EDOUARD LALO (1823-1892)

23 Ene

Sinfonía española, para violín y orquesta Op. 21

  • Allegro non troppo
  • Scherzando
  • Intermezzo
  • Andante
  • Allegro

Edouard Lalo

A través de la historia hemos sido testigos del enorme talento del compositor francés Edouard Lalo, pero en el curso de los tiempos también hemos visto cómo su fama ha sido identificada (casi) con una sola obra, aunque los méritos del autor quedaran plasmados en otras partituras como su Rapsodia noruega, un Concierto ruso para violín, el ballet oriental Namouna, su Concierto para violoncello, óperas y canciones que son muestras elocuentes del gran oficio que poseía Lalo.

¿Cuál es la obra con la que más se le asocia? Pues es una partitura de poco más de 30 minutos de duración, con cinco movimientos, para violín y orquesta, y cuyo nombre ha levantado controversias: la Sinfonía española.

La controversia que mencioné salta a la vista inmediatamente, pues a una sinfonía la reconocemos según el esquema que le dio Franz Josef Haydn en el Siglo XVIII, y prácticamente todo gran compositor escribió alguna (con sus excepciones); y de lo español en la obra, hay que decir que éste es uno de esos intentos de músicos franceses de acercarse al sonido de charangas, panderetas y castañuelas (algunos nombres al respecto: Ravel, Chabrier, Bizet y Debussy).

El caso es que esta obra es un “algo” para violín y orquesta, que algunos dicen es una suite o rapsodia, aunque a mi me gustaría llamarla fantasía. Pero tal música de estructura inusual resultó exitosa no sólo por ser identificada con cierta marca de cigarrillos -largos y en cajetilla suave-, sino porque fue una de las obras que hizo célebre el gran virtuoso español Pablo de Sarasate.

El virtuoso español Sarasate, dedicatario de la Sinfonía española, y cuyo nombre completo era Pablo Martín Melitón de Sarasate y Navascués

La historia de cómo surgió la Sinfonía española es muy sencilla: Sarasate tocó en París un Concierto que le había escrito Lalo, con gran aceptación del público. Ello ocurrió en 1874. Y contento con los resultados, el francés decidió componer una nueva obra para el violinista español y que tuviera un sabor muy apegado a la música de su patria, sin tomar prestado ningún ritmo o sonido auténtico de aquellos lares.

Sarasate quedó muy entusiasmado con la partitura y la estrenó en París el 7 de febrero de 1875.

Años después del estreno, Lalo envió una carta al pianista acompañante de Sarasate, Otto Goldschmidt, en la que le hacia saber que “conservé el título de Sinfonía española en contra y a pesar de todos, en primer lugar porque expresaba bien mi pensamiento, es decir, un violín solo que se eleva sobre la rígida forma de una vieja sinfonía; y en segundo lugar, porque me pareció un título menos banal que otros que me fueron propuestos … Hans von Büllow me escribió que este feliz título ponía a mi obra por encima de las demás … Artísticamente, un título no significa nada y la obra misma lo es todo.”

Así defendió Lalo su obra y su contenido, que todo el mundo asegura no tiene en ella nada original español. Seguramente, en un acto un poco alocado, y concentrándonos al máximo en la audición de la Sinfonía española, podemos reconocer algo cercano a habaneras y sevillanas en el primer movimiento, jotas y seguidillas en el segundo, un saborcito gitano en el cuarto y una malagueña en la última sección.

Y si hasta el momento no estamos satisfechos con el dichoso título de sinfonía para una obra con violín solista, sólo hay que echar una miradita a un par de libros para enterarnos que Edouard Lalo no fue el único compositor que titulara a una obra para solista y orquesta como tal. Ahí están, como ejemplos, la Sinfonía sobre un canto francés de montaña de Vincent D’Indy y la Segunda sinfonía La edad de la ansiedad de Leonard Bernstein, ambas para piano y orquesta; Haroldo en Italia, Sinfonía con viola solista de Hector Berlioz; la Sinfonía para violoncello y orquesta de Benjamin Britten; la Sinfonía para trombón de Ernest Bloch; o quizá la irreverente y divertida Sinfonía rodilla, obra radiofónica de Álvarez-Neri para narradores, efectos especiales y pastiches musicales. Ojalá que éstas se vuelvan tan famosas como la Sinfonía española de Lalo.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Descarga disponible:

Edouard Lalo: Sinfonía española Op. 21

Versión: Pierre Amoyal, violín. Orquesta Nacional de la Ópera de Monte-Carlo.

Paul Paray, director

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