonotes. Así pues, con esos antecedentes, Wagner pensó en basar su inspiración en aquella de Meyerbeer, combinándola con algunas otras influencias de Spontini y Auber. El caso es que el entonces joven compositor estaba aún muy fresco para enfrentarse a los grandes proyectos, por lo cual Rienzi no fue una pieza perfecta, redonda, que pudiera considerarse por lo interesante de su libreto o lo imponente de su escritura sonora. Para ese añorado salto a la fama, Wagner tomó una famosa novela de la época, Colas Rienzi del inglés Edward Bulwer-Lytton, sobre la que el mismo compositor se dio a la tarea de confeccionar un libreto. Lo que llegó a intimidar un poco al músico fue que no contaba ni con grandes apoyos económicos y mucho menos con protectores o mecenas que le permitieran presentar su nueva ópera. Por ello, y con París dominado totalmente por el gran Meyerbeer, fue que decidió proponer su Rienzi en Dresden, donde fue inmediatamente aceptada. El 20 de octubre de 1842 Rienzi fue representada por primera vez en la casa de ópera de dicha ciudad, con un elenco de ensueño y una producción digna de lo que en el siglo XX se pudo haber llamado “una superproducción”. Para suerte de Wagner, esta obra constituyó un éxito impresionante, y todos quedaron contentos. Sin embargo, Wagner no se percató totalmente que después del estreno de su opera ésta sería vista con malos ojos por su trasfondo político situado en Roma en el siglo XIV. Explica Ángel Fernando Mayo: “Rienzi es un demagogo mesocrático y nacionalista imbuido de la confusa ideología libertaria difundida en Europa por los ejércitos de Bonaparte. Rienzi, megalómano e histriónico, es hombre de orden. Reniega de reyes –rechaza proclamarse rey de Roma- y tiranos –combate a muerte a la brutal aristocracia romana-; pero cree en un Dios justo y omnipotente, se considera su elegido, respeta y teme a la iglesia, y tiene una visión de la organización política nostálgica de los remotos fastos del Imperio. (…) Cuando el plebeyo Rienzi se toma demasiado en serio el papel de ‘Duce’, es fulminado por el anatema. Las mismas masas que ayer le vitoreaban lo asesinan despiadadamente. Y los nobles, que han pactado con la iglesia, apalean de nuevo al pueblo degenerado en chusma criminal.”

Wagner

El éxito artístico de Rienzi llegó a los oídos de Meyerbeer, quien señaló que nunca había visto un libreto tan imaginativo y con tan perfecta estructura como el que Wagner escribió para esta ópera. Sin embargo, los comentarios de este compositor y de los entendidos de la época sobre la música de Rienzi son inexistentes debido a que, por muchas batallas, fanfarrias, cortejos y escenas espectaculares que puedan verse en ella, la música adolece de algún toque verdaderamente genial. En términos generales, la mejor música orquestal de la ópera completa es, simplemente, la Obertura. Ésta comienza con un toque de trompeta que a lo largo de Rienzi es reconocido como el llamado a la revuelta, a las armas. Posteriormente aparece una sección lenta que es una cita de la plegaria de Rienzi en el tercer acto. En una transición se vuelve a escuchar el toque de trompeta acompañado de los trémolos en las cuerdas, y lo cual nos lleva a un estallido orquestal que es una afirmación del primer tema escuchado en la Obertura. Esta sección es el tema del pueblo entero que clama libertad (“Gegruesst sei hoher Tag!”), escuchado al final del acto primero, lo cual se combina con el himno de batalla de Rienzi (“Sancto spirito cavaliere”), interpretado por los metales. La Obertura cierra con una condensación de todos los temas anteriores, junto con la melodía que cantan la hija de Rienzi y su amante en el segundo acto y el himno de batalla a manera de una coda brillante. Por mucho que sólo la Obertura de esta ópera sea lo más relevante (musicalmente hablando) de Rienzi, Ángel Fernando Mayo concluye su comentario al respecto diciendo que: “esa manifiesta debilidad permite descubrir al hombre de teatro nato y ya experimentado, pese a su juventud, que era Wagner.”

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Richard Wagner: Obertura a Rienzi

Versión: Orquesta Filarmónica de Viena. Sir Georg Solti, director

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